Orígenes y destinos de una campaña zigzagueante

La columna de Adalid Contreras.
martes, 29 de octubre de 2019 · 12:34

Adalid Contreras Baspineiro

Era previsible que las campañas se diseñen para sacudirse del debate y destacar las diferencias, como una forma de reafirmación, junto con la descalificación de los adversarios ante un mar de supuestos indecisos.

Dos puntos de partida

Los orígenes de toda campaña se enraízan en procesos socio-políticos, interpretándolos, visibilizándolos y dinamizándolos. Sus puntos de partida se sitúan en los trayectos de momentos históricos que pueden estar ubicados o en el largo, el mediano o el corto plazo, porque dependen de la vitalidad de los hechos que le dan sentido, dirección y destino, y no de cronogramas electorales ni mediáticos.

En el caso del MAS-IPSP, los acontecimientos que convergen en el punto de partida de su campaña, se encuentran en el proceso constituyente que canaliza un formidable movimiento de acumulación de fuerzas y de conciencia colectiva sobre el diseño de un proyecto nacional basado en la soberanía, la inclusión plurinacional y la nacionalización que provoca, favorecida por los precios de las materias primas, crecimiento y redistribución. Estos elementos conforman un imaginario ciudadano de estabilidad, con el que se engancha la campaña, recuperándolo como el generador de su línea discursiva expresada con una narrativa de proyecciones para seguir siendo gobierno y completar el proceso de sustitución de importaciones.

Por su parte, los orígenes políticos de Comunidad Ciudadana (CC), están en la defensa del voto ciudadano expresado en el Referéndum del 21 de febrero de 2016 (21F), que rechaza la modificación del artículo 128 de la Constitución Política del Estado, que podría haber canalizado la reelección legal de las autoridades de gobierno. A partir de este hito histórico se teje un sentido común ciudadano que se profundiza en la pérdida de miedo al cuestionamiento y denuncia al régimen. De este modo, la población organizada en plataformas y redes que suplen la precariedad de los partidos, propone superar el ciclo político con una polifonía de narrativas que las recoge CC para articularlas con el imaginario ciudadano de agotamiento y cambio, orientándolo en su propuesta de institucionalidad democrática y diversificación productiva.

Un proceso zigzagueante

Ya en el desarrollo mismo del proceso electoral, las campañas siguen el camino zigzagueante de un Tribunal Supremo Electoral (TSE) que pareciera haberse instalado para sembrar incertidumbres, permitiendo un campo electoral asimétrico en las primarias, en el proceso preelectoral, en el electoral y en el postelectoral. Las elecciones primarias que no fueron tales, admitieron elecciones internas con un solo candidato. En el proceso preelectoral y electoral, el TSE no supo discernir entre publicidad gubernamental y campaña política, permitiendo la circulación de piezas comunicacionales con un claro sentido proselitista. Y, para rematar, deslegitima el proceso postelectoral, condimentándolo con ingredientes que saben a fraude.

El proceso electoral empieza y se desarrolla por un largo trecho, descafeinado, porque los discursos de las campañas, acomodándose al ritmo de estos tiempos, se adaptan a la lógica del hipertexto que combina diversos medios con distintos temas que se entrecruzan permanentemente. Me explico: la centralidad de la emoción de las campañas se traslada a las redes sociales, en acción combinada con caminatas y diálogo en las calles, mientras que la radio y la televisión se reacomodan como espacios de información y debate.

Así dadas las cosas, las piezas de comunicación, que reemplazan el mensaje apasionado y estético por la imagen plana, ya no dependen de la exposición de un solo tema con su eslogan, como recomiendan los manuales clásicos de marketing electoral, sino que se combinan varios temas en una sola pieza. Un ejemplo: el spot de CC con dos eslóganes: “¡Ya es demasiado!” y “Otra Bolivia mejor”, acompañando distintos temas como la corrupción, la seguridad y el cáncer. O aquel spot del MAS-IPSP, en el que se muestra la crisis en otros países para recordar el pasado neoliberal, conectándolo con las oposiciones, y cerrando su narrativa con el mensaje central: “Futuro seguro”.

Estas formas comunicacionales obedecen a la ocupación de la dimensión pragmática de una campaña, que relaciona la oferta de una promesa electoral inmediatista con las demandas ciudadanas identificadas en sendos estudios cuanti y cualitativos. Esta prioridad influye en un proceso vaciado de debate ideológico y de exposición de los programas.

El detonante que pone en el tapete electoral temas que exigen tomas de posición, son acontecimientos que vienen desde fuera de las organizaciones políticas. Primero el ecocidio de la Chiquitanía, que pone los sentipensamientos en el mundo de la solidaridad y de la valoración del medio ambiente, devolviéndonos pertenencia al país diverso. A esto se suman las movilizaciones ciudadanas, especialmente los cabildos, que ponen en la agenda reivindicaciones regionales y nacionales que las promesas electorales se estaban resistiendo a tocar. Con todo este recorrido, se llega al día de los comicios con un país polarizado y movilizado.

Los destinos de las campañas

Los destinos no van a poder discernirse sin aclarar el comportamiento del TSE que ha puesto en vilo a la población desde el proceso preelectoral, y ahora con el dudoso receso en el conteo del TREP (Transmisión de Resultados Electorales Preliminares), además de la caída de la señal de internet durante el conteo oficial y el bloqueo de acceso a los datos. Estas y otras acciones que obligaron a sucesivas renuncias de sus autoridades y técnicos, desacreditan aún más su ya venida a menos imagen y, lo que es peor, arrastra consigo la legitimidad de un proceso que está definiendo la gobernabilidad del país para los próximos años.

Se ha instalado la idea de irrespeto al voto por la vía de un fraude electoral, del que el TSE, lejos de aparecer como el garante que demuestre que éste podría ser un sentimiento equívoco, lo alimenta con sus desatinos, sin medir la reacción ciudadana por la defensa de su voto. Difícilmente nuestra democracia se va a encarrilar con legitimidad, si no se encuentran los mejores caminos para subsanar los efectos perversos que dejan como heridas abiertas, las señales de un fraude.

Dados los resultados electorales, gane quien gane, tendrá que saber trabajar diálogo y concertaciones con una composición equilibrada en el parlamento, así como con organizaciones políticas que se están dotando de institucionalidad, y con un movimiento ciudadano desbordado que exige democracia plena, obligando a trabajar tejidos de recomposición del pacto social.

El actor que se ha ganado por derecho propio su incorporación protagónica en la construcción de políticas públicas, son las juventudes que, con sus agendas pluralistas, sus formas de autoconvocatoria, sus mecanismos de organización y encuentro sociocrático, sus comprensiones radicales de la democracia con derechos, sus particulares modos de repolitización desde causas concretas, y su energía volcada en movilizaciones dignificadoras, están regalándonos la esperanza de una Bolivia con futuro.