En Achumani proponen reconstruir el país; ellos empiezan por su EPI

Cambiaron los cascos por sombreros y los palos por escobas. Los niños salieron después de días.
lunes, 18 de noviembre de 2019 · 00:22

   Ivone Juárez /  La Paz

“Cuando quemaron los Pumas sentí que me quemaron también a mí; me siento como si estuviera en cenizas”, expresa una vecina de Achumani. Así recuerda la noche del domingo, cuando una turba de afines al MAS que rechazaba la renuncia de Evo Morales llegó a la calle 45 de la zona para quemar la Estación Policial Integral (EPI) instalada en el lugar. Antes habían pasado por la estación de los  PumaKatari y quemaron   64 buses.
 
    Ayer, una semana después de  esa jornada que llama de terror, se reunió con sus vecinos en la misma calle 45 para limpiar y reconstruir la EPI. 

Unas vecinas  se fundieron en un abrazo tras las jornadas de miedo que vivieron.

“Esto es simbólico. Tenemos que comenzar a reconstruir nuestro país y nosotros creemos que tenemos que comenzar así: con alegría, olvidando lo malo, sin rencores y levantar todo”, dice Gabriel Sánchez, otro vecino de Achumani.

Fue un encuentro muy bien planificado por todos y se cuidaron todos los detalles.  Se denominó Apthapi de La Paz. Se buscó que todos estuvieran presentes, la tricolor boliviana y la wiphala flamearon juntas, al lado de una blanca que llamaba a la paz. Música de fondo: una saya, un taquirari, todos los ritmos del país.

Jennifer Chumacero y su esposo Bernardo del Castillo fueron los de la iniciativa. “Fue una noche muy triste la del domingo y al día siguiente los vecinos nos comprometimos a ir a visitar  a los que tuvieron una peor noche, los de Huayllani. Ahí nos encontramos con  todos, los de Campo Verde y los comunarios, todos pasaron los mismos terrores; entonces comenzó la reflexión  en el barrio sobre la necesidad de que estos miedos conjuntos desaparezcan”, cuenta Bernardo.

La posta policial  por dentro, después del fuego.

“Somos vecinos, usamos los mismos servicios. La situación nos generó una paranoia y una sensación de disconformidad que nos hace ver con desconfianza al de lado y eso lo queremos superar. Al final del día, cuando pase esto, seguiremos siendo vecinos”, añade Jennifer.   

Todos llegaron al apthapi de la paz después de las 10:00, vestidos de blanco, con algo de comer y lo ponían sobre  una larga mesa. Los cascos y los palos con los que se equiparon los días que salieron a protesta por la defensa del voto;  los cambiaron por sombreros y por escobas y comenzaron a limpiar la EPI, cuyas ventanas tenían todos los vidrios rotos y dejaban  ver el tiznado de las paredes, la marca del fuego que casi terminó con el lugar.

 “No pude hacer nada, mi esposa y mi hija estaban aquí  y tenía que protegerlas. Los que vimos todo tuvimos que aplaudir para que pensaran que estábamos de su lado. Entré a mi casa y tomé el machete que tengo, me puse detrás de la puerta y así pasé toda la noche”, cuenta   otro vecino que vive cerca de la EPI y vio segundo a segundo la escena. Pero ayer estaba dispuesto a olvidar esa  noche, igual que el resto de sus vecinos.

Los niños salieron  de sus casas luego de varios  días.


  
Afanado, ayudaba con todas las tareas de limpieza de la posta policial. A su alrededor mujeres y varones de todas las edades hacían los mismo o conversaban. Los niños corrían o jugaban tunkuña y otros juegos de antaño. “Salieron recién a jugar. Queríamos que sientan lo que nosotros cuando éramos niños y jugábamos en la calle sin ninguna desconfianza ”, dice Gabriel.

 También organizaron otros juegos para los chicos y se preocuparon por darles información sobre lo que representan algunos nuevos símbolos  en Bolivia, como la wiphala.

 

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