El periodismo en la región ha mostrado una gran valentía

Un periodista colombiano y otro venezolano describen la prensa de sus países y la región.
domingo, 3 de junio de 2018 · 00:04

Isabel Mercado/Página Siete

 Venezuela y Colombia comparten varias fronteras además de la territorial: el periodismo ha vivido en ambos países a salto de mata entre dictaduras militares, políticas, de las mafias de la droga... Colombia ha estado, en la década de los años 80, entre los países más peligrosos para ejercer el periodismo y actualmente Venezuela vive una de sus peores crisis que afecta dramáticamente el trabajo de los medios.

Fidel Cano (FC) es el director de El Espectador de Colombia, el diario más antiguo de ese país, que fue víctima doble de la violencia narcoterrorista: en 1986, con el asesinato de su director, Guillermo Cano (tío de Fidel) en manos de sicarios de Pablo Escobar; y luego de una bomba que destruyó sus instalaciones en 1989.  

Luis Carlos Díaz (LC) es un ciberperiodista y radialista venezolano que está dando batalla en la radio y las redes sociales con un periodismo que busca, con enormes esfuerzos, reflejar los hechos que vive su país.

Ambos participaron en el encuentro Sociedad Plural el rol de los medios en Berlín, Alemania. Una invitación del Gobierno de ese país que reunió experiencias de países como Irán, Palestina, Rusia, Rumania, Kosovo, Azerbayán, Mongolia y algunos países latinoamericanos. 

Entre realidades contrastantes, en las que se constata la fragilidad del ejercicio de un periodismo libre de censuras, Cano y Díaz reivindican el valor de una prensa que se compromete con la democracia y los ciudadanos, aún a pesar de estos, de los políticos y de las difíciles condiciones del mercado.

¿Cómo está el periodismo en la región?

FC. En América Latina tenemos la tendencia de mirarnos el ombligo, pensar que lo peor nos pasa a nosotros, que somos únicos. No es así, la situación del periodismo en el mundo entero está muy amenazada. Lo que está viviendo Venezuela, por ejemplo; lo que sucedió en Colombia en los 80. El trabajo periodístico está amenazado por gobiernos de diferentes tendencias y en muchas situaciones; es un escenario mundial en el que la credibilidad de los medios también se ha puesto en peligro, de manera que el sacrificio o el esfuerzo que hay que hacer para hacer buen periodismo no parece estar reconocido por las audiencias… 

En el caso de Venezuela, Luis Carlos, ¿cuál es tu evaluación?

LC. Yo creo que lo que diferencia a Venezuela del resto del continente no es que el periodismo esté bien o mal, sino que es la caída más pronunciada de todo el continente. De tener una sociedad democrática a una dictadura, con medios que no tienen ni la más mínima libertad. No estamos peor que México o que Honduras, donde asesinan periodistas; a nosotros no nos han asesinado en los últimos años, pero todo lo que retrocedimos es monstruoso; tanto que yo soy de una generación de periodistas que no conoce otra cosa que no sea esto, no hemos vivido otra realidad. El sistema chavista, la economía controlada, los medios de comunicación censurados y perseguidos, las protestas… Recuerdo, por ejemplo, el cierre de RCTV, en 2007. Fue tremendo. Éramos jóvenes, muy jóvenes. Yo doy clases en Venezuela a chicos que ni recuerdan qué canal era ese; o sea, estamos dentro de una burbuja, no conocemos nuestra historia reciente, no conocemos otra “normalidad”, no conocemos una rueda de prensa, o que un funcionario de Gobierno tenga que darnos una información, no sabemos lo que es un Estado rindiendo cuentas. 

¿Se ha naturalizado la censura en Venezuela?

LC. Se naturalizó un estado de cosas que es absolutamente anormal, que no tiene nada que ver con lo que debería ser una sociedad libre. Eso nos marca, pero siempre se puede caer más bajo. Creo que es ese el otro mensaje: la situación en otros países te demuestra que siempre puedes caer más cuando la democracia empieza a fallar, cuando no le haces caso a las alertas tempranas. Para eso sirve el periodismo;  la prensa advierte: mira,  está fallando esto, hay un problema aquí… pero puede ser peor y el ciudadano decide. 

¿Cuál puede ser la evolución del periodismo venezolano? 

