Silvia Lazarte, del sindicato a la Constituyente

domingo, 03 de agosto de 2014 · 19:13
Nació en Cochabamba, en enero de 1964.
Había cumplido 16 años y su padre, muy enfermo, la presentó ante el sindicato  Pedro Domingo Murillo del Chapare como su sucesora en la vida sindical. ¡Qué contradicción! Hace unos años le había pedido que dejara la escuela porque quería su ayuda en la chacra, para que sus hermanos varones fueran al colegio y aprendieran "todo lo que se tiene que aprender para no ser humillados en el cuartel, como él lo fue”. Lo logró, la adolescente que incluso saltó de cursos dejó la escuela.

Aclarando que estaba muy enfermo y que debía ir a la ciudad para atender su salud, Desiderio  Lazarte les dejó en claro a sus compañeros del sindicato que su hija mayor, Silvia Lazarte, no era sólo portadora de su voz, sino que podía tomar decisiones, como él; sin embargo, sus palabras quedaron en el vacío en  aquel mundo dominado por hombres, porque apenas dejó el Chapare, Silvia fue prácticamente expulsada de la vida orgánica del lugar que su padre fundó  a principios de los  80.

Aún así asistía a las reuniones, obedeciendo la instrucción de su padre. A medida que fue creciendo, los hombres fueron acostumbrándose a su presencia, debido a su capacidad de organización, su carácter imponente y su consecuencia. Además, su progenitor le había comprado 20 hectáreas de tierra en nuevo Chapare, lo que le ayudó a tener voz.

Más de 20 años después, en 2006, Silvia Lazarte estaba otra vez ante un nuevo desafío, pero esta vez de una magnitud que jamás había imaginado: presidir la Asamblea Constituyente de Bolivia, que,  entre 2006 y 2007, modificó la Constitución Política del Estado.

Ya no era la joven asustada, era una mujer  que se había consolidado en el campo sindical a través del movimiento campesino y cocalero y había sido elegida constituyente de los productores de Santa Cruz por el MAS.

El primer recuerdo que se le asoma de esos días es el de la duda que la arrebató cuando la propusieron para dirigir el magno evento: ¿los constituyentes de su partido eran lo suficientemente consecuentes para que la Asamblea Constituyente pudiera concluir con éxito? Por eso, cuando aceptó el desafío  -recuerda -, se encargó de que los constituyentes del MAS se comprometieran a llevar adelante el proceso y que "ningún hombre se atrevería a manipularla o imponerle su voluntad”.

Le temía al fracaso porque para ella -la mujer de pollera que representaba a los productores de Santa Cruz-  "sería el fracaso de las mujeres”, que sería "reclamado por su familia, su comunidad, las organizaciones sociales y Bolivia”.


"Yo sólo quería cambiar la Constitución a lo que he vivido. Todos me cuestionaban. Los periodistas me preguntaban sobre mi profesión, pero no era ni bachiller. Era mujer, no era abogada, no conocía la justicia sino la injusticia”, recuerda esta mujer de tono de voz fuerte y de diálogo directo.

Transcurrieron siete años desde que culminó el proceso constituyente y su papel en el proceso fue controvertido: para algunos  fue destacado y marcó la agenda de la Asamblea, pero para otros fue obsecuente y sin gran trascendencia. Lo cierto es que, concluida la Asamblea Constituyente, Silvia Lazarte regresó a su terruño en Santa Rosa de Sara. Produce arroz, soja, maíz y sorbo. Cría y vende animales de granja, y sigue dedicada a la vida orgánica del sindicato y a la actividad política.

Desde ahí revive con emoción esos días y la elocuencia la atrapa,  pese a su desconfianza, que expresa cada vez que escucha una pregunta periodística. Retomó su vida familiar junto a su esposo Florencio Flores. Sus tres hijos crecieron y cada uno "siguió su camino”.

Ivone Juárez, periodista

Juan Jauregui,  historiador

Silvia Lazarte representa el nuevo ejercicio de la mujer en la vida social y política de Bolivia. Con ella las mujeres toman nuevamente protagonismo y logran visibilizarse como sujetos históricos.
Hoy, esta mujer del pueblo es parte de la historia boliviana. Sus  antecedentes son esporádicos pero con su papel en el proceso constituyente abrió una pequeña brecha que permite el nuevo accionar de la mujer en el marco de la inclusión social.

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