Solari: No hay director que pueda decir que en su colegio no hay droga

Desde la Guerra del Agua, el mensaje del que fue arzobispo de Cochabamba siempre ha interpelado.
domingo, 18 de septiembre de 2016 · 00:00
Alcides Flores  / Cochabamba

Hasta la Guerra del Agua -de enero a abril de 2000-, monseñor Tito Solari cumplía su misión de pastor casi en silencio. Pero en abril, de en medio de los ciudadanos que se habían volcado a las calles de Cochabamba movidos por el grosero incremento de las tarifas del servicio del agua, emergió él: un hombre alto, delgado, siempre sonriente y con la voz mansa.

La Guerra del Agua fue su guerra. Cuando la situación estaba fuera de control, y Aguas del Tunari -subsidiaria de la multinacional Bechtel- aún se aferraba al gobierno de Banzer, la apacible voz de Solari se hizo potente en el momento en que tomó partido: estaba con la gente y también quería que Aguas del Tunari se vaya.

"Si bien Cochabamba ha conocido desde el comienzo mi servicio, ese acontecimiento me ha llevado a sumergirme en la herida del pueblo, a sumergirme profundamente en el sentir de la gente, en la lucha del pueblo. Fue una guerra fantástica”, confiesa.

Sin embargo, él deja claro -durante la entrevista con Página Siete- que el líder de ese movimiento no fue él, sino Óscar Olivera, Gonzalo Maldonado, entre otros.  

La Guerra del Agua no sólo dobló el brazo al gobierno de Hugo Banzer, sino abrió paso a nuevos líderes y también mostró a una Iglesia cochabambina más comprometida. "La Guerra del Agua ha interpelado a la Iglesia”, afirma el ahora obispo emérito de ese departamento.

Ese acontecimiento, que tuvo repercusión mundial, fue un renacer para monseñor Tito Solari. "Yo doy gracias a Dios por la Guerra del Agua. Para mí fue como un evento que significó mi bautizo”, afirma.

Desde entonces, habló sin miedo de muchos problemas que tenían que ver con el gobierno, la sociedad, los estudiantes. Cuestionó la lucha contra las drogas, expresó su rechazo a la perpetuidad de un gobierno.

La "Guerra del Agua” ha mostrado una faceta suya poco conocida hasta entonces. Usted apareció ahí, en medio de la gente, casi encabezando una revuelta social que logró sacar a las calles a toda una población.

Primero, doy gracias a Dios que hubo la Guerra del Agua, en el sentido de que ha sido el evento que me bautizó. Si bien Cochabamba me ha conocido casi desde el comienzo de mi servicio, ese acontecimiento ha sido un penetrar...  un sumergirme en la herida del pueblo; un sumergirme profundamente en el sentir, en el sufrir, en el esperar, en la lucha del pueblo. Fue una guerra fantástica.

En qué circunstancia aparece usted... ¿Cómo se dio?

De un día a otro comenzaron a venir al Arzobispado (en ese momento, en abril, la situación en la ciudad estaba fuera de control). Venían de la universidad, la Alcaldía, gente de base, comunicadores, para involucrase en este fenómeno. La Guerra del Agua fue un fenómeno muy serio. 

Usted parecía el líder…

Quiero dejar claro que no ha sido Tito Solari el líder de la Guerra del Agua. Había otros líderes sociales y políticos.

La Iglesia cochabambina, que hasta entonces se mostraba como conciliadora, se jugó. Tomó partido.

La Guerra del Agua ha interpelado a la Iglesia y cuando la gente ha buscado a la Iglesia, a mí me ha tocado ser obispo en ese momento y ser el portavoz, el portavoz de una Iglesia, porque las instituciones del pueblo de Cochabamba tienen confianza en la Iglesia. De lo contrario, no habría pasado nada con Tito ni con la Iglesia. El único interlocutor válido frente al Gobierno en ese momento era la Iglesia.

¿Quién debía ser el "interlocutor válido” en ese momento?

Ninguna institución en ese momento estaba en condiciones de jugar ese rol. La Coordinadora de Defensa del Agua, que tenía más derecho de representar los derechos de la comunidad, no ha sido reconocida por el Gobierno con un argumento ridículo: no tenía personería jurídica. ¿Acaso interesaba un hecho formal frente a una realidad de un pueblo que se organizó?

