“Los periodistas no podemos cruzar la línea y convertirnos en políticos”

Critica la obsesión del periodismo con Trump y resalta la independencia de las instituciones.
domingo, 12 de mayo de 2019 · 00:00

Página Siete /  EEUU

El periodismo se enfrenta a dos retos: 1) encontrar un modelo de negocios que le permita sobrevivir en un mundo de cambios tecnológicos de gran velocidad y, 2) intentar preservar los valores clásicos del oficio en un escenario de presiones de parte del poder. Todo esto, además, en un contexto de exigencias impuestas por las plataformas de redes sociales, que aunque viven de los contenidos informativos, no pagan, más bien cobran por ellos y les imponen condiciones inapelables; y en el que las fake news (noticias falsas) han llegado para quedarse. Un escenario claramente deprimente que, Al Tompkins, periodista y capacitador senior del Poynter Institute en Tampa, Florida, ayuda a desmenuzar casi quirúrgicamente en esta entrevista con optimismo, mucha autocrítica y creatividad.

El Poynter Institute  es una de las más famosas escuelas de periodismo en EEUU, pionera en periodismo de datos y últimamente en   metodologías para combatir a las fakes news, un término que el presidente norteamericano, Donald Trump, ha puesto de moda de una forma paradójica pero efectiva: usándolas para su beneficio y denunciándolas cuando lo desfavorecen. Algo que, como dice Tompkins, “está siendo entusiastamente emulado en todo el mundo”.

¿Hay solución a la crisis del periodismo?

Es que hay dos crisis. La del periodismo como ejercicio y la del periodismo como negocio. Empecemos por la segunda. El reto es que el periodismo sintonice con sus audiencias, que ahora consumen casi exclusivamente a través de una pantalla. Estamos a punto de iniciar la era de la cuarta pantalla. La primera es la del celular, la segunda la computadora (o tablet), la tercera el televisor y muy pronto las pantallas en los vehículos. Tendremos que empezar a desarrollar contenidos para una audiencia que pasa horas en un auto para ir o volver de su trabajo, la audiencia “en tránsito”. Son horas que nunca habían sido usadas para consumir o generar contenidos. Ahora, en pocos años más, el mundo de los medios va a  revolucionar por la emergencia de estos nuevos dispositivos con los que tenemos que interactuar. Es un negocio millonario, en base a 11,5 pulgadas, que alcanzará a miles de personas que antes no sospechábamos. Pasará más rápido de lo que pensamos, no más de cinco años.

¿Cómo se van a alimentar estos aparatos?

El negocio será repartir información.

¿Aún menos interacción humana que hoy?

No necesariamente, es otro tipo de interacción. Por ejemplo, en mi casa, mi mujer escribe, yo hablo, y mi hija fotografía todo lo que pasa ante sus ojos, y es estudiante de periodismo. Esa es su forma de interactuar. No está ni bien ni mal, simplemente es así. Lo peor que podemos hacer es juzgar, lo que tenemos que hacer es adaptarnos y ver cómo lo que trabajamos y producimos los periodistas  lo que han decidido que quieren las audiencias.

¿Eso puede significar el fin de algunos medios?

Los ingresos de los medios están cayendo en EEUU y en todo el mundo y no parece que nada vaya a cambiar esta tendencia. El periodismo no es rentable en ninguna parte. Hay excepciones relativas como el New York Times, el Washington Post y algunos otros. El tema es que los grandes anunciantes tradicionales están alcanzando a sus audiencias de otro modo, especialmente on line, y necesitan cada vez menos a los medios. Ahora, los grandes medios son mejores vendiendo reputación que marcas. Los grandes puntales de la venta de anuncios que eran los autos, el negocio inmobiliario y el espectáculo, ya casi no acuden a los medios. Aún así, el avisaje sigue siendo la fuente más importante de ingresos para los periódicos. Esto no representa un fin, pero sí un cambio, y hay que estar totalmente abierto a eso. Los periódicos están como están porque un día dijeron: nosotros somos impresos y el que quiere leernos, que nos compre en papel. Y bueno, todos dejaron de comprar. Hay que inventar modelos de negocios que permitan seguir haciendo lo único que no pasa de moda, que es el periodismo.

Pero el periodismo también tiene que adaptarse a estas nuevas formas de consumo.

Claro. Los periodistas tenemos que decir lo que va a pasar, qué significa lo que ha pasado, lo que pasará...  ya no solamente lo que pasó. No es solo actualizar cada minuto con la última noticia, es interpretar, relatar. Tenemos que ser más inteligentes y mejores que nunca. Y lo malo es que con la crisis económica, los medios ya no contratan a los más expertos, sino a los más baratos, a los que no tienen aún mucho que decir. Sí o sí, si yo consumo un medio, me tiene que decir algo que no sé.

