Walter Chávez: “Yo creo que la confrontación hoy no le sirve al Gobierno”

Considera que la estrategia comunicacional del Gobierno ha ido en una “decadencia progresiva”.
domingo, 24 de marzo de 2019 · 00:03

Página Siete  / La Paz

Luego de que tuvo tanto poder,  cuesta creer que Wálter Chávez carezca de suficientes recursos económicos para vivir. También es difícil creer que no vaya a trabajar en ninguna campaña, así sea del oficialismo o de la oposición, en este año electoral.

 Es todavía más difícil creer que, luego de declararse perseguido por el MAS, haya regresado a Bolivia, con la venia del Gobierno, a cambio de nada. Tampoco,  que no haya sido el cerebro de la estrategia que arrinconó a los medios independientes al punto de poner en duda su sobrevivencia.

Es difícil, casi imposible creer, pero Chávez, el exestratega electoral y comunicacional del MAS, asegura que todo eso es verdad.

Wálter Chávez es peruano, pero vive refugiado en Bolivia desde 1992, debido a que se le acusa de nexos con el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) en su país.

Trabajó como periodista cultural y poco a poco se relacionó con el poder hasta convertirse en asesor político. Se hizo estratega del MAS desde  2002, hasta que en 2016 salió huyendo del país luego de haber roto relaciones con los hermanos García Linera y haberse alejado del partido en el que había sido poderoso.

En Argentina estuvo preso por un tiempo para luego dedicarse a la asesoría de campañas. Dos años vivió en Salta, pero hace un año terminó regresando al país donde  dice  que está su vida.

Tiene una propiedad en Santa Cruz donde cría gallos de pelea, actividad que le ayuda a vivir pero no le alcanza. Por ello decidió hacer algo más para costear su vida y la de su familia en La Paz, donde radica con su esposa y con su hija. 

Con las credenciales de haber ganado todas las contiendas electorales en las que trabajó (en sus propias palabras), Chávez dará un curso de un mes sobre campañas electorales. Empezará el  9 de abril, tendrá un costo de 350 dólares y será dictado en el convenio Andrés Bello, en La Paz.  En esta entrevista con Página Siete se muestra cordial y amable. No se parece a ese Wálter Chávez  manipulador y maquiavélico del que sus amigos y enemigos hablan.

Con todo,  califica o, mejor dicho,  descalifica algunas preguntas que se le hacen, diciendo que una es sospechosa, que otra parece de interrogatorio judicial.

Pese a eso, la charla fluye en un buen clima, algo que hace unos años quizás hubiera sido imposible.

¿Desde cuándo está  en Bolivia y cuál es su situación legal y laboral?

Yo regresé a Bolivia en febrero del año pasado. Naturalmente hice las consultas formales con el Gobierno porque yo soy refugiado y tenía que reactivar esa condición. En Argentina estaba en trámite el refugio y consulté con ACNUR (Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados) y ellos me dijeron que, a tener una espera larga en Argentina, lo más factible era reactivar el refugio en el país de origen (Bolivia). Desde el año  92 tengo el refugio y según las normas de ACNUR, la protección no se pierde por las acciones que el refugiado tome para resguardar su integridad física. Entonces, no fue complicado, logré reactivar eso, se hizo algunas consultas y regresé.

¿Eso quiere decir que el Gobierno estaba de acuerdo con su regreso?

Claro, para reactivar el refugio, el Gobierno tuvo que estar al tanto y dar su visto bueno.

¿Gringo Gonzales tuvo algo que ver con ese regreso?

Sí, sí. Como el Gringo era presidente del Senado, figura importante del MAS y teníamos una amistad, yo le hice unas consultas a él y me ayudó a gestionar este retorno. Gringo lo hizo creo que en función de una relación humana, una relación no condicionada por nada.

Es difícil creer que el MAS, solamente por humanidad, hubiera aceptado su refugio. Recordemos cómo entregó a Battisti a Italia. ¿Cuál es su verdadero nexo con el MAS?

