“Sudamérica sufre una transición turbulenta y llena de incertidumbres”

“Se cierra un ciclo de gobiernos hegemónicos y se abre otro donde el pluralismo es la pauta”.
domingo, 5 de junio de 2016 · 00:00
En opinión del excanciller Gustavo Fernández, las cinco potencias sudamericanas están sufriendo "una transición turbulenta, llena de incertidumbres”, entre un ciclo caracterizado por los altos precios de las materias primas y un sistema de partidos hegemónicos, vigente durante una década, y un nuevo ciclo de limitaciones económicas y fragmentación política.  
 
"Se está estructurando otro centro de poder regional que tiene como eje a Argentina y Brasil, en el lado del Mercosur, y Chile y Colombia, en el lado de la Alianza del Pacífico, al que se agregan Perú y México. Tenemos una convergencia de la Alianza del Pacífico con un nuevo Mercosur y un ALBA, con Cuba, Venezuela, Ecuador y Bolivia, declinante”, sostiene Fernández.
 
En esta nueva configuración -advierte en la entrevista del Desayuno de Trabajo de Página Siete-, Bolivia corre el riesgo de quedarse aislada.
 
¿Qué está pasando en América Latina?
 
Muchas cosas y muy importantes. Las cinco potencias sudamericanas están en transición, en la transición de un ciclo a otro;  una transición turbulenta, llena de incertidumbre, con más preguntas que respuestas. Se cerró un ciclo de precios excepcionales de las materias primas y de gobiernos fuertes, vigente desde hace una década, y está comenzando un ciclo nuevo, con precios que no han de recuperar los niveles de antes y con una fragmentación del sistema político. Esos dos factores, limitaciones económicas y modificación del sistema político, eliminan la posibilidad de gobiernos autoritarios porque no hay un partido hegemónico que domine a los otros, ni un caudillo que domine la política, ni una economía que le permita financiar ese esquema. No hay base económica y social para poderes hegemónicos. De partidos hegemónicos estamos pasando a sistemas políticos fragmentados, donde el pluralismo es la nueva pauta. Pero los que se fueron, se fueron, y los que llegaron, no terminan de llegar. La herencia de los 10 años pasados tiene luces y sombras. América Latina creció en un promedio de 4% anual, cosa que no había ocurrido nunca; multiplicó sus exportaciones de 130 mil a 540 mil  millones de dólares, es decir las cuadruplicó; el peso de la deuda externa cayó sustantivamente de cuatro a uno en comparación con las exportaciones; América Latina diversificó su espacio económico en el mundo gracias a la emergencia de China. Socialmente también se produjeron muchos fenómenos importantes, como la reducción de la pobreza, que es de 49% a 15%, y el crecimiento de las clases medias, de 20% el año 2000 a 47% en 2010.
 
Eso da una medida de lo profundo del cambio social. Tenemos un continente más rico económicamente y con una composición social distinta. 
 
¿También en Bolivia?
 
En el caso de Bolivia, esa realidad está reflejada en el documento de desarrollo humano del PNUD que empieza con la frase: "Bolivia es un país de clases medias urbanas”, que marca una diferencia inmensa con el pasado. Más adelante, en el análisis, llega a conclusiones todavía mayores que las del Fondo Monetario Internacional, que dice que las clases medias bolivianas son el 65%. En el conjunto, el país ha cambiado y está expresado en la emergencia de estos tres grandes centros metropolitanos de Santa Cruz, Cochabamba y La Paz. 
 
¿Cómo se traducen estos cambios en el continente?
 
Al cambio en las estructuras del continente  hay que anotar otro cambio fundamental. Se está estructurando otro centro de poder regional que tiene como eje Argentina y Brasil, en el lado del Mercosur, y Chile y Colombia, en el lado de la Alianza del Pacífico, al que se agregan Perú y México. Tenemos una convergencia de la Alianza del Pacífico con un nuevo Mercosur y un ALBA, con Cuba, Venezuela, Ecuador y Bolivia, declinante. Es decir, tenemos un nuevo diamante de poder en la región. Argentina ha tomado un nuevo papel, está creciendo la articulación con Colombia;  Mauricio Macri va a viajar en dos o tres semanas a la reunión de la Alianza del Pacífico en Bogotá. Está cambiando la configuración de la integración regional, que antes era política. En el Mercosur y en Unasur se reunían los presidentes para hacer pronunciamientos de carácter político. Esa integración va a dar paso a una nueva articulación comercial y económica.
 
