Relator Especial de CIDH: “En una democracia no se puede hostigar o perseguir al periodista”

“En Bolivia hay un desencuentro entre el Gobierno y un sector grande de los medios”, dijo Edison Lanza Robatto.
domingo, 28 de agosto de 2016 · 00:16
Página Siete / La Paz
Tras una visita académica a Bolivia, durante la cual se reunió con periodistas y representantes de medios y organizaciones profesionales y sindicales del periodismo, el Relator Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Edison Lanza Robatto, deja un mensaje: "En una democracia no se puede perseguir, hostigar o estigmatizar al periodista porque informe sobre hechos que son de real interés público”
 
Durante su estancia en La Paz, Lanza Robatto dice haber constatado la existencia de "un desencuentro entre el Gobierno y un sector grande de los medios de comunicación y de las organizaciones que trabajan por la libertad de expresión”, y recomienda al Gobierno bajar el tono de la polarización. "La democracia boliviana –dice- ganaría mucho si el debate de ideas o el debate de opiniones y las respuestas se dieran en otros términos”.
 
Abogado, periodista y experto en temas vinculados al derecho a la libertad de expresión, Lanza Robatto, de nacionalidad uruguaya, afirma que "hay una preocupación muy grande” en los distintos medios, directores, periodistas y organizaciones de Bolivia, cuya solución ayudaría mucho, sobre la "práctica bastante repetida” por parte de funcionarios gubernamentales de "estigmatizar, hacer señalamientos hacia la prensa, acusarla de cuestiones graves, de formar parte de una conspiración, un cártel de mentirosos”.
 
El presidente Evo Morales acusó a Lanza Robatto de haberse sumado al denominado "cártel de la mentira” después de que el funcionario internacional afirmara en una declaración a la prensa que poner "etiquetas”, como la mencionada,  no favorece a " un clima de tolerancia, de respeto a las ideas y al trabajo periodístico”. Lanza Robatto no respondió a la acusación.
 
Después de haber escuchado varios testimonios de periodistas y representantes de medios y organizaciones profesionales y sindicales, ¿cuál es su percepción sobre la situación de la prensa en Bolivia?
 
Me parece que hay un desencuentro entre el Gobierno y un sector grande de los medios de comunicación y de las organizaciones que trabajan por la libertad de expresión, y también un desencuentro en cómo entienden el alcance y el contenido de la libertad de expresión algunos funcionarios de gobierno que tuvieron a bien recibirme, lo cual agradezco, y las organizaciones de la sociedad civil con las que nos reunimos. Y creo que eso está embraveciendo el ambiente. Cabalmente, esta no es una visita para abrir opinión ni para hacer un informe, aunque como Relatoría para la Libertad de Expresión seguimos los temas y monitoreamos la situaciones de todos los países. Yo asumí hace dos años, ya estuve en Bolivia y ya firmé dos informes anuales, donde veo algunas cuestiones que son preocupantes. 
 
Pero antes de hablar de situaciones o de temas, me parece que esta entrevista es buena para hacer una reflexión sobre cómo son las democracias que proponen los instrumentos del derecho internacional particular, la Carta de la OEA, la Declaración Americana, la Carta Democrática y la Convención Americana de Derechos Humanos. Son democracias plurales, donde la libertad de expresión es fundamental. Para que exista una democracia que no sea una democracia de meramente ir a votar cada tantos años, quienes formamos parte del espacio público, del debate público, debemos soportar no sólo aquellas expresiones y manifestaciones que nos gustan, que nos complacen y que son una alabanza o un reconocimiento a lo que hacemos, sino también de crítica, debate, discusión, incluso la ofensa. Cuando un alto funcionario público, un Ministro, un Presidente, se sienta ofendido porque la prensa lo critica duramente, porque lo interpela o le pide rendición de cuentas, hay un problema con el entendimiento de lo que es la democracia. Obviamente, todos tenemos que respetar y construir con responsabilidad el debate democrático, pero en líneas generales siempre va a haber una tensión entre la prensa y los presidentes y los ministros, va a haber discusión y debate, puntos de vista diferentes y temas que van a ser incómodo para los funcionarios. Este entendimiento está muy lejos de alcanzarse en Bolivia y, sin perjuicio de que haya un ejercicio de la libertad de expresión, porque sin duda los medios critican, la respuesta que reciben parece ser muy dura en términos de retórica, señalamiento y crítica.
 
