Fernández: “En Chonchocoro, el Gobierno pretendía quebrarme”

Leopoldo Fernández relata que con el proceso del caso Porvenir su vida cambió “radicalmente”, y que aprendió a apreciar que incluso en las cárceles de máxima seguridad “hay humanidad”.
domingo, 15 de diciembre de 2019 · 00:04

Erika Segales  / La Paz

Leopoldo Fernández, exprefecto de Pando, relata que lo peor de su encarcelamiento fue el deterioro de su salud. Sobre todo durante su reclusión en el penal de Chonchocoro, donde se lo sometió al aislamiento con el fin de quebrarlo. 

En enero de 2013,  los médicos le extirparon un riñón por un tumor canceroso y ese mismo año le dieron  detención domiciliaria. Esta semana, logró  libertad pura y simple por el denominado caso Porvenir.    

 En una entrevista con Página Siete, Fernández comenta algunos  detalles de los 11 años del  proceso que se interpuso en su contra por ese caso, y habla sobre  la justicia, de si alguna vez pensó en refugiarse en otro país y sobre  su futuro político.

¿Cómo se autodefine Leopoldo Fernández?

Como un hombre satisfecho con la vida y agradecido con Dios.

¿Considera que fue justo encarcelarlo?

Por supuesto que no.  Mi encarcelamiento es la más gráfica demostración de la total ausencia de Estado de Derecho que vivimos los bolivianos durante el gobierno de Evo Morales.

 Esa injusticia, también la sufrió, día a día,  el pueblo de Bolivia, vivimos con la “cantidad” de libertad que al Gobierno le convenía darnos.  Tengo la esperanza de que sea una lección aprendida, para que en adelante   seamos muy cuidadosos al decidir a quién encargamos el gobierno de la nación.

¿Cómo cambió su vida y la de su familia, luego del proceso en su contra?

Radicalmente.  Mi madre dejó Cobija y prometió retornar allá si lo hacía conmigo, lo cumplió.  Mi esposa, mis hijas, mis hermanos y mis nietos cerraron filas en torno a mí. Su apoyo fue absoluto e incondicional, postergando muchas veces sus propios proyectos de vida. Lo valoro en grado superlativo. 

En lo que a mí se refiere: Fui siempre inquieto, viajero empedernido y amante de la pequeña propiedad ganadera que poseo en Pando y de la cual provienen mis ingresos.  Son 11 años que no la visito, que no paseo sus potreros, no monto mi caballo, no marco una vaquilla… En la otra mano,  descubrí que algo de bueno debo haber hecho pues  mis amigos estuvieron a mi lado siempre y mi pueblo, en 11 años, no me olvidó.

Usted estuvo en San Pedro y en  Chonchocoro.  ¿Qué fue lo peor de estar en prisión? 

Sin duda, lo peor fue el deterioro de mi salud por las condiciones de vida en la cárcel, sobre todo en Chonchocoro, donde el Gobierno pretendía quebrarme por el aislamiento al que fui sometido.

Al margen de esto, trato de encontrar algo positivo en todo y esta circunstancia en que me puso la vida  me enseñó a apreciar que, incluso en las cárceles de máxima seguridad, hay humanidad cuando uno quiere encontrarla.

Después de que le dieron detención domiciliaria, ¿en alguna ocasión se le cruzó por la mente salir del país y refugiarse?

Deseo ser muy claro en este punto. Desde que el gobierno de Morales, a través de Juan Ramón Quintana, logra materializar su perverso plan de enfrentar civiles, derramar sangre boliviana en Porvenir, estuve perfectamente consciente de que el objetivo era, no sólo derrocarme, también apresarme. 

Fueron cinco días con sus noches del 11 al 16 de septiembre de 2008,  en que reflexioné profundamente sobre las acciones que debía tomar y lo que ellas representarían.  El refugio en Brasil estuvo siempre al alcance de mi mano; en lo físico y en  lo político también. Lo desestimé, sabiendo perfectamente lo que me esperaba.  

Tenía la obligación con mi pueblo, con mi familia y conmigo mismo, de enfrentar este cautiverio consciente de que el atropello masista  podía forzar una condena de 30 años en mi contra. Sabía que finalmente, el pueblo boliviano,  y especialmente mi pueblo pandino, me sabría inocente.

Nunca me arrepentí de esa decisión. No le voy a mentir, tuve el ofrecimiento de amigos que estuvieron dispuestos a arriesgar la vida y sacarme de Bolivia. Agradecido con ellos, nunca consideré siquiera la posibilidad.

¿Qué sensación experimentó  al conocer que determinaron otorgarle libertad?

Me otorgaron la libertad simple, no la libertad plena.  Esta sólo se conseguirá cuando se demuestre  mi inocencia y se establezca quién o quiénes son los verdaderos culpables de lo ocurrido en Porvenir, en un juicio justo, con respeto al debido proceso, sin la espada de Damocles política que amenazó a los administradores de justicia durante el oscurantismo en que nos sumió el MAS los últimos 13 años.

El esclarecimiento de lo ocurrido en Porvenir es una deuda con el pueblo de Pando y con Bolivia toda.

Le aclaro que desde la primera actuación en este caso, Leopoldo Fernández mantiene su misma posición:  la realización de un juicio justo, imparcial y con respeto a las garantías constitucionales, y la anulación de esta parodia montada en el régimen anterior.

¿Qué opinión tiene de la justicia en Bolivia, que determinó que estuviera  preso por varios años  y ahora lo liberó? ¿Cree en la justicia?

Le propongo que diferenciemos la justicia, de los operadores y administradores del Poder Judicial.  Creo en la justicia, en la de Dios y en la de los hombres.  Sin embargo, el hombre para administrar correctamente la justicia, debe contar con elemento fundamental: debe ser libre.  

Si el juez, el fiscal, el investigador no tienen la libertad de actuar según la ley y su conciencia, la justicia deja de estar presente.  La injerencia y cooptación  del Poder Ejecutivo y del partido de gobierno durante el “Evato” fue absoluta.

¿Piensa  en retornar a las arenas de la  política?

Nunca dejé la política.  Desde la cárcel de San Pedro, la de Chonchocoro, y desde mi detención domiciliaria, estuve siempre activo en política, tratando siempre de aportar, con la poca o mucha experiencia que tengo en ese campo, a encontrar soluciones para que Bolivia encuentre días mejores. Lo seguiré haciendo. La política, bien entendida, es lo que sé hacer, con aciertos y errores como toda acción del hombre, pero con buena fe.

Sin embargo, no tengo previsto optar por ningún cargo público.

 

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