Su pregunta es bien periodística, bien sospechosa. Es decir, yo no soy el caso Battisti. Yo he tenido aquí un refugio de 27 años, una vida pública consolidada, he hecho una carrera periodística pública, tengo mi familia acá. Cuando me fui, yo creí que no estaba seguro y pedí refugio en Argentina; después pasó el tiempo, las cosas cambiaron mucho...

 ¿Qué cambió?

Mi situación sí cambió, pasaron dos años, después del referendo cada quien tuvo sus propias lecturas y yo no era parte ya de una disputa política, yo ya no era un peligro para nadie y se confirmó, y volví.

Le culparon a usted por el fracaso del referendo.

Sí. Y hay gente que incluso ahora me culpa. Fui a un debate donde la señora (Amanda) Dávila lo tomó con una euforia y una agresividad que yo no había visto en ella. Claro, hay gente que no me quiere, pues.

 Que le culpa.

Yo creo que sí, pero son culpas a su incapacidad. Si ella no sabe argumentar, no sabe pensar, no sabe hacer y se pone agresiva conmigo, es cosa de ella.

 Lo acusan a usted de armar el caso Zapata. Eso se reflejó en la entrevista que Zapata dio a ATB.

Sí, pero fue una cosa fea. Algunos personajes, yo creo que mal aconsejados, quisieron explicar todo ese proceso por un artificio o artimaña, del cual yo habría participado y no es así. El caso ha sido judicializado y mi nombre no aparece.

¿Qué pasó entonces?, ¿cuál es su lectura del caso Zapata?

No he tenido ninguna participación en el caso Zapata. De hecho, nadie ha investigado el caso, ni ustedes los periodistas. El periodismo se ha metido en el caso Zapata en cuanto podía dañarlo a Evo Morales. No se ha terminado con un libro, como se hace en otros países.

Ahí diferimos un poco porque sí hay varios libros, uno de ellos de Página Siete.

Que se ha escrito, se ha escrito, la cosa es que se investigue y se aporten pruebas.

Queremos conocer su percepción del caso.

Yo les digo con honestidad, no estoy ni preocupado ni interesado por saber qué pasó en el caso Zapata. Lo único que me interesaba era deslindar (responsabilidades). Yo no tuve nada que ver.

¿Cuál es o fue su responsabilidad  en el manejo comunicacional del Gobierno?

En el periodismo boliviano, que no tiene los medios para que se hagan las cosas más profesionalmente, se dan por supuestas muchas cosas. En el periodismo en Bolivia todos juegan muy cercano al campo político, casi dialogan diariamente. Lo que llaman investigación es un acto de servicio a un campo político.

¿De cuál periodismo nos está hablando?, ¿del periodismo del MAS? Porque hay que diferenciar.

En general, ya sé que ustedes se sienten afectadas y entonces se están defendiendo. En mi caso, yo me fui del MAS el año 2014, pero la pregunta es como si yo hubiera sido parte del MAS, si seguiría  siendo la parte oscura del MAS.

La estrategia en contra de los medios de comunicación no ha surgido en 2014 o en 2016. Se aplica desde   2006 y usted ha sido el cerebro de esa estrategia.

Para el ego de una persona... Podría decir, claro, podría decir sí, yo fui el estratega. El trato del Gobierno respecto a los medios es uniforme desde   2005, entonces por qué me echan la culpa a mí. Si fuera yo el autor de todo eso, hubiera habido un quiebre cuando yo me he ido del Gobierno. Creo que no ha variado en nada su política en medios. Entonces no me pongan el cargo, no me pueden crucificar.

La estrategia ya  estaba consolidada. Entonces, ¿de que se siente responsable y de qué no se siente responsable de lo obrado por el MAS  en relación con  los medios?

Esa es una pregunta que me han hecho en los juzgados cuando estaba preso. Es una pregunta más típica de un juzgado que de un periodista. Yo me siento responsable de mi vida. Un periodista no tiene por qué hacerse responsable de procesos políticos.

