La residencia venezolana que se convirtió en el ombligo del poder

Claudia Fernández y Álvaro García Linera realizaron la fiesta de su boda en esta vivienda con Los Kjarkas en 2012; antes y después acudieron inquilinos casuales.
domingo, 24 de noviembre de 2019 · 00:04

Cándido Tancara Castillo   / La Paz

Hace tres lustros, una mujer pretendía vender su vivienda. Un vecino se enteró y le ofertó 220 mil dólares, pero la propietaria le dijo que ahorre porque su costo era un cuarto de millón. Al poco tiempo volvió y le dijo que ya tenía el dinero para comprarlo. Entonces, la dueña le dijo que ya se lo había vendido a la Embajada de Venezuela en Bolivia para regalarle a Evo Morales y en un monto mucho mayor.

Desde entonces la vivienda de tres plantas, con fino acabado en sus interiores, un amplio jardín y un parrillero, pasó a ser custodiado por familias humildes. 

Los cuidadores, en algunas ocasiones con niños, en otras solo parejas y también se vio ciudadanos árabes, sólo utilizaban la despensa como dormitorio y el baño que está cerca de la cocina.

 Los pisos uno y dos siempre fueron para los inquilinos casuales o dueños. Uno de los inquilinos llamativos fue Edmundo Novillo, cuando ejerció la presidencia de la Cámara de Diputados (2006-2009). En adelante la vivienda, ubicada en la calle 31 de Achumani, con el número N° 80, fue frecuentada por inquilinos casuales que llegaban en vagonetas con vidrios raybanizados y desaparecían tan pronto como habían llegado, relataron algunos vecinos a Página Siete que visitó el barrio.

Los cuidadores abrían el garaje, ingresaban los motorizados y unos hombres con trajes oscuros, auriculares en los oídos y un par de teléfonos celulares en mano salían rápidamente a la calle para cuidar el inmueble, fumar cigarros o hablar con policías de dos casetas vecinas.

Este movimiento normalmente se presentaba en horas de la noche, en cualquier día de la semana, y cuando los vecinos al parecer estaban distraídos. Cuando se presentaban estas visitas casuales, que no se quedaban ni una hora, se prendían las luces de los pisos uno y dos, pero normalmente permanecían a oscuras.

Este camión dejó todo en la casa N° 80.

La boda con Los Kjarkas

Pese a las visitas casuales, la vivienda, construida sobre unos 600 metros cuadrados y sus interiores revestidos con madera de fino acabado, al igual que sus pisos, gradas y barandas, no era conocida por la vecindad. 

Se hizo famosa la tarde y parte de la noche del 9 de septiembre de 2012, cuando Álvaro García Linera y Claudia Fernández se dijeron el sí en una ceremonia religiosa católica en la Basílica de San Francisco –un día antes  se unieron en un ritual andino ancestral en las ruinas milenarias de Tiwanaku– y decidieron celebrar tan importante acontecimiento en la casa N° 80.

Los vecinos, que evitaron dar sus nombres, dijeron que una empresa de eventos preparó con anticipación la fiesta. Armó carpas, mesa con manteles y flores, en el jardín y en la amplia y elegante sala. Había música disco y grupos de cumbia. Cuando cayó la noche llegaron Los Kjarkas para animar la fiesta. 

El director del grupo, Gonzalo Hermosa, quien dijo: “Dios nos regaló y nos mandó un dirigente, nos mandó un presidente  y él se llamaba Evo Morales”, el mismísimo director del grupo en la fiesta le dedicó  Ave de sol  a Claudia Fernández y dijo: “Hermano Álvaro, hermana Claudia, toda la felicidad del mundo; le voy a cantar algo que me ha pedido Claudia”.

La comida era bufet y donde no faltaron el chancho y otras carnes. De lo que se acuerdan incluso los policías, que entonces cuidaban viviendas vecinas, es que abundó el whisky de todos los colores. Como nunca la plaza Naciones Unidas, que está cerca de la casa N° 80, y las calles adyacentes estaban llenas de vagonetas oficiales y en su mayoría de lujo, muchos civiles de seguridad; era la fiesta del segundo mandatario que terminó alrededor de la medianoche.

Este  camión huyó con mitad de la carga.

El traslado frustrado

Desde aquella fiesta sonada, los cuidadores de la casa cambiaron una y otra vez, en su mayoría familias del altiplano, así como los inquilinos casuales que ingresaban en vagonetas con vidrios polarizados. No hace mucho estuvo un grupo de jovencitas, no más de cinco a seis, todas del trópico cochabambino, decían que vinieron a jugar fútbol; permanecieron menos de un mes y luego desaparecieron.

La casa N° 80 volvió a llamar la atención el martes (19 de noviembre) cuando alrededor de las 22:00 llegaron dos camiones llenos de enseres. 

Los que hacían de estibadores y de capataz parecían militares o policías de civil por las formas de dirigirse a su superior. 

Del camión de color blanco bajaron todo lo que había trasladado, televisores, aparatos de gimnasia y varias cajas de todos los tamaños, pero cuando bajaban cajas del camión de color rojo, la vecindad se aproximó y pretendía saber qué es lo que estaba ocurriendo. 

En esto los que hacían de cargadores  llevaban ropa deportiva, al parecer se asustaron y no terminaron de bajar todo del segundo camión, cerraron las compuertas y abandonaron raudamente el lugar como si escondieran algo. Este hecho despertó mayor suspicacia entre los vecinos, que en un número de una decena se habían aproximado.

Entonces uno de los vecinos preguntó al que parecía el nuevo cuidador de la vivienda: ¿quién es usted? Se presentó como Iber Bascopé y propietario de la vivienda. Se parecía más a un habitante del trópico cochabambino que del altiplano.

Cuando vio que nadie le creyó lo que estaba diciendo, cambió de parecer y dijo que era el nuevo cuidador  y que era una forma de ganarse la vida con lo que hacía.

Desde aquel día no se lo vio más. Los vecinos sospechan que lo que dejaron los camiones es parte de las cosas que habían desaparecido de los pisos 23 y 24, ocupado por Evo, en la denominada Casa Grande del Pueblo.

La ministra de Comunicación, Roxana Lizárraga, cuando mostró a los periodistas ambos pisos exclusivos del exmandatario, el jueves 14 de noviembre, dijo que muchas cosas que el expresidente recibió a nombre del Estado boliviano  habían desaparecido de las vitrinas, incluido aparatos de  gimnasio, entre otros.

Desde el martes (19) rondan la vecindad dos motorizados, uno de color rojo y otro plomo. El hecho fue denunciado al Distrito Policial 4 de la zona Sur. 

Tres patrullas de policías estuvieron el jueves (21) en puertas de la casa N° 80 y para ingresar y verificar lo que dejaron los camiones  exigieron a los vecinos presentar denuncia, la gente acudió al DP4  y allí el fiscal Germán Loma les dijo que los denunciantes deberían presentar documentos de la vivienda, como para decirles que no hagan nada y tuvieron que retirarse del lugar. 

Pero los vecinos piden al Gobierno que se esclarezca la propiedad de la vivienda y de los objetos que ingresaron en cajas y que una parte se llevó un camión de color rojo.

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