Sonia Montaño, directora de la División de Género de la CEPAL

“Hoy, la violencia contra la mujer se expresa con ensañamiento”

Cuando hay cambios políticos estructurales, la mujer tiende a postergar su agenda, dice Montaño.
sábado, 21 de diciembre de 2013 · 20:09
Página Siete/ LaPaz
La socióloga boliviana Sonia Montaño Ferrufino, directora de la División de Asuntos de Género de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) de Naciones Unidas, sostiene que la violencia contra la mujer en Bolivia y otros países ha adquirido en los últimos años características de ensañamiento.
"Están surgiendo formas particulares de daño, de violencia que no tienen que ver solamente con la clásica pelea entre hombre y mujer”, como "la violencia sexual, la trata, la violencia política, que se ha impregnado de la influencia de las otras violencias, como la violencia del narcotráfico”, dijo en la entrevista de los desayunos de Página Siete.
Según Montaño Ferrufino, quien tiene una larga experiencia en los asuntos de género tanto en Bolivia como en el extranjero, existe un "cambio muy fuerte” en la sociedad, "algo así como un gran enojo contra la igualdad de las mujeres”.
"La pérdida para algunos hombres de este poder de controlar a su pareja se puede transformar fácilmente en un tipo de violencia que desborda lo que habitualmente era socialmente tolerable”, sostuvo.
Página Siete - Tu participación en el movimiento de género en Bolivia ha sido muy interesante, porque ha sido toda una lucha por ir conquistando espacios. ¿Cómo ha sido ese proceso?
 Fue parte de una corriente internacional. Como dice Gina Vargas, una feminista peruana muy conocida, el último internacionalismo que hubo en los años 90 fue el de las mujeres. El único espacio donde tú podías plantear los temas de género era el internacional y se aprovechó mucho esos espacios, como la Conferencia de Viena, la reunión de El Cairo, Pekín, la Agenda 21. El movimiento feminista en Bolivia era muy reducido. Las mujeres mineras, las amas de casa, las mujeres de los sectores populares, tienen una gran fuerza política y simbólica. Entonces hubo un debate muy fuerte entre las mujeres de sectores populares y las feministas, que todavía éramos vistas como exponentes de una mirada ajena, externa, que lo único que nos interesaba era la sexualidad y que estábamos hablando de cosas que a las mujeres pobres no les gusta.
Hubo varias vertientes que fueron alimentando el debate público y la agenda, siempre desde la marginalidad, en el sentido de que todavía no era tema de agenda política. En el caso boliviano, las ONG tuvieron un protagonismo muy fuerte. Fueron las que gestaron este movimiento, crearon redes, capacitaron mujeres, inclusive generamos modelos alternativos de atención a la violencia, en un momento en que no se reconocía legalmente la violencia contra la mujer, que era considerado todavía un tema privado, íntimo, y no estaba legislado.
Hubo un proceso importante, sobre todo en violencia y derechos reproductivos.

