Para un nuevo modelo, el desafío es generar otro proyecto político

La importancia de un nuevo modelo de desarrollo será abordada en un seminario internacional.
domingo, 17 de septiembre de 2017 · 00:18
Página Siete  / La Paz
 
En círculos académicos y entre los colectivos ciudadanos parece existir la coincidencia de que Bolivia no puede continuar adelante con el modelo extractivista porque ya no es viable desde el punto de vista ambiental. Sin embargo, donde no parece haber el convencimiento de aquello es en círculos políticos y, sobre todo, en el gobierno del MAS.
 
En ese marco, la Universidad Católica Boliviana ha organizado para este 19, 20 y 21 de septiembre el seminario internacional   "Desarrollo productivo, justicia social y sostenibilidad ambiental”, en el que participarán expositores internacionales de la talla de Ricardo Hausmann, de Harvard, o del uruguayo Eduardo Gudynas, así como especialistas nacionales.
 
Fernanda Wanderley, directora del Instituto de Investigaciones Socioeconómicas de la Universidad Católica, y José Peres-Cajías, profesor de la Escuela de Producción y la Competitividad de la misma universidad, adelantan en esta entrevista cuáles son los ejes del debate, el contexto en el que se produce y los posibles resultados.
 
¿Cuáles son los resultados que esperan de este seminario?
 
Fernanda Wanderley (FW): Hoy vivimos un problema que está en la agenda pública global  y es  que los modelos de desarrollo fundados sobre la premisa de que el crecimiento puede ser ilimitado están llevando a una crisis de los ecosistemas. Tenemos una crisis ambiental de proporciones ya  enormes; eso nos está llevando a desequilibrios  que realmente ponen en riesgo la humanidad. En ese marco, Laudato Sí es una encíclica que resume este problema; es el estado del arte del tema ambiental y social, porque del lado social existe un incremento de la desigualdad y de la pobreza. La Laudato Sí es una contribución desde la Iglesia a ese llamado a pensar alternativas a ese modelo de desarrollo centrado en el crecimiento ilimitado, que es una premisa falsa, y la explotación de los recursos naturales sin entender que vivimos en un sistema ecológico que tiene vida propia y que si no respetamos, generamos desequilibrios que cada vez  es más difícil revertir.
 
José Peres-Cajías: Se busca generar debate porque se vive un momento de inflexión. Desde la crisis de 2008 no hay claridad ideológica, pero tampoco claridad de programas de largo plazo de qué es lo que debemos hacer. Se pensaba que con la crisis financiera de 2008, la llamada economía neoliberal iba a llegar a su fin;  pero pareciera que no ha sido un ataque letal a este tipo de pensamiento, y en Europa y Estados Unidos hay mucha desazón, no se sabe por dónde vamos a ir. Por eso creo que es clave el debate porque su ausencia en Europa está generando movimientos radicales y esto  es resultado de esta falta de ideas o de un norte común. En América Latina vivimos una situación similar tras la caída de los precios de los commodities. Unos lamentan y tienen mucho miedo de que vuelvan gobiernos que den la espalda a las clases populares. En Venezuela mal o bien existieron mejoras en determinados indicadores de desarrollo humano; lo triste es que en un año puedes retroceder todo lo ganado en 10 años. Entonces, yo creo que en América Latina también  necesitamos debatir porque no sabemos hacia dónde vamos.
 
¿Este es un debate académico o político? Y, ¿hasta qué punto es posible que este debate cale en las sociedades?
 