Vayamos país por país: Brasil
 
La crisis brasileña no ha terminado con la salida de Dilma Rousseff. Michel Temer tiene los mismos problemas de Dilma por la simple razón de que su partido, el PMDB (Partido del Movimiento Democrático Brasileño), cogobernaba con el  PT (Partido de los Trabajadores) y ambos están profundamente implicados en la red de corrupción que se estructuró entre las empresas constructoras y los partidos de Gobierno. Su legitimidad es baja y la posibilidad de que lleve adelante el ajuste que está intentando cumplir tiene dificultades para concretarse. No hay que olvidar que el de Temer es un gobierno interino y de transición, interino hasta que termine el juicio contra Dilma y si Dilma no vuelve, será de transición hasta las próximas elecciones. En realidad, la crisis brasileña sólo va a terminar con las próximas elecciones. ¿Cómo vienen las próximas elecciones? Es complicado. El sistema político brasileño es disfuncional y proclive a la corrupción, está en su ADN, con 35 partidos,  cada uno de los cuales está esperando su cuota de beneficios para apoyar al Gobierno. Todo ello crea un cuadro de manejo ético muy complicado para cualquier Gobierno. Es decir, el sistema debe modificarse, pero como en el caso de otros países de América Latina, hay que tener claro que los que se fueron,  se fueron, pero los que llegaron no terminan de llegar, no termina de cristalizarse el cambio. Ésta es la transición que estamos viviendo.
 
Argentina…
 
Macri quiere cambiar todo de raíz. Actúa como si tuviera todo el poder, como si hubiera ganado las elecciones, pero no las ganó. Su gobierno es un gobierno de coalición, el PRO (Propuesta Republicana), su partido, es uno de los partidos pero no domina la coalición, pero además es minoría en el Congreso frente al peronismo. Es decir, está obligado a negociar para diseñar su política y no puede actuar como si hubiera inaugurado efectivamente una nueva época; dependerá de cómo le vaya y sobre todo de cómo se vaya a renovar el liderazgo del Partido Peronista. Ésa es la pugna real en los próximos años. Macri está luchando contra la inflación, tratando de reducir el gasto público, con desocupación y alza de tarifas. Ha mejorado levemente la perspectiva de los mercados internacionales, pero la crisis de Brasil le afecta directamente. El 40% de su comercio exterior es con Brasil. 
 
Venezuela…
 
Venezuela dejó de ser una crisis para ser una tragedia. Tienen un desabastecimiento de un 92% en medicamentos, de 87% en productos de primera necesidad, una inflación de 700%, según el FMI, con una de las tasas de criminalidad más alta del mundo. Caracas es probablemente una de las ciudades más peligrosas del mundo y el sistema político está profundamente carcomido, con un régimen político y económico en descomposición. Todos coinciden dentro y fuera de Venezuela que los días de Nicolás Maduro están contados. El problema es cuándo y cómo se va. La comunidad internacional está haciendo esfuerzos y está presionando de una manera que no lo hacía antes para que se produzca un diálogo ¿Con qué objeto? Organizar la salida del régimen de la manera más ordenada y constitucional posible. En eso han coincidido ya todos los gobiernos latinoamericanos. Todos han dicho: "Hay que impulsar el proceso de diálogo”, y lo han dicho las potencias de Occidente, el papa Francisco, todos están yendo en esa dirección. ¿Llegará a tiempo para resolver la tragedia venezolana? No sé, pero lo cierto es que ahí termina un ciclo. ¿Cuándo? Depende de las circunstancias, pero cuando termine, teniendo en cuenta el péndulo que va de un extremo a otro, el ciclo que venga será mucho más liberal de lo que se ve en otras regiones de América Latina porque la implosión del sistema ha sido tan grande  que la salida sólo puede ser por el otro extremo. En todo caso, hay un agotamiento efectivo del socialismo del siglo XXI. El camino de vuelta será largo y doloroso por el problema económico, político, social y humanitario de la reconstrucción.
 
Colombia…
 
El acuerdo de paz está por llegar. Ya resolvieron los problemas fundamentales, el más importante de ellos, el de la justicia transicional, es decir cómo se garantiza la seguridad de los  guerrilleros y cómo se les permite volver a la vida civil y política de Colombia. El acuerdo de paz con las FARC se va a firmar. La gente va a votar en favor del acuerdo, según  las encuestas, en un 61%. Es decir, la gente quiere la paz, aunque ha perdido el entusiasmo porque  la negociación ha tardado casi cuatro años y ha sido tortuosa. Eso coincide con algo curioso que es que el gestor de los  acuerdos y que probablemente esté predestinado a ganar el Premio Nobel de la Paz, el presidente Juan Manuel Santos, tiene una popularidad menor que Maduro, del 20% o 21% probablemente por ese desgaste. Sin embargo, con el acuerdo de paz se cierra una era histórica, la era de la república oligárquica, el equivalente de la revolución nacional boliviana del 52; porque el mundo de la guerrilla y del campo entrarán al sistema político. Dejan las armas, pero van a las urnas. Es decir, no desaparece la confrontación, pasa del terreno bélico al campo político, y ésa será una transición profunda y compleja. El grado de concentración de la tierra en Colombia es terrible. El 1% de los terratenientes controla el 52% del espacio agrícola. Todo eso va a dar lugar a una gran transformación. Ahora, cuando venza ese desafío, Colombia va a ser una de las potencias económicas y políticas del continente, por delante de Venezuela y muy posiblemente de Argentina.
 
