Matthias Sonn: “Queremos para nuestros socios democracia y manejo no cleptocrático”

El diplomático aboga también por la separación de poderes y la libertad de prensa.
domingo, 16 de junio de 2019 · 05:00

Página Siete  / La Paz

El embajador de Alemania, Matthias Sonn, terminará su misión en Bolivia en julio. Los mejores recuerdos que se llevará de Bolivia, dice, tienen que ver con la marraqueta, el anticucho, el teleférico, las cebras y el mercado popular. 

Antes de marcharse a Lituania, su nuevo destino, habla de lo importante que es la democracia, el respeto a la Constitución, la independencia de poderes, la libertad de expresión y un manejo económico no cleptocrático.  

 Durante su gestión se caracterizó por expresar su pensamiento sin ninguna restricción, tal como lo vuelve a hacer en esta entrevista. “Un embajador no sólo es pagado para hacerse popular con su gobierno anfitrión”, dice este hombre que se declara feminista y admirador de la canciller Ángela Merkel.  

¿Cuál es su evaluación de las elecciones en Europa?

Las predicciones fueron que los nacionalistas de la extrema derecha iban a ganar hasta 30% o más del voto total de Europa y en realidad el resultado fue sólo del 22%, con grandes variaciones de país a país. Por tanto, el nuevo parlamento europeo va a ser más diverso, se podría decir también más disperso. Los dos grandes grupos de partidos que tenían una mayoría absoluta ahora no van a tenerla. Los grandes ganadores, y esta fue una total sorpresa, fueron los verdes, quienes salieron con más de 8% del voto europeo general y van a tener al menos 30 o 40 curules más en el nuevo parlamento. Hasta ahora hemos tenido como una coalición informal entre los socialdemócratas y los demócratas cristianos, y ahora aun no sabemos qué mayoría va a formarse o si habrá una mayoría estable. Tenemos una conciencia creciente, entre los europeos, de que Europa es un actor que vamos a necesitar en un mundo con incertidumbres nuevas, con riesgos nuevos.

¿El Brexit sigue siendo un amenaza para la unidad de Europa?

Nosotros creemos que este Brexit, si va a pasar, será un lose-lose (perder-perder). No es bueno para Europa, no es bueno para el Reino Unido. Para nosotros, el modelo de la Unión Europea es un win-win (ganar-ganar). Hemos visto en estos tres años, desde el referéndum en Gran Bretaña, dos cosas. Uno, que la gran mayoría del resto de Europa ha observado esta experiencia del Brexit como algo dañino y no queremos esto para nosotros. Y la otra cosa que observo es que en Gran Bretaña hay ahora un debate sobre los riesgos de la democracia plebiscitaria. La gente toma conciencia de que tradicionalmente nuestras democracias en Europa Occidental son democracias representativas y que la adición de elementos plebiscitarios no necesariamente llega a darnos decisiones claras, operables, implementables para un futuro con seguridad y con buenos gobiernos. El sentimiento es que el pueblo puede decidir en un plebiscito, pero después deja la responsabilidad de la implementación a otros.  La Constitución en Alemania tiene una actitud bastante reservada sobre lo plebiscitario; nosotros tenemos referéndum solo al nivel municipal y no al nivel nacional. Es una lección de los desastres del siglo XX sobre cómo lo plebiscitario tiene un riesgo enorme de manipulación y de falta de responsabilidad democrática.

 

El retiro de Ángela Merkel ya está anunciado. ¿Cuál es la evaluación que usted hace de su paso por el poder?