A Ud. que conoce la realidad de América Latina, ¿le parece que son normales estas tensiones entre prensa y gobierno?
 
Lamentablemente, en América Latina, aunque no en todos los países, parece existir una situación que está apareciendo cada vez con más frecuencia, con presidentes y altos funcionarios que ven la crítica o la investigación periodística como un ataque, una intromisión ilegítima o una amenaza a su poder. Yo creo que eso no puede ser y ese es uno de los grandes problemas que tenemos en América Latina, con gobiernos de izquierda, de derecha o de centro. La prensa, los periodistas, juegan un papel fundamental en un sistema democrático. La investigación periodística es un vehículo para el debate de ideas y opiniones. La CIDH ha dicho que son requisitos para el funcionamiento de los medios de comunicación que, por un lado, el Estado no debe entrometerse en los contenidos, y por otro, que debe generar un clima para la existencia de distintas voces. Hay presidentes que han tenido reacciones fuertes. Esto no es un problema de  una ideología, sino que es un problema de cómo se ven los presidentes, porque parecería que muchas veces se ven como intocables ante la crítica, cuando son presidentes de todos, no sólo de los que lo eligieron y le dieron un cheque más o menos en blanco, sino también de los que los van a estar mirando con ojo crítico. También hay presidentes que han salido del gobierno con una alta popularidad y han tenido otro tipo de relación con la prensa, que han sido tolerantes con la crítica, que han estado dispuestos a responder preguntas difíciles, a rendir cuentas y sobre todo a respetar a quienes piensan diferente e incluso a los que investigan al gobierno. Me parece que esos son los modelos a seguir en esta construcción democrática. Yo entiendo que hay medios que muchas veces tienen unas líneas editoriales de dura oposición, que no conceden nada a los gobiernos y eso puede generar un tipo de periodismo muy duro, pero tenemos que empezar a diseñar las reglas de juego que nos permitan construir un debate público diverso, plural y con la posibilidad de trabajar sin temor a sufrir represalias. 
 
 
¿Ud. cree que hay una involución en el respeto a la libertad de expresión en América Latina?
 
De 1985 para acá, en una línea histórica, vemos que hemos ido y venido, que no ganamos en madurez democrática para ir aprendiendo que las reglas de juego hay que respetarlas, desde el gobierno o desde la oposición. Uno dice: hoy no hay censura en casi ningún país, no hay censura previa. ¡Bueno fuera!, porque esos son los mecanismos de la dictadura, pero los gobiernos tienen ahora muchas formas y medios sutiles o indirectos para sustituir a la libertad de expresión. Pueden hacerlo a través de la publicidad oficial, de los recursos del papel, de las frecuencias, con la dirección de impuestos. Yo creo que tenemos que decirle al Gobierno, como se hizo en las democracias más longevas, que el papel de la prensa es uno y el de los gobiernos es otro, y hay que respetarlo, porque eso es importante para el estado de derecho, para la democracia, para la protección de los derechos humanos. Eso también pasa con los organismos internacionales. A veces se enojan los gobiernos con la Relatoría, con la Comisión, pero estamos asesorando para mejorar la democracia, no estamos tirándole la oreja a un gobierno porque somos parte de una confabulación mundial.
 
Si no es una cuestión de ideología, ¿es una cuestión del poder?
 
