Gustavo Fernández, excanciller de Bolivia

La negociación del mar tendrá que ser entre Bolivia, Chile y Perú

Fernández cree que cualquiera sea el fallo, el juicio de La Haya resolverá el tema marítimo.
sábado, 28 de diciembre de 2013 · 19:49
Página Siete/  La Paz
El excanciller Gustavo Fernández cree que la demanda de Bolivia ante la Corte Internacional de La Haya "no viene bien”, no sólo por el realineamiento geopolítico en el escenario regional, sino por las eventuales consecuencias del fallo que emitirá la misma corte en enero próximo en torno al diferendo limítrofe marítimo peruano-chileno.
"Si pierden, los chilenos van a estar mucho más resistentes que antes a considerar una negociación en serio con Bolivia”, dijo Fernández en la entrevista de los desayunos de Página Siete.
"Una negociación tiene que darse necesariamente entre Bolivia, Chile y Perú. Esa es la diferencia sustantiva respecto del pasado (...). Mientras los tres no se sientan en una mesa y decidan poner fin a la Guerra del Pacífico, ese problema va a seguir”.
Agudo observador y estudioso de la geopolítica regional, Fernández percibe cambios en la coyuntura latinoamericana, particularmente sudamericana, a partir del fin de la bonanza económica basada en el boom de los precios de las materias primas, las transiciones políticas en curso y las redefiniciones en las alianzas regionales.
Páginas Siete - ¿Cómo ve a Bolivia en el escenario regional?
 Las actuales transiciones políticas afectarán a los esquemas de integración sudamericana, que es donde se producen las alineaciones. Unos hablan de integración económica en el sentido que manejamos durante los últimos 30 años, como la articulación de las economías para crear un mercado común que tenga una presencia económica única en el mundo. Por ejemplo, la Comunidad Andina, que permitió que las exportaciones de soya y de aceite de soya de Bolivia encontraran mercado en Perú, Colombia y Venezuela. Hoy las exportaciones de soya boliviana están llegando a los mil millones de dólares. El Mercosur tiene sus propios problemas. El proteccionismo argentino crea fricciones constantes con Brasil, los uruguayos y paraguayos no están contentos y ahora, además, tienen que administrar la llegada de un socio que creían poderoso pero que llega enfermo, que es Venezuela.
Pero hay otra perspectiva que es la de la integración política, que es la que ha avanzado mucho, con Unasur, CELAC, el ALBA. Evo Morales, Lula y  Nicolás Maduro  creen que éste es el mejor momento de la integración latinoamericana y tienen razón. En cierta medida, no cabe duda de que América del Sur ha recuperado para sí el manejo de sus asuntos políticos, se ha logrado excluir a EEUU. La presencia de la OEA no es la que era y cuando hay problemas políticos regionales no se piensa en la OEA, se piensa en la Unasur, que es un foro de coordinación política.
Bolivia es del Mercosur y de la CAN. No puede escoger uno u otro, tiene que estar necesariamente en los dos. Brasil y los países del Cono Sur son del Plata. La CAN, además de ser un mercado para la soya, es el centro de nuestra visión geopolítica en el Pacífico. Es un falso dilema. Bolivia tiene que estar en los dos puntos. En el plano político, el ALBA, que es el principal escenario político de la presencia boliviana en el exterior, no es el mismo de 2008. Venezuela tiene problemas económicos y limitaciones de política exterior que no tenía el 2008.
Página Siete – Ya no tiene el mismo peso político…
Claro, y nunca tuvo peso económico, porque Bolivia no dependía del financiamiento venezolano, ni del mercado venezolano. Su explicación era esencialmente política. Las relaciones con Brasil y la expansión del nuevo polo de desarrollo en Santa Cruz obligan a repensar en una política exterior fundada en los intereses nacionales que miran al Plata, y no solamente al Brasil.
Bolivia tiene que mirar a la Argentina, al Paraguay y Uruguay, porque si mira sólo al Brasil, queda indefenso frente al Brasil.
