Racismo y regionalismo: la táctica del MAS en la crisis

Ante las denuncias del MAS se reavivaron expresiones de racismo, violencia y regionalismo. Evo dijo que todo era contra el “presidente indio”.
viernes, 08 de noviembre de 2019 · 00:04

Página Siete  / La Paz

La misma noche del 20 de octubre, cuando Evo Morales y García Linera convocaron a sus adeptos al hall del Palacio Quemado para festejar el primer lugar en las elecciones generales -extrañamente no saludaron al pueblo desde el balcón de ese palacio como en otras oportunidades, ni desde las instalaciones de la flamante Casa del Pueblo-, ya se dijo que era el voto rural el que definiría la disputa. 

Luego, cuando se instaló la polémica y la desconfianza en torno a los resultados, y las denuncias de fraude se hicieron más numerosas, el primer argumento que esgrimieron las principales autoridades del país es que se pretendía desconocer el voto rural, campesino, y que se trataba de una arremetida racista y discriminadora.

De ahí en adelante, mientras el discurso de la oposición transitaba de las denuncias de fraude, al pedido de una segunda vuelta y de ahí a la anulación de las elecciones e incluso el pedido de renuncia del mandatario, el Gobierno se concentró en un solo argumento: el de la conspiración golpista con tintes racistas y discriminadores, esto porque desde el punto de vista oficial, desconocer el resultado de las elecciones era desconocer el voto del área rural.

“Exhortamos a la derecha boliviana a dejar de provocar enfrentamiento entre bolivianos. No siembren odio y desprecio a los sectores populares. Desconocer el voto de los sectores populares es actuar con racismo. Los paros políticos solo perjudican económicamente a cada departamento”, tuiteó Evo Morales el 23 de octubre, cuando empezaron las movilizaciones en todo el país.

“Mi delito es ser presidente indio”, sostuvo  en varias intervenciones y a tono, sus ministros y representantes reforzaron el argumento de que todas las movilizaciones y movilizados tenían inclinaciones racistas y estaban dirigidas contra los sectores populares.

Internacionalmente, la estrategia fue la misma. En sus dos intervenciones ante la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA), el canciller Diego Pary denunció el riesgo de la ruptura democrática en el país ante la estructuración de un presunto golpe de Estado guiado por el racismo y la discriminación. “Un golpe de Estado racista, el surgimiento de hordas fascistas que expresan su odio contra todo el que no comulga con su idea (...) Estos grupos que buscan imponer el miedo, no se ruborizan al admitir que imitan el método de Pablo Escobar de elaborar listas de todos aquellos que no comulgan con sus ideas,  se focalizan contra todos los que por su color de piel o vestimenta se identifican como indígenas, campesinos o afines a Evo Morales. Debemos recalcar que no se trata de una agresión contra Evo, sino contra todo un pueblo que tiene el color de piel de Evo, la identidad de Evo o las ideas de Evo. Esa es la muestra del resurgimiento del racismo y la discriminación”, denunció.

En sintonía, el ministro de Justicia, Héctor Arce,  en el 34 Periodo de Sesiones del Examen Periódico Universal (EPU) de las Naciones Unidas, en Ginebra,  acusó a Carlos Mesa y al presidente del Comité Pro Santa Cruz,  Luis Fernando Camacho de la crisis que atraviesa el país. 

La autoridad afirmó que “por increíble que parezca”, hoy en Bolivia “se está persiguiendo, golpeando, humillando y torturando a personas solamente por el color de su piel y su condición de indígenas”.

Asimismo, en reunión privada Alta Comisionada para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, manifestó que la violencia racista desatada en Bolivia constituye una violación de Derechos Humanos de muchos compatriotas por compartir el mismo origen humilde del Presidente de los bolivianos; “los grupos opositores llegaron incluso a agredir físicamente a mujeres de pollera, obligándolas a arrodillarse para resguardar su vida”, dijo.