Yo creo que a veces no es sólo un problema de libertad de expresión. Cuando hay gobiernos que tienen una fuerte polarización, atacan o tienen una fuerte crítica y hasta en algún caso hostigamiento hacia la prensa, y cuando uno mira toda la película, se pregunta si será un problema de la libertad de expresión o del sistema de pesos y contrapesos que tiene una democracia y que a algunos gobernantes les estorba, que tienen la concepción de que algunos llegaron para quedarse y que no haya rotación de  personas y de partidos en el poder, que la prensa molesta a sus objetivos. No sé, llega un punto en que esa pregunta también hay que hacérsela.
 
Algunas de esas características coinciden con lo que está pasando en Bolivia ¿Ud. lo ha podido constatar en esta visita?
 
Sin duda, hay una preocupación muy grande en los distintos medios, directores, periodistas y organizaciones que  trabajan con el tema de la libertad de expresión por varios temas. Yo creo que un tema principal, cuya solución ayudaría mucho en Bolivia, es que hay funcionarios que tienen una práctica bastante repetida de estigmatizar, hacer señalamientos hacia la prensa, acusarla de cuestiones graves, de formar parte de una conspiración, un cártel de mentirosos y tal. Para la prensa que trabaja justamente en la búsqueda de la verdad, del interés público, son acusaciones graves. Eso lo vi como una primera cuestión muy fuerte y eso genera obviamente un señalamiento. Hay algo que a veces los funcionarios importantes no ven, que cuando ellos acusan de algo grave, con la responsabilidad que tienen y obviamente con la investidura que tienen, con la capacidad de formar opinión que tienen, porque son personas que tienen poder de convocatoria, mueven masas, cuando dice éste es un conspirador o está al servicio de la CIA, es un mentiroso, lo están exponiendo a un riesgo. Además de la injusticia que eso supone, es una forma de represión. De algún modo lo están exponiendo a un riesgo grave, de que haya un acto de violencia. Hay quienes sienten esto como una amenaza y lo ven con temor. Muchos periodistas y medios me han señalado que viven con temor. 
 
Luego hay cuestiones que son más complejas de definir. Hay una situación como de reducción del espacio de los medios  críticos independientes. A través de distintos mecanismos, como la publicidad oficial, y así lo señala la sociedad civil, se está generando que haya menos periodismo independiente, crítico, investigativo. Por otro lado, el Gobierno alega que tiene una oposición de los medios, que hay Libertad para expresarse, que de hecho se dicen muchas  cosas en Bolivia, pero, bueno, es normal, es parte del debate de opinión y de ideas. Yo no estoy diciendo que los funcionarios públicos no tengan derecho de libertad de expresión. Por supuesto, no sólo tienen derecho, sino que tienen la obligación, el deber de explicar qué decisiones toman, por qué las toman y qué pasa con las decisiones, con los fondos públicos y con la situación del país. Para eso fueron elegidos, pero también tienen que tener una extrema cautela. Ellos prometieron una responsabilidad mayor como funcionarios públicos. Yo sé que para muchos funcionarios es difícil de entender y dicen: "bueno, yo tengo que hablar con cautela y después los medios me dicen cosas muy fuertes…” pero eso es parte del juego democrático, porque en una democracia, que no es lo mismo que un sistema autoritario, ésta es la función de la libertad de expresión.
 
Ud. ha tenido contacto también con autoridades del Gobierno, con la ministra de Comunicación. ¿Cuál es su evaluación de esas conversaciones?
 
Bueno, yo primero que nada quiero mantener la puerta abierta y la expectativa, porque, también hay que decirlo, no todos los gobiernos reciben y se prestan para un diálogo, porque muchas veces pueden pensar que nuestras críticas son injustas; entonces, quiero decir que el gobierno de Bolivia, al menos en los últimos años, desde que yo estoy, ha respondido a los pedidos de información que hacemos. En esta visita no he tenido ningún problema para moverme, incluso para reunirme con autoridades del gobierno. Creo que eso es de por sí una cuestión positiva. Obviamente, el Gobierno nos hizo conocer la evaluación que tiene sobre la situación. Hay una serie de preocupaciones y tuvimos un diálogo más bien reservado, pero un diálogo normal, en el sentido de las preocupaciones que tienen con las redes sociales, con el tema de lo que ellos denominan la migración del debate público y de las figuras públicas, del presidente, de ministros, etc. La responsabilidad periodística está en debate siempre. 
 