FW:  En  América Latina y concretamente en Bolivia hemos tenido una experiencia de gobiernos progresistas o por lo menos que así se denominaron y que efectivamente han generado políticas y una dinámica económica que ha mejorado los indicadores macro y los indicadores sociales,  pero lo que sí se ha verificado es que el patrón de crecimiento no ha cambiado y lo que hemos vivido en América Latina, en especial en Bolivia, fue que este proceso de mejoras sociales se ha fundado sobre la extracción de recursos naturales y su profundización;  por lo tanto, no tuvimos un cambio de estructura económica. Hemos vivido ese boom de demanda y de precios, pero los gobiernos no han aprovechado las oportunidades para cambiar la estructura económica. Efectivamente, ahora hay un gran debate político sobre las consecuencias negativas sociales y ecológicas de este modelo que ahora incluso está ganando un nuevo empuje; es como una nueva ola y eso implica retroceder en avances que la sociedad civil había logrado. Y, el debate académico tiene que ver con cómo aportar con investigación, datos  sobre las consecuencias negativas de ese modelo y su insostenibilidad, tanto económica como social, política y ambiental. El rol de las universidades es poder mostrar que existen alternativas en el mundo, de actividades económicas que pueden sustituir las actividades extractivas. Otro rol es la apertura de espacios plurales de profundidad en la sociedad civil para discutir estos temas. Una otra gran preocupación que tenemos hoy en Bolivia es precisamente que este proceso ha ocurrido con riesgos fundamentales a los propios principios democráticos y una de las consecuencias es que los espacios de discusión en la sociedad civil sobre esas alternativas se fueron achicando; es una polarización política que hace mucho daño a la democracia y además con persecuciones políticas a voces que son críticas, y un juego de amigo-enemigo. En ese contexto entra el rol de la academia para generar debate plural y alternativas.
 
¿Cuáles son esos modelos alternativos que se están aplicando en el exterior y que se podrían aplicar en Bolivia? Y, ¿cuánto tiempo podría tomar implantar un nuevo modelo?
 
JPC. El Gobierno siempre plantea la dualidad de que necesitas exportar materias primas para generar ingresos y con eso haces política social o fomentas el desarrollo. Lo triste es que cuando uno revisa la historia económica de este país, este debate ya se da en los años 50 con la misma justificación para explotar las minas. Respecto a la pregunta de cuánto tiempo nos puede tomar, esto evidentemente puede ser procesos de muy largo plazo, no es que vamos a cambiar la estructura económica del país inmediatamente. Lo que yo creo que sí se necesita es un consenso para saber hacia dónde vamos a ir. Respecto a las alternativas es fundamental la importancia del conocimiento del proceso productivo, no se trata de industrializar los recursos naturales. De lo que se trata es utilizar tus recursos naturales para capacitar a tu factor de producción más importante que es el capital humano. 
 
Es decir, con la complejización de la producción estás capacitando cada vez más a tu mano de obra que después va a ser capaz de moverse a otro sector de la economía. Lo que ocurre actualmente es que estamos generando mano de obra que sabe hacer trabajos muy sencillos y que cuando se acaba ese proceso de producción, esa mano de obra no tiene ninguna otra alternativa. Otro elemento que creo que se debe debatir es el tema de la institucionalización. El cambio social no debería depender de una persona o de un partido, sino que debería estar institucionalizado.
 
¿Creen que hay una clase política boliviana capaz de ejecutar un nuevo modelo de desarrollo o es que se debe generar un nuevo proyecto político?
 
FW: Yo creo que ese es el gran desafío, es dar una propuesta alternativa que no existe ni por un lado ni por el otro, hoy no existe. Hay un consenso de que queremos tener sostenibilidad para poder generar un bienestar social, para ello  necesitamos diversificar la economía, pero la novedad está en que esa diversificación no puede darse a base de la insostenibilidad ambiental;  la diversificación productiva no es sinónimo de industrialización de recursos naturales, que es el discurso oficial. Entonces,  nuestro desafío es generar otro proyecto político, otros horizontes que no tenemos. Tenemos que cambiar nuestra matriz energética y no podemos vivir de la extracción y la exportación de esos recursos y eso tiene plazo a 2030-2040-2050: ahí hay un desafío, Bolivia tiene alternativas, tenemos mucho sol;  tenemos recursos naturales para hacer la transición a energías eólicas y solares. 
 
En agricultura, de los cultivos extensivos se puede transitar hacia otros modelos, porque está visto que quien alimenta a la población es la agricultura familiar campesina. Aquí hay un tema de cómo desarrollar tecnológicamente con innovación, apostando a otro tipo de agricultura. La otra cosa que decía era el desarrollo tecnológico y la innovación en todos los sectores. Ahí está la clave del negocio para que nosotros no estemos como país en el eslabón de menor agregación de valor, de menor innovación y de menor desarrollo tecnológico. La visión es no pensar en bloque, y no pensar que va  a haber una actividad que va a sustituir, debemos transitar en diferentes líneas. Entre las alternativas de diversificación están precisamente el desarrollo tecnológico, la economía del conocimiento, la economía creativa, un nuevo tipo de agricultura, turismo ecológico;  y la otra es la investigación sobre la biodiversidad para su aprovechamiento y no para su destrucción. La construcción de este proyecto es efectivamente el gran desafío, la construcción, la visibilización. La viabilidad de esta otra apuesta  por otro tipo de actividades que en el mediano plazo sustituyan la alta dependencia de los recursos naturales.
 
