León de la Torre: “La pacificación en buena parte se debe a la disposición del MAS”

Durante un mes, en largas y tensas jornadas, se logró que la confrontación se volviera consenso.
domingo, 01 de diciembre de 2019 · 00:04

  Isabel Mercado /Página Siete 

Después de tres años en Bolivia, León de la Torre creía que conocía muy bien el país donde ha desarrollado una intensa misión diplomática. El mes que acaba de pasar le demostró exactamente lo contrario: con la vorágine de acontecimientos e impensables desenlaces, perdió la capacidad de sorpresa, pero ganó una capacidad con la que no contaba, la de mediar y acercar a partes irreconciliables y dar viabilidad a una salida democrática.

Junto a los obispos de la Conferencia Episcopal de Bolivia, De la Torre pasó largas jornadas en la mesa de negociación, a veces viendo de cerca el fracaso y otras alentando la esperanza. Contar con la confianza del MAS y de los partidos y actores que conformaban hasta hace poco la oposición, fue clave. Una historia que demuestra que en Bolivia, la realidad siempre supera a la ficción.

Esto comienza antes de que caiga Evo, ¿verdad?

Claro, ya habíamos tenido contactos antes. En un momento dado, viendo las dificultades de las elecciones y la auditoría se solicitó, tanto por el entonces gobierno como por líderes de la oposición, crear un espacio de contacto. Nos lo pidieron a nosotros y al mismo tiempo a la Conferencia Episcopal; lo dirigió la Conferencia Episcopal y nosotros les hemos ayudado desde el primer momento.

¿Ese primer momento fue después de las denuncias de fraude?

Cuando salió el informe preliminar de la OEA  que recomendaba una segunda vuelta, ahí empezamos a sentarnos. Hubo momentos complicados, esos días donde hubo un vacío de poder, fueron los más complicados.

Cuando hablamos de oposición, ¿quiénes eran los actores?

Estaban Samuel Doria Medina, Tuto Quiroga, Carlos Mesa y otros líderes. En un inicio, también Luis Revilla. Del lado del gobierno, algunos ministros. Empezamos con reuniones discretas en la Universidad Católica. Cuando Morales partió del país, las reuniones se realizaron con diputados y senadores del MAS.

Cuando Evo se va, ¿cuál era la idea?, ¿tratar de encontrar acercamientos para no llegar a un desenlace aún más complicado?

El país estaba dividido en dos y había que ver qué hacer con la recomendación de una segunda vuelta. Ha sido un diálogo  dinámico, con gran participación. Han ido cambiando los interlocutores; al principio eran unos, pero cuando se forma el gobierno de transición, del lado del MAS ha habido representantes diversos, tanto legisladores como exministros.

¿Cuáles eran los objetivos de la mediación en ese momento?

El primer objetivo fue asegurar la salida del país con plenas garantías del Presidente, del Vicepresidente y de las autoridades que les acompañaban. Era necesario ofrecer las garantías, los medios de transporte, los permisos de sobrevuelo, y eso se hizo en una mesa en la que estaban los legisladores del MAS y dirigentes políticos, todavía sin gobierno de transición. Ese momento de vacío fue crítico porque no se sabía a qué autoridades recurrir; no había autoridades del Ejército ni de los aeropuertos. La salida de Evo Morales no fue fácil, porque se tuvo que pedir sobrevuelos que no le fueron concedidos, al final sí salió hacia México, pero todas esas negociaciones, que fueron críticas, se fraguaron en la mesa de diálogo.

¿Cuál era el ánimo del MAS en ese momento?

Una vez que el presidente Morales había decidido pedir asilo y salir del país, el ánimo era de incertidumbre. Para nosotros era importante esa petición inicial, totalmente justificada, de garantizar su seguridad, y eso es lo que se pudo facilitar en la mesa de diálogo. El arte de la facilitación fue crear la base de confianza, de que lo que se ofrece en la mesa se cumple; de que no había razones para la confrontación.

¿Qué tan capaces eran ustedes de garantizar eso, en un ambiente de persecución, cuando se quemaron casas de masistas y otras personas?

 Hacíamos llamados todos los días, se hizo el primer video de la Conferencia Episcopal pidiendo la calma, pidiendo el cese a la violencia, en un momento en que se estaban incendiando casas de uno y otro bando; cuando dirigentes del MAS estaban refugiándose en embajadas. De repente todo era caos; es un drama cuando un estado desaparece, desaparece la autoridad y hay un vacío. Es terrible porque nadie responde, hay muchísimos abusos, todo eran  noticias falsas, temor generalizado... Esos días fueron terribles, a nivel personal, yo estaba con mi hijo en casa, sin luces, bajamos la bandera, estábamos con unos palos, listos, como muchas familias.

