Desinformación y amenazas, la otra crisis que vivió el país

Además de las tensiones y agresiones, ha llamado la atención la diversidad de versiones sobre la situación en Bolivia y la cantidad de noticias falsas.
domingo, 24 de noviembre de 2019 · 00:03

Página Siete  / La Paz

Fue el periodista argentino Rolando Graña quien puso en escena lo que después se convirtió en una denuncia a varias voces. Según Graña, que transmitía en vivo las movilizaciones posteriores a la renuncia de Evo Morales y la posesión de Jeanine Añez, la ciudad era campo de batalla de una guerra racista donde los indígenas, seguidores de Evo, era sojuzgados por los “adeptos” a Añez.  

Graña fue interpelado por transeúntes que le reclamaban que “diga la verdad”. Entonces se produjo una agresión que se transmitió en cadena internacional.

No fue el único caso: el clima de tensión y hostilidad contra los periodistas afectó a otros enviados extranjeros. La periodista Carolina Amoroso, de TN Argentina, fue hostigada mientras realizaba una cobertura en la calle. Al igual que Graña, Amoroso transmitía en vivo junto a su equipo cuando fue increpada por manifestantes que les gritaron “mentirosos” y “váyanse a su país”. 

Según  Amoroso, “hay hostilidad hacia la prensa internacional de los dos lados”, en referencia a los partidarios de Evo Morales, que consideran que lo que se vivió en el país fue un golpe de Estado, y los que están en contra del expresidente, que centran su foco en el fraude electoral.

Pero, no sólo se han dado ataques y presiones a la prensa internacional, los periodistas nacionales también han sufrido amenazas y han tenido que sortear muchas dificultades para realizar su trabajo.

“En 27 años de periodismo encaré la cobertura de muchas crisis políticas y sociales que generaron una espiral de violencia. Siempre nos colocan a los periodistas en el medio de un fuego cruzado, donde cada parte enfrentada nos quiere de su lado y, si no nos tiene, nos enfrenta y agrede”, sostiene el periodista Tuffí Aré, que intentó arribar a La Paz desde Santa Cruz días después de que un grupo de militantes del MAS impidiera el arribo del líder cívico cruceño  Luis Fernando Camacho a la sede de Gobierno y que prácticamente tomó el aeropuerto de El Alto por varias horas.

Aré no pudo salir del aeropuerto por el clima de tensión reinante. “La crisis de ahora es la peor de todas las que cubrí en mi carrera. Siete horas retenido sin poder bajar a La Paz y sin poder volar a otra ciudad, porque las operaciones aéreas fueron canceladas por poca seguridad. Tampoco nunca había sido evacuado por militares que me llevaron esa misma noche a una base de la Fuerza Aérea, ni había sido trasladado en la madrugada a la ciudad paceña en un bus escoltado durante dos horas por cuatro camiones de soldados armados hasta llegar a mi hotel. El martes de la sesión parlamentaria para la elección de la nueva Presidenta tuve que sortear barricadas para llegar a la plaza Murillo y estar alerta de los cercos en cuatro lugares de la zona 0 a solo 200 o 100 metros de Palacio de Gobierno, con manifestantes que amenazaban entrar cuando se posesionaba Jeanine Añez.  La subida de retorno tuvo que ser también de madrugada y en alerta. Ni qué decir de las noches en vilo en el hotel, por una cadena de rumores de cercos. Ah, me olvidaba de mencionar los 20 días que tuve que usar bicicleta para sortear bloqueos en Santa Cruz”, contó Aré.

Fake news

Además de las tensiones y agresiones, ha llamado la atención la diversidad de versiones que se han difundido en la prensa sobre la situación en Bolivia y la cantidad de noticias falsas o descontextualizadas que se han propagado.

Medios como Russia Today (RT) y la agencia de noticias en video Ruptly, que depende de RT,  prácticamente han construido una narrativa propia de los acontecimientos en Bolivia, y lo propio ha sucedido con medios europeos y latinoamericanos que tomaron parcialidad en los hechos, particularmente con la tesis del derrocamiento de Morales. 

“Desde el inicio de las manifestaciones en Bolivia el pasado 20 de octubre, el país vive una crisis social y política, pero también una crisis informativa o más bien desinformativa. Y es que ha sido muy difícil para la prensa cubrir estos eventos debido a las fotos y videos falsos que a veces se comparten en redes sociales. Y que incluso son citados y presentados por figuras protagónicas del conflicto”, comentó la periodista de CNN, Kay Guerrero.

En efecto, no sólo varios medios internacionales elaboraron versiones sesgadas de un lado y otro sobre la coyuntura boliviana, incluso figuras como el expresidente Evo Morales contribuyeron al clima de desinformación. Morales dio una conferencia de prensa en México en la que mostró un video cortado y otro falso para denunciar la violencia en las calles.

Al respecto, han realizado una importante labor los centros de verificación, como Bolivia Verifica y Chequea Bolivia. 

“Vivimos momentos delicados, de alta tensión y los periodistas deben tomar conciencia de lo que está pasando y lo que puede llegar a pasar si no contribuimos, de manera directa y decidida, a pacificar el país. Creo que algunos medios, especialmente los extranjeros, no están tratando nuestra realidad con profesionalismo. No debemos ocultar lo que sucede, pero tampoco debemos azuzar la violencia. Equilibrio y respeto son las palabras que deben guiar nuestro trabajo”, señala Renán Estenssoro, director de la Fundación para el Periodismo, que administra el Observatorio Bolivia Verifica.

Punto de vista
Juan carlos salazar, periodista

Ha sido heroico y conmovedor

Es sabido que la primera víctima de un conflicto es la verdad. Y el que estamos viviendo en la actualidad no es la excepción. No lo digo por mis colegas bolivianos, quienes han realizado y realizan un trabajo profesional excepcional, yo diría incluso heroico. Es realmente conmovedor ver a los reporteros, sin apenas medios de protección y probablemente con el Jesús en la boca, cubriendo en vivo y en directo los enfrentamientos callejeros, esquivando golpes y pedradas, sufriendo el desesperante ahogo de las gasificaciones. Gracias a ellos estamos fiel y puntualmente informados sobre el acontecer de las últimas semanas. 

Cuando hablo de la verdad como víctima no me refiero tanto a las noticias de los sensacionalistas de siempre, de los que surfean entre el amarillismo y las fake news para postularse como protagonistas de los hechos, sino a la cobertura de cierta prensa internacional, no de toda, la que propala versiones sesgadas por la ideología, la que ve víctimas de un solo lado y represores del otro, la que olvida el sufrimiento de la gente atrapada entre los dos fuegos. 

En todo caso, nada justifica las agresiones y amenazas de que han sido víctimas algunos colegas extranjeros de parte de manifestantes exaltados e incluso de algunas autoridades. Un gobierno respetuoso de la libertad de prensa está para proteger a los periodistas, con mayor razón si tienen visiones discrepantes.
 

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