LC. El periodismo en Venezuela está enfrentando otro problema más y es que no hay salarios que paguen el trabajo profesional de los periodistas. No podemos narrar el conflicto a la audiencia porque tenemos que comer. Estamos en un momento de precariedad muy grave. De hecho, ha significado la migración de muchos periodistas; se han ido a cambio de ganar un salario mínimo, digamos de tres o cinco dólares al mes que es lo que gana un periodista en Venezuela. Algo miserable. La gente huye, prefiere irse del país y dejar de hacer periodismo. ¿Y para los que nos quedamos? No hay hasta ahora un indicador de cuándo terminará esta novela. El Gobierno ya nos disparó y no pasó nada; es decir, puede disparar más. Hay impunidad garantizada para quienes nos dispararon. Todo puede caer mucho más antes de ver un final. 

Fidel, el periodismo en Colombia ha tenido momentos  dramáticos. El periódico que diriges, El Espectador, ha pasado por asesinato de su director y un atentado bomba. ¿Cómo lidian con una violencia que todavía está latente aunque obviamente no en los niveles que estuvo hace algunos años? 

FC. Las cosas han cambiado: la situación del país y la transformación del mismo negocio del narcotráfico, pero la historia de la impunidad de los ataques a los periodistas de los años 80 y de los 90 es casi total. No hay ningún caso que haya servido para mostrar que la justicia realmente estaba interesada en proteger a los periodistas. Actualmente yo diría que no hay un ataque tan directo como en aquella época, pero hacer periodismo en los territorios de la guerrilla sigue siendo tan peligroso como antes. Si no, veamos el caso de los colegas de El Comercio de Ecuador. 

De manera que yo no cantaría victoria; simplemente creo que se transformó el negocio del narcotráfico y la manera en que estos cárteles amenazan al Estado y a los periodistas. Ellos (los narcos) han aprendido a ser un poco más de bajo perfil, pero siguen impidiendo el trabajo periodístico.

¿Se ha instalado un clima de autocensura en los periodistas, por lo menos en  relación con el narcotráfico?   

FC. La valentía del periodismo colombiano es innegable; podría cometer una injusticia si hablamos de autocensura, pero hay ciertos lugares del territorio en los que hacer periodismo es muy difícil. Yo creo que hay muchos periodistas muy valientes que van y que lo hacen, pero con enormes dificultades. También, claro, hay quienes se acomodan. Existe la autocensura, pero no diría que es algo generalizado. Yo realmente creo que el periodismo en la región ha dado muestras de coraje y de valentía muy grandes. 

 En el caso de la familia Cano, ¿cómo resumirías la experiencia de tu familia y la tuya personal, pues eres quien ha retomado el control del diario justamente en el momento de la crisis?

FC. Los Cano ya no somos propietarios de nada. Tuvimos que dejar la propiedad del periódico por todo lo que le sucedió. Para salvarlo tocó formar un grupo económico que es el dueño actualmente del periódico. Los Cano salieron también del periodismo una vez que este grupo compró el periódico. Yo logré regresar cuando nombraron como directora a alguien con quien yo había trabajado y me dio un cargo como editor. Luego las cosas se fueron dando para que yo retome la dirección del periódico. Los nuevos dueños entendieron que El Espectador tenía que volver a ser el medio que había sido durante más de 120 años, ese periodismo independiente y valiente. Quisieron que un Cano vuelva a la cabeza, por un respeto a esa tradición, a lo que representa para el periodismo de Colombia. Desde entonces, El Espectador es un periódico que pierde dinero anualmente, y los dueños han entendido que hay que protegerlo. Lo están subsidiando y lo mantienen porque sigue siendo un referente de independencia.

En Venezuela, por el contrario, ¿nadie sostiene a los medios?

LC. Hay matices importantes. En Venezuela se mantiene el diario El Nacional, un diario de circulación nacional con sede en Caracas. El dueño está en el exilio desde hace tres años y mantiene de su bolsillo todo el funcionamiento del periódico. Es decir el medio no es rentable y él está poniendo plata para comprar papel y para pagar salarios… 

¿Es una muestra de resistencia, entonces?