¿Y Perú? 
 
En Perú va a ganar Keiko Fujimori. Es el mismo modelo económico. No hay que olvidar que Alberto Fujimori fue el primer privatizador, junto con Sánchez de Lozada, Salinas de Gortari y Menem. Es el gran liberal. Ese modelo no va a cambiar. Lo que va a cambiar es la relación del poder político con el poder económico. Ésta es la revancha de los cholos y los chinos contra la oligarquía de San Isidro. La suma de poder que va a tener Keiko, si es que gana, es grande, con el control del Ejecutivo y el Congreso. Keiko es liberal de derechas o populista de derechas.
Es el fin de los grandes partidos, como el APRA, y de sus líderes, junto a la emergencia de una nueva izquierda en el sur andino. Keiko representa a los informales y a los Pymes, a la pequeña empresa peruana, ellos son los que la han llevado al poder. La relación con el gran centro de poder económico que dominó la política y la economía peruana en los últimos 20 años va a ser diferente.

"Bolivia corre el riesgo de quedarse aislada en la nueva configuración  regional” 
 
Fernández advierte que Bolivia corre el riesgo de quedar aislada en la nueva configuración de los nuevos centros de poder sudamericano, a partir de los cambios ocurridos en las potencias regionales. "El riesgo de soledad política es creciente”, sostiene, al tiempo de señalar que tal situación podría afectar a la demanda marítima.
 
"Está claro que no estamos en el centro de la nueva configuración y eso obliga a reflexionar profundamente sobre cómo debemos actuar en relación con el tema de la demanda marítima porque podemos perder el espacio diplomático y político que ganamos a lo largo de estos años si no actuamos pronto y con inteligencia”, dice durante la entrevista con Página Siete.
 
"No creo que se vaya a alterar ni modificar el terreno que efectivamente ganamos en el plano jurídico en la Corte Internacional de La Haya, pero el riesgo de soledad política es creciente. Y eso afectará a la demanda marítima. Chile ha puesto en marcha la contraofensiva con toda su maquinaria diplomática y política. Como no puede revertir el éxito de la acción boliviana en La Haya, ha decidido tratar de neutralizar su impacto. El acercamiento de la Alianza del Pacífico con el nuevo Mercosur sirve a esa estrategia”, agrega.
 
En este sentido, sostiene que "no hay espacio para el triunfalismo ni la complacencia”.
 
Fernández recuerda que el sistema del ALBA, al que se adhieren  Bolivia con Venezuela, Cuba, Ecuador y Nicaragua, "está en declinación”. Por lo tanto, agrega, es necesario "discutir una nueva estrategia, a la luz de los nuevo factores, y hay que hacerlo con relativa rapidez”.

 

Trump, "una gran nube de tormenta en el horizonte”

El excanciller Fernández  advierte una "gran nube de tormenta en el horizonte” interamericano con la posible victoria de Donald Trump en las próximas elecciones estadounidenses.
 
" Trump  tiene posibilidades de ganar la elección y si no ganara va a tener el 40% de votos. Que un candidato fascista tenga esa convocatoria es una verdadera amenaza para el mundo y el mundo está asustado”, reflexiona.
Fernández confía en el sistema de pesos y contra pesos de EEUU, con el  Congreso, el Poder Judicial, etc., que hacen muy difícil el surgimiento de un caudillo al estilo de los que conocemos. "EEUU no es una república bananera”, dice. 
 
Sin embargo, sostiene que si gana Trump, "al actual desacoplamiento económico de Estados Unidos con América Latina, se sumará una brecha cultural importante, una xenofobia contra la región, que nos va a distanciar mucho más”.
 
Y eso, a su juicio, será "toda una sorpresa” para los nuevos presidentes latinoamericanos que están apostando a la inversión norteamericana para salir de sus crisis, como es el caso de Argentina, y se encontrarán con que los norteamericanos no quieren saber de la globalización. 
 
"Con o sin Trump, habrá un giro conservador, porque el electorado lo está poniendo de esa manera. El demócrata Bernie Sanders está en la misma línea desde la izquierda, un rechazo a los acuerdos comerciales y un rechazo a la intervención norteamericana en el exterior”, concluye.

 

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