Jorge Lazarte: “El gobierno de Evo Morales ha perdido su libreto, está aturdido”

”Ha cambiado la relación de fuerzas; se ha iniciado un proceso regresivo para el Gobierno”.
domingo, 26 de junio de 2016 · 00:00
Página Siete / La Paz
El politólogo Jorge Lazarte sostiene que el gobierno de Evo Morales ha ingresado en  un "proceso regresivo” tras su derrota en el referendo del 21 de febrero pasado, hecho que a su juicio ha cambiado la "correlación de fuerzas” en el país.

"Tengo la impresión de que el Gobierno ha perdido de algún modo su libreto, está aturdido; cuando eso ocurre, cuando, por ejemplo, no saben qué hacer respecto a su futuro, hay una cacofonía entre sus voceros”, afirma el también exvocal de la Corte Nacional Electoral (CNE) en el Desayuno de Trabajo de Página Siete. 
 
Lazarte atribuye a tres factores la derrota del 21 de febrero: al desgaste natural de 10 años de gestión, al "estilo gubernamental extremadamente populista”, caracterizado por el "abuso de las expresiones ofensivas hacia todos”, y a la "corrupción creciente”, factores a los que añade como "puntada final” -dice- el caso Zapata. 
 
En pocas palabras, ¿cómo ve la coyuntura de Bolivia?
 
Patas arriba, porque se ha operado un giro político como resultado del referendo. Lo que se suele llamar "correlación de fuerzas”, ahora ha empezado a perjudicar al MAS y creo que se ha iniciado un proceso regresivo para el Gobierno que va a tener un efecto sobre el país.
 
¿Cuáles serían las expresiones de ese proceso regresivo?
 
El Gobierno tiene cada vez más dificultades, hacia  dentro y hacia  fuera. Hacia fuera, se ve que la clase media está movilizándose contra el Gobierno; la propia gente que ha votado por el actual Gobierno se está movilizando y creándole problemas de gobernabilidad. Hacia dentro, hay un conflicto de facciones y de intereses cruzados que no tiene mucho que ver con cuestiones ideológicas sino materiales, más primarias, muchas de ellas vinculadas a la distribución de recursos y la corrupción.
 
La imagen de esta suerte de declinación es exactamente lo que está pasando en el Palacio de Gobierno, rodeado de grandes vallas que aíslan el Palacio, y los policías impidiendo el acceso de la gente y los movilizados. Es decir, es una suerte de fortaleza asediada. Creo que el Gobierno ha empezado a sentir su propia debilidad y no encuentra explicaciones plausibles para la misma. Esto explica la pérdida del libreto sobre muchos temas entre los varios portavoces del Gobierno, que no saben explicar exactamente qué es lo que está pasando, porque la derrota del referendo ha sido inesperada y muy dura. Es la primera vez que se enfrentan a una situación parecida. Estaban acostumbrados a ganar todo y la derrota está afectando al corazón mismo del sistema de poder. Es decir, le ha llegado al Presidente.
 
El Gobierno no lo entiende así y no parece resignarse al resultado del referendo...
 
No, sin lugar a dudas. Democráticamente, debería haber normalidad. En cualquier país donde ocurran giros políticos, encuentran después su propio cauce institucional, pero aquí es como si estuviera a punto de producirse una hecatombe en las esferas de Gobierno. No es que propiamente se estén quedando sin alternativas, pero están frente a un verdadero dilema, digamos un dilema trágico corneliano, donde las dos salidas son terribles: el poder, para muchos de los que están en el poder, o la cárcel. Es duro decirlo. Yo mismo encuentro esta figura muy contundente,  pero creo que expresa bien la situación de mucha gente que está en el Gobierno, un gobierno que raras veces ha conocido el país, que tenga a la vez tanto poder y tantos recursos para distribuir.
 
Ha sido una bendición para el Gobierno que hubiera coincidido el inicio de su gestión con el alza de las materias primas y que tiene todo el poder institucional del país. Pero no se resignan a eso, que ha sido siempre la tentación de todos los gobiernos, que no han sido tan fuertes como éste. Pero los problemas del Gobierno nacen precisamente del poder. El poder se le está convirtiendo en un problema, porque si el poder puede unir, también tiene efectos disolventes y provoca conflictos de facciones internas. Los recursos financieros, mientras los hay, pueden beneficiar, pero cuando empiezan a faltar y la gente se ha acostumbrado a canjear la lealtad  con acceso al presupuesto,  entonces hay problemas. Ahí está el problema con la Central Obrera Boliviana.
 
¿Cuáles son las causas primarias de la derrota en el referendo?
 
Nunca hay una sola causa. Si hubiera una sola causa, tendría remedio. Son múltiples y se cruzan entre sí, se potencian entre sí y además siempre hay factores imprevisibles, que por mucho poder que uno tenga no se  pueden controlar. El Gobierno no controla todo, hay muchas cosas que se le escapan, incluso el control de su propia gente. Ahora bien, podríamos decir que hay tres factores más uno que ha sido inesperado, que han ido labrando el descontento de la población. Por un lado están los 10 años de gestión, que para los promedios nacionales es demasiado. Bolivia no solía aguantar tanto tiempo a un gobierno, se cansaba pronto.
 
