Elizabeth Machicao, psicopedagoga

“Los bolivianos somos una sociedad reprimida sexualmente”

¿Qué pasa en la sociedad con la sexualidad para que haya tantos abusos sexuales?, se pregunta.
sábado, 12 de octubre de 2013 · 22:52
Página Siete / La Paz
La información que se publica sobre la violencia contra niños y mujeres en Bolivia es apenas la "punta del iceberg” del problema, según la psicopedagoga Elizabeth Machicado. En una entrevista concedida a Página Siete afirmó que el maltrato a los menores "es de terror” y que el alcohol y los celos son los "disparadores” de las agresiones sexuales contra las mujeres.  
"La violencia en Bolivia está naturalizada”, dijo Machicado, quien atribuye el fenómeno a la pobreza, al hacinamiento, a la falta de empleo y acceso a una buena educación y servicios de salud, pero también al carácter "patriarcal y machista” de la sociedad boliviana.
"El tema del machismo -señaló- no sólo es de los hombres, es también de las mujeres, que somos las que criamos a los hijos. Somos las mujeres las que reproducimos los estereotipos  y roles de lo que debe ser la mujer y el hombre desde que nacen. Esto  se va  reproduciendo en la familia y en el colegio”.

Página Siete.- ¿Por qué se da la violencia especialmente contra las mujeres y los niños?
Es parte de lo que vivimos en una sociedad patriarcal y machista. El tema del machismo no sólo es de los hombres, es también de las mujeres, que somos las que criamos a los hijos. Somos las mujeres las que reproducimos los estereotipos y roles de lo que debe ser la mujer y el hombre desde que nacen. Esto  se va  reproduciendo en la familia y en el colegio.
Página Siete.- Se va naturalizando la violencia en el relacionamiento hombre y mujer en todo ámbito…
Totalmente. La violencia está naturalizada. El otro tema es que, desde que nacen, los niños ven que las relaciones  sociales están permeadas por el tema del alcohol. Es fácil ver en el colegio a chiquitos jugando a borrachos. Es parte de su vida y eso también tiene que ver con el tema de la violencia contra la mujer y las niñas.
Finalmente está el tema de la pobreza, del hacinamiento, la falta de empleo y acceso a una buena educación, a servicios de salud, etcétera.
Página Siete.- Hay muchas sociedades tanto o más pobres que la nuestra, pero  las estadísticas en el tema de abuso sexual  a mujeres y a niños son muy elevadas. ¿Por qué?
Lo que he visto es que las mujeres se vuelven parte de la propiedad de los hombres. Normalmente, los disparadores  de la violencia contra niños y mujeres son el alcohol y  los celos. En Bolivia se denuncian más de 70 casos de violencia intrafamiliar diariamente. Me pregunto  qué pasa con la sexualidad; somos una sociedad reprimida que no habla sobre el sexo.
El tema de la sexualidad no se aborda en los colegios; no se aborda en la comunicación familiar; se desconoce lo que es vivir una sexualidad responsable y saludable. Si estos programas se dieran en los colegios de manera  permanente y sostenida, no tendríamos la cantidad de embarazo adolescentes que tenemos.
Debemos empezar a mirar  qué es lo que pasa con la sexualidad de los hombres, por qué hay violaciones a las niñas. Estas violaciones no se producen en las calles sino en los hogares, en el escenario más cercano al entorno de la familia. ¿Quiénes son los que cuidan a los hijos?
Página Siete.- El tema del cuidado de los niños, al parecer ya no es un asunto privado de la familia, sino de la sociedad.
Se debería legislar. Lo cierto es que los padres dejan a sus hijas mujeres con el amigo, con el vecino y es ahí donde empieza el riesgo. Deberíamos vivir en una sociedad en la que confiamos en que podamos dejar a nuestros hijos con el vecino, eso debería ser normal.
Página Siete.- ¿Estos temas han sido considerados en las sucesivas reformas educativas?
No como parte de la currícula, pero el tema de fondo es cómo la sociedad ha establecido sus jerarquías: el hombre sobre la mujer, el blanco sobre el negro, los niños más grandes sobre los más chicos, y el colegio perpetúa esos roles. Eso es lo que hay que cambiar en el colegio. Más allá de trabajar puntualmente en la violencia contra mujeres y niños, hay que ver como sociedad cómo estamos constituidos.