Es que usted se fue del MAS en una situación de conflicto.

Sí, sí, sí, claro, claro, claro. Dije que hay un conflicto del cual ya ahora no quiero hablar,  y después de dos años volví, y no hay nada oscuro acá.

 A su regreso, se dijo que había vuelto a asesorar a las esferas de poder. ¿Es verdad?

Yo no quiero hacerlo dramático esto. Ustedes por lo menos los periodistas deberían preguntarme, llamarme por teléfono y decirme oye: “¿Tú estás haciendo esto?”, y yo les contaría.

Ahora le estamos preguntando. 

Los periodistas hablan siempre que si el Wálter por acá, el Wálter por allá, y fácilmente me podrían preguntar, pero creo que no lo hacen porque son parte de una idiosincrasia.

 Si es que el MAS le perdonó la vida, lo lógico es que sospechemos porque el MAS no perdona la vida a nadie. ¿Será que sabe muchos secretos del MAS?

 No, esa es la opinión de ustedes .

Se lo estamos preguntando.

Yo no puedo hacerme cargo de la opinión de ustedes, creo que ustedes están crispadas con el MAS.

 Ahora, por favor, si podría contestar, ¿qué relación tiene con el MAS?,  ¿o es que ha cerrado el capítulo y no piensa volver nunca al MAS o deja la puerta abierta?

Ustedes saben bien que cuando uno es un periodista es difícil decir cierro estas puertas. En una entrevista de abril de 2015, yo digo que no voy a volver más al MAS y al día siguiente, gente del MAS me trató muy mal, mal, pero mal, porque creo que no estaban acostumbrados a que uno diga hasta acá no más.

¿Y ahora, cuatro años después, se ratifica en eso o cambia?

Una segunda situación se dio en ese conversatorio donde estuvo la señora Amanda Dávila. Me sorprendí que Amanda fuera tan agresiva y me dijo: “Lo que pasa que tú estás diciendo esto porque quieres tener trabajo de asesor en el MAS”. Y ahí me di cuenta que la señora Dávila y otros más tienen un interés particular en cuidar su cato y ahí lo dije otra vez: “Yo no he venido a pedir trabajo  ni voy a trabajar, ni nada”. Fue un buen momento para darme cuenta de que yo puedo tener una vida al margen del MAS y eso es lo que intento hacer.

¿Quiere decir que está cerrando las puertas con el MAS?

Es un proceso de largo plazo y en el que me he ratificado  en que yo no voy a trabajar en el MAS. Entonces, no voy a trabajar con el MAS y esto no es una pedantería, sino es una reflexión humana,  uno tiene sus momentos, tiene sus ciclos. Regresar al espacio donde fuiste más o menos importante es reactivar todos los fantasmas.

Cuando dice que no volverá al MAS y que nunca ha trabajado en una campaña perdedora, ¿está anticipando que el MAS podría perder?

Eso es ya hilvanar muy largo, ahora profesionalmente no estoy interesado en pensar en campañas en Bolivia. Quiero preservar esta tranquilidad que tengo, la edad también juega (tiene 52).

Sin embargo, ha trabajado también con Doria Medina hace dos años. ¿Cómo fue esa relación?

Yo trabajé en  la empresa de publicidad Gramma y Samuel Doria Medina contrató a Gramma y ya todo el mundo hizo un nexo automático. Yo hice unos spots para el 21F, pero no hubo una relación de asesoramiento de largo plazo.

¿Cuál es su opinión sobre cómo está manejando su estrategia comunicacional el MAS, qué pasó por Dávila, Paco y López?

Soy honesto, no conozco la estrategia del MAS. A veces no se tiene estrategia, hay momentos que se maneja la comunicación así al champazo. No hay que ser muy inteligente para darse cuenta que ha sido malo (el manejo), ha sido de una decadencia progresiva en comunicación. Las personas mencionadas tal vez estaban capacitadas para otro tipo de trabajo en la comunicación, no para dirigir estratégicamente un proceso.