LC. Es resistencia, es terquedad. Yo intenté analizar el modelo económico de ese medio y es una locura. Están perdiendo plata y la están perdiendo por tener un titular diario que pueda todavía decirle a una parte del país: mire, esto está pasando. Para mí que estoy en radio y que tengo que leer titulares de los periódicos, es un alivio porque es el único medio crítico, los demás son todos comprados por el chavismo. Los principales diarios del país ya desaparecieron, eran diarios de más de 100 años: El Impulso (que era el diario más antiguo), desapareció; El Carabobeño, El Corredor… toda esa gente ha desaparecido, se quedó sin papel y miren El Nacional sigue poniendo plata para salir. Yo estoy en la radio, una de las pocas independientes y privadas que quedan en Venezuela. Su dueño es la familia que comercializa HBO en toda América Latina. Es decir, no tienen por qué tener una radio chiquita en Venezuela y la mantienen; y no solamente la mantienen sino que invierten en nosotros: tenemos cinco emisoras de radio y hace un año y medio, con toda la crisis, se montó un canal de televisión que funciona solamente para televisión por cable y para vender programas al exterior. Otro ejemplo es Tal Cual, un diario insigne en Venezuela. Es el diario de Teodoro Petkoff, conocido por ser guerrillero y luego pacificarse; es un tipo de izquierda súper reconocido y que ha sido opositor a Chávez desde el primer día. Teodoro está inactivo, su estado de salud es pésimo, pero el grupo de gente que sostuvo económicamente a Tal Cual sigue apoyándolo.

¿Se podría decir que en Venezuela, además de los medios tradicionales el periodismo digital está librando la batalla contra el régimen o ya está todo copado por la voz oficial? 

LC. No, todavía se pelea y se pelea fuertemente. Algunos tienen que irse del país, algunos se retiran, pero siempre hay gente que toma esos espacios, gente que insiste. En parte porque (los periodistas) no sabemos hacer otra cosa, ese es nuestro trabajo. No es un tema de heroísmo, de valentía solamente. Cuando un periodista del estado Zulia, de Maracaibo, te habla de los cortes eléctricos que tiene en un mes,  que le cortan la luz dos o tres días seguidos, es porque él lo sufrió. Hay corresponsales de algunas regiones que lloran al aire cuando hacen un reporte de cómo la gente está afectada porque perdieron toda la comida porque la nevera está apagada; porque pasó toda la noche echándole aire a sus niños para que no se los comieran los zancudos porque no hay aire acondicionado… ¡Lloran al aire! Entonces, no puedes aislarte de eso, no puedes dejar de contar esas historias. Es un momento de crisis hasta humillante y no queda otra que seguir diciéndolo, seguir gritándolo.

¿Se puede hablar de crisis humanitaria en  Venezuela? 

LC. La crisis venezolana no solamente es grave sino que es peor de lo que cualquier persona puede ver en los medios de comunicación. Peor porque hay una diferencia entre la realidad y la de los medios porque los medios trabajan sobre la base de la información que confirman y eso hace que haya un ritmo más lento que el de la realidad. Te puedo decir que murieron cuatro niños en el Hospital JM de Los Ríos, el principal hospital de niños, por la contaminación de la diálisis y eso está confirmado; pero, en realidad fueron 15 niños, porque en pocas semanas la crisis aumentó, porque los padres no terminan de decirlo, porque el Gobierno se los impide. La gente está buscando comida en la basura sí;  es más, ya no buscan comida en la basura, ahora se pelean con el camión que recoge la basura para que no se la lleve. La crisis nos ha depauperado mucho. 

En el caso de Colombia, uno de los riesgos del proceso de paz es la polarización. ¿Cómo está lidiando El Espectador con la posverdad, con las realidades alternativas que los políticos fabrican todos los días? 

FC. Es muy difícil hacer periodismo en una sociedad tan polarizada. Nosotros, por convicción, acompañamos el proceso de paz. Obviamente, sin dejar de hacer críticas en momentos puntuales, pero en general apoyamos el proceso de paz porque lo vemos como una oportunidad para que el país pase una página y pueda realmente concentrarse en construir una mejor democracia. Pero, no ha servido para eso el proceso de paz; terminó exacerbando las emociones, que es de donde los políticos más provecho sacan y lo estamos viendo en unas elecciones en las que estamos decidiendo por causas medio absurdas; ni siquiera ya es sobre el proceso de paz sino si vamos a ser Venezuela o no vamos a ser Venezuela, cosas de ese tipo son las que están hoy marcando el debate político, cuando uno pensaría que en un país que ha logrado firmar un acuerdo de paz debería estar pensando en temas mucho más a largo plazo. Es muy difícil. Desde El Espectador tratamos de mantener la defensa de unos principios liberales, como lo ha sido siempre, pero tratando de dar cabida al debate, tratando de que se enriquezca, de no quedarnos simplemente en las burbujas, como dice Luis Carlos, de escuchar a todo el mundo y plantear los temas más allá de la polarización. 

¿Ha pasado el periodismo a ser un espacio de activismo?

