Recta final: la hora del vale todo

Evo Morales hace campaña con la gestión ofreciendo “futuro seguro”. Carlos Mesa apuesta al voto anti-Evo. Y Óscar Ortiz ha sufrido un revés tras la aparición de la candidatura de Chi.
domingo, 06 de octubre de 2019 · 00:00

Isabel Mercado  / Página Siete

Dos semanas nos separan de una final de infarto: las elecciones más reñidas desde 2005, cuando Evo Morales fue elegido por el 54% de los votos. Desde entonces hasta hoy, el MAS no ha tenido que preocuparse por porcentajes ni encuestas en una elección general. Aunque, desde febrero de 2016, cuando perdió por apenas 2% el referendo constitucional que le negaba al binomio Evo-Álvaro la posibilidad de postular a una reelección, los resultados de los diferentes comicios (judiciales, autonómicas y primarias) no le han sido muy favorables, nunca se había sentido tan cerca la posibilidad de una derrota y el precio del desgaste. 

Eso no quiere decir que el MAS se sienta derrotado, ni mucho menos. Pero, es innegable que aunque apuesta por vencer en la primera vuelta -nadie en el partido de Gobierno quiere escuchar siquiera la mención del balotaje- está bajo una enorme presión y, en consecuencia, está desplegando todas sus mejores (y no tan santas) armas para despachar este trámite cuando antes y al menor costo (político).

Ortiz   suele atacar no sólo a Mesa, sino también a Evo.

La oposición tampoco se siente derrotada, o al menos se muestra optimista. No sólo Comunidad Ciudadana, que en todas las encuestas está en un segundo lugar (aunque cada encuestadora le asigna diferentes porcentajes) y está apelando al voto útil para concentrar el “contra Evo” y asegurar una segunda vuelta donde -otra vez, encuestas dixit- superaría a Morales, sino también Bolivia Dice No y hasta el Partido Demócrata Cristiano, que ha adquirido un reciente protagonismo gracias a su candidato a presidente, el polémico Chi Hyun Chung.

Si de encuestas se trata, las hay para todos los gustos y matices, desde aquellas que ponen a Evo y Álvaro cerca de una cómoda victoria, hasta las que vaticinan una segunda vuelta; y cada quien confía en la más cercana o conveniente. 

Pero, como las encuestas son solamente parámetros, y se equivocan a menudo -incluso las mejor intencionadas-, los candidatos se están concentrando en sus estrategias de campaña, que incluyen, por supuesto, la guerra sucia.

Se dice que hay algunas bombas que esperan para ser lanzadas, pero mientras éstas llegan, lo que se advierte, una vez más, es el desequilibrio de fuerzas y recursos, que ha sido uno de los principales sellos de esta elección.

El MAS se ha superado a sí mismo y, con la confianza de quien se sabe dueño y señor de la escena, ha empezado el festín de las ofertas y promesas, y el uso de los programas de gobierno y entrega de obras como campaña política. 

Mesa  saca ventaja del cansancio de la gente con Evo.

Desde implementación de un programa crediticio que permitirá a los jóvenes de 18 a 29 años a acceder a una vivienda propia con una subvención del 30%, hasta la presentación de un auto eléctrico made in Bolivia que funciona con batería de litio, pasando por la entrega de tractores en 15 municipios de Pando, el MAS no ha parado en su afán de demostrar que es sinónimo de estabilidad. 

Esto sin mencionar a algunas y algunos candidatos a diputaciones o senadurías -como Valeria Silva o Rocío Molina-, que usan programas y resultados de gestión con el eslogan de “Futuro seguro”, que es el lema de la campaña por la reelección. 

Todo esto en redes sociales, por supuesto, ya que el ministro de Comunicación, Manuel Canelas, ha dicho que no se hace proselitismo con la gestión y que la prueba es que no hay ningún contrato para la difusión de propaganda gubernamental.

Entre tanto, Carlos Mesa ha optado por el contacto con la gente y está en medio de un periplo por diferentes localidades del país buscando el apoyo de los electores con la premisa de que “ya es demasiado”. Aunque las entrevistas televisivas no le han sido favorables y pesa el lastre de no querer hablar de las acusaciones sobre el dinero supuestamente recibido para ser candidato en 2002, Mesa confía en que el cansancio con el MAS y la ilegalidad de su candidatura pesarán más que las promesas y ofrecimientos de Evo.

Las “manos limpias” de Óscar Ortiz han sufrido un duro revés con la irrupción de Chi, un coreano naturalizado boliviano que, con un discurso reaccionario sin ambages, no sólo ha conseguido llamar la atención nacional, sino desplazar a Bolivia Dice No de su expectante tercer lugar en varios departamentos.

Con todo, nada está dicho hasta el 20 de octubre y solamente con los resultados oficiales podremos confirmar o desestimar las presunciones que, hasta ahora, se dividen en bandos. Con todo, lo que sí se puede asegurar es que esta ha sido una campaña de alta confrontación -especialmente entre la oposición- y mucho desencanto para el ciudadano. Pese a ello, quien resulte ganador de la contienda tendrá ante sí el desafío descomunal de llevar adelante al país en un contexto económico desfavorable, sin un modelo alternativo de desarrollo y con grandes demandas sociales. Además, con un equilibrio de fuerzas parlamentarias que en ningún caso se parecerá a la hegemonía con que gobernó el MAS durante la última década.

Éstas y otras razones debieran ser suficientes para que los candidatos empiecen a pensar en el diálogo y el consenso, pero en estas semanas de recta final es, por supuesto, más rentable el vale todo, y pelear hasta el último minuto.
 

 

Confidencial

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