Entonces, la voz del Arzobispo en ese momento era la voz del pueblo y yo tenía la conciencia clara de eso y no actué nunca solo. Me han rodeado personas de mucha valía, como Gloria Iriarte, monseñor Eugenio, la comunicadora Mariluz Bustamante, nuestro compañero Alfonso Vía Reque, un jesuita que ya falleció y otras personas con las que formamos un grupo.  Con ese grupo, reflexionábamos y tomábamos decisiones con intenciones comunes. Y por el hecho de ser el obispo, me tocaba dar la cara, dar la voz y actuar. Pero ha sido la Iglesia como comunidad que se ha expresado.

Desde entonces la voz de monseñor Tito Solari ha sonado con más fuerza.

Desde entonces yo creo que Cochabamba, el pueblo, ha dicho: "Este es muestro obispo”, y yo me sentí más parte de  la Iglesia de Cochabamba, del pueblo de Cochabamba. Los sacerdotes, las religiosas y los laicos… todos nos aceptaron. Todo un pueblo.

Años después de la Guerra del Agua, usted ha denunciado muchos hechos. Por ejemplo, dijo que en Chapare la droga golpeaba a los jóvenes y el Gobierno arremetió contra usted, contra la Iglesia Católica.

El tema de la droga es muy sensible, sobre todo para el Gobierno. Es que somos un país en el que producimos y lamentablemente consumimos droga. También somos un país de tránsito. La problemática de la cocaína es de mucha sensibilidad.

Sin embargo, tendríamos que hacer una reflexión sobre todo el efecto de la droga no sólo en la economía, sino en otros aspectos como la conciencia de los jóvenes y las familias. Es que debemos comprender que la droga quita la conciencia; arruina y quema la conciencia. 
La droga destruye la vida no solo física, sino moral. 

Usted trabaja con los jóvenes, ¿cuán fuerte es el problema en Cochabamba? 

Es un problema fuertísimo, no sólo fuerte, sino fuertísimo. Hoy es difícil que un director de colegio pueda decir  "en mi colegio no hay droga”. Este que estoy diciendo lo he dicho ya públicamente en la Iglesia en una oportunidad. 

Es decir, no sé si hay director de colegio que pueda decir que en su colegio "no se vende droga, no hay droga”. No hay. Cualquiera de los chicos hoy en día está en condición de tener exceso de droga y la curiosidad es un elemento. También hay que considerar la debilidad del chico,  del adolescente, que quiere probar, y fácilmente entra (en ese mundo). Sin embargo, la mayoría lo hace en un nivel superficial. Algunos se quedan esclavizados. 

¿Por qué dice que el tema es sensible? ¿La gente tiene miedo de denunciar?

Los directores tienen este problema (miedo). Es que la denuncia les crea problemas con los padres de familia que defienden a su hijo. Los padres nunca piensan que su hijo esté metido en eso.

¿Y usted sintió miedo en algún momento de denunciar esto?

En lo personal no, de ninguna manera. La preocupación mía va a las interpretaciones que se dan, y el peso (de las malas interpretaciones) cae sobre la Iglesia. Las reacciones caen sobre la Iglesia,  y esto me preocupaba, me preocupaba mucho esto.

En este momento ¿le preocupa hablar de este tema?

Ahora no estoy en el baile, yo estoy libre (monseñor Solari está jubilado), pero tengo nomás que hablar con prudencia, porque no soy una persona desconocida. Soy conocido como Tito Solari, como obispo emérito de Cochabamba. Me toca hablar con prudencia para que no haya reacciones desmesuradas sobre las personas, sobre los directores, sobre los padres de familia.

¿Reacciones desmesuradas de quién? 

No solo del Gobierno, sino también de los padres de familia, de los directores. Los padres de familia son muy sensibles y las reacciones son tremendas.

La democracia

En su libro biográfico usted habla de la absolutización del Estado y el peligro de la reelección indefinida. Esa afirmación le ha traído muchos problemas. A pesar del referendo de febrero, en el que ganó el No a otra reelección, el MAS está empeñado en que Evo Morales y García Linera sigan en el poder…

Hemos tenido y tenemos un periodo largo de gobierno y esto va contra las reglas de la democracia, al menos en lo que se refiere a la democracia clásica. Si ahora se inventa otro tipo de democracia no lo discuto, pero la democracia clásica -que es la que tenemos- establece que los gobiernos tienen periodos limitados, y este mismo Gobierno ha aprobado una Constitución Política del Estado que ha puesto un límite a los periodos de gobierno.

