La situación de Bolivia ante los ojos de Jorge G. Castañeda

Afirma que si Áñez se adhiere al cronograma previsto por la constitución y programa elecciones en el lapso de 90 días, se pondrá fin a la discusión sobre “golpes y no golpes”.
martes, 19 de noviembre de 2019 · 16:07

Página Siete Digital / La Paz

En un artículo titulado “¿Qué sucedió realmente en Bolivia?”, el político y escritor Jorge G. Castañeda hace un repaso a la situación que atraviesa tanto el país como los gobiernos de izquierda en América Latina, planteando algunas cuestiones y trazando tres conclusiones preliminares.

La primera tiene que ver con las implicaciones regionales de la caída de Evo Morales. En un contexto marcado por el retroceso de la izquierda -con excepción de México-, la salida del expresidente de Bolivia “claramente cuenta como una derrota”, asegura el autor.

“Había durado más tiempo que cualquiera de los otros líderes izquierdistas de la región. Sus raíces indígenas en uno de los países más pobres de la región, junto con su antiimperialismo y ostentación carismáticos -o grandilocuentes-, lo convirtieron en una estrella de rock en gran parte del mundo”, escribe Castañeda en su artículo publicado en Project Syndicate. 

“El hecho de que la economía creciera de manera impresionante y de que sus oponentes muchas veces fueran racistas, también ayudó. Eso ahora terminó, a pesar de sus mejores esfuerzos, ayudado por sus anfitriones mexicanos y sus aliados cubanos y venezolanos por mantener su presencia en redes sociales en Bolivia y la prensa internacional” destaca el autor.

Castañeda niega el “clásico golpe de estado militar” con el que Morales y sus seguidores han intentado retratar su caída del poder y aclara que todo se ha hecho siguiendo la Constitución.

“Es verdad, Morales renunció cuando el ejército se lo pidió, y después de que había cedido a las demandas de los manifestantes de una nueva votación. Pero se siguieron las cláusulas constitucionales existentes. La Corte Constitucional, que le permitió a Morales presentarse a las elecciones, consideró que la sucesión presidencial era legal; se habían prometido elecciones inmediatas, y el ejército no ha tomado el poder. De hecho, el alto comando bajo las órdenes de Morales, que le “sugirió” renunciar, ha sido reemplazado”, señala.

En este contexto, Castañeda plantea un interrogante: si los mecanismos electorales ya no bastan para reemplazar a un presidente que pretende quedarse en el poder, desoyendo las demandas de la población, ¿cuándo un intento por removerlo a través de otros medios se vuelve legítimo? Y ¿por qué es aceptable cuando millones de personas en las calles exigen la renuncia de sus líderes, pero no cuando el ejército se une a ellos verbalmente, y sin uso de la fuerza?

La segunda conclusión de Castañeda conduce a que la caída de Morales fue generada por una combinación compleja de factores de los cuales solo uno fue el pedido del ejército de que diera un paso al costado.

“Transformarlo en un Allende de nuestros días que sobrevivió porque huyó puede ser buena propaganda para la izquierda radical en México, Nueva York y Bolivia, pero no se corresponde con las realidades en el terreno”, asevera.

Por último, Castañeda asegura que si el nuevo gobierno interino de Jeanine Áñez se adhiere al cronograma previsto por la constitución y programa elecciones en el lapso de 90 días, se pondrá fin a la discusión sobre “golpes y no golpes”.

“Si el MAS proclama a otro candidato que no sea Morales, le asignará una plena legitimidad al proceso. Casi con certeza no se le permitirá a Morales volver a candidatearse, por haber intentado robar la votación previa y en vista de la prohibición existente de presentarse para un cuarto mandato”, dice el autor, quien concluye que sería un “enorme logro” hacer que Morales se aleje de la escena, a la vez que transfiere el poder de manera pacífica y democrática de un presidente a otro en el futuro previsible.

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