La persecución a la hijastra de Ortega y a su compañero paceño

Zoilamérica Narváez, quien acusó al presidente de Nicaragua de haberla abusado, tiene de pareja a un boliviano. Éste es consultor para diversos organismos internacionales.
domingo, 21 de agosto de 2016 · 00:00
 Mery Vaca  / La Paz 

Cuando Zoilamérica Narváez Murillo estuvo en Bolivia disfrutó tanto del chicharrón que ahora está en su  lista de las cosas más deliciosas que existen en el mundo. También se abalanzó sobre un canasto para saborear aquella fruta roja cuyo nombre no recuerda (tuna), disfrutó del api con llaucha, de las empanadas compradas en la calle. "Mejor dicho, qué no comí”, cuenta entre risas. 
 
Zoilamérica es la hija de Rosario Murillo, la primera dama de Nicaragua, quien a su vez es la persona más poderosa de ese país y ahora es candidata a la vicepresidencia en la fórmula de su marido, el actual presidente Daniel Ortega.
 
 Zoilamérica es la hijastra que en 1998 acusó a Ortega de haberla abusado sexualmente por más de 10 años consecutivos, desde que ella era una adolescente. Y Rosario es la madre que decidió ponerse del lado de su marido para que éste saliera bien librado de la acusación y pudiera continuar adelante con su carrera política. 
 
En 2012, la vida de Zoilamérica se cruzó con la del boliviano Carlos Ariñez, quien junto a ella cuenta que sufre hasta ahora los rigores de la persecución del régimen de Ortega y particularmente de Rosario Murillo, la madre de Zoilamérica, la que, en condiciones normales, tendría que ser su suegra. 
 
Mediante una computadora, la pareja conversa  con ANF desde Costa Rica, donde radica desde el año 2013, cuando Carlos fue deportado sin documentos y sin ropa, luego de haber apoyado a Zoilamérica en dos actividades consideradas políticas, aunque la explicación oficial fue que su estadía no estaba regularizada. 
 
Y no es que hubiera estado envuelto en una revuelta popular o que hubiera intentado derrocar al Presidente.  Zoilamérica había apoyado una carta de 100 personalidades oponiéndose a una concesión de un canal interoceánico a un ciudadano chino y ambos habían participado de una protesta de jóvenes que pedían la dotación de una pensión a los ancianos. 
 
Hombres vestidos con las camisetas del partido gobernante capturaron a Carlos a las 4 de la tarde y lo pusieron en la frontera con Costa Rica a las 8 de la noche. 
 
Zoilamérica llevaba más de una década sin comunicarse con su madre, pero entonces sonó el teléfono y era ella, Rosario Murillo, quien le decía que lo que estaba sucediendo era consecuencia de sus actos. Carlos relata que Zoilamérica ya había sufrido otro tipo de persecución y amenazas a su vida y a la vida de sus hijos, por lo que decidió seguirlo a Costa Rica. 
 
Para entonces llevaban tres meses de novios. Ambos vivieron en una casa para refugiados, donde crearon una ONG dedicada, precisamente, a los refugiados. Los padres de Carlos, sin tener nada que ver con asuntos políticos, también fueron alcanzados por el poder de Ortega. 
 
Cuando trataron de regresar a Nicaragua para recoger ropa y algunos enseres, no les dejaron ingresar "por órdenes superiores”, rememora este paceño. 
 
Ahora los ancianos que una vez no pudieron ingresar a Nicaragua ven pasar su vejez en Bolivia, el país en el que Carlos nació, creció, se graduó y trabajó. 
 
Carlos, el comunicador  
Carlos Ariñez  (45) estudió comunicación social en la Universidad Católica de La Paz y luego hizo periodismo en los canales ATB y PAT. En 1999, el destino lo llevó a Centroamérica, donde ya con un doctorado en educación se convirtió en consultor en diversos organismos internacionales y ONG. 
 
En eso estaba cuando llegó en 2012 a Nicaragua para trabajar con una ONG que dirigía  Zoilamérica. "Cuando uno llega a Nicaragua, piensa que va a encontrar vestigios de la revolución, pero, todo lo contrario, se encuentra un sistema muy despótico y síntomas muy severos de una dictadura”, dice con un dejo de decepción en la voz. 
 
Allá, afirma, ya no había libertades, circulaba mucha desinformación y se perseguía a opositores. "Pareciera que uno estaba llegando a la Rusia de Stalin”, compara. 
 
Por eso, a Zoilamérica no le pareció extraño cuando a principios de agosto supo que su madre había sido nombrada candidata a la vicepresidencia para las elecciones de noviembre próximo. 
 
 "Hay una suerte de encubrimiento de Rosario Murillo por los delitos por los que yo acusé a Daniel Ortega, en ese momento ellos establecen una alianza de poder, comienza una alianza para librarlo de alguna manera de los delitos sexuales a través del encubrimiento”, dice Zoilamérica, convertida ahora en activista y, como ella misma lo reconoce, en una potencial líder política. 
 
Ortega es el histórico líder sandinista que en este siglo fue una pieza más del chavismo en Latinoamérica. Nada, ni siquiera la acusación de violación, frenó su ascenso en el poder.
 
En la academia y la   ONG
Zoilamérica y Carlos están dedicados ahora a la labor académica y a la ONG en la que ambos trabajan. Desde sus espacios, también hacen activismo político, aunque por ahora no piensan en regresar a Nicaragua, porque "las condiciones no están dadas”. 
 
Al contrario, Zoilamérica dice que sigue sufriendo persecución porque la violencia, para ella, no terminó cuando Ortega dejó de abusarla sexualmente. La violencia la persigue hasta Costa Rica o hasta donde ella vaya.  Por los mismos motivos, los dos hijos mayores de Zoilamérica viven en otros países y el menor comparte la vida con ella en Costa Rica. 
 
Todo apunta a que esto no terminará pronto porque Ortega planea buscar la reelección indefinidamente y prolongar su mandato a través de su esposa, quien cobra en tajadas de poder el respaldo que le dio cuando Zoilamérica lanzó la acusación de violación.
 
 Ortega gobernó Nicaragua entre 1985 y 1990. Luego pasó a formar parte de las filas de la oposición, hasta el año 2007, cuando recuperó el poder, fue reelecto en 2011 gracias a un polémico decreto del Poder Judicial, ya que la Constitución prohibía postularse más de dos veces a la Presidencia y en dos períodos consecutivos.
 
 Y, ahora, busca la reelección agarrado de la mano de la poderosa y extravagante Rosario Murillo, gracias a una Constitución que permite la reelección indefinida. 
 
Así las cosas, Zoilamérica prefiere seguir mirando su país desde afuera, mientras comparte la vida con Carlos, con quien visitó el carnaval de Oruro el año 2013. 
 
Fue entonces que comió todo lo que vio sin que le diera ni jaqueca, fue entonces que se enamoró de El Alto, y fue entonces que pensó que en algún momento le hubiera gustado hacer una pasantía en alguna cooperativa de mujeres bolivianas. (ANF)

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