Los uniformados vulneran los derechos humanos en las sesiones de instrucción

Los castigos derivan en torturas en algunos recintos militares y policiales

Instructores castrenses imparten castigos a conscriptos que van desde golpes, asfixia hasta el ahogamiento, con el riesgo de llegar a la muerte. Lo mismo ocurre en la Policía, con instrucciones excesivas.
domingo, 24 de noviembre de 2013 · 18:50
Claudia Soruco  / La Paz

Daban  las 7:00 de un martes  de septiembre de 1992. A la hora de la formación, el instructor del regimiento militar GADA de Cochabamba pidió a dos conscriptos que sujetaran a Carlos S., lo ataran con una cuerda, colgaran de los pies en un arco de madera y golpearan con un tolete hasta que pidiera disculpas por un acto de indisciplina. 
Pasaron más de 20 años y el ejercicio de una extrema violencia dentro de las fuerzas policiales y militares persiste. Unos denominan a este hecho como instrucción  y otros lo califican como una vulneración de los derechos humanos que incurre incluso  en delitos de tortura.
Entonces, Carlos tenía 18 años, y veía esta sanción, causada por  una salida del cuartel sin autorización,  como una prueba para  "demostrar la valentía en frente de los camaradas  y para que no se burlen si yo me rendía”.
En un sondeo que Página Siete realizó a 12 hombres que prestaron su servicio militar y premilitar dentro de cuarteles de los departamentos de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, el común denominador fue que el uso de violencia ejercido por sus propios camaradas por una orden de sus instructores era el resultado de actos de indisciplina e incumplimiento  de sus ejercicios durante su instrucción física.
 "Recuerdo que fui el último en cumplir las 10 vueltas de trote, así que me castigaron poniéndome vista al sol y sosteniendo una llanta durante toda la tarde”, cuenta Marco Callizaya, quien hizo su servicio militar en el Regimiento Colorados de Bolivia, en La Paz.
Ante estos hechos  recurrentes en el país, que revelan esta vulneración de los derechos humanos en la instrucción militar, el defensor del  Pueblo, Rolando Villena, en una entrevista con este medio, aseguró que dichos "castigos  van desde vejaciones, humillaciones hasta expresiones muy torpes que se constituyen también en un mecanismo de violencia psicológica, pero que  los instructores para su descargo siempre aseguran que estaban dentro de lo correcto y de la instrucción establecida”.
Datos de esta instancia dan cuenta de que entre  2010 y 2012 se registraron y admitieron 401 denuncias contra las Fuerzas Armadas. De ese total, 109 (27%)  corresponden a vulneraciones de los derechos de la integridad física, psíquica y moral, y a los de la salud.
De la instrucción a la tortura
La representante  de  la  Asamblea Permanente de los Derechos Humanos (APDH) de La Paz,  María Amparo Carvajal, informó que cada año su entidad registra en promedio 300 denuncias de vulneración de derechos humanos en los recintos policiales y militares, llegando a agravantes de torturas que no son investigadas y menos sancionadas.
"Sin embargo, hay padres que vienen y aseguran que sus hijos están siendo masacrados, pero a la hora de tomar sus datos prefieren callar por el temor de que  sean echados o reciban una mayor paliza. Este temor está latente en todo el país”, asegura Carvajal.
En estos tres últimos años, 28 personas murieron en diferentes recintos policiales y militares. ¿Las causas? En su mayoría por excesivos ejercicios de entrenamiento o castigos que llegaron  hasta la tortura.
"Sabemos que la instrucción debe ser intensa, pero muchas veces nuestros cuerpos ya no dan más”, relata un cadete de segundo año de la Academia Nacional de Policías, quien prefirió, "por seguridad”, guardar su nombre en reserva.
Una de esas tantas denuncias que admitió la Defensoría del Pueblo es el castigo, con puños y puntapiés en todo el cuerpo, que un conscripto recibió el pasado 4 de septiembre  en uno de los cuarteles del Comando General del Ejército.
 Los informes previos también establecen que el joven de 19 años fue sumergido en agua caliente por sus propios compañeros, quienes obedecieron las órdenes de un sargento, quien sospechaba que la víctima había robado su teléfono celular.
Para el senador de oposición y excomandante del Ejército boliviano Marcelo Antezana, estos hechos no son recurrentes dentro de las Fuerzas Armadas. "Con el tiempo más bien hemos visto que se han ido aboliendo y se respetan más los derechos humanos, aunque siempre hay casos aislados”.
Entre el miedo y el exceso
A finales de 2012, una madre denunció que su hijo que prestaba su servicio en el Colegio Militar del Ejército, luego de haber presentado agotamiento por los excesivos ejercicios, fue obligado por su teniente a ponerse en posición de abdominales para que otro de sus camaradas orinara en su rostro.
"Hablamos de una extrema violencia. Estamos enfrentando a torturados que después se convertirán en torturadores. Esta gente siente que el uniforme les da todo el derecho de ejercer semejante violencia sin control”, agrega Carvajal.
En los recintos policiales, los cadetes de los primeros años son los más propensos a recibir castigos y uso excesivo de la fuerza por parte de sus superiores. En  el caso de las dependencias de las Fuerzas Armadas, los conscriptos y estudiantes que cursan los primeros años son los más afectados.
 Para el exmayor de Policía David Vargas,  el entrenamiento en los recintos debe ser duro, para que los futuros policías estén preparados ante cualquier contingencia. "Yo también he sido instructor y también castigaba de manera desproporcionada a los cadetes y por eso les decía que  en el futuro iban a enfrentarse con  gente de diferente tipo, es para eso que hay que preparar a los policías”, sostuvo.
La APDHB estableció que la Policía y las  Fuerzas Armadas son las instituciones que más vulneran los derechos humanos en el país. 
Sin embargo, los numerosos casos de muertes y torturas continúan sin el necesario ni oportuno esclarecimiento.
 
