Ollas comunes y platos fríos, las estrategias ante la falta de gas

El desabastecimiento de gas licuado de petróleo (GLP) ha golpeado a las familias que deben darse modos para poder preparar los alimentos en sus hogares.
sábado, 23 de noviembre de 2019 · 00:04

Manuel Filomeno  /  La Paz

“Hago lo que puedo con lo que tengo, pero sólo estoy cocinando día por medio, si no, se me acaba el gas”, señaló Francisca Rojas, ama de casa y madre de dos adolescentes.

El desabastecimiento de gas licuado de petróleo (GLP) se endurece en La Paz  a pesar del pequeño alivio que significó el convoy de camiones y cisternas que llegó el pasado martes, el cual no logró satisfacer la demanda.

En los pasados días, largas filas y bloqueos de garrafas de gas se hicieron comunes en varias zonas de la ciudad.

Ayer, el ministro de Hidrocarburos, Víctor Hugo Zamora anunció que en los próximos días llegarán nuevos convoyes de combustibles. Además, se espera que las negociaciones con los sectores que bloquean la planta de Senkata lleguen a buen puerto para reabastecer a la ciudad con normalidad.

  Vecinos  y comerciantes hacen fila para comprar una garrafa de gas licuado de petróleo.

Las personas reclaman mayor provisión de GLP para  cocinar en los  hogares, porque en algunas tiendas existe especulación.

“He podido conseguir una garrafa a 45 bolivianos, pero conozco algunas personas que han comprado en 70 bolivianos o más”, indicó una ama de casa mientras hacía compras en el mercado Camacho. Otras familias tuvieron la suerte de contar con una garrafa extra, reservada para la aparatos de calefacción u otra tarea menor, que ahora es aprovechada  para preparar los alimentos.

Ante esta situación, las familias han optado por adoptar diversas estrategias, desde ollas comunes, almuerzos de un solo plato o la elaboración de potajes fríos para poder racionar su consumo de gas y alimentos y de esa manera poder alimentarse.

Un día sí, un día no

Francisca cuenta que ha decidido   cocinar día por medio y comer dos días la misma comida, a manera de racionar no sólo el gas, sino también los ingredientes.

“Mis hijos ya están un poco aburridos (risas),  pero en la casa comemos dos días lo mismo. Por ejemplo, hoy preparo tallarines con tuco y guardo una parte de la salsa para el día siguiente, calentando el agua en la caldera eléctrica y así ahorro un poco de gas”, relató. Otros platos que prepara son el ají de lentejas con arroz o algunos guisos que después se puedan recalentar en el microondas.

Carnicerías  vacías en un centro de abasto.

Antonia Rodríguez ha adoptado una táctica diferente. Ella se ha organizado con otras familias de su barrio para compartir cocina e ingredientes y así mantener la mesa llena de alimentos.

 “Con mis vecinos, sumando todos somos 13 personas, entonces un día cocina mi familia en mi casa con ingredientes de las cuatro casas y hacemos algún plato para todos, al día siguiente mi vecina cocina para todos y así, esta semana hemos podido aguantar así”, contó.

Otras familias optan por pensionarse en lugares cercanos a sus hogares o turnarse las tareas de cocina entre familiares en distintas zonas para ahorrar el gas que tienen.  Algunas  prefieren cocinar un solo plato al día en vez de una sopa y un segundo para ahorrar el combustible. También   la alternativa es ir donde familiares que cuentan  con una conexión de gas domiciliario.

“He tenido suerte de que mi hija vive en una casa con conexión de gas domiciliario, pero ahora nuestro principal problema es conseguir pollo o carne para cocinar, en esto estamos apoyando el resto de la familia”, señaló Maribel García, vecina de la zona de San Pedro.

Platos fríos

“Ya estamos cansados de comer k’allu, pero me considero afortunada de poder preparar algo fresco y no tener que darles a mis hijos sólo papa y arroz”, sostuvo  Mónica Pérez, una ama de casa de la zona de Obrajes.

En su casa, los platos fríos o que requieren preparaciones simples han sido la respuesta a la falta de gas, que en su hogar se acabó hace tres días, coincidiendo con el pequeño respiro que significó la llegada del convoy de combustibles que llegó a la ciudad.

“No pudimos conseguir gas, más por tiempo que por impaciencia; en casa todos trabajan o son muy chicos para ir a hacer fila por días, así que vimos la manera de seguir preparando nuestros alimentos”, agregó.

El sabroso k’allu o ensaladas de palta y atún, algunas pastas o preparaciones realizadas en microondas forman parte del menú familiar. “Tratamos siempre de equilibrar lo nutritivo con lo sabroso”, destacó.

Mónica cuenta que también descubrió que podía hacer pasta en la caldera eléctrica, lo que ayuda a incorporar carbohidratos en la dieta familiar.

“‘La necesidad es la madre de la habilidad’, dice el refrán, así que hemos  tenido que aprender todos nuevas mañas para poder llevar la comida a la mesa”, dice con optimismo.

 

 

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