Temperaturas que superan los 35ºC provocaron sequía y descenso en el nivel de agua

Sus aguas fueron célebres en Babilonia y en el Edén; hoy, el río Tigris agoniza

El caudal de este año, a su llegada desde Turquía, es sólo el 35% de la cantidad promedio que fluyó hacia Irak en los últimos 100 años. Los agricultores temen ser desplazados y tener que vender sus animales.

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AFP
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Irak - miércoles, 21 de septiembre de 2022 - 5:00

Sus aguas fueron célebres en el jardín del Edén, Sumeria y Babilonia, pero en el Irak actual, el Tigris se muere. Entre las actividades humanas y los efectos del cambio climático, la agonía del río amenaza la vida que se implantó en sus orillas hace miles de años.

Desde abril, las temperaturas superan los 35 ºC y las tormentas de arena se suceden, recubriendo con una fina capa naranja máquinas, animales y seres humanos. El verano es infernal para los iraquíes, cuando el termómetro llega a los 50 ºC y hay cortes de electricidad.

Irak se ha convertido en uno de los cinco países en el mundo más expuestos a las consecuencias del cambio climático, según las Naciones Unidas.

El Tigris, que cruza Irak, ya no ruge. Se está quedando sin voz, debido a la falta de lluvias, pero también a las represas construidas aguas arriba, como las de Turquía, donde tiene su origen.

Un corresponsal de la AFP ha recorrido las orillas del río para dar cuenta del desastre que obliga a los habitantes cambiar su forma de vida.

El recorrido iraquí del Tigris comienza en las montañas del Kurdistán, en la encrucijada entre Irak, Siria y Turquía. Aquí, la gente se gana la vida cultivando patatas y criando ovejas.

En Faysh Khabur, “nuestra vida depende del Tigris”, explica Pibo Hasán Dolmasa, de 41 años, muy erguido en sus polvorientos pantalones bombachos.

“Todo nuestro trabajo, nuestra agricultura, depende de él”. Pero “desde hace dos o tres años”, la situación es mala. “El agua disminuye día a día”, señala, mientras que “antes el agua salía a cántaros”.

Las autoridades iraquíes y los agricultores kurdos acusan a Turquía de retener el agua con las represas construidas río arriba. Las estadísticas oficiales lo confirman: el nivel del Tigris este año a su llegada desde Turquía, es solo el 35% de la cantidad promedio que fluyó hacia Irak en los últimos 100 años.

Cuanto más se retiene el agua, más se reduce su caudal y menos se vierte en Irak, a lo largo de los 1.500 km que el río recorre antes de fusionarse con su gemelo, el Éufrates, para formar el Chat el Arab, río confluencia de los dos anteriores, y llegar hasta el Golfo. Este asunto es fuente de fricción entre ambos países: Bagdad pide regularmente a Ankara que libere más agua.

En respuesta, el embajador turco en Irak, Ali Riza Güney, exhortó en julio a los iraquíes a que “utilicen el agua disponible de manera más eficiente” y dijo en un tuit que el agua se desperdicia ampliamente en Irak

Los expertos le dan la razón y hablan de métodos dementes: como en la época de los sumerios, los agricultores iraquíes siguen inundando sus campos para regarlos, lo que provoca enormes pérdidas de agua.

Menos cultivos

En algunos lugares, parecen simples charcos, pero las pequeñas acumulaciones de agua en el lecho del río Diyala son todo lo que queda de este afluente del Tigris en el centro de Irak, sin el cual no es posible ningún cultivo en la provincia.

Este año, debido a la sequía, las autoridades han reducido a la mitad las áreas cultivadas en todo el país. Como en Diyala no hay suficiente agua, en la región no se podrá cultivar. “Nos veremos obligados a abandonar la agricultura y vender nuestros animales”, lamenta Abu Mehdi, un granjero de 42 años con bigote azabache y chilaba blanca.

“Fuimos desplazados por la guerra” contra Irán en la década de 1980 “y ahora vamos a ser desplazados por el agua. Sin agua, absolutamente no podemos vivir en estas áreas”, dice.

El hombre ha tratado de encontrarla por sus propios medios. “Hemos vendido todo, nos hemos endeudado para cavar pozos. He cavado pozos de 30 metros, ha sido un fracaso”.

De aquí a 2050, “un aumento de la temperatura de un grado Celsius y una bajada de las precipitaciones del 10% causarán una reducción del 20% del agua dulce disponible” en Irak, alertó el Banco Mundial a finales de 2021. Cerca de un tercio de las tierras irrigadas no tendrán agua entonces.

La escasez de agua, los desafíos para la agricultura sostenible y la seguridad alimentaria forman parte de “los principales motores de las migraciones rurales hacia zonas urbanas” en Irak, advirtieron en junio la ONU y varias ONG.

Desplazamiento

A finales de marzo de 2022, más de 3.300 familias habían sido desplazadas por “factores climáticos” en diez provincias del centro y el sur del país, según un informe de agosto de la Organización Internacional para las Migraciones. “La migración climática es ya una realidad en Irak”, afirmó la OIM.

Este verano, en Bagdad, el nivel del Tigris era tan bajo que AFP filmó a jóvenes jugando al voleibol en medio del río, con el agua que apenas les llegaba a la cintura. Esto se debe a los “depósitos de arena”, explica el Ministerio de Recursos Hídricos. Con un caudal tan flojo que no puede arrastrarlos curso abajo, estos depósitos se acumulan en el fondo y el río, donde los habitantes capitalinos vierten sus aguas usadas, no puede desaguar.

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