Esto se aplica para el primer mundo, pero, ¿qué del estado del periodismo en países como Bolivia, por ejemplo?

Tengo que decirlo, en los Estados Unidos no tenemos la menor idea de lo que es la política exterior. Es una de las cosas que tenemos que admitir, no sin vergüenza. E incluso si quieres saber, incluso si quieres mantenerte al tanto de lo que está pasando en términos políticos en el resto del mundo, no lo logramos, es difícil. Es una de las consecuencias de la forma en que la “ideología Trump” ha llegado a impregnar en muchos -no todos- los espacios. Es por la excesiva y casi exclusiva concentración en sí mismo. En general, el periodismo norteamericano se ha concentrado en lo que dice y hace Trump. A eso ha llegado, a eso hemos llegado.

¿Y qué del resto del mundo?

De hecho, lo que sabemos es lo que nos comenta gente como tú; es uno de los beneficios de tener un programa internacional como éste (del Poynter Institute). Interactuamos con periodistas de todo el mundo; tratamos de ayudarlos, pero la verdad es que ustedes nos ayudan más de lo que creen, porque estamos constantemente aprendiendo. Lastimosamente, lo que oímos es que en muchos países del mundo el periodismo se está convirtiendo en una tarea de titanes, cada vez más difícil, más precaria, más presionada, pero también y por ello, más valiente. Y esto es algo global. Yo creo que no hay ningún lugar en el mundo, incluyendo Estados Unidos, donde sea más fácil hacer periodismo ahora que hace 10 años.

Uds. están en franca batalla contra las fake news. ¿Es esta la mayor amenaza para el periodismo actual?

Voy a ser honesto, una de las frases que más se escucha ahora en el mundo es fake news. Es la que ha puesto de moda el presidente de nuestro país, Donald Trump. Y lo que escucho cada vez con más frecuencia es que los líderes del mundo, también en Latinoamérica, están usando esta frase para deslegitimar al periodismo y sus denuncias. Esta etiqueta se está convirtiendo en una muletilla ya no solo de los políticos, sino de cualquiera que lee o escucha una información con la que no está de acuerdo. Todos opinan cómo deben ser las cosas, o peor aún, qué deben decir los periodistas. Muchos periodistas africanos me han comentado cómo en sus países, los presidentes responden a las denuncias de corrupción imitando al presidente Trump, alegando que son noticias falsas, que todo es una mentira. Esta es una de las razones por las que personalmente me ha interesado indagar más sobre el reporte Mueller; precisamente porque lo primero que se dijo desde el Gobierno norteamericano era que todo eran noticias falsas. Esto sólo puede significar que hay algo de cierto; es decir lo que se etiqueta como noticias falsas no siempre lo es. El reporte Mueller será siempre recordado por haber puesto esto en evidencia.

¿Cree que algunos gobiernos usan o crean más noticias falsas que los malos periodistas?

Sin duda. Los gobiernos suelen, además, ser más unilaterales. No hay duda de que los gobiernos frecuentemente publican lo que les conviene y todo lo que no coincide con ellos es etiquetado como mentiroso. Los periodistas que trabajan para los gobiernos, que son cada vez más, pueden intentar ser precisos pero no necesariamente decir la verdad: usan los hechos pero manipulan los contextos.

 Al Tompkins, periodista y jefe de formadores del Poynter Institute EEUU, conversa con Isabel Mercado, directora de Página Siete. 
Foto: Página Siete

¿Se ha generalizado esto en EEUU?

Afortunadamente no es la generalidad. Las instituciones norteamericanas, las verdaderamente importantes, tratan de ser muy cuidadosas. Tratan de estar por encima de los asuntos e intereses inmediatos de los políticos. Por ejemplo, si analizamos el informe de impacto ambiental de la Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA, por sus siglas en inglés), entre otros ejemplos, vamos a encontrar que  tratan de no entrar en el debate político y limitarse a los hechos. Esto es cada vez más difícil, lo entiendo. Pero prima el concepto de que estas instituciones han nacido y sobrevivido a otras administraciones y tienen que sobrevivir a la actual administración; no van a cambiar con cada presidente. De hecho, la EPA es una de las que está sujeta a más presiones, por el tema del calentamiento global. La administración de Trump presiona cada vez más para que se reste importancia al calentamiento global, pero ellos le dicen: hemos estado hablando del calentamiento antes de que llegues y lo seguiremos haciendo cuando te vayas. Están en contra de la actual administración en este caso y estarán en contra de los partidos políticos o quien sea, porque su trabajo está por encima de los intereses políticos de corto plazo. Y es cierto que han perdido apoyo, están sufriendo las consecuencias, pero ahí están, haciendo lo que creen correcto.

En Bolivia vamos a tener elecciones en octubre, ¿cómo pueden los periodistas enfrentar los retos de las noticias falsas, no sólo las que vienen de los políticos sino del propio proceso electoral, como sucedió recientemente en Brasil?