Una vez Evo sale del país, empieza la segunda etapa, que asuma un gobierno de transición en medio de la incertidumbre. ¿Cómo empieza a negociar ese paso con el MAS, con gente que estaba escapando, pidiendo asilo?

En un primer momento, a los líderes del MAS tanto del Ejecutivo como del Legislativo, les llevábamos a la mesa del diálogo recogiéndolos de donde estaban alojados, en algunos casos habían solicitado asilo diplomático, o sea que les hemos ofrecido ese transporte en persona. Yo les he recogido para darles la confianza de que en el camino no les pasaría nada, y la reunión era en un ambiente de la Iglesia o en una misión diplomática y luego se les devolvía para que no hubiera ningún temor. Y así hemos continuado hasta ahora. Así seguimos hasta ahora. Es importante que la interlocución se haya mantenido abierta. Ahora hay más peso del gobierno. Ahora es entre legisladores del MAS y representantes del Gobierno.

Cómo fue la actitud del Gobierno transitorio y de la oposición, porque hubo un sentimiento de caza de brujas.

Hemos hecho bastantes llamados, hemos transmitido mensajes desde nuestras casas, de Bruselas en mi caso, de  que el objetivo principal era la pacificación y la reconciliación; y por supuesto la organización de elecciones. Que el revanchismo y la caza de brujas no ayudan en nada. En la mesa de diálogo, con el Gobierno de transición, los temas principales eran organizar rápidamente elecciones y dar garantías y pacificación. El tema de las elecciones creo que se ha resuelto de manera inmejorable, una ley clara, por unanimidad, con un primer vocal elegido, los demás en proceso de selección. En dos semanas sabremos la fecha de las elecciones, ya se sabe por proyecciones que será en abril. La otra parte era el acuerdo de garantías y pacificación, en ese tema todavía se está puliendo el texto, ya hay un acuerdo de base con el Gobierno de los puntos recogidos  de otros sectores sociales. Es un documento que se está trabajando en la Asamblea Legislativa y recoge puntos referidos a los detenidos, heridos, fallecidos y sus familias; la investigación, los derechos constitucionales, la protección de los legisladores, los salvoconductos... Es una recopilación que en realidad es una reafirmación de derechos para dar más seguridad a los líderes que se consideran en riesgo.

Hubo un momento de  tensión cuando se pedía el regreso de Evo Morales y que no vaya a ser juzgado, ¿cuáles fueron los argumentos para poder llegar a un acuerdo en ese sentido?

En el tema de los derechos del presidente y del vicepresidente nunca se contempló una idea de inmunidad o impunidad puesto que no existe esa figura en el derecho boliviano. Bolivia es un Estado de Derecho y lo único que contempla para estas autoridades es un fuero, un privilegio jurisdiccional, es decir que para ser juzgados hay que seguir una serie de trámites, pero igual responden por sus hechos; eso está en el artículo 161 de la Constitución y en otros.

¿ Y para los ministros?

Hay que ver cuándo se les ha imputado y cuándo se les ha concedido el estatuto de asilado. Habría una contradicción si ya tienen el estatuto de asilado y después son imputados.

¿No se les podría imputar? Quintana, por ejemplo.

Habría que estudiarlo bien, pero una vez concedido el estatuto de asilado es una protección. Hay que ver el caso concreto, pero por lo que he leído, a aquellas personas que han sido imputadas, entiendo que los salvoconductos se retrasarán.

Volviendo a la negociación, cuando se instituye el Gobierno, hubo muchos momentos tensos, antes de llegar a consenso.

Intentamos que hubiera una convocatoria con quórum suficiente, les ofrecimos (a los asambleíslas del MAS) transporte a la Asamblea para que no se sintieran coaccionados ni puestos en peligro. Al final no hubo ese quórum y la sucesión se articuló de otra manera. Fueron momentos muy tensos, de total desconfianza. Esa confianza ha tenido que construirse, sobre todo en las bancadas, trabajando conjuntamente, facilitando el texto de la convocatoria,  de los acuerdos. Ahora la facilitación está abocada a que la selección de vocales sea por consenso y se escojan por meritocracia a los mejores candidatos. Tiene que haber una composición plural y de máxima calidad.

El momento de asunción de la presidenta Añez fue crítico;  visiones  que apostaban a la solución por el desastre. ¿Cómo se dio el acercamiento al MAS?