Persisten  los casos de personas que sufrieron actos violentos dentro de la Policía y las FFAA
Carlos s.
 Exconscripto
"Me golpearon con  toletes”
"Lo que recuerdo es que salí sin permiso por la noche del cuartel. Pensé que nadie lo había notado, pero cuando regresé y fui como cada mañana a  la formación, el sargento me hizo pasar adelante, ordenó que dos de mis camaradas me sostuvieran y me sujetaran con una soga de manos y pies. Luego les ordenó que me colgaran de los pies en un arco y que después me golpearan con los toletes, hasta que pidiera perdón. Fue doloroso”.
 
Cadete      
 Segundo año de la Anapol
"Las fuerzas nos vencen a veces”
"Sabemos que la instrucción debe ser intensa, pero muchas veces nuestros cuerpos ya no dan más. Los ejercicios son muy dolorosos, pero siempre nos dicen que no debemos quejarnos. Hay gente que no puede aguantar, pero a veces quejarse es peor, porque viene el teniente y  da patadas en la espalda. Hemos sabido de cadetes que han tenido que ir hasta el hospital a hacerse ver, porque ya no aguantaban el dolor, pero nada cambia”.

Madre
 De cadete de la Anapol
"Mi hijo no quiere quejarse”
"Mi hijo va a ser el primer policía de la familia, pero a veces me da pena porque mucho sufre. Cuando lo veo el fin de semana está cada vez más demacrado, no me quiere decir nada, pero siempre llega adolorido. A veces me da la impresión de que hasta lo están golpeando más de la cuenta, tal vez son sus mismos compañeros de curso, porque somos de origen bien humilde. Ya hemos intentado que nos diga, pero nada”.
 
Marco Callizaya
 Exconscripto 
"En ese tiempo no lo veía  mal”
"No todos teníamos el mismo rendimiento físico. Algunos que no teníamos la altura de otros sufríamos mucho más en el momento de realizar los ejercicios y el entrenamiento táctico. Recuerdo que fui el último en cumplir las 10 vueltas de trote, así que me castigaron poniéndome vista al sol y sosteniendo una llanta durante toda la tarde. Fue muy duro y no me hicieron ni probar un poco de agua en todo ese tiempo”.

Confidencial

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