El promedio hasta los años 80 era de dos  años y medio. En segundo lugar, está un estilo de gobierno que podríamos llamar extremadamente populista. Aunque el país tiene inclinaciones históricas populistas, porque el populismo, sea de derecha o de izquierda es parte de nuestro ADN, el estilo del Gobierno ha ido fastidiando a la gente. Y eso no tiene nada que ver con su condición de indígena o no indígena, pero tiene un estilo, un estilo en el lenguaje, en el abuso de las expresiones ofensivas hacia todos, que no gusta a la gente. Hay que recordar, por ejemplo, que en las elecciones judiciales él decía que los que llamaban a votar en blanco eran delincuentes, o decir que el que no es masista es fascista. Bueno, esto hiere a la gente.
 
En tercer lugar, hay una corrupción creciente que ha ido destapándose en el último tiempo y que no es sólo el privilegio de unos pocos sino que alcanza a mucha gente. Y es de magnitud por la cantidad de recursos que se han manejado de manera incontrolada. Éste ha sido uno de los grandes pecados del Gobierno. Entonces ya había una base electoral negativa que el Gobierno incluía en sus cálculos. Un tercio de la población es y ha sido antimasista, otro tercio siempre ha votado por el MAS  y la disputa fue por  el tercio restante. Tal vez la puntada final fue el escándalo Zapata. Todas estas cosas han tenido un efecto compuesto y han llevado a mucha gente a tomar una posición. Hay una protesta pasiva en el país, pero no es todavía protesta callejera.
 
¿Cómo juzga la manera en que el Gobierno ha estado enfrentando muchos conflictos, poniendo en riesgo, incluso, la alianza con la COB?
 
Uno puede preguntarse por qué se hacen ciertas cosas o no se las hace y a veces no es fácil entrar en la racionalidad de otro. Probablemente en el Gobierno no hay una sola línea estratégica o táctica para enfrentar las situaciones que se le presentan en el camino. Tengo la impresión de que el Gobierno ha perdido de algún modo su libreto, está aturdido, y cuando eso ocurre, cuando por ejemplo no saben qué hacer respecto a su futuro, hay una cacofonía entre sus voceros. Cuando hablaba de la fase declinante, decía que los gobiernos sin buscarlo van labrando poco a poco su propia perdición. Eso siempre ha ocurrido en el pasado. Cuando se busca una cosa se termina produciendo otra. Las grandes catástrofes se han producido en momentos más inusitados.
 
Parecería que el MAS ya tiene decidido repostular a Evo, pero que no sabe cómo hacerlo. ¿Cómo revertir el resultado del 21 de febrero? ¿Un nuevo referendo? 
 
Tiene necesidad absoluta de quedarse en el poder por las razones que he mencionado. El MAS no viviría sin Evo, porque Evo no es un líder en el sentido democrático, es un caudillo. Forma parte de la tradición caudillista del país. El MAS se ha dado cuenta, después de decir que están formando nuevas generaciones, que no pueden prescindir de él. Ahora el problema que tienen es que por lo menos deben respetar ciertas formalidades  constitucionales y legales. Y ahí están en un callejón sin salida, porque ha habido un pronunciamiento de la población y eso es inapelable;  es, como suele decirse, un caso cerrado.
 
Pero tampoco es cierta la idea de que lo que ha decidido un día la población es para siempre. Se puede repetir la votación. El problema es cuándo. Es uno de los grandes huecos de la legislación boliviana sobre el referendo. En otras partes eso está  estipulado. No se le puede preguntar al pueblo todo el tiempo, no se le puede consultar con la misma pregunta, porque eso sería hacerse la burla, pero tampoco se le puede decir nunca más. Como yo entiendo, el voto del 21 de febrero ha sido por el No a una reelección para otro mandato. El mandato, según la Constitución dura cinco años. Por tanto, a mi juicio, vale para esos cinco años y por tanto no puede hacer un referendo con la misma pregunta en el mismo mandato sino pasados los cinco años.
 
Si bien es cierto que los sectores que parecían impulsar un nuevo referendo han dicho que ya no recolectarán firmas, como habían anunciado al principio, lo cierto es que desde el Gobierno se sigue atribuyendo la derrota a una "gran mentira” y aumentan las voces mesiánicas y amedrentadoras que dicen que después de Evo está el fin del mundo…
 
Es que, en un cierto sentido, no diríamos bíblico, sin Evo, para ellos sería el fin del mundo; no para el país, ni siquiera para lo que ellos llaman el proceso de cambio, porque hay ciertas cosas que no pueden ya volver al pasado. Para ellos es un problema de supervivencia. Cuando ciertas élites incrustadas en el poder necesitan quedarse por más tiempo, suelen decir "necesitamos quedarnos más tiempo”;  tienen que apelar al pueblo que dicen estar encarnando y mostrar que después de ellos es el diluvio, pero eso en algún momento ya no tiene efectos prácticos.
 
