Terror e impotencia policial: una jornada de convulsión

Más de 24 horas de zozobra vivieron los bolivianos luego de la renuncia de Evo Morales. La Policía pidió ayuda a las FFAA al verse rebasada.
lunes, 11 de noviembre de 2019 · 23:52

Página Siete Digital

Una larga y angustiosa noche y un día de pánico vivieron las ciudades de La Paz, El Alto y Cochabamba desde la renuncia del presidente Evo Morales, el domingo.

A poco del anuncio de Morales desde el Chapare, la violencia se apoderó de barrios de El Alto y la zona sur de La Paz. Grupos de adeptos al MAS, a los que se sumaron delincuentes y vándalos, sembraron el terror entre los vecinos.

Se incendiaron casas, se saquearon negocios, se produjeron enfrentamientos con quienes intentaban proteger sus pertenencias, todo ante el vacío de poder y la escasa presencia de efectivos de la policía, que hicieron grandes esfuerzos en controlar la situación.

La casa de Waldo Albarracín, la periodista de TVU Casimira Lema y el estacionamiento de los buses PumaKatari fueron atacados por estas hordas, así como varios barrios, edificios particulares y bienes del Estado.

Más temprano, en Potosí y también en La Paz, dirigentes sindicales y exautoridades del MAS habían sufrido saqueos en sus domicilios y amenazas de muerte.

Con ese temor latente durmieron los bolivianos y amanecieron en ciudades desiertas, barrios atrincherados y rumores permanentes de ataques, muchos de ellos falsos.

La psicosis colectiva cambió drásticamente el clima festivo del día anterior, a lo que se sumó la incertidumbre de cómo se iría a resolver el vacío de poder.

En la mañana, cuando llegó desde Trinidad, Beni, la senadora Jeanine Añez, dispuesta a convocar a la sesión parlamentaria que analizará la renuncia de las principales autoridades del país y deberá resolver la sucesión constitucional, la incertidumbre y zozobra se sentían el ambiente.

 “Estamos haciendo todo lo posible por respetar el orden constitucional”, afirmó la legisladora, y dio todas las garantías para que los parlamentarios a asistan a las sesiones, A pesar de ello, no se pudo asegurar la presencia de los asambleístas del oficialismo y, más bien, en medio de la tensión, los legisladores presentes fueron instados a abandonaron la plaza Murillo ante la inminencia de la llegada de una turba enardecida que se dirigía hacia el kilómetro cero con la finalidad de tomar las oficinas de la UTOP.

La sombra del golpe

Bolivia fue noticia y portada de muchos de los principales medios del mundo: el enfoque, casi unánime, estuvo a tono con la acusación presidencial de haber sido víctima de un golpe cívico militar.

La compleja relación de hechos que precipitaron la actual coyuntura es poco conocida para la prensa internacional y ha calado la imagen del presidente indígena y la idea de que se estaba gestando una arremetida racista y fascista; pocas referencias se encuentran a las denuncias de fraude electoral.

En ese clima y con esos mismos argumentos, el gobierno mexicano analizó y luego oficializó la aceptación del pedido de asilo de Evo Morales, quien partió hacia ese país la noche de ayer en una aeronave de matrícula mexicana.

Se conoció que otros altos dignatarios del Gobierno se habrían refugiado en la embajada mexicana en La Paz, pero solamente Álvaro García Linera y Gabriela Montaño, acompañaron a Morales.

Desborde

Si la mañana del lunes fue de inquietud, la tarde fue de terror para varios barrios de las principales de Bolivia. No se trata de sólo zonas residenciales sino de populosas  como Chasquipampa en La Paz, la zona sur de Cochabamba y varios distritos alteños.

Al grito de “Ahora sí, guerra civil” las hordas, flameando whipalas y armadas de bombas molotov, chicotes y presuntamente armas de fuego, bajaron hacia la ciudad en La Paz.

En otros barrios de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, grupos de vándalos pusieron en apronte a los ciudadanos ingresando a edificios, incendiando casas y sembrando el horror. Los vecinos hicieron vigilias y armaron trincheras; algunos fueron golpeados y amedrantados por los atacantes.

La alcaldesa Soledad Chapetón en El Alto y el candidato de CC, Carlos Mesa, sufrieron amenazas a sus casas y pidieron ayuda policial.

A este punto, la Policía empezó a verse rebasada y terminó convocando a las Fuerzas Armadas para apoyarlas en el control de la situación.

El comandante departamental de La Paz, capitán Barrenechea, solicitó al comandante general de las Fuerzas Armadas, Williams Kaliman, una respuesta a su pedido de colaboración.

La petición fue respaldad por la senadora Añez, quien urgió a Kaliman a dar respuesta al requerimiento, lo que terminó sucediendo al final del día, cuando Kaliman aceptó y los militares salieron a las calles.

La larga y angustiosa incertidumbre no pasó, pero una luz de esperanza ayudó a los bolivianos a dormir algo más aliviados.

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