Marlene Ardaya, presidenta interina de la Aduana Nacional de Bolivia

“Otra nacionalización de chutos tendría un alto costo político”

La mujer fuerte de la Aduana sostiene que “ahora sí” la institución tiene personal honesto.
sábado, 5 de octubre de 2013 · 19:51

Página Siete
"Definitivamente no habrá otra nacionalización. Lo puedo decir con certeza porque hay una orden presidencial; el Presidente lo dijo en otra oportunidad, públicamente, y yo creo que ratificará esa decisión”, aseguró la principal ejecutiva de la entidad recaudadora en una entrevista con Página Siete.
Agregó que la última nacionalización de chutos trajo consigo un fuerte costo político, porque, en lo interno, se tuvo que hablar de un "arrepentimiento eficaz” para dar visos de legalidad a lo ilegal, mientras que, en el ámbito externo, la decisión fue severamente criticada  por  los gobiernos de países vecinos como Chile y Argentina, porque entre los supuestos chutos ingresaron también motorizados de alta gama robados en esas naciones.
En la entrevista concedida a Página Siete, Ardaya también respondió a preguntas relacionadas con la corrupción y el contrabando.
Página Siete.- Lamentablemente, cuando uno piensa en la Aduana, lo primero que viene a la cabeza es contrabando, autos chutos y corrupción. La Aduana tiene esa imagen.
 Cuando yo inicio mi gestión prácticamente hace cuatro años, hablamos básicamente de lo  que había cuando se interviene la Aduana Nacional. A mí me llaman y hablamos con la ministra Anticorrupción, con el presidente Evo, y se da la instrucción de que se haga la intervención porque existía corrupción y había un cuoteo político que afectaba a la imagen internacional no sólo de la Aduana Nacional, sino del país.
Vemos que alguna gente trabajaba para su propio beneficio.  Obviamente empezamos  reciclar la gente, empiezo a observar, empiezo a hablar en reuniones, a tomar decisiones.
Éste es un desafío para cualquiera, porque el ser humano como tal siempre tiende a  la corrupción, pero había que confiar en alguien. Escogemos a los funcionarios y se les dice: te estoy dando una responsabilidad y tienes que estar a la altura. Hasta ahora ellos dicen: "si yo tengo la confianza de la presidenta, es mucho más riesgoso para mí”. Todos saben que yo estoy sobre ellos.
Es evidente, nos podemos equivocar, pero lo que se está rescatando en este tiempo es la cultura, el ánimo, la parte moral de la gente y de la institución. Empezamos a tratar de sanar las heridas, porque había heridas muy profundas en los recursos humanos. Había   el tema de un cuoteo político y también   gente que había sido relegada, como los técnicos aduaneros que habían sido escogidos mediante un proceso de selección.
Página Siete. -¿Cuáles son los resultados? ¿Se atreve  hacer un balance de estos tres años?
 En estos tres años y un poco más, hemos logrado resultados y quiero reconocer que tengo ahora  gente que puede asumir tranquilamente una posición de presidente en la Aduana Nacional.
 Empezamos a generar una  cultura institucional. Ellos ahora saben que el puesto donde están como gerentes administradores, jefes de unidad, supervisores, puestos de mando, etcétera,  son la mejor vitrina que tienen, no necesariamente para quedarse en el Estado, sino más bien para ir a trabajar afuera cuando corresponda.
Yo les digo siempre: la corrupción es un tema que a Ud. le va a impedir trabajar afuera. Si uno es permeable a la corrupción, el día de mañana, cuando salga afuera, no va a lograr un buen trabajo.
Página Siete.- ¿Cuánta gente se tuvo que despedir para  retomar la institucionalidad?
  Yo no tenía  unas listas que permitieran decir éstos son blancos o negros, o éstos se rescatan. Al propio interior de la Aduana se empezaron a generar ciertas denuncias, verificamos y obviamente empezaron a renunciar... Es difícil decir he limpiado todo. Sin embargo, le puedo decir que la base de datos de la Aduana  Nacional empieza a funcionar. Un mínimo indicio de corrupción y la persona está fuera. Y eso lo saben.
Página Siete.- ¿Se puede, entonces, hablar de una Aduana institucionalizada?
Hay  pros y contras en un proceso de institucionalización. Cuando trabajé en el Servicio de Impuestos  Nacionales la experiencia fue muy buena. Allá no hubo cuoteo político.  Sin embargo, en la Aduana, lo peor  son los institucionalizados. En algunos casos, no todos.
La única manera de retirar a este personal es a través de un proceso penal, un proceso interno, en el que el mayor problema  es con el Servicio Civil, porque muchas veces lejos de dar cierta preferencia a las instituciones, nos vemos entorpecidos por ellos mismos, que empiezan a reclamar y exigen volverlos a poner en los puestos en que estaban.
Página Siete.- En cuanto al contrabando, ¿han hecho una cuantificación de lo que representa para el país?
Es evidente que el contrabando  hace daño a la poca industria que tiene el país. Podría decirles que afecta más a las  medianas y pequeñas empresas.  No hay una cuantificación.
Recién desde la gestión 2000  hemos logrado generar aduanas integradas. Nunca las habíamos tenido, excepto la de Chile, que no tenía fuerza. Hoy tenemos aduanas integradas con la Argentina, con Yacuiba; también logramos integrar con las aduanas de Brasil. Esto es posible no solamente por un fenómeno de integración con los países vecinos, sino porque tenemos una Aduana menos corrupta, menos cuoteada; gente con la que se puede trabajar lado a lado.
 El contrabando es cíclico, puede aparecer en enero o febrero.  ¿Saben por qué tengo el nivel de incautación de 15 a 20 por día? Porque alguien corre la voz y despierta la expectativa. Algunos dijeron que va a haber nacionalización de chutos por un tema electoral.
Página Siete - ¿Y va  a haber una nueva  nacionalización?
Yo aseguro que no, porque ha habido un costo político demasiado alto. Se criticó la medida. Tuvimos que hablar, por ejemplo, que es un arrepentimiento eficaz, entre comillas.
Página Siete.-  ¿Es decir que no se volverá a repetir?
 Exacto: tiene que ser la última vez, porque producto de eso fuimos criticados. Evidentemente, Argentina en su momento lo hizo, al igual que Chile. Son medidas ampliamente criticadas en su tiempo.
 Se corrió el rumor de que podría haber un proceso de nacionalización nuevamente, pero no es así.  Hay que entender que una nacionalización  lesiona la cultura tributaria. Condonar las multas es ampliamente destructivo para la cultura tributaria. Ése es el problema, es lo que se tiene que mostrar a la gente. La gente tiene que  entender que tiene que pagar impuestos.

