Gasifican la masiva marcha que llegó de El Alto con féretros

Dolientes, vecinos y militantes del MAS llegaron a la sede de Gobierno con seis ataúdes de las personas que fallecieron en los enfrentamientos en Senkata.
viernes, 22 de noviembre de 2019 · 00:18

Luis Escóbar y Verónica Zapana  / La Paz

“Ahí están los muertos. Qué pena”, dijo una mujer, mientras  observaba el ingreso de la multitudinaria   marcha al centro de La Paz. En la primera línea, dolientes cargaban  los  féretros en hombros.  Detrás de ellos, cientos de personas  gritaban: “Justicia”. Unas lloraban, otras se mostraban eufóricas y agresivas.

 La gente que observaba el paso fúnebre sólo atinaba a sacarse el sombrero y hacía la señal de la cruz.  “Levanten, levanten”, gritaban los jóvenes que encabezaban la marcha en bicicletas. En los laterales, cientos de personas armaron dos columnas  para resguardar la  caravana.  “Si Añez se va, la paz volverá”, gritaban.

 Minutos antes, varios jóvenes que  indicaron que formaban parte de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) preparaban  alimentos para los manifestantes.  Cuando la  marcha llegó a este lugar, ellos  comenzaron a repartir fruta, agua y  panes. 

La marcha fúnebre se  inició  a las 10:30 en la zona de Senkata. En ese sector, hace un par de días, fallecieron ocho personas - según la Defensoría del Pueblo- a causa de  una acción militar durante un atentado dinamitero en la planta de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB).

 “Es nuestra gente, los han matado”, lloraban  y gritaban los manifestantes  mientras llevaban los ataúdes, cuatro   estaban dentro de dos minibuses y otros dos eran cargados en hombros por los dolientes. Muchos transeúntes también se ponían a llorar al ver los féretros.

 Cuando la marcha llegó a la plaza San Francisco, varias  personas querían entrar al patio de la basílica para velar a sus muertos, pero otros manifestantes  decidieron  bajar rumbo a plaza Murillo. Entre los participantes estaban dolientes, vecinos que sujetaban wiphalas y militantes del Movimiento Al Socialismo (MAS). “No somos terroristas”, decían.    

Foto:Freddy Barragán / Página Siete

La furia de los marchistas comenzó a florecer cuando en la puerta de la Facultad de Ingeniería  vieron un tanque militar y las filas de uniformados.  

La caminata giró en la plaza Obelisco para volver a San Francisco. Pero  la gente comenzó a insultar y lanzar  cartones y palos a los policías. “Señoras, no molesten, sigan su camino”, dijo uno de los efectivos. Los manifestantes estaban  enardecidos  y furiosos por sus muertos.  


 “Asesinos”, gritaban y  exigían  la renuncia de la presidenta  Jeanine Añez. Elaboraron una muñeca  con el nombre de la  autoridad y no dejaban de golpearla. “¡Aquí está su democracia!” gritaban mujeres increpando a los transeúntes  y señalando a las ataúdes.  Incluso agredieron a un periodista.

 Los manifestantes usaron los ataúdes como arietes para romper el cerco de uniformados que se colocaron al final de la avenida Camacho y Mariscal Santa Cruz. Uno de los féretros logró el objetivo, desbordó una fila policial y tomó desprevenidos a los soldados del Ejército que  se encontraban en segunda línea. Los uniformados rociaron gases en spray, luego lanzaron granadas de gas lacrimógeno para dispersar a  la manifestación.

 Una columna de marchistas  llevó dos ataúdes hasta la línea policial para intentar ingresar a la plaza Murillo. Este grupo  colocó  uno de los féretros  en el capó de un vehículo militar gritando “Justicia”.  Dos  manifestantes se treparon encima del coche camuflado y colocaron el muñeco de Añez. Los uniformados no pudieron reaccionar a tiempo. 

 En el extremo derecho, una columna que cargaba  otro ataúd en hombros logró romper el cerco policial gracias al empuje de los manifestantes. Tomó por sorpresa  a los militares que se encontraban  detrás. Al estar rebasados por la multitud, los uniformados lanzaron gas pimienta a todos los marchistas, en especial a los que cargaban los féretros. 

Foto:Freddy Barragán / Página Siete

La multitud se dispersó en  unos instantes. Los que  cargaban   el  ataúd corrieron unos metros,  pero no pudieron con el peso y dejaron el féretro en el piso hasta recuperarse y tomar aire. Después  regresaron,   cargaron el féretro  en hombros y escaparon del lugar. Los manifestantes  nuevamente intentaron reagruparse en inmediaciones a la plaza Mayor. En este lugar, los policías, esta vez en motocicletas,  lanzaron granadas de gas  y lograron sacar a los protestantes del centro de la ciudad. 

Una de las granadas  llegó al mismo templo y la represión siguió por varias cuadras hacia arriba.  Los uniformados  persiguieron a los manifestantes por la calle Murillo hasta llegar a la Eguino. En este lugar, los policías tomaron la plaza e impidieron que la movilización pueda reagruparse. Los uniformados ocuparon la avenida Mariscal Santa Cruz e impedían cualquier tipo de aglomeración de personas.

 A causa de la gasificación,  dos personas fueron afectadas, una se desmayó y otra quedó  herida. Mientras  se escapaban por el gas,  muchas personas  lloraban y maldecían a los uniformados.  “Malditos, que se muera esta gente”, gritaban varios de los  manifestantes que se   alejaban del centro paceño, incluso otros  amenazaban con volver y  exclamaban:  “Deberían  cortar agua y luz para que esta gente maldita se  muera”.

En las aceras, varios vecinos pedían que ya no derramen más odio y  suplicaban  unión y paz para los bolivianos. Finalmente, la movilización se dispersó. Los dolientes   regresaron a El Alto  y cargaron los ataúdes en vehículos. Algunos de los transeúntes los despidieron con aplausos,  como una muestra de apoyo y solidaridad con las personas que perdieron a sus seres queridos.

 

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