A todos esos elementos hay que añadir un dato más, que es el fallo de La Haya sobre los límites peruano-chilenos. Ese fallo se va a dar el 27 de enero. No me gusta especular sobre quién va a ganar, pero por lo que veo, si el Perú gana, y esa es la posibilidad más seria, se va a producir un periodo de enfriamiento en las relaciones peruano-chilenas, porque Michelle Bachelet está convencida de que el Gobierno del Perú de entonces no jugó con cartas claras en el juicio en La Haya y de que la política de Sebastián Piñera a lo largo de estos años no fue lo suficientemente firme en la relación con Perú y cree que es necesario poner las cosas en otra dimensión. Chile no va a rechazar el fallo como hizo Colombia, pero va a decir que lo va a estudiar y que se va a tomar su tiempo para ejecutarlo.
Página Siete - ¿Y cuál será el impacto en Bolivia?
En ese ambiente de distanciamiento, nuestra relación con ellos se complica. Los chilenos, si pierden, van a estar mucho más resistentes que antes a considerar una negociación en serio con Bolivia.
Página Siete - Incluso Bachelet no es la misma, la de la agenda de los 13 puntos…
Nuestra demanda en La Haya no viene bien. No viene bien por el escenario regional. El escenario regional tiende a limar las asperezas que se presentaron en los últimos años entre la Alianza del Pacífico y el Mercosur en el Brasil. Piñera, Santos y México plantearon una línea que se presentaba como una alternativa a la integración estatista o nacionalista del Mercosur. La llegada de Bachelet cambia la situación, no tiene la posición de Piñera y lo que Bachelet va a buscar es conciliar, y a su vez Brasil va a buscar la manera de aproximarse a la Alianza del Pacífico, porque a ninguno le queda bien una confrontación. Por las transiciones políticas que he mencionado, uno ve que las posiciones radicales de derecha y de izquierda latinoamericana tienden a alejarse y se produce una cierta aproximación en un centro de izquierda, que evita la confrontación radical que tuvo su momento más duro en el enfrentamiento entre Chávez y Uribe.
Página Siete – Un fallo favorable a Bolivia en La Haya tampoco tendría un mayor efecto…
Todo esto nos lleva a una sola conclusión. Debemos pensar nuestra política primero en la definición de un objetivo estratégico que nunca hemos abandonado, que es recuperar la soberanía en el Pacífico, pero debemos considerar los medios, los instrumentos que debemos utilizar a la luz de los cambios que se están produciendo, y mirar el tema del acceso de Bolivia a los mercados del mundo de manera diferente  a la que tuvimos en el pasado, porque simplemente el mundo ya no es el mismo.
Página Siete - ¿Y esto cómo se traduce?
Una negociación tiene que darse necesariamente entre Bolivia, Chile y Perú. Esa es la diferencia sustantiva respecto del pasado. Las negociaciones bilaterales tienen un punto en el que necesariamente se detiene y no podemos dar por asumido que el Perú vaya a aceptar los resultados de una negociación entre dos. Perú no ha querido participar en esa negociación. No es que los otros lo hayan excluido, pero no ha querido participar. Mientras los tres no se sienten en una mesa y decidan poner fin a la Guerra del Pacífico, ese problema va a seguir.
Insisto en el tema del futuro boliviano porque tengo la impresión de que 2014 va a ser un año de muchos cambios, no sorpresivos, porque electoralmente va a seguir la misma línea, pero sí de la necesidad del nuevo gobierno de adecuar su posición nacional e internacional a este nuevo contexto. Bolivia todavía cree en que va a seguir en la ola de los precios de materias primas que le han sido beneficiosos y que han redundado en una estabilidad económica. La economía no se va a desplomar, se va a desacelerar. Bolivia ha crecido este año y probablemente crezca el próximo, pero en algún momento va a tener que negociar con Brasil y Argentina. Tiene que haber un nuevo acuerdo con Brasil sobre el precio del gas. Ahí vamos a tener un encuentro con la realidad. El mercado es distinto del que negociamos el contrato anterior. Eso va a influir en nuestro crecimiento. Es decir, tenemos que mirar con más realismo la expansión de la economía boliviana.

 

 


   

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