Santa Cruz: 21 días del “bloqueo de las pititas” que paró al país

Cuatro muertos durante la crisis social son de ese departamento. Los enfrentamientos son diarios en la región cercana al Chapare, en el trópico de Cochabamba.
lunes, 18 de noviembre de 2019 · 00:04

Carolina Méndez/ Santa Cruz

Durante los 21 días del denominado “bloqueo de las pititas”, Santa Cruz paralizó sus actividades laborales y escolares en protesta por la sospecha de un fraude electoral. Lloró dos decesos en Montero y lideró el pedido de la renuncia presidencial. 

Ahora que la capital oriental  ha retomado sus actividades de manera normal, el conflicto se ha mudado a  Yapacaní y Montero. Allí se  sumaron  otras dos víctimas  a la lamentable lista de fallecidos que enluta al país.

“Dos o tres personas están bloqueando amarrando pititas  ¿qué paro es ese?, soy capaz de dar talleres o un  seminario de cómo se hacen las marchas,  para que aprendan”,  dijo el 24 de octubre -cuando empezaba la protesta- el entonces presidente Evo Morales Ayma.

  21 días de lucha sin descanso

El anuncio del paro cívico indefinido se dio dos días después de las elecciones nacionales, por una   alta sospecha de fraude electoral. Y es que la misma noche de la votación el sistema de conteo rápido fue detenido y al ser   reanudado -de forma inesperada- daba la victoria a Morales.

El anuncio del paro sembró la  incertidumbre en la capital oriental y mucha gente salió de sus casas a  hacer compras, a cargar gasolina y a sacar dinero de los cajeros. Había que estar preparado para aguantar ese “indefinido” de la medida instruida.

Los primeros días fueron de inamovilidad contundente. No se veía ningún vehículo, excepto ambulancias. Los mercados y supermercados estuvieron completamente cerrados. La actividad empresarial y escolar fue nula y la gente empezó a instalar puntos de bloqueo  afuera de sus casas.

Pititas, llantas, alambres, vehículos, piedras, escombros y sillas fueron algunos de los elementos que formaron las barricadas de descontento ante el trabajo del Tribunal Electoral. “Queremos segunda vuelta en las elecciones”, era la consigna vecinal compartida.

Al segundo día del paro indefinido, el entonces presidente Evo Morales se burló de la protesta y se ofreció a dar talleres sobre cómo se debe bloquear, desmereciendo lo que él denominó “el bloqueo de las pititas”. Entonces hubo una   reivindicación de la lucha y  reafirmación del “nadie se rinde y nadie se cansa” de cada punto de bloqueo.

Los días transcurrieron y desde el Comité  Pro Santa Cruz, que es de donde se comandaba la protesta, se pidió a las empresas distribuir alimentos. A los mercados se les autorizó a abrir por las mañanas, para hacer sostenible la medida. 

Durante los 21 días  se registraron cuatro jornadas de intensos enfrentamientos entre simpatizantes del MAS y gente que exigía que se acate el paro. Hubo gran cantidad de heridos en el Plan Tres Mil, Satélite Norte, Montero y La Guardia. El séptimo día de la medida la demanda viró de “segunda vuelta” a “nuevas elecciones”.

La gente en las calles empezó a hacer de la comunidad su trinchera, se hicieron ollas comunes y  se usó el arte y la fe como punto de confluencia. Se cantaba y se oraba en las rotondas, se hicieron turnos para cuidar los bloqueos y se instalaron de manera improvisada televisores para seguir de cerca lo que acontecía en todo el país.

Al octavo día, Montero  lamentó el fallecimiento de Mario Salvatierra y Marcelo Terrazas, los primeros dos decesos del conflicto. Al día siguiente, Luis Fernando Camacho, presidente del Comité Pro Santa Cruz, anunció que la gente quería que Evo renuncie, cambiando  la petición de una “nueva elección”.

 La nueva solicitud fue dada a conocer a los pies del Cristo Redentor, donde casi a diario se realizaban masivas reuniones y cabildos. Allí se daban cita miles de cruceños para oír a Camacho, el emergente líder. 

El día 15 del paro, Camacho se trasladó a La Paz, asegurando que dejaría la Biblia en el palacio y la carta de renuncia del Presidente. Dos días después la policía se amotinó.

A los 19 días del paro, Evo llamó a nuevas elecciones pero ya era demasiado tarde. Con un país convulsionado, horas después anunciaba su renuncia desde el Chapare y aún así el paro en Santa Cruz no se levantaba.  

No fue hasta el día 21, cuando  la senadora Jeanine Añez asumió la Presidencia transitoria del país, que la capital oriental levantó  el paro indefinido. El pueblo camba quitó las barricadas de las calles entre cohetes, festejos callejeros y la ocurrente idea de que los 21 días de paro fueron el “designio divino” que reivindicó el voto del 21F incumplido.

 

El conflicto ahora  se mudó  a Yapacaní

Durante los 21 días de medidas de presión, Yapacaní permaneció indiferente ante lo que sucedía, no suspendió actividades ni instaló bloqueos. El municipio cruceño cercano a la zona del Chapare recién vivió la tensión después de la renuncia de Evo Morales, cuando se registraron enfrentamientos y actos vandálicos en su territorio.

Yapacaní fue militarizada dos días después de la renuncia y desde entonces  no hay actividad laboral ni escolar. Escasean los víveres y el gas. Tuvieron cortes temporales de los servicios básicos, como el agua y la luz.

El día miércoles 13 de noviembre, el Instituto de Investigaciones Forenses (IDIF) informó el fallecimiento de dos personas, una en Yapacaní y otra en Montero, municipio que también presentó horas de tensión. Los fallecidos son Roberth Calisaya y una persona hasta ahora no identificada. Ambos murieron por impacto de proyectil de arma de fuego.

Los vecinos denuncian sentir temor, tanto de los militares como de los simpatizantes del MAS que han llegado del Chapare y están haciendo de Yapacaní un campo de batalla. Temen saqueos, temen balas y temen, sobre todo, quedarse sin comida.

 

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