Cuando la gente pierde la confianza en las instituciones, como pasó en Brasil, donde el Gobierno perdió la confianza y la popularidad de manera evidente, los medios con prestigio tienden a ser el espacio de la credibilidad. Si la gente también pierde la confianza en los medios, no sólo los periodistas estaremos en problemas, los países enteros estarán en problemas. No podemos olvidar, nunca, que nuestra reputación es absolutamente lo más importante que tenemos y lo más importante que podemos ofrecer. Y esto significa que tenemos que ser muy cuidadosos, tratar de no cometer errores y pedir disculpas por lo que a pesar de ello cometemos. Esto significa que no podemos cruzar la línea y convertirnos en militantes, en políticos. Limitemos nuestros comentarios políticos, tratemos de mostrar los hechos únicamente, dejemos la opinión para los espacios de opinión. Creo que uno de los problemas más graves de credibilidad de la televisión norteamericana es que se ha volcado al periodismo opinativo; entonces, si no estoy de acuerdo con un comentario, termino dudando de toda la cobertura. Hay que detenerse en los hechos. Dime lo que sabes, dime también lo que no sabes; dime cómo sabes lo que sabes, pero no me digas lo que piensas, no me importa lo que piensas. Creo que este es el gran error que estamos cometiendo ahora: estamos diciéndole a la gente mucho lo que pensamos o sentimos, no lo que sabemos o lo que no sabemos sobre un asunto. Proveer información lo más limpia e imparcial que se pueda, le guste a quien le guste, ese es nuestro trabajo, es así como mantenemos la reputación que nos hemos ganado.

Lo difícil es que esa reputación, que cuesta trabajo alcanzar, es frecuentemente víctima de un fuego cruzado...

Así tiene que ser. Esta es la parte interesante del ser humano: siempre estamos buscando gente con la que estamos de acuerdo. Tú y yo somos amigos porque somos periodistas, es decir tenemos un lazo porque tenemos algo en común. Pero si me doy cuenta que tú detestas a los periodistas, me va a ser difícil aceptarte porque tendré que superar esa diferencia. Es una tentación para los periodistas ser complacientes antes que creíbles; y la forma en que nos convertimos en complacientes es diciendo lo que otros quieren que digamos, o como quieren que lo digamos. Y esto no es necesariamente la verdad, los hechos. Este es uno de los problemas que tenemos.

Sí, pero con una realidad tan cambiante y con ese fuego cruzado del que frecuentemente somos víctimas, es fácil equivocarse...

Es un signo de inteligencia reconducir, cambiar de opinión. Si te presento hechos diferentes a los que tú creías, debes reorientar. Pero, lo grave es que esto es cada vez más difícil, se ve como una señal de debilidad. Y nosotros los periodistas somos parcialmente responsables de eso porque cuando algún político cambia de opinión lo llamamos débil. Cambiar de opinión sí puede ser señal de debilidad, pero también puede ser señal de inteligencia, de una mente abierta. Cuando das la mejor información que tienes, no tienes miedo porque sabes cómo la has obtenido. Creo que uno de los grandes problemas del periodismo ahora es que no recompensamos el hecho de denunciar, de no ser complacientes.

¿Son las redes sociales una ayuda o un riesgo para la credibilidad del periodismo?

Ambos. Es como decir si una biblioteca es un riesgo o una oportunidad: depende del libro que leas. Las redes sociales son medio para difundir información estratégica, muy útil, pero también, muy rápidamente, pueden ser un sistema para difundir información insulsa, sin sentido. Depende de cómo la usemos. Si tenemos información relevante y la usamos con buenos propósitos, no para nuestro propio beneficio, político o económico, sino porque es relevante como servicio público, será positivo. Pero, también puede servir para difundir mentiras. Yo quiero creer que es posible tener un público que sepa reconocer la diferencia, distinguir las mentiras de la información. Quiero creer que las personas son básicamente buenas, pero tenemos que darles la oportunidad de ser buenas.

 ¿Quién es Al Tompkins?

Al Tompkins es periodista y por más de 14 años ha producido y conducido programas en la WSMV-TV, una estación de televisión afiliada a la gigante NBC. Ha sido galardonado con muchos de los principales premios de periodismo, entre ellos The National Emmy, The Peabody, National Headliner Awards, The Joseph A. Sprague Memorial Award (el premio más alto otorgado por la National Press Photographers Association). Ayudó a redactar lineamientos de ética para la Asociación de Noticias Digitales de Radio y Televisión y la Asociación Nacional de Fotógrafos de Prensa. Su libro Aim for the heart (Apuntar al corazón) es utilizado por más de 150 departamentos universitarios de periodismo en todo el mundo. Es parte del cuerpo docente superior de The Poynter Institute.

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