También está el mundo de las redes sociales que es otro mundo, que no es estrictamente el mundo de los medios de comunicación. Los gobiernos piensan, cuando hay una catarata de críticas en las redes, ¿cómo contrarrestamos esto? Es una cosa con la que tienen que lidiar los gobiernos. Esto no existía 10 años atrás. Hoy Internet permite compartir información, que el ciudadano común opine sobre los temas de interés público al instante. Antes el debate público estaba mediado por los periodistas, columnistas, analistas, una élite, pero hoy participa todo el mundo. Tenemos que entender que el debate y la libertad de expresión forman parte de eso, cuando no hay apología o incitación a la violencia o al odio por razones discriminatorias o algunas expresiones que el derecho internacional o las constituciones establecen como ilegales, como la pornografía infantil. Obviamente, los memes, las ridiculizaciones de los ciudadanos en las redes sociales, son parte de este nuevo mundo y son parte del ejercicio de la libertad de la expresión. No podemos suprimir por decreto el uso de las redes sociales porque a estas alturas de los acontecimientos sería ir contra un medio que es el más potente  de la historia de la humanidad. La Convención Americana dice que cada uno de  nosotros puede expresar su pensamiento a través de cualquier medio, no habla sólo de la televisión o la prensa escrita, y hoy las redes sociales son el nuevo medio.
 
¿Qué recomendaría al Gobierno y a los medios en Bolivia?
 
A mí me gustaría recomendar una mesa de diálogo. Cuando uno visita Bolivia y está aquí y ve un país que funciona, un presidente que es carismático, que tiene liderazgo, que de algún modo cambió la historia de Bolivia en muchos sentidos, uno no ve la necesidad imperiosa de que exista este clima de polarización. Capaz que soy ingenuo, pero pienso que la democracia boliviana ganaría mucho si el debate de ideas o el debate de opiniones y las respuestas se dieran en otros términos. Eso sería muy bueno. Me parecieron también muy sensatas las posiciones que escuché de la sociedad civil. No están pidiendo que caiga el Gobierno, que se deroguen leyes, están pidiendo un clima de respeto para el ejercicio de la libertad de expresión, para que florezca una sociedad más participativa y que no haya temor a ejercer la libertad de expresión y el periodismo, que es uno de los oficios mas lindos del mundo y uno de los más importantes para la sociedad democrática. No veo tan difícil de alcanzar eso, pero hay que ver las estrategias de cada uno. Mi primera recomendación sería diálogo interno más franco. Esto se dio de hecho en los últimos días con la discusión sobre la renovación de frecuencias y el problema se resolvió mediante el diálogo con el propio Presidente. Entonces, yo llamaría al propio Presidente, que es un Presidente que tiene popularidad, que tiene el carisma, a ver si se puede bajar esos niveles de polarización, sobre todo de los funcionarios intermedios que a veces son más realistas que el rey, que tengan otro tipo de actitud. El gobierno no tiene  la obligación de darles publicidad a los medios de comunicación, pero si va a hacer una campaña debería ver que todos los medios estuvieran contemplados, que hubiera reglas objetivas. El propio gobierno, cuando nos respondió una carta el año pasado sobre este tema, dijo que ellos tienen reglas objetivas y que aplican criterios objetivos para asignar la publicidad oficial, pero eso no se condice con la realidad, porque, como ustedes dicen, su diario no tiene nada de publicidad cuando tiene un tiraje importante. La publicidad oficial es un instrumento poderoso en nuestros países.
 