JPC. No creo todavía que existan en Bolivia los liderazgos capaces, no es visible todavía el liderazgo que nos va a llevar a esto. Pero por eso mismo, escenarios como éste, como el del seminario, creo que son importantísimos porque se generan ideas y se genera debate. Más bien lo que podemos hacer nosotros ahora es generar ideas  para fortalecer y para fomentar esos liderazgos que sean capaces de agarrar estas ideas que creemos que puedan generar cambios estructurales para la economía boliviana.
 
¿Quiénes van a contribuir con sus ideas para construir estas propuestas?
 
FW. Hemos invitado a estudiosos e investigadores y también a activistas internacionales que están pensando esas alternativas desde  esta perspectiva. Cómo tenemos que entender más allá, por ejemplo, de la industrialización de los recursos naturales. 
 
Vamos a tener, por ejemplo, a Eduardo Gudynas, que tiene una propuesta de transición para que los recursos naturales paulatinamente pierdan importancia. También va a estar la propuesta de la CEPAL, que tiene un proyecto que se llama Horizontes 2030, que propone cómo hacer esa transición desde la realidad latinoamericana. Después,  está la propuesta de Ricardo Hausmann, que hace un análisis de cómo las sociedades van creando estas capacidades complejas, con más desarrollo tecnológico, con innovación. También están las experiencias concretas o sectoriales, como tema de gestión de agua y bosques, el desarrollo urbano, producción agrícola.
 
Además de este debate que ustedes abren, ¿qué se ha hecho en Bolivia para poner en práctica la Encíclica Laudato Si?
 
JPC. En el mundo los economistas se han tomado bien en serio lo que ha dicho el Papa en la encíclica; tanto lo han criticado como han estado de acuerdo; pero se trata de ir más allá, no de si eres o no eres católico; si eres o no eres creyente, sino de la idea del liderazgo mundial que se necesita en este momento en el cual nos estamos jugando. En Bolivia yo no soy sinceramente tan capaz de identificar acciones concretas.
 
FW. Yo creo que no en Bolivia. En realidad, la Laudato Si ha generado primero un compromiso de las comunidades y de las universidades católicas de contribuir a ese proceso, pero ha ido mucho más allá y lo que vemos es que la Laudato Si es como un mandato asumido por la comunidad católica para apoyar no sólo debates académicos como acciones concretas, la Laudato Si es un compromiso para articular a gentes, para apoyar a esos actores que están viviendo ese tipo de violencia, con poblaciones desplazadas, con su estilo de vida amenazado y destruido  e incluso activistas muertos. Ahí realmente la Iglesia ha asumido un rol.  
 
¿Cómo ven ustedes la tendencia negacionista del cambio climático y esta percepción boliviana de que todos los ambientalistas son antigobierno y los que niegan este discurso alternativo son reaccionarios, liberales? ¿Cómo resolver este conflicto?
 
FW. Ese es el gran desafío. No dejarnos atrapar en un juego en el que muchas fuerzas ponen en riesgo esos avances; esa bipolaridad de amigo-enemigo, esa idea de que la defensa de la naturaleza implica ser enemigo de la justicia social, de la inclusión social. Creo que ese es el esfuerzo que hace el gobierno de Trump y el gobierno de Evo Morales, y ahí están juntos en eso. Un esfuerzo de limitar el ejercicio democrático del debate de la discusión, de poner las cuestiones en un plano mucho más elevado, mucho más propositivo. Creo que es un esfuerzo de limitar las posibilidades de discusión constructiva que realmente permita la elaboración de un nuevo proyecto. 
 
¿El de Evo y el de Trump, entonces, son gobiernos parecidos o iguales?
 
FW: Tenemos que luchar  contra regímenes políticos que fundan su permanencia en el poder en el maniqueísmo, en la apuesta por el cierre de debates informado, por el intercambio de información, de generación de discursos, con ese tipo de descalificación del emisor fácilmente, y no desde un proceso argumentativo. Esa es la lucha que tenemos hoy en Bolivia, como también en EEUU, precautelar y abrir espacios de discusión que se alejan de esos maniqueísmos.

 

 


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