Inicios Marlene Daniza Ardaya nació en La Paz.
Estudios   Estudió auditoría en la UMSA. Tiene maestría en Auditoría y Control Financiero. Ha  sido docente universitaria de las universidades Unicen y Udabol.
Carrera  Antes de ser designada como presidenta de la Aduana Nacional estuvo al frente del Servicio Nacional de  Impuestos Nacionales (2007-2010).
Hobbys Conocida como una mujer enérgica y con dones de mando, en lo personal revela que gusta de la mús ica suave, las plantas y es seguidora del club Bolívar.

¿Es todavía  la Aduana  un botín político?

"El éxito de toda administración aduanera es la no politización. Cuando asumo, tanto el  puesto de la presidencia del SIN como la presidencia de la Aduana, hay una condición sine qua non, es la no politización. Hay un respaldo público del Presidente.
En el momento que empieza el cuoteo político, empieza la corrupción, porque se piensa ‘te estoy poniendo en un puesto en el cual tienes que recaudar  y tienes que devolver el favor que se te hizo’. Eso lo hemos superado, ya no lo tenemos”, dice Ardaya.
Además del "saneamiento de la entidad de la corrupción, para  la presidente de  la Aduana, la independencia política de la entidad que dirige ha sido otro de los grandes problemas por los que ha trabajado.
 ¿Estamos hablando de una Aduana que ahora ya no hace recaudaciones para campañas, porque ya sabemos que antiguamente recaudaba para campañas políticas?, es la pregunta.
"No se hace. Siempre me he opuesto a esto ( llámenle recaudación voluntaria o no voluntaria). Las administraciones tributarias como el Servicio de Impuestos y la Aduana son muy sensibles en estos temas. En el momento en que al funcionario se le  resta 50 o 100 bolivianos de su salario, yo le puedo apostar que cuando venga el importador, lo primero que  va a pensar es ‘tengo que dar el aporte’. Entonces, no le va decir 100, le va a decir 200... Éste es un fenómeno en el  que hay que trabajar desde la cabeza de los propios ejecutivos. El ejemplo hace a la institución”, responde.

 

 

 

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