El Estado es el principal avisador…
 
Sí, el principal avisador. Entonces, hay una responsabilidad del Gobierno en el manejo de la pauta oficial, en el manejo de las frecuencias y obviamente en la protección al periodista. Una cosa que me llamó la atención, que se ha naturalizado aparentemente en Bolivia, que actores que no son del Gobierno, como los manifestantes, la policía, dirigentes locales, agreden a periodistas, rompen sus equipos, etc. Entonces, yo creo que ahí hay una obligación del Estado de proteger a los periodistas porque cuando se agrede a un periodista que está cubriendo un evento, obviamente hay una violación de su integridad personal, pero también del derecho de la sociedad a recibir la información que está cubriendo ese periodista. Por lo tanto, hay una obligación de protegerlo y la policía tiene que saber que los periodistas están ahí para hacer un trabajo allí y también tiene la obligación de investigar esas agresiones y castigar a los autores de las agresiones.
 
¿Su visita a Bolivia derivará en un informe, en recomendaciones? ¿Cuál es el resultado de sus observaciones?
 
Esta es una visita de carácter académico. Por tanto, no va a haber informe ni recomendaciones. Sí tendrán lugar en nuestro informe anual, que se conocerá en febrero o marzo. Nosotros monitoreamos a todos los países y Bolivia va a estar incluida. Es mucha la información que obviamente nos hacen llegar los medios, la sociedad civil y el propio Gobierno. Siempre hacemos una serie de recomendaciones generales para mejorar estas situaciones y obviamente, cuando hay situaciones graves, urgentes, la Relatoría les presta mucha atención. Este año hubo un periodo posterior al referendo para la reelección que nos llamó la atención, ya que se pidieron medidas cautelares, periodistas que perdieron su trabajo por el hecho de informar, de investigar, etc. A esas cosas siempre les prestamos especial atención y son objeto de pedidos de información al Gobierno. En algún caso hemos sacado comunicados. Y hay algo que debemos dejar como mensaje: en una democracia no se puede perseguir, hostigar o estigmatizar al periodista porque informe sobre hechos que son de real interés público. Entiendo que algunas de las investigaciones que dieron lugar a respuestas duras del gobierno son de interés público y que los periodistas tienen la obligación de cubrir.
 
Ud. habla de periodistas estigmatizados, algo que está ocurriendo en Bolivia. ¿Puede haber alguna recomendación para evitar este tipo de excesos de parte del Gobierno?
 
Hay una obligación internacional de respetar el trabajo periodístico y de no estigmatizar y señalar a nadie, porque también es una forma de prevenir ataques contra la prensa y de respetar el trabajo periodístico. Eso siempre lo hemos dicho y lo repetimos y mantenemos. Vamos a dar seguimiento a la situación. Obviamente, cuando una situación deriva en violencia o en amenazas, por supuesto que la Relatoría y la Comisión intervienen de distintas formas. Así que, por supuesto, vamos a estar atentos.
 
Edison Lanza Robatto, Relator Especial de la CIDH
 

Edison Lanza, un relator de amplia experiencia

 

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos eligió al periodista y abogado uruguayo Edison Lanza Robatto como Relator Especial para la Libertad de Expresión en julio de 2014.
 
Antes de asumir su cargo como Relator Especial, trabajó como periodista en diversos medios de comunicación, como consultor de organismos internacionales en temas de libertad de expresión y derecho a la información, como abogado del sindicato de periodistas de Uruguay y como docente universitario.
 
Asimismo, ha presentado casos emblemáticos relacionados con el derecho a la libertad de expresión ante el Sistema Interamericano de Derechos Humanos; ha integrado, dirigido y fundado varias organizaciones no gubernamentales de defensa del derecho a la libertad de expresión y ha integrado diversas instancias nacionales de supervisión del cumplimiento de normas relacionadas con la libertad de expresión y el acceso a la información pública.
 
Ha redactado e impulsado diversas iniciativas legales nacionales y regionales y es autor de numerosas publicaciones especializadas en la materia. Se graduó como abogado y cursó estudios de postgrado sobre libertad de expresión y ley penal en la Universidad de la República de Uruguay y realiza un doctorado relacionado con los procesos de regulación de medios audiovisuales en la región en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.
 
Ha realizado consultorías para diversas organizaciones, como la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de Naciones Unidas, del Banco Mundial, de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y de la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (AMARC). 
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