Piñas y cocaína: cuando el FBI infiltró los mensajes del crimen

La aplicación, llamada ANOM, fue una proeza tecnológica que permitía a la Policía leer directamente las conversaciones que los sospechosos creían encriptadas.
lunes, 14 de junio de 2021 · 05:04

AFP/  Washington


Un narcotraficante  envió un mensaje de texto a otro diciéndole que tenía un “trabajito” y una forma segura de hacerlo: dos kilos de cocaína de Bogotá vía valija diplomática de la Embajada de Francia.

Ambos se expresaron sin rodeos porque estaban usando un modo de comunicación nuevo y seguro: un celular de mensajería altamente encriptada llamado ANOM. “Ya han recibido algunos paquetes”,  aseguró Baris Tukel al comprador, Shane Geoffrey May, según documentos judiciales estadounidenses.

Como prueba, envió por mensaje de texto imágenes de una bolsa etiquetada “Valise Diplomatique Francaise” y fotos de paquetes de droga bien envueltos. “Pueden hacerlo semanalmente”, escribió.

Uno de los  dispositivos que permitió capturar delincuentes. 
Foto:AFP

Ninguno de los dos tenía idea de que ANOM había sido producido y distribuido por el Buró Federal de Investigaciones de Estados Unidos (EEUU), y que todos sus mensajes se estaban copiando directamente en uno de los servidores del FBI.


Otros en el crimen organizado tenían la misma sensación de seguridad: discutían abiertamente los precios y detallaban las estrategias de envío

La aplicación del FBI que permitió detener a 800 delincuentes en todo el mundo fue el resultado de una idea brillante y una proeza tecnológica, que sin embargo no habría funcionado sin un importante trabajo de infiltración. 

Durante tres años se distribuyeron entre  delincuentes de todo tipo cerca de 12.000 teléfonos con una aplicación de mensajería administrada en secreto por el FBI, según cifras de la Policía Federal estadounidense, la agencia policial europea Europol y varios países.

La aplicación, llamada ANOM, permitía a la Policía leer directamente las conversaciones que los sospechosos creían encriptadas. 

Usando ANOM, “Ironman”  mandó un mensaje de texto a “Real G” sobre cómo podían llevar grandes cantidades de cocaína a Hong Kong, donde no tenían a nadie en la aduana.

“Real G” le contestó con una fotografía de paquetes de droga colocados en una caja de bananas listas para exportación. Primero, dijo, tendrían que enviar algunos cargamentos legítimos para facilitar las cosas.

Otros intercambios coordinaban el envío de drogas desde Centroamérica a Europa en conservas de atún, pescado congelado o piñas ahuecadas. Esos mensajes fueron algunos de los 27 millones que el FBI y socios en Australia y en otros lugares captaron y descifraron, exponiendo a las redes criminales globales de una forma sin precedentes.

Funcionarios de tres continentes anunciaron la semana pasada que la operación había permitido incautar 38 toneladas de cocaína, marihuana, metanfetaminas y precursores químicos; 250 armas de fuego y divisas por valor de 48 millones de dólares. 

Además, fueron desmantelados unos 50 laboratorios clandestinos de drogas y desbaratados planes de 100 potenciales asesinatos.

El impacto de este golpe al crimen organizado es también psicológico. “Infunde mucha inseguridad en las altas esferas de los grupos, que desconfiarán unos de otros”, afirma Vanda Felbab-Brown, analista de la Brookings Institution de EEUU.

Desarrollar ese “espía” fue una buena idea pero luego hubo que distribuirlo sin levantar sospechas. “No me imagino una operación así en México”, dice la analista. “Habría un enorme riesgo de que se viera comprometida por funcionarios corruptos”, complementa. 

 

“Imagino que mucha gente están rompiendo sus teléfonos y escondiéndose”, dice Bryce Pardo, del centro de estudios RAND de Washington. En 2018, la infiltración del FBI en los sistemas de comunicación encriptados Phantom Secure y Sky Global había permitido el acceso a las comunicaciones de decenas de miles de usuarios.
 

Phantom Secure un sistema popular entre  la delincuencia

Las bases para el espectacular golpe de la semana pasada se sentaron en 2017, cuando el FBI comenzó a investigar el sistema de comunicación encriptado Phantom Secure, popular en los círculos criminales.

Poco después del arresto en marzo de 2018 de quien lo lideraba, Vincent Ramos, por apoyar al narcotráfico, los agentes reclutaron “una fuente humana confidencial” que les resultaría de gran valor.

Objetos retenidos 
al crimen. 
Foto:BBCMundo

Esta persona, experta en tecnología, ya había sido condenada por drogas y enfrentaba nuevos procesamientos. Para obtener una reducción de su pena, acordó que produciría el dispositivo ANOM para el FBI, quien le pagó 170 mil dólares por hacerlo, agregando al sistema de cifrado una clave maestra digital que sólo el FBI podía usar. 

ANOM también copiaría todos los mensajes de un usuario a un servidor controlado por el FBI ubicado en un tercer país a medida que se transmitían. 

Pero, ¿cómo hacer que los delincuentes compraran los aparatos, a 2.000 dólares cada uno? 

El constructor ya contaba con una red de distribuidores confiables de productos anteriores y les ofreció ANOM con el lema: “Haga cumplir su derecho a la privacidad”.  El dispositivo llegó al mercado en octubre de 2018, y los distribuidores vendieron inicialmente unos 50 en Australia, para una “prueba” en la que el FBI trabajó con la Policía.

Para 2019, los dispositivos ANOM estaban en todo el mundo, utilizados más que nada en Alemania, España, Holanda, Australia y Serbia, principalmente por narcotraficantes y lavadores de dinero.

 

 

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