LC. Cuando el régimen pasó a ser dictadura, hacia 2013 o 2014, recuperé el código de ética del periodista venezolano. Ese código de ética lo hicieron periodistas que sufrieron la dictadura de los años 50 y dice, en el artículo 45: el periodista tiene el deber de combatir sin tregua a todo régimen que adultere o viole los principios de la democracia, la libertad, la igualdad y la justicia. Es decir 70 años después nos encontramos con que otra vez no hay democracia y toca rescatarla. No sé si eso es activismo, pero evidentemente el periodismo es un ejercicio público y tiene que quedar el registro ante la gente de que un grupo de personas lo dijo, de que un grupo de personas resistió. Es raro porque uno termina siendo una suerte de ente al servicio de la república y la democracia cuando ni siquiera los políticos la defienden, cuando los ciudadanos la ponen en segundo lugar; te toca ser incómodo, no para el político -porque es muy fácil hacer preguntas incómodas a los políticos-, sino para la gente.

 ¿Cómo se vive esto en Colombia, hay esa relación de principios con las audiencias? 

FC. El periodista que no tenga como meta mejorar su sociedad, no está cumpliendo con su trabajo. El activismo es parte del periodismo, pero claro, el periodista tiene que ir más allá del activismo porque su compromiso es con la información. Claro, sé que es muy fácil decirlo cuando uno no está en una situación extrema, al límite, como puede estar Venezuela, pero yo creo que los periodistas no podemos perder ese centro.

¿Qué opinan del periodismo militante, que el periodista tome partido por facciones políticas?

FC. No debería existir. Cuando le pones otros intereses a tu trabajo, intereses políticos, por lo general sacrificas la información y eso es muy peligroso. 

LC. A mí lo que me pasó fue que me tocó formarme en el periodismo en un momento en el que el periodismo militante estaba mandado en todas las áreas, o sea no teníamos casi referencias de otra cosa. Pero, luego un grupo de periodistas empezó a disentir y el tiempo nos ha demostrado que fueron premiados con una trayectoria. Al final, asumir la militancia política es como una suerte de atajo, camino corto, para una lucha que no es nuestra lucha, que es una lucha de los políticos y de la sociedad. El periodista acompaña, narra. No estamos para las salidas rápidas, estamos para develar. Es  fácil asumir el rol de héroe cuando la gente está huérfana, y decir: tranquilos,  que aquí estoy yo. Pero, es mentira, yo no puedo llevar a nadie a un juzgado, yo no puedo condenar a un corrupto, yo no puedo acabar con las injusticias: yo las narro.

 Luis Carlos Díaz, ciberperiodista 

El periodismo digital es en Venezuela un espacio de libertades. La supervivencia que no ha logrado la prensa tradicional, la han conquistado muchos periodistas jóvenes como Luis Carlos Díaz, que a los  33 años es un referente a la hora de informarse sobre ese país. 

Periodista de  la Universidad Central de Venezuela, Díaz trabajó con los  sacerdotes jesuitas  desarrollando estrategias de comunicación digital para organizaciones civiles. En paralelo se convirtió en  entrenador en herramientas y comunicación digital, dando cursos y charlas en toda Venezuela y en 20 países distintos, incluido Bolivia. 

Tuitero impenitente,  @LuisCarlos fue reconocido por  la Deutsche Welle como “Mejor persona a seguir en español” en el premio Best of Blogs. Desde 2015, acompaña al periodista César Miguel Rondón en un programa de radio, con casi 30 años de historia. Es el principal programa matutino en Venezuela. Combina la comunicación masiva en un programa de alta audiencia con el trabajo en internet que le permite llegar a una audiencia cada vez mayor.

 

Fidel Cano  dirige El Espectador

El apellido Cano es consustancial a  El Espectador, decano de la prensa colombiana. El diario fue fundado por Fidel Cano Gutiérrez, en 1887. Desde su nacimiento,  se caracterizó por una línea editorial que tiene a ser neutral, de donde viene su autoproclamado “extremo centro”. Esta postura le ha valido diversos enfrentamientos con políticos de diferente cuño por su posición esencialmente crítica,  la misma que mantuvo también en relación con el narcotráfico.

Esta línea crítica provocó que en 1986 el  director Guillermo Cano Isaza fuera asesinado por sicarios pagados por Pablo Escobar. Tres años más tarde, en 1989, una bomba destrozó las instalaciones del diario. Pero, a pesar de las amenazas, El Espectador se mantuvo firme en su posición de salir a las calles. Ni un solo periodista renunció y “Seguimos adelante”, se convirtió en su lema.

El actual director Fidel Cano (tercera generación desde la fundación de El Espectador) recuperó a El Espectador de una profunda crisis económica. Ahora es  referente de la prensa de su país y está considerado uno de los diarios más importantes del mundo.

 

 

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