La economía en el país desmejora por varios motivos… 

Es un momento muy delicado. Un factor importante, no hay duda, es el económico. La economía está sufriendo una recesión y esto evidentemente va a afectar bastante el proyecto de gobierno, que ha avanzado mucho. El Gobierno ha invertido muchísimo en todos los rincones en salud, en educación, caminos, medios de comunicación.

Este país ha invertido mucho en la estructura misma del Estado, en los servicios, algunos de los cuales se han vuelto de calidad. Algunas obras funcionan bien y son una realidad grande. Este gobierno, para mí, ha rehecho toda la estructura orgánica de servicio a la comunidad, pero también sabemos que una de las cosas que afecta a este gobierno es la corrupción, sobre todo en el campo de la justicia. 

Son diarios los hechos de corrupción que tienen que ver con la justicia. Yo voy a la cárcel frecuentemente y se nota eso. Hay mucha falta de respeto de la ley.

Un obispo querido

Cuando en mayo de 2014  regresó de Europa después de que le detectaran cáncer de páncreas -que llevó a crear una cadena de oración por él- decenas de cochabambinos fueron a recibirlo al aeropuerto. Hubo lágrimas. 

 La Guerra del Agua creó un vínculo irrompible entre este obispo y Cochabamba, para cuyos ciudadanos sigue siendo su pastor... su guía. 

¿Y su salud? Se ve más delgado, pero está bien y activo.

 

El Gobierno necesita un control y ese rol lo cumplen los medios de comunicación

El Gobierno ha acusado a varios medios de comunicación de formar parte del "cártel de la mentira”. ¿Cómo evalúa usted la libertad de expresión en el país?

Yo veo este tema desde lejos. No estoy directamente en contacto con los medios como antes, cuando yo vivía al lado de los medios. No sufro al lado de ellos. Según lo que leo, evidentemente hay una situación de tire y afloje fuertísimo entre el Gobierno y los medios de comunicación. 

¿Cómo ve el rol de los medios en el país?

Hoy en día sabemos que los medios de comunicación son como un gobierno en el interior de un gobierno. Tienen mucho peso. Orientan, juzgan y son necesarios y en cualquier democracia se exige que frente a la autoridad haya un control. Por ejemplo en el campo laboral es evidente la importancia de los sindicatos. Son necesarios los sindicatos para un control del que maneja el poder económico. 

¿Los medios de comunicación deben controlar el poder?

El Gobierno necesita un control ¿Quién lo controla? Tendría que ser la oposición; pero, ¿la oposición tiene armas suficientes?, ¿tiene líderes capaces? Entonces, los medios quizás los sustituyen. Por el bien común, la sociedad exige esto (control). Y claro que (el control) pesa, hiere. La fricción entre el Gobierno y los medios se da porque los medios quizá desbordan y cumplen una función que otros no cumplen.

Una vida vinculada a la educación y de entrega a la comunidad

Desde que el 20 de enero de 2015 fuera declarado arzobispo Emérito de Cochabamba, donde actualmente reside, monseñor Tito Solari Cappellari tiene una rutina de trabajo casi normal. Lo que sí ocurrió últimamente es que hace siesta. Antes no lo hacía.

Su actividad comienza a las 5:00 con una oración y a las 7:00 celebra misa en el colegio Don Bosco, donde vive. Luego, en la mañana, realiza visitas a comunidades religiosas, va a hospitales, cárceles y ayuda a los enfermos. Pero a los que más dedica su tiempo es a los alumnos de Don Bosco.

Hace algo más de dos semanas cumplió 77 años. Monseñor Tito Solari nació en Pesaris di PratoCarnico (Italia) el 2 de septiembre de 1939. En 1955 dio inicio a su noviciado en la Congregación Salesiana de Albarè, Verona, y se ordenó sacerdote el 23 de diciembre de 1966, hace casi 50 años.

Llegó a Bolivia 1974 a San Carlos de Yapacaní, en el departamento de Santa Cruz, donde fue párroco. Posteriormente fue elegido obispo titular de AcqueNuove de Numidia y Auxiliar de Santa Cruz en diciembre de 1986.

El 8 de julio de 1999 fue nombrado arzobispo de Cochabamba, medio año antes del inicio de la Guerra del Gas, evento que comenzó en enero y terminó en abril de 2000.