Achacachi es un “desierto”, sólo ancianos y niños realizan vigilia

Los habitantes piden al Presidente que “abra los ojos” y solicite la renuncia del alcalde Ramos.
viernes, 25 de agosto de 2017 · 00:42
Beatriz Layme  / Achacachi

Aquella ciudad corazón comercial de la provincia Omasuyos ahora es un "desierto”. La mayoría de sus pobladores está volcada en un bloqueo de carreteras.  Sólo  ancianos y niños  quedaron como guardianes de Achacachi, cuna de los aguerridos ponchos rojos, donde  los vecinos   están enfrentados a su Alcalde. 

El municipio está situado a 92 kilómetros de la sede de Gobierno,  en pleno altiplano. Los negocios privados, oficinas públicas, incluida la  Policía,  tienen las puertas cerradas. En sus calles,  adoquinadas con piedras de la inagotable cantera de Comanche, no hay un solo puesto de venta.

Las casas de cemento y ladrillo,  que parecen  imitar a los cholets de la urbe alteña, así como las rústicas viviendas de adobe,  lucen ventanas con vidrios rotos; otras,  reparadas con cinta adhesiva. En el interior de otros ventanales ya no existen vidrios y flamean cortinas de nylon, aparentes  pruebas del violento enfrentamiento de febrero, cuando los comunarios salieron en defensa de su alcalde Édgar Ramos Laura (MAS) ante la presión de las juntas vecinales que exigían transparencia frente a las denuncias de corrupción.

"¡No a la corrupción, Achacachi se respeta! ¡Unidos,  Achacachi jamás será vencido”,  se lee en el cartel pegado en el frontis de la oficina de la Subgobernación, que está en la plaza mayor. 

En el lugar, un grupo de 10 ancianas, cubiertas con una manta desde la cabeza hasta los pies -que les permite soportar los ocho grados de temperatura-  vigilan los predios de la Alcaldía.

"Estamos cuidando la Alcaldía, Ramos dijo que hemos quemado. ¡Mentira! Capaz él mande a quemar,  mientras nosotros bloqueamos la carretera para luego culparnos”, explica Virginia Condori, quien apenas se sostiene de un bastón. Pide  libertad para el presidente de la Federación de Juntas Vecinales  de Achacachi, Esnor Condori, enviado el martes a la cárcel con detención preventiva.

El látigo del viento golpea más fuerte que el ardiente sol sobre las estrechas calles por las que transitan algunos perros vagabundos. Múltiples bolsas plásticas  "vienen” del basural que está a orillas del río Keka.

Ahí casi medio centenar de personas de la tercera edad, junto a algunos niños y jovenzuelos que no pasan los 15 años -y que desde hace dos días no pasan clases-,  hacen vigilia e impiden el paso de vehículos que salen de las poblaciones de Warisata, Escoma, Puerto Acosta, Carabuco, Ancoraimes, Sorata, entre otras.

"Estamos muy decepcionados, nos arrepentimos de apoyar al MAS. Vino Eugenio Rojas y nos dijo: ‘Edgar trabajará por Achacachi, el Gobierno apoyará con proyectos’ ¡Ahora nada! Por el contrario, quieren tapar la corrupción. Pedimos al presidente Evo Morales que abra los ojos”, dijo Macedonio Ramos, de más de 60 años.

"Tata Presidente, de una vez solucione este problema, han pasado siete meses. Tus ministros te están mintiendo. Nosotros sólo pedimos que nos devuelvan a Esnor y que renuncie Ramos, quien se niega a rendir un informe de la plata de Achacachi. Por favor tata Presidente, te lo pediré a Dios que te cuide si nos escuchas”, ruega en aymara Catalina Aruquipa, ya encorvada por los años.     

Los habitantes de Achacachi advirtieron que llegarán hasta las últimas consecuencias,  porque Ramos -denunciaron- adjudicó obras con sobreprecio y de ejemplo mencionaron que para la construcción de un baño público, de seis letrinas,   el Alcalde destinó medio millón de bolivianos; y para la construcción de una posta de control, que consta de una pequeña habitación, otro medio millón. 

Es hora del almuerzo. Sin importar el frío,  algunos niños y jóvenes tienden sobre el puente varios aguayos. Las ancianas sacan de sus bolsas una variedad de alimentos tradicionales del altiplano: chuño, papa, oca, tunta,  acompañados de ají con queso, huevo frito. Los ancianos hacen a un lado su radio, pero le ponen  elevado volumen, para luego degustar el apthapi.

 


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