En la bancada del MAS ha prevalecido el grupo mayoritario más pragmático y realista, que quiere mirar al futuro, que quiere presentar un partido con opciones de ganar las elecciones en abril, que ha optado no por posturas maximalistas que enfrentan o dividen a la sociedad. Después de semanas de movilización, la mayoría de los bolivianos quería volver a la normalidad y llevar una vida pacífica, ahí creo que la mayoría del MAS entendió que tiene que ser parte de la solución y no del problema. (El MAS) ha mostrado una disposición constructiva que los facilitadores hemos valorado muchísimo, y que ha permitido la opción de la ley de elecciones por unanimidad, y el funcionamiento del Legislativo.  El MAS controla dos tercios de la Asamblea y no está haciendo abuso de esa mayoría, todo lo contrario, está cooperando con la bancada minoritaria para buscar consensos. Ahí ha demostrado una grandeza que quiero destacar porque no ha hecho hincapié en lo que divide al país, sino en lo que lo une para el futuro y también está pensando, totalmente legítimo, en poder presentarse a las elecciones. La pacificación en buena parte se debe a la muy buena disposición del MAS.

De otra manera, hubiese sido imposible.

Exacto, por ejemplo hubieran rechazado la renuncia, hubiera creado una situación institucional insostenible con dos presidentes. Han sido constructivos.

Sin embargo, hubo un ala  que no estaba de acuerdo.

Pero la bancada misma los apartó, la mayoría se impuso. Luego, hubo disposición para la elección de vocales, para la pacificación del país. También hemos tenido reuniones con los movimientos sociales en el Palacio Quemado, donde se han buscado compromisos y se ha desmovilizado. Lo último es que se ha abrogado el decreto 4078. Va acompasado, la desmovilización con la desmilitarización. Ahora se está negociando es el acuerdo de garantías sobre heridos, detenidos, para que sean puestos en libertad si no tienen una causa que lo justifique.

Ese es  otro tema que preocupa, la búsqueda de justicia para las víctimas, con el decreto hay la preocupación de que no se vaya a resarcir a las víctimas.

Hay el compromiso consensuado del Gobierno que da entrada a organismos de derechos humanos del ámbito internacional para participar en la investigación, dar paz a los familiares de los fallecidos y que se esclarezcan los hechos.

Si es que hay exención de responsabilidades a los militares y si hubiera algún exceso, no se podrá encontrar justicia...

Dejemos trabajar a las comisiones, pero desde luego hay ese interés de esclarecer.

La CIDH adelantó que se necesitaría otra misión adicional para investigar estas muertes.

Estoy seguro que va a haber varios organismos que van a intervenir. El gobierno ha mostrado su total disposición a colaborar, y también hay que destacarlo.
 

¿Hay riesgos de que el MAS pueda tener cambios o giros?

Por eso es importante que se mantengan abiertos los canales de negociación porque el consenso actual está basado en concesiones mutuas y si esas concesiones mutuas se interrumpieran por algún motivo... Hay un momento que va a ser determinante y es qué pasa a partir del 22 de enero, cuando se acaba el mandato, lo que hemos estado escuchando de expertos constitucionalistas es que se podría aplicar la figura el estado de emergencia constitucional. Ya existe un antecedente a otro nivel administrativo y hay cierta jurisprudencia del Tribunal Constitucional para evitar un vacío administrativo. En este caso se aplicaría tanto al Ejecutivo como al Legislativo y  tendrían que  trabajar unos meses más.

Es paradójico que la Iglesia que ha tenido confrontación con el Gobierno haya propiciado el acercamiento. Lo propio un organismo internacional o una misión diplomática...

La Conferencia Episcopal tiene en Bolivia la autoridad moral, la experiencia en resolver crisis anteriores y lo ha demostrado. Hay que destacar el papel del obispo de El Alto, monseñor Scarpellini, que  está acostumbrado a lidiar con situaciones delicadas, y tiene el respeto y la confianza de todas las partes. También, desde hace 10 días está en el país un enviado del secretario general de NNUU que es un experto en mediación. Creo que ha sido un aporte importante. Por otro lado, está la embajada de España y la Unión Europea, que hemos trabajado estrechamente con el gobierno anterior, hemos sido siempre transparentes y confiables, lo cual nos permite ayudar a acercar posturas. Como facilitadores no favorecemos ninguna parte, pero sí el encuentro de soluciones.

¿Se ha sentido en riesgo o vulnerable en algún momento?

Ha habido momentos en que hemos circulado con la bandera de la UE y a veces hemos circulado con la wiphala. Yo creo que los momentos más tensos los han sentido los habitantes de La Paz, en los días de vacíos de poder. El que tiene niños lo sabe: yo tenía aquí a mi hijo y estaba preocupado. El miedo a que se cerrara el aeropuerto, o que hubiera violencia indiscriminada, han sido los momentos más tensos. Después de tres años en Bolivia pensaba que había vivido todo, pero me estaba esperando esta experiencia tan intensa. Espero ver un país de nuevo viviendo en paz y recuperando la confianza en sí mismo y también continuando los avances que yo creo que ha tenido Bolivia en los últimos años y mejorándolos. Tanto la población como los líderes políticos han optado por la reconciliación.

 

 

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