Página Siete - ¿Cómo se ha vivido la situación de la mujer en el país y en el ámbito regional?  ¿Cómo ves este proceso?
 Hay dos tendencias en todos los países. En Bolivia se han reflejado ambas en distintos momentos. Una, que es la de asociar el tema de la igualdad de hombres y mujeres a la pobreza y descartar las otras políticas que puedan apuntar a la autonomía propia de las mujeres, sobre todo las que tienen que ver con violencia y sexualidad. Lo que uno ve ahora es una mayor preocupación por que las mujeres tengan recursos, bonos, programas de capacitación, acceso a microcréditos, políticas que podríamos llamarlas de corto plazo, asistenciales, que son buenas para las mujeres, en el sentido de que mejora sus condiciones inmediatas de vida, y que no generan conflicto con la Iglesia, con los poderes fácticos, y luego tienes otra tendencia que se ha abierto paso con más fuerza, que es la de apuntar a políticas de género  que sean universales, que atiendan a la autonomía plena de las mujeres, que implica participación política, autonomía física, capacidad de decidir sobre tu cuerpo, capacidad por lo tanto de administrar tu tiempo y pensar en una nueva distribución del trabajo.
Página Siete.- ¿Y en el caso boliviano?
En Bolivia empezamos con un proceso que apuntaba hacia esta segunda tendencia de políticas integrales, de políticas en las que finalmente estabas cuestionando el poder y la subordinación de la mujer, y lamentablemente ahí ha habido pocos avances. Gracias al proceso de democratización social general, hombres y mujeres que habían estado excluidos llegaron al poder en los últimos 10 años. Eso ha dado fuerza política a grupos importantes de mujeres, como las Bartolinas. En general, donde se han producido grandes cambios sociales y estructurales, como en Bolivia, las mujeres tienden a postergar su agenda: estamos descolonizando el país, ahora hay que luchar contra el neoliberalismo, contra el capitalismo, contra la pobreza. Es una agenda demasiado grande que normalmente lleva a postergar la agenda de igualdad de género.
Página Siete - Hay dos fenómenos muy visibles en este momento. Parecería que ahora hay mucha más violencia contra la mujer, o por lo menos se visibiliza más, y otro fenómenos es el de la participación política. ¿Cómo ves estas dos expresiones de la situación actual de la mujer?
Hay fenómenos políticos y sociológicos que son irreversibles. Uno de ésos es que las mujeres están más educadas, más informadas, más unidas y participan más; en el caso de Bolivia, hay una larga tradición de participación política, desde las barzolas hasta las Bartolinas de la primera época. Entonces, hay una acumulación. Lo que sí fue muy bueno es que en la nueva Constitución esto se haya convertido en una norma que permite la paridad. Eso ha generado el típico flash back, como un retroceso, porque genera expectativas de que tienes mujeres en el poder y que, sin embargo, con un número importante de mujeres en el poder, los derechos de las mujeres en general no avanzan. En realidad, la participación política de las mujeres hay que verla como un hecho de la democracia, pero no esencialista. En el tema de la violencia, no sabemos por qué no hay información, pero ciertamente la percepción de que hay más violencia es real.
Página Siete - Pero, ¿es que hay más violencia o es que se ve más información?
En general se puede decir que hay más visibilidad de la violencia, que era una violencia oculta, pero lo que caracteriza a la violencia contra la mujer en estos últimos años en Bolivia y en otras partes es el ensañamiento. Están surgiendo formas particulares de daño, de violencia que no tienen que ver solamente con la clásica pelea entre hombre y mujer: te golpeo y te moreteo el ojo y te echo de la casa o no te dejo salir, que son cosas históricas y del patriarcado. Ahora, además, está la otra violencia, la sexual, la trata, la violencia política, que se ha impregnado de la influencia de las otras violencias, como la violencia del narcotráfico. Cuando tú ves las características de las muertes de mujeres por parte de sus parejas ya no son entre comillas de "emoción violenta”, sino emoción violenta más tortura, más mutilación, más violación después de haberte matado. Es decir, hay un ensañamiento que puede tener que ver con el deterioro general de la sociedad, pero también con el cambio tan fuerte que está ocurriendo, algo así como un gran enojo de la sociedad contra la igualdad de las mujeres. La pérdida para algunos hombres de este poder de controlar a tu pareja se puede transformar fácilmente en un tipo de violencia que desborda lo que habitualmente era socialmente tolerable.
Página Siete - ¿Un modelo antropológico?
 En alguna medida. En el fondo lo que aquí se está expresando es que el cambio de los patrones, la salida de las mujeres al trabajo, su participación en la política, el abandono entre comillas de "la responsabilidad de los familiares”, genera un desorden y una pérdida de autoestima en los hombres que se debe reparar por la vía de la educación, porque la ley no basta. Tenemos que hacer políticas de prevención, políticas educativas, políticas de integración, políticas de prevención a nivel de salud, sensibilización de los policías. Es decir, es mucho lo que hay que hacer antes de tener una ley que además no se va a cumplir. No van a ir a la cárcel ni los asesinos ni los golpeadores. Vas a entrar en un proceso de penalización de la violencia, que obviamente merece ser penalizada, pero de impunidad muy grande porque no tenemos los marcos institucionales ni la justicia para hacer cumplir esa ley.

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