En ningún caso las autoridades respondieron por las convocatorias que se hizo a las organizaciones sociales e indígenas afines al MAS para enfrentar a los cívicos  en todo país, tampoco se comentó sobre las expresiones de  sectores como los Ponchos Rojos y otros que se movilizaron en defensa de Morales y confrontaron con los manifestantes con saldos de heridos y contusos.

Rebrote regionalista

En medio de este clima de polarización, también resurgieron los discursos regionalistas.

La irrupción del líder cívico Luis Fernando Camacho fue determinante en este sentido, así como el paro contundente convocado por el Comité Pro Santa Cruz, que fue calificado como una medida regional, a pesar de que tuvo réplicas en otras ciudades del país.

Como muestra de la confrontación camba- colla, el vicepresidente García Linera,  mostrando imágenes de 2008, afirmó que el paro cívico de Santa Cruz era una afrenta contra los migrantes.

En La Paz, concretamente en la ciudad de El Alto,  se vivió una de las expresiones más tristes de este regionalismo discriminador. El martes pasado se impidió la llegada de Camacho a La Paz y se hostigó a los pasajeros que transitaban por la terminal aérea pidiéndoles su carnet de identidad e impidiendo el paso de los que eran cruceños.

En Santa Cruz, donde vive una numerosa población de migrantes, también se generaron excesos, como cuando se hizo arrodillar a una gremialista que era procedente del occidente del país.

Con el posicionamiento del discurso del racismo y el regionalismo, no sólo se incendiaron los peores ánimos en muchos sectores de ambos bandos, sino que se soslayó el tema que originó la crisis que se vive y que era la desconfianza con los resultados de una elección.
 

Punto de vista
Rafael archondo periodista


Un retroceso de 24 años

En Santa Cruz, el 28 de marzo de 1995, desde un congreso sindical campesino dedicado al tema de la tierra y del instrumento político, fue fundada oficialmente la Asamblea por la Soberanía de los Pueblos (ASP). La meta de este así llamado “brazo político” del mundo agrario era alcanzar para Bolivia un “estado socialista multi nacional”. 

Ese mismo año, ASP participa de las elecciones municipales. Al no tener una sigla propia, suscribe un acuerdo con Izquierda Unida (IU) para marchar a las urnas bajo esos colores. En Cochabamba consigue 11 alcaldías y 49 concejales. Los periodistas se sorprendieron al constatar que en ese departamento, IU era la tercera fuerza. Lo que hoy conocemos como el MAS estaba en plena gestación.

En 1997, los líderes que empujaron la ASP se reúnen ante la inminencia de las elecciones nacionales. Dos corrientes internas han tomado cuerpo, unos siguen a Evo Morales, otros, a Alejo Veliz.  En los hechos, se trata de una pugna entre la gente del valle alto y la del Chapare. Los primeros se imponen a los segundos. Veliz irá como candidato a la Presidencia y Morales, como aspirante a diputado uninominal. Los tiempos políticos terminarían llevando a Morales a la Presidencia en 2006.  La sigla, MAS, era tan prestada como la de IU. Ya en 1999, ASP era reemplazada por IPSP, la organización de Evo sin Alejo.

Han pasado 24 años desde aquel día en el que el MAS que conocemos, se gestaba desde el seno del movimiento sindical campesino. Hoy parece haber vuelto a sus orígenes. Tras seducir a casi toda la sociedad boliviana y pasar más tiempo en el gobierno que fuera de él, ha convocado a cercar las ciudades y el llamado solo tuvo eco en el Chapare. ASP, el IPSP o el MAS fueron brazo electoral del campesinado quechua. Su discurso fue en defensa de la coca. Sorprende ver hoy ese regreso al nido, ya no para bloquear, sino para desbloquear, ya no para protestar, sino para acallar protestas. ¿Qué se siente retroceder un cuarto de siglo?

 

 

Confidencial

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