“La única militancia permitida en el periodismo es la del servidor público”

Cree que el único amo para un periodista debe ser su lector, y con éste debe establecer una relación horizontal -no de arriba a abajo- y tratarlo como un socio, recuperando su fe con buenos contenidos.
lunes, 30 de octubre de 2017 · 02:00
Isabel Mercado  / La Paz
 
Una de las anécdotas que más ha contado en su vida es la que le relató un campesino boliviano  en una de sus muchas visitas a Bolivia: "El día en que haya justicia será cuando en una mesa haya tantos panes como personas; no un pan menos, pero tampoco uno demás”.
 
Javier Darío Restrepo (de 83 años) es, para un periodista, lo más parecido a un terapeuta: tiene a cada pregunta una respuesta y le gusta sobre todo  reflexionar sobre los conflictos del quehacer informativo. Lo suyo, por lo que se lo conoce y consulta, y por lo que es una autoridad en el mundo del periodismo de habla hispana, es la ética; pero apenas con verlo y compartir una de sus pláticas, uno se da cuenta que es mucho más que eso. Para usar términos espirituales, es un gurú.
 
Las verdades absolutas...
 
Aunque respira periodismo hace más de medio siglo, Javier Darío se siente más cómodo dando respuestas que preguntando. Hace más de 20 años que dirige el Consultorio Ético de la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, creada por Gabriel García Márquez en Cartagena, Colombia. Allí recibe y responde interrogantes todos los días, tanto por escrito como en vivo. Es también profesor, escritor de novelas y ensayos, columnista e infatigable conversador.
 
En La Paz, en una visita de varios días para impartir un taller a estudiantes de la Fundación para el Periodismo, se brindó fraternalmente a ser bombardeado por preguntas de un grupo de periodistas con los que reflexionó sobre los dilemas del oficio. "No hay nada mejor que a uno le pregunten cosas, le hacen a uno el trabajo”, dice.
 
Y  a esos, a los dilemas de siempre, responde con la absoluta convicción que le dan los años y las muchas disquisiciones resueltas: "La ética se la dicta uno mismo. Es la obediencia a nuestra propia naturaleza”, sostiene y señala que, como amante de la etimología, le atrae el origen de la palabra "naturaleza”: aquello que uno trae puesto al nacer. "La ética es aquello con lo que nacemos y que nos impulsa a ser mejores; no es sólo apegarse a los códigos, es aspirar a la excelencia profesional y humana”.
 
Entonces, entra a las aguas siempre turbulentas del ejercicio informativo, que tiene todavía entre sus dogmas el de la objetividad. Y lo derrumba: "No se puede ser objetivo, no se puede ser neutral, el periodista únicamente es un relator de los hechos, un eterno buscador de la verdad, con la convicción y con la humildad de que no posee la verdad. Yo soy un defensor no tanto de las verdades, sino de los hechos. Debe haber una cierta modestia necesaria en el periodismo”.
 
Precisamente, en esa lógica escéptica, sostiene que "todas las verdades son provisionales” y que al periodista le corresponde reportar la verdad que corresponde a los hechos que presencia. "Es la gente la que, con estos elementos descriptivos, tiene que juzgar”.
 
Más aún, Restrepo opina que la violencia en países como el suyo (Colombia) y la polarización que se vive, por ejemplo en Venezuela, se debe en buena parte a las verdades absolutas. "El peligro de las verdades absolutas es que nos ponen al borde de la intolerancia y lo peor que puede pasar es que sea el periodismo quien tenga en sus manos esas verdades absolutas”, afirma.
 
En tiempos en que ese compromiso con la verdad se ve acosado por el reinado de la posverdad, se impone –señala- "la obligación de repensar nuestro oficio”.
 
"Las prácticas de la posverdad, dominantes en la publicidad, en el ejercicio de la política, en el periodismo de sensación, en la cotidianidad, crean la sensación de que la posverdad llegó para quedarse y trastornar los patrones éticos de las personas y de la sociedad.  Así sucede con la libertad, con la justicia, con la responsabilidad o con la generosidad, virtudes que tienen que ser cultivadas porque ninguna de ellas se desarrolla mecánicamente o por inercia; tienen que ser creación de cada persona. Las iniciativas diversas para denunciar noticias falsas y para destacar las verdades hacen parte de ese esfuerzo para consolidar una sensibilidad por la verdad y un rechazo por la mentira. En cambio, la resignación contribuye al estancamiento. Son dos las posibilidades ante la posverdad: una reacción para recuperar la verdad o la pasividad y tácita aceptación de la falsedad como patrón de vida”.
 
Los amos del periodismo
 
"No existe el periodismo militante (partidario). Si alguna militancia es permitida en el periodismo es la que está en su definición: servidor público”, dice Javier Darío Restrepo. Por ello, los temas que más ocupan sus reflexiones son los desafíos que imponen al periodismo la cultura digital y las crisis de sostenibilidad económica de los medios (especialmente impresos), que llevan a que muchos de ellos sean manipulados por intereses políticos o empresariales como alternativa de supervivencia.
 
"El periodismo está en crisis de credibilidad; cualquiera que tiene un blog se siente capaz de informar; nos ven como mercenarios que se pueden financiar y reemplazar fácilmente. Por eso se debe apostar a sustituir las fuentes de financiamiento tradicionales que están vinculadas a los intereses políticos o empresariales. La única plataforma para un periodismo independiente es la de los suscriptores”, afirma y añade que la otra gran apuesta de los medios por recuperar la credibilidad son los contenidos y los proyectos periodísticos de investigación o aportes más allá de la coyuntura.
 
Sin embargo, en medio de la incertidumbre y el escepticismo, Restrepo sigue creyendo en que el periodismo es consustancial a la democracia. "Sólo si deja de creer en su propio ideal de independencia el periodismo es prescindible”, dice.
 
Por eso le gusta, volver una y otra vez a la anécdota sobre  la justicia que le contó un indígena boliviano  allá por los años 90: ni que sobre ni que falta, pero que busque lo justo. La verdad de los hechos en la medida de lo posible.

Larga  experiencia
  • Experiencia  Es maestro  de la FNPI desde 1995. Experto en ética periodística, catedrático de la Universidad de los Andes y conferencista en temas de comunicación social. Ha sido columnista en El Tiempo, El Espectador, El Colombiano y El Heraldo.
  • Méritos   Premio a  La Excelencia Periodística Gabriel García Márquez, de la FNPI, 2014. También fue nombrado Doctor Honoris Causa de la Universidad San Andrés de La Paz, Bolivia, en 2015.

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