Yo no sé si habrán renunciado a la idea, porque lo cierto es que unos dicen sí y otros no;  la corriente muy fuerte era la de repetir el referendo y no son precisamente ellos, y buena parte del país, muy afectos al cumplimiento de la ley y de la Constitución. Si además controlan los poderes del Estado, pueden fabricar un razonamiento jurídico falaz que les permita decir "sí se puede”. Bueno, pero lo cierto es que, este momento, políticamente les hace daño. Por eso finalmente decidieron que esto vuelva a discutirse en 2018, porque les está haciendo daño y no tiene sentido insistir sobre lo mismo porque le fastidia a la gente.
 
Pero eso simplemente posterga el problema mientras siguen en el gobierno. Lo correcto sería, si fuese un gobierno democrático, aceptar el resultado del referendo y si les va mal en las próximas elecciones con otro candidato, se detienen en la oposición. Yo creo que el gran error estratégico del Gobierno es haber vuelto con Evo Morales como candidato en  2010.
 
A partir del 21 de febrero se ha notado una suerte de endurecimiento de parte del Gobierno, sobre todo con los medios de comunicación y también con la oposición. ¿Cómo ve el panorama futuro con vistas a la definición de la sucesión?
 
El punto de partida es que el poder en general no ama a los medios de comunicación, a la prensa libre, y cuanto más autoritarios son los gobiernos, menos los aman y terminan odiándolos porque les temen, porque finalmente son gobiernos que prefieren apoyarse en el uso de la violencia, no en la sociedad misma. Se dan cuenta de la importancia de los medios de comunicación y ahora de las redes sociales, pero felizmente no estamos viviendo una dictadura, no es dictadura lo que tenemos, yo prefiero llamarlo Gobierno despótico que hace lo que se le antoja y no necesariamente un gobierno despótico es brutal, aunque puede serlo.
 
Ahora, si tiene algún sentido el dilema al que me refería al principio, está claro que ellos no tienen muchos caminos hacia delante para preservarse sino haciendo uso cada vez más de la fuerza, apoyándose en la ley, presionando, amenazando, amedrentando, pero no se puede gobernar así todo el tiempo. Ahora no, antes era posible. El Gobierno está en un rompecabezas y no sabe por dónde salir.
 
Eso explica muchas cosas. Si fuera un gobierno más sólido, más seguro de sí mismo, no haría las cosas que está haciendo, arriesgándose a romper con la COB, no atender a los discapacitados, que ya es vergonzoso. Yo creo que puede haber un endurecimiento pero no al modo melgarejista. Tienen otros instrumentos para presionar, para amedrentar a la población, para callarla,  pero la política no funciona sino con el consentimiento de la población.
 
Usted hablaba de una resistencia pasiva, cierto hartazgo en la ciudadanía. ¿En qué puede desembocar este estado de ánimo?
 
Hay una situación desconocida. Si nosotros pensamos en el pasado, por mucho menos el país reventaba. Ahora no. Nos estamos habituando a tantas cosas que a veces uno desconoce el propio comportamiento colectivo histórico del país. Nunca hemos tenido un país tan aguantador como ahora. En algún momento dije: el país está medio cloroformado. Hay razones también para ello, porque de algún modo los excedentes llegaban al bolsillo de muchísima gente, incluyendo la clase media.
 
Entonces, digamos, eso hizo que hubiera un estilo casi cínico de vivir, casi a espaldas de lo que está pasando en el país, pero con los bolsillos llenos. Entonces, es un país que está aguantando más  de lo que habitualmente solía hacerlo en el pasado, pero yo creo que la alarma se ha dado con el No y con la bronca en las redes sociales. Eso no puede ser indefinido. En algún momento esta pasividad puede convertirse en expresiva, sólo que no encuentra los canales. ¿Hasta cuándo? Es muy difícil saberlo,  eso va a depender también de lo que haga el Gobierno.
 
Y la oposición…
 
En este caso, la gran ausente es la oposición. Está claro que mucha gente se pregunta: si no es Evo Morales, ¿qué es lo que ocurriría? Y ahí está el problema del país. ¿Quién está en condiciones de gobernar Bolivia? No de ganarle a Evo Morales, que sería tarea fácil en comparación con las capacidades de poder gobernar o asegurar la gobernabilidad, porque en Bolivia, a diferencia de otros países más serios, la gobernabilidad no descansa en las leyes, depende de la calle.
 
Cualquier gobierno futuro tiene que defenderse de la calle, pero no solamente de  quienes actualmente están en la calle, sino de los que ahora están en el Gobierno y pierdan las elecciones. Ése si es el gran problema de la oposición.  Yo creo que la oposición debería plantearse seriamente este problema de convencer al país de que es capaz de gobernar Bolivia. No es una tarea fácil, no sé si tendrá fuerzas para eso, pero ésa es la parte que le corresponde a la oposición.

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