Radios mineras, del estudio al campamento y los socavones

Periodistas y también directores piden que el legado de las radiodifusoras sindicales sea preservado como parte de la memoria de la humanidad.

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Redacción Diario Página Siete
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La Paz - domingo, 20 de mayo de 2018 - 0:03

Leny Chuquimia /  La Paz

“Compañeros que nos escuchan a través de Radio Ánimas, los militares han logrado ingresar a Huanuni. En este momento están atacando nuestra emisora. Hasta  otra oportunidad, mantengan el contacto”. Con esas palabras, el 20 de junio de 1980 se despedía de los micrófonos Jaime Pomarayme,  entonces jefe de prensa  de la Radio Nacional Huanuni. Tras su despedida sólo se escuchó el tronar  de las balas.

Esta era sólo una de las 32 radios mineras que resistieron a la arremetida de la dictadura de García Meza. Hoy apenas tres se mantienen en el aire.

Desde el 2017 la Red Minera de Radio y Televisión busca la nominación  de sus emisoras, por parte de la Unesco, como Patrimonio de la Humanidad. Periodistas y exdirectores de estos medios autogestionados trabajan  en documentos   que ayuden a conseguir este objetivo común.

“Las radios mineras son únicas en el mundo, han sido una escuela para periodistas y son un hito  importante en la historia de la comunicación tanto por la forma en que funcionaban como en su contenido. Por eso queremos que su labor y aporte sean declarados Patrimonio de la Humanidad. No a las radios sino lo que significan”, afirmó Pomarayme.

 De esos años donde los micrófonos grababan las asambleas en interior mina y recogían las denuncias  de los obreros en los campamentos mineros sólo quedan unas cuantas cintas  resguardadas en radio    Pío XII. Una emisora  de la iglesia católica que asumió un papel sindical. 

El pasado 11 de abril, el Comité Regional para América Latina y el Caribe del Programa Memorias del Mundo de la Unesco-Mow y el Ministerio de Culturas y Turismo (MCyT) anunciaron las gestiones para  que esos  audios radiales –que guardan la memoria de la lucha de los mineros de Siglo XX–  puedan convertirse   en un patrimonio documental de Bolivia y el mundo. El presidente del Comité, Luis Oporto, señaló que tomó contacto con el director de la Radio Pío XII, Roberto Durette.

Para Pomarayme la nominación de patrimonio no sólo  involucra a las radios que están vigentes sino a toda la red de emisoras que fueron parte de la experiencia comunicacional entre  los años 70 y 80. “Se está haciendo un trabajo que pueda ser presentado ante la Unesco para que se conozca la importancia de  toda la red  en materia de información, de inclusión y de paradigmas comunicacionales”.

De los estudios al interior mina

 “Por la justicia social y la liberación nacional del pueblo boliviano. Radio La Voz del Minero. Desde Siglo XX. Potosí-Bolivia”. Esa es la característica de la primera radio minera  del país. Concebida en el seno mismo de los obreros –y puesta en marcha  con aportes propios– realizó sus primeras emisiones en 1946, con un tocadiscos para poner   música nacional. No pasó mucho tiempo para que empezaran a generar información.  

 “Los mineros se preguntaban: ¿cómo hacemos para informar de todo lo que nos sucede y lo que pasa en los campamentos mineros? Querían hablar de su vida, denunciar las injusticias y reclamar sus derechos. Había otros medios pero todos eran controlados por el gobierno de turno o por el Ejército. Estaban lejos y nadie le daba importancia a los mineros”, dice don Jaime.   

Surgieron entonces las radios 21 de Diciembre en Catavi, 6 de Abril en Pulacayo,  Chichas en Siete Suyos, La Voz Minera del Sur  en Telamayu, San José en Oruro, Vanguardia en Colquiri, Nacional en Huanuni, Huayna Potosí en Milluni, Sumaj Orko en Ingenio Verde,  Viloco, Tasna en  Rosario, 16 de Marzo en Mina Bolívar, Libertad en Santa Fe, La Voz del Cobre en Corocoro,  la  Mina Matilde y radio Ánimas, entre otras tantas.

“Fue después del 52 que estas radios surgieron en todos los distritos mineros. Si bien teníamos claro que queríamos, el formato –al principio– era como en las ciudades,  tipo comercial. Incluso venía gente para hacer radio pero que no hacía empatía con el campamento. La visión que tenían de la realidad era distinta”, asevera Pomarayme.

En total llegaron a 32 emisoras que salieron al aire  hasta la década de los 80. Todas eran  autogestionarias. Eran  medios formados  por un triángulo entre  la radio, la mina y el sindicato. Todo administrado por  los obreros organizados.  En cadena  eran sintonizadas en todo el territorio boliviano y más allá  de él.

Pronto se dieron cuenta que los temas que les interesaban estaban en su vida diaria. Sacaron los micrófonos de los estudios radiales  para llevarlos a las calles, las plazas, los campamentos mineros, a la pulpería, a la boca mina y a lo más profundo de los socavones. “Asambleas enteras eran transmitidas. Sabíamos que la palabra y la información es poder. Era una radio sindical, una comunicación alternativa de la que aún no se hablaba. Eran emisoras políticas, instrumentos de movilización”.

Ahí expresaban sus quejas estudiantes, obreros, palliris y amas de casa. Se transmitían los campeonatos de fútbol y también se daba espacio a aquellos que tenían un don musical.

Recibía en sus estudios incluso a fabriles de las ciudades que se trasladaban hasta los campamentos  para hacer sus denuncias. Todos los que llegaban  sabían que ahí serían escuchados. 

“La resistencia fue el papel principal. Recuerdo cuando radio Illimani bombardeaba con información sobre el nuevo modelo de gobierno que estaba imponiendo  el MNR. Los obreros de Mina San José querían una radio para hacerle frente. Decidieron bajar del campamento a  Oruro y tomar una radio privada que se llamaba Túpac Katari. Se llevaron el equipo para instalarlo  en el campamento”.

El poder que ejercían  las hizo blanco de las dictaduras que buscaban controlar toda la información que se emitía. En dos décadas sufrieron más de 75 ataques y clausuras.

Por medio de los micrófonos las amas de casa pidieron ayuda a otros distritos mineros cuando los  militares llegaban a los campamentos. En una transmisión ininterrumpida informaban sobre la cantidad de   detenidos, heridos y muertos.     

El 20 de julio de 1980, en la caseta de radio Huanuni las tejas caían por los disparos y la detonación de granadas. Entre gritos los militares se habrían paso para tomar la radiodifusora. Por una ventana Pomarayme junto al operador y otro  colega escapaban entre las sombras rumbo a Llallagua. Lugar  donde  se declararon  en la clandestinidad. La misma suerte corrieron el resto de las emisoras que desaparecieron con la relocalización.

Las radios  mineras

  • Equipos  En los ataques en tiempo de dictadura, varias radios  mineras fueron desmanteladas.  Los mineros   señalan que fueron a  dar a las radios del ejercito.
  • Reportajes Los periodistas mineros empiezan a reflejar la vida de las palliris y sus hijos que quedaron huérfanos. Retratan también la vida al interior mina y las enfermedades que aquejan a quienes trabajan allí.    
  • Teatro  Se hace transmisión de obras en vivo, con publico y con temas propios.
     

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