La historia no contada de la salida de Evo Morales y la sucesión de Áñez

Luis Vásquez tuvo un rol clave en dar legalidad a la sucesión en ausencia del MAS. Adriana Salvatierra rogó que se dejara salir a Evo del país. Quiroga hizo las gestiones con la FAB.
domingo, 17 de noviembre de 2019 · 00:04

Página Siete  / La Paz

Cuando llegó a La Paz el cívico cruceño Luis Fernando Camacho, aquella aciaga noche del martes 5 de noviembre, no lo hizo solo. Estaba acompañado del expresidente Jorge Quiroga, que, hasta antes de la crisis poselectoral había tenido un rol central en la denuncia del prorroguismo de Evo Morales en instancias internacionales, y que, a partir de este momento, se disponía a ayudar en las gestiones que fueran necesarias para dar un curso constitucional a la crisis política del país.

En medio del caos, Quiroga encontró al expresidente Carlos Mesa en el aeropuerto, que también esperaba a Camacho, y en una misma vagoneta los dos exmandatarios bajaron hasta la hoyada de La Paz. Y, como en las afueras de la pista estaban apostados y en apronte de confrontación los masistas y antimasistas, los expresidentes tuvieron que entrar a zona militar y convencer al Grupo Aéreo de Caza para poder pasar.

Con Camacho en La Paz, la convulsión social iba en aumento lo que, sumado al motín policial, configuró un aparente escenario sin salida. Entonces, cuenta Tuto Quiroga a Página Siete, se tuvo que hablar con la gente de la OEA para que se apurara el informe de auditoría de las elecciones. Él era uno de los pocos   que creía en esa auditoría. Los movilizados, por el contrario, querían expulsar a la OEA del país porque había dado motivos para creer que beneficiaría a Morales.

Sucede, dice Quiroga ahora, que en todo proceso electoral, la OEA hace su propio conteo rápido, lo que quiere decir que el organismo, la misma noche del 20 de octubre, ya sabía que Evo no había ganado en primera vuelta. Este resultado era concordante con los otros dos conteos rápidos que se hicieron aquella noche, el de Vía Ciencia  y el de la Fundación Jubileo. Todos ellos   daban un rango de diferencia de alrededor de cinco puntos a Morales sobre Mesa, y no los 10 que necesitaba para evitar la segunda vuelta electoral.

Durante el Consejo Permanente de la OEA, que trató la crisis de Bolivia tras la salida de Morales, se supo de ese conteo rápido hecho por la misión de observación electoral.

Monseñor  Eugenio Scarpellini, obispo de El Alto.
 

Finalmente, la OEA presentó su informe preliminar la madrugada del domingo 10 de noviembre, fecha clave en esta crisis porque la COB y las FFAA se sumarían a la sugerencia de que Morales renunciara, lo que finalmente hizo cerca de las cinco de la tarde desde Chimoré.

El objetivo de Camacho y el movimiento cívico se había cumplido, pero ahora Bolivia estaba ante un peligroso vacío de poder y la prueba es que aquella fue una noche de terror para los paceños.

Quiroga y Mesa conversaron de cómo salir del desgobierno, pero al final cada uno tuvo que correr a defender su propia casa y familia, en vez de pensar en el nuevo gobierno.

En medio del caos, la senadora Jeanine  Áñez hizo saber desde Beni que se encontraba en la línea de sucesión del mando y, entonces, era importante conseguir que llegara a La Paz. Quiroga se presentó la mañana del lunes en la plaza Murillo a hacer un llamado para que los legisladores llegaran a sesionar. Él dice ahora que era importante “crear el centro de gravedad en el Legislativo”, para evitar una aventura golpista de los militares o que cualquier otro legislador que no estaba en la línea de sucesión se sentara en la silla presidencial.

Ese día Áñez llega a La Paz ya con protección militar y en helicóptero desde El Alto hasta la plaza Murillo.

Paralelamente, se abre, por primera vez un escenario de diálogo, gracias a las gestiones del obispo de El Alto, Eugenio Scarpellini, y el embajador de la Unión Europea, León de la Torre, quienes logran un encuentro en la Universidad Católica, entre la renunciante presidenta del Senado, Adriana Salvatierra, con los expresidentes Carlos Mesa y Jorge Quiroga, con el opositor Samuel Doria Medina, con Jerjes Justiniano Atalá, que entonces asistía en representación de los cívicos, el opositor Óscar Ortiz y con la presencia de Carmelo Angulo, el experimentado diplomático español, enviado para hacer seguimiento a la crisis boliviana.

Según Quiroga, el MAS buscaba una vía para que Morales saliera del país y, de hecho, dice que Salvatierra “pedía desesperada” que eso ocurriera.

Entonces, Quiroga asegura que hace gestiones con la Fuerza Aérea para que se viabilizara la salida de Morales, con lo que se buscaban dos objetivos: pacificar el país y, sobre todo, garantizar que Morales hiciera dejación del cargo para garantizar la sucesión constitucional sin necesidad de leer su carta de renuncia, en caso de que el MAS no cumpliera con su palabra de viabilizar la transición, como finalmente sucedió.

Jorge Quiroga,  en entrevista con Página Siete. 
Foto:Víctor Gutiérrez / Página Siete

Decir que Salvatierra había dado su palabra es mucho decir, en realidad había dicho que iba a consultar, pero que sí estarían dispuestos a dar viabilidad a un nuevo gobierno.

