Los militares y policías se disputaron la seguridad de Añez el día de su asunción

A codazos, a empujones y hasta bajo amenaza de uso de armas de fuego, los uniformados del Ejército y de la Policía pelearon por custodiar a la Presidenta, la noche del 12 de noviembre de 2019.
domingo, 15 de diciembre de 2019 · 00:26

Daniela Romero L. / La Paz

La noche del 12 de noviembre Jeanine Añez asumió la Presidencia del Estado por sucesión constitucional, en una sesión extraordinaria en la Asamblea Legislativa. Luego de su asunción, encaminó su paso al Palacio Quemado y afuera la esperaban militares y policías que rato antes se habían disputado  la custodia de la  mandataria.

Hasta ese día, los miembros del Ejército,  de la Unidad de Seguridad para Altos Dignatarios de Estado (USDE), eran quienes se encargaban de la seguridad de las altas autoridades, después de una decisión del  gobierno de Evo Morales, en 2015, la cual desplazó  la labor que cumplían los policías hasta ese entonces.

 Como aún segunda vicepresidenta de la Cámara de Senadores, Añez llegó a La Paz desde Trinidad la tarde del 11 de noviembre. En Bolivia había un vacío de poder por lo que, según una fuente policial, el grupo de seguridad de las Fuerzas Armadas no podía resguardar a la que era todavía asambleísta.

  No obstante, mientras asumía el cargo de Presidenta del Senado, los militares vestidos de civil y con trajes de grises claros, como se los caracteriza, la protegían en todo momento. Allí también llegaron los policías que armaron otro anillo de seguridad para la autoridad. 

La Mandataria entra por primera vez al Palacio, la noche del 12 de noviembre.

La población había pasado dos días de terror, después de la renuncia de Morales al poder, el domingo 10 de noviembre. No había seguridad en las calles y preocupaba dónde iba a pasar la noche Añez, quien al día siguiente tenía la misión de traer certidumbre y asumir el  primer cargo de Bolivia.

  “Teníamos la misión de protegerla, así que armamos varios operativos para llevarla a lugares seguros. Ella durmió en unos cuatro domicilios diferentes esa noche”, contó un coronel de la Policía, encargado de una de las acciones de protección.

Un funcionario del Palacio, allegado a Añez, contó que la entonces Presidenta de la Cámara Alta durmió en una casa de seguridad de las Fuerzas Armadas, pero que luego salió  temprano a otro lugar seguro.

La tarde del martes 12 de noviembre, en una sesión extraordinaria en la Asamblea, Jeanine Añez asumió la Presidencia del Estado. Rodeada de sus hijos, de asambleístas y otras personas salió hacia el Palacio Quemado con una biblia en las manos.

 Minutos antes, a la puerta del Legislativo llegó un capitán del Ejército para informar a los funcionarios de protocolo que ya estaban listos para resguardar a la Presidenta, pero al minuto se acercó un capitán de la Policía para anunciar lo mismo. “Nosotros nos vamos a encargar”,  dijo a los asesores de la mandataria.

 “Vimos cómo el oficial de la Policía llevó la mano hacia su cintura y tocó la pistola que guardaba ahí;  lo mismo hizo el militar, quiso sacar su arma. Los dos estaban frente a frente y todos a su alrededores tratamos de calmarlos”, contó un funcionario de la Presidencia.

Entonces la salida de Añez los sorprendió y mientras su círculo más cercano caminaba media cuadra hasta el Palacio, los policías y militares “se empujaban, se daban codazos entre sí, se insultaban”.

Policías y militares en la puerta del Palacio Quemado.

Una vez  adentro, los militares ganaron la batalla, se pusieron alrededor de Añez, en las gradas del hall, mientras ella se dirigía a la población ya como Presidenta. “¡Los policías no pasan!”, dijeron algunos militares y los policías se quedaron atrás.

“Agradezco a la Policía que siempre nos acompaña, a las Fuerzas Armadas y yo exhorto a que nos ayuden a pacificar el país”, dijo la  mandataria y pidió un minuto de silencio. Afuera se escuchaban sirenas de patrullas y gritos de la gente que llegó a felicitar a Añez.  

Esa misma noche se tomó la decisión, junto al  ministro de Gobierno, Arturo Murillo, de que la Policía retome su función de proteger a los altos dignatarios del país, por lo que las motos y  los efectivos de blanco volvieron a ser parte de la avanzada de seguridad de la Presidenta.  Los policías ganaron la última batalla. 

 

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