Usted decía que esa apuesta por lo confrontacional que es claramente la apuesta del Gobierno desde siempre, también era contraproducente.

Hay conceptos que se adosan al liderazgo, como lucha, avanzar, imponer, ir hacia adelante. Yo creo que esa idea está pereciendo porque la ciudadanía hoy se ha desligado de esos líderes que representan una ideología y que la imponen como fuera. Ha nacido una ciudadanía política que busca la esperanza en otros valores. Por eso salió un Macron, por eso sale un tipo más ciudadano, que no es el líder macho, viejo, antiguo. La ciudadanía busca a alguien que se ocupa de cosas menores, como la posibilidad de tomar un vaso de agua limpia por ejemplo y ya no esas grandes estructuras obrísticas.

Si usted pudiera, ¿le recomendaría al Presidente que no postule a la reelección? Siguiendo su línea, eso sí está llevando a la confrontación, a pisotear la Constitución.

No, yo digo que la confrontación desgasta al que está en el poder y favorece notablemente al que no está en el poder. Respecto a la pregunta, ustedes saben bien que los procesos políticos y sus líderes tienen sobre la mesa toda una realidad, toda una gama de factores y toman decisiones. Yo no las conozco de verdad.

 Es una pregunta de fácil respuesta para un ciudadano, cómo no va a serlo para usted.

Porque el ciudadano es irresponsable, contesta lo que fuera. Yo no puedo hacer eso.

¿Cree que ese nuevo perfil de político tendría cabida en Bolivia? Hay gente que cree que Carlos Mesa encaja en ese perfil.

Yo creo que hoy en Bolivia la confrontación no le sirve al Gobierno, la confrontación lo pone en una situación de inermidad, donde la oposición cabalga mucho mejor. Cuando el Gobierno deja de confrontar, la oposición se queda bastante huérfana, desaparece hasta de los titulares. ¿Por qué parece interesante la presencia de Manuel Canelas en el Gobierno?, porque precisamente él ha roto esa secuencia de los anteriores ministros que han entrado para solamente descalificar. No deja de ser bastante política su presencia. Yo no sigo mucho a Carlos Mesa, creo que tampoco tiene todavía campaña, debe estar organizándose.

Se siente una suerte de desencanto en el ambiente. ¿Cree que los candidatos están fallando o tal vez sus asesores?

Lo que pasa es que la crispación del escenario político nos pone en un punto en  que queremos ya definiciones, pero en sentido cronológico, estamos a ocho meses todavía de la elección. Técnicamente la campaña se   expresará en los últimos tres meses. No es bueno que hoy los candidatos expongan su estrategia porque ocho meses es largo. Pero si la gente te presiona, te exige, también tienes que dar la talla. Una cosa es no poner en marcha la estrategia, pero otra cosa es también rezagarse, tampoco puedes ser un candidato caima.

Usted mismo se ha definido como una persona de confrontación. ¿Ha cambiado? La fama que le acompaña es de una persona beligerante, implacable con sus enemigos y ahora vemos a una persona muy tranquila.

Uno cambia, pero también hay mucho prejuicio. Yo he sido una persona súper implacable, competitiva, pero siempre he sido muy mesurado, muy moderado. Cuando hacía las campañas y cuando asesoré al Gobierno, si algún éxito he tenido, era por eso. Tú no puedes asesorar con el cuchillo entre los dientes o para reafirmar tus pasiones. Cuando asesoré al Gobierno dejé de escribir por ejemplo, me oculté, me perdí. El asesor no puede tener protagonismo y claro,  cuando te pierdes pasas a ser el monje negro, al que lo culpan de todo.

HOJA DE VIDA

  • Origen   Nació en Cajamarca, Perú,  en 1966. Estudió filosofía en Lima. Fue acusado de tener nexos con el MRTA por lo que llegó a Bolivia y se convirtió en refugiado.
  • Fue  periodista cultural, luego se convirtió en asesor político de partidos de derecha como de izquierda.
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