Pero, la sucesión debía tener, además, un blindaje jurídico, y es ahí donde interviene uno de los hombres de Tuto, el jurista Luis Vásquez Villamor, que también había asistido a las reuniones de negociación. Pero no interviene solo, sino con su esposa, Giovanna Jordán, una jurista tan o más preparada que el propio Vásquez, quien encuentra un fallo del Tribunal Constitucional del año 2001, que le permitió al mismo Tuto garantizar la sucesión constitucional para que Enrique Toro, entonces presidente del Senado, lo reemplazara cuando él viajara, pues él no tenía vicepresidente, tras la renuncia de Hugo Banzer por su enfermedad.

Ese fallo de 2001 fue usado como jurisprudencia para que el Tribunal Constitucional emitiera una declaración para avalar la sucesión constitucional en favor de Jeanine Áñez. Toda una ironía, tomando en cuenta que es el mismo Tribunal que avaló la reelección indefinida de Evo Morales.

El martes 12 de noviembre, luego de una accidentada travesía por el aire, Evo Morales logra llegar a México como asilado. En paralelo se desarrolla la segunda reunión en la Universidad Católica con los auspicios de Scarpellini y De la Torre. Esta vez Salvatierra asiste acompañada de Susana Rivero y Teresa Morales. Ese día, antes de que Áñez asumiera el mando, es tomada la famosa foto que ahora sirve para informar sobre las negociaciones.

Pese a esos encuentros, el MAS no asiste a la sesión de la Asamblea y Áñez toma el mando en ausencia de Morales. La estrategia había funcionado, con Evo asilado fuera del país, la oposición toma el Gobierno amparada en las normas que indican que la sucesión debe hacerse de inmediato para que no haya vacío de poder. La declaración del Tribunal Constitucional sale al mismo tiempo.

Lo demás ya es historia conocida. Se sabe que hubo dos reuniones más entre los negociadores, esta vez con los papeles intercambiados. Las masistas ya como opositoras pidiendo que se les entreguen salvoconductos y los antiguos opositores como oficialistas.

Pese a lo que se hizo, el país no encontró la paz, y por eso, hoy se sume en el dolor de pérdida de vidas humanas, actos de terrorismo, operadores extranjeros, milicias formadas para el combate, desabastecimiento y una gran incertidumbre.

Lo que viene después

Los dos objetivos planteados por el Gobierno de transición son la pacificación del país y la convocatoria a elecciones. Ninguno de los dos propósitos ha sido cumplido aún. La pacificación está a punto de naufragar en medio de los enfrentamientos y la convocatoria a elecciones aún no tiene consenso político con el MAS.

De no haber consenso, Quiroga tiene en mente un plan para hacerlo por decreto, acudiendo a la jurisprudencia generada por el propio Evo Morales y por Eduardo Rodríguez Veltzé.

Se trata de los 18 magistrados del Poder Judicial que nombró Morales en febrero de 2010 por decreto hasta que se convocara a elecciones a finales de aquel año. Con ese antecedente, dice Tuto, Jeanine Áñez estaría habilitada para nombrar vocales del Tribunal Supremo Electoral también por decreto.

 Y, para la convocatoria a elecciones, la jurisprudencia fue generada por Eduardo Rodríguez Veltzé, cuando convocó a elecciones por decreto y, no sólo eso, sino que asignó escaños por decreto, cuando Morales ganó por mayoría absoluta. Los decretos son el 28228 y 28429. 

Así las cosas, dice Quiroga, la Presidenta transitoria tendría el camino libre para la rellenar el TSE y llamar a elecciones generales, que es el pedido generalizado en el país. Sin embargo, quedan pendientes el diálogo, el consenso y la pacificación del país.
 

Iván Duque en escena


En defensa del 21F, a nivel internacional, Jorge Quiroga hizo gestiones para que la Comisión de Venecia se pronunciara en contra de la reelección indefinida como un derecho humano. Luego, junto con el actual dirigente cívico de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho, pidió a Iván Duque, presidente de Colombia, que presentara una opinión consultiva sobre la reelección ante la CIDH. La solicitud fue enviada apenas un día antes de las elecciones del 20 de octubre.  Quien apoyó a la delegación boliviana fue el expresidente colombiano Andrés Pastrana, a quien Quiroga califica como el embajador del 21F.

El fraude del 20 de octubre


Tuto Quiroga identifica tres niveles de fraude. El primero ocurre con el rellenado de actas, el que es descubierto por calígrafos. Tres conteos rápidos establecen que Morales debe ir a segunda vuelta, pero tras el corte del TREP aparece como ganador. Ahí ocurre el segundo nivel de fraude, que es el informático. Pero, cuando no alcanza ni con eso, se alteran los resultados de Argentina, donde hay más votantes que inscritos. Quiroga dice que Alberto Fernández (foto), presidente electo de Argentina, es un “sinvergüenza” al ofrecer  asilo a Evo cuando en su territorio se hizo el fraude.

La sucesión de Jeanine Áñez


 Tras conocerse la renuncia de Evo, se activa el diálogo con el MAS para garantizar su salida del país. Una vez fuera, se aplica la sucesión constitucional por ausencia definitiva del Presidente, por lo que asume el mando la senadora Jeanine Áñez. Como se decidió ir por este camino, no fue necesario leer la carta de renuncia de Morales, lo que hubiera requerido dos tercios de votos para su aceptación. En paralelo, el Tribunal Constitucional emite una declaración que avala la sucesión constitucional en favor de Áñez. Luego, varios legisladores y autoridades del MAS se arrepentirían de sus renuncias, las que intentaron retirar.

 

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