Comedor de La Habana vive un “boom” por la covid y la crisis

Antes del inicio de la pandemia, el proyecto comunitario Quisicuaba alimentaba a 700 personas por día, ahora atiende a cerca a 2.200 comenzales diariamente.
jueves, 9 de diciembre de 2021 · 05:00

AFP /  La Habana

“Pepín”, como lo conocen sus comensales, mueve con un gran cucharón de madera 136 kilos de picadillo en una aromatizada salsa de tomate. Es la comida con que una institución religiosa cubana alimenta cada día a 2.200 personas en una de las zonas más pobres de La Habana.

Antes de que llegaran los primeros casos de Covid-19 a la isla, en marzo de 2020, el comedor atendía a unas 700 personas cada día, pero la pandemia, sumada a la agudización de la crisis económica por el refuerzo de las sanciones estadounidenses en años recientes, hizo crecer el número de comensales.

Pedro Pablo Vázquez, “Pepín”, es el cocinero del proyecto comunitario Quisicuaba, dedicado a la reinserción social en Los Sitios, un barrio del centro de La Habana.

“Yo era un muchacho que andaba en la calle, sin trabajar, nunca había trabajado, tuve problemas... era psicópata, el padrino me recogió aquí, ahora gracias a él me he hecho un muchacho de bien”, dice  Vázquez, de 40 años, moviéndose con agilidad en la angosta cocina donde trabaja desde la madrugada.

El padrino al que alude es Enrique Alemán, director del Proyecto Comunitario Quisicuaba y quien lidera una organización religiosa espiritista desde donde apoya a madres solteras, familias de presos, portadores de VIH, alcohólicos e indigentes.

Voluntaria alista los platos para servir en el comedor comunitario.
Foto: AFP

“El boom, como decimos nosotros, del alza en el comedor social viene a raíz del bloqueo (de Estados Unidos) en medio de una pandemia”, señala Alemán rodeado de objetos relacionados con el espiritismo, en su oficina del centro religioso y museo, perteneciente a su familia desde 1932 y aledaño al comedor.

“Estamos enclavados en uno de los 61 barrios de La Habana con mayores vulnerabilidades”, explica, desde este viejo caserío de exesclavos kissis, llegados desde Angola en el siglo XVI.

“Lo que es de todos”

Tras las masivas manifestaciones que estallaron el 11 de julio al grito de “Tenemos hambre” y “Libertad”, el presidente Miguel Díaz-Canel designó más de 60 barrios vulnerables de la capital como prioritarios para impulsar programas sociales.

“Las mayores acciones están asociadas a lo social y a lo que es de todos. ¿Qué es de todos? Los servicios básicos indispensables del barrio, estamos hablando de las bodegas, el consultorio del barrio, del parque infantil del barrio”, así como de las viviendas, dijo en octubre el gobernador de La Habana, Reinaldo García.

El programa gubernamental echó a andar cuando Cuba enfrenta su peor crisis económica en 27 años, con una caída del PIB de 11% en 2020 debido a la pandemia y el embargo de casi 60 años impuesto por Estados Unidos, reforzado por la administración de Donald Trump, que su sucesor, Joe Biden, no ha modificado en lo más mínimo.

La crisis golpeó más a los que menos tienen. Y, en este barrio con problemas de abastecimiento de agua y otros servicios básicos, también aumentó la pobreza alimentaria. Pero el comedor no recibe fondos gubernamentales y se financia con los recursos de la comunidad religiosa, donativos y limosnas.

“Su poquita de comida”

Recipientes de diferentes tamaños se acumulan por montones en una mesa: “Esther”, “Lecida”, “19”, “92”, se lee en los envases.

Isabel Antomarchí, de 70 años y quien lleva 30 en Quisicuaba, sirve con un viejo cucharón de metal el picadillo acompañado de un humeante arroz amarillo.

Es para “gente que está ambulante en la calle, que no tiene familia, que no tiene donde vivir, los botan de sus casas y tienen que venir a recoger su poquita de comida”, dice, orgullosa de que todos la llamen “tía”.

Los comensales esperan en un terreno aledaño a que un voluntario devuelva cada recipiente lleno a través de una ventana.

En el país de 11,2 millones de habitantes y gobernado por el Partido Comunista, organizaciones religiosas han empezado a llenar espacios que el Estado no puede abarcar. El ateísmo marxista no prosperó. El 70% de la población tiene alguna creencia sincretista que mezcla religiones como la católica o la evangélica con cultos africanos o espiritistas.

A diferencia de algunos grupos opositores, que reclaman cada vez más libertades y denuncian las difíciles condiciones económicas, el proyecto comunitario Quisicuaba coincide “con los sentimientos de la revolución y la voluntad de la revolución cubana”, dice su líder.

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