Debería haber campañas en los colegios como parte de la currícula, como eje transversal, todo el tiempo, desde los cinco años. Si se trabaja en prevención esto va a funcionar. Si a los chicos se les enseña que no se pega y a las niñas que nadie puede tocarlas,  vamos a tener una sociedad diferente. Si a estos niños nadie les dice eso, ven natural que su papá llegue borracho y pegue a su mamá. No saben relacionarse de otra manera y cuando son grandes repiten esos ciclos de violencia. El problema es cómo cortamos esos ciclos. Creo que se cortan generacionalmente.
Por otra parte, hay que ver de qué ha servido la ley que  ha salido. Es una ley que no tiene patas. No hay un solo juzgado especializado en violencia familiar. Los operadores de justicia no están capacitados, o no existen. Las mujeres no quieren ir ni a la Policía ni a los juzgados. Terminan negociando. No hay sanción, hay impunidad.
Página Siete.- ¿Cree que se denuncian todos los casos?, o no se conoce el problema de la violencia contra mujeres y niños en su verdadera dimensión.
Lo que vemos es la punta del iceberg. Yo doy talleres a mujeres  y después me quedo para ver sus casos. Por lo menos, 10 o 12 se acercan para decirme que sufren agresiones, que sus maridos son alcohólicos, que las pegan. Eso es lo recurrente, lo mismo que la violación a los niños. Hay casos de terror, con niños de dos a cuatro años con enfermedades de transmisión  sexual y sus padres que los llevan al hospital  no denuncian.
Página Siete - ¿Por qué hay mujeres que no denuncian?
Ése es otro drama. El tema de la pobreza tiene aristas perversas. En casos de violación, las mujeres transan con el agresor; el agresor paga y se quedan calladas.
Muchas mujeres tienen  a sus guaguas muy jóvenes y prefieren mantenerse calladas, saben que su marido viola a sus hijas y se callan; prefieren  tener a su hombre en su casa, prefieren que no la señalen en el barrio, en la comunidad, en el pueblo, los padrinos, etc. Se mezcla con el tema cultural y se callan…
Página Siete - Una tendencia en el mundo, en Bolivia aún incipiente, es la de trabajar con el hombre  específicamente. ¿Se debe trabajar con la población masculina para ir avanzando?
Se debería trabajar con la población masculina, pero es muy difícil. Las instituciones  de mujeres han intentado y hay algunos que van, pero la mayoría se resiste.
El problema es cómo educamos a hombres y mujeres, qué cosas hemos naturalizado, qué cosas  hemos internalizado, qué pasa  con las familias. Son cosas que se tiene que ver desde el colegio.
El colegio es la parte más importante de socialización. Lamentablemente, el colegio no ha cambiado hace décadas, no es un colegio que responda a las necesidades del siglo XXI. Tenemos más embarazos de adolescentes por problemas de alcohol. Además, tenemos, en el rango de 15 a 19 años,  18% de niñas embarazadas.
El 70% son embarazos no deseados. Eso significa que es incesto, violaciones mediadas por el alcohol.
Página Siete. - Desde que ha empezado este trabajo, hace 20 años, ¿ha visto algún avance?

Se denuncia más, pero hay cada vez más violencia. Hay que admitir que se ha empezado a hablar de algunos temas que no se hablaban, como la despenalización del aborto. No vivir en un país tan violento será posible si asumimos nuestra responsabilidad: la naturalización de la violencia, la indiferencia, la falta de asombro e indignación también son parte de la violencia que se apodera de las calles, las vidas, el futuro.

"El tema del machismo  no  es de los hombres, es  de las mujeres que somos las que criamos a los hijos”.

"Normalmente, los disparadores  de la violencia contra niños y mujeres son el alcohol y  los celos”.

"Debemos empezar a mirar  qué es lo que pasa con la sexualidad de los hombres, por qué las violaciones”.

 

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