Primero, es muy importante no hablar de los aproximadamente 14 años de gobierno de la señora Merkel como canciller federal como si ya estuviéramos al final de la era Merkel. Yo he observado desde hace al menos 10 años predicciones de la muerte política de la canciller Ángela Merkel  y todas las personas que predijeron la muerte política de la señora Merkel ahora son totalmente olvidadas. ¿Cuál es el secreto? Creo que hay comenzar con la psicología del electorado alemán; la experiencia de los horrores del siglo XX ha inmunizado a la mayoría de los alemanes contra las grandes ideologías y los conceptos revolucionarios. Nuestra experiencia histórica es que las grandes ideologías terminan en el Gulag o en Auschwitz. Y creo que la señora Merkel ha comprendido esta mentalidad mejor que otros políticos. Su estilo político es cuidadoso, no habla más de lo necesario; es una científica, entonces hace política sobre los hechos y esto tiene respaldo en la mayoría de la población. Lo segundo es que la canciller ha traído a mi país un elemento adicional de respeto internacional, porque ella es confiable, cuando ella te promete algo, los otros líderes del mundo saben que lo cumplirá. En particular, en la crisis migratoria ha ganado un elemento de respeto adicional por el hecho de que Alemania es el país que ha producido millones de miserables y de refugiados en el siglo XX, pero ahora se vuelve un país donde la mitad de la gente viene para buscar refugio. La señora Merkel, y esta fue su decisión personal, ha decidido que en esta situación de emergencia, Alemania necesita mostrar una cara humanitaria, solidaria, una cara amable.

¿Cuáles son los valores que Ángela Merkel está legando al mundo en cuanto a democracia, libertades y otros?

La canciller federal tiene una muy activa conciencia histórica, ella viene del este de Alemania, por lo que suele decir que tiene una historia migratoria. Y la otra cosa es que su apego a la constitucionalidad, a la democracia, a los valores individuales, derechos individuales como derechos humanos, es absoluto. Ella representa muy bien los valores de nuestra Constitución, que ya tiene 70 años.

El gobierno del presidente Evo Morales suele compararse con Ángela Merkel en el sentido de que lleva 14 años en el poder y  es una canciller exitosa. ¿Usted diría que se parecen o que son diferentes?

El sistema constitucional es muy diferente. Para nuestro presidente también tenemos un límite de dos mandatos de cinco  años cada uno. Creo que cada país necesita organizar su constitucionalidad individualmente. Para mí, si el presidente Morales usa mi país y su canciller federal como referente de la democracia y del éxito, no tengo muchos problemas con esto. Quiero hablar sobre otro punto de la gestión de Merkel. Para mí, como feminista, es muy importante que tengamos una exitosa mujer en la cumbre de nuestro gobierno. Sé que Bolivia está más delante que Alemania en la legislación sobre la igualdad de género con su participación política igualitaria, pero como se ve, todavía es muy difícil para las mujeres vivir en Bolivia. Creo que ella (Merkel) nunca se ha declarado feminista, pero su existencia como mujer en el poder hace mucha diferencia.

¿Cuál es su evaluación de los movimientos  y las corrientes políticas en América Latina?

Para nosotros, en Alemania y sobre la base de nuestra experiencia de un horrible siglo XX, la democracia no es de derecha ni de izquierda, la democracia es un sistema para que la gente  escoja su propio gobierno y para asegurar el apego del gobierno y los otros poderes del estado a las leyes y la Constitución. Es normal que la política se mueva de la derecha a la izquierda en tanto que se respeten las reglas de la Constitución, el apego a la Constitución y las leyes, esto es totalmente normal y es positivo en un sentido de  alternancia política. Lo que nosotros queremos para nuestros socios latinoamericanos son  estados eficientes y funcionales, democracia, separación de poderes, poderes judiciales independientes, como mecanismos de fiscalización, libertad de prensa y de expresión y un manejo económico que no sea cleptocrático, como lo es en algunos lugares de Latinoamérica. Queremos que la riqueza de los países sea compartida entre los ciudadanos y cada uno tenga la oportunidad de desarrollar sus actividades económicas sin necesidad de pagar sobornos. El test, para mí, personalmente, es si en un país puede hacerte un hombre próspero sin criminalidad, sin pagar, sin dejar su honestidad. 

¿Usted diría que hay países que no pasan ese test? 

No, claro que no, muchos. Y en Europa, para ser equilibrado, también.

En ese contexto, ¿cuál sería su evaluación de los sistemas políticos de Venezuela, Nicaragua y Bolivia? 

Son muy diferentes. Bolivia tiene muchas fortalezas, tiene tradicionalmente una sociedad civil activa, diversa y fuerte, además de medios de comunicación bastante impresionantes y esto le da a un país una resiliencia. Cuando hay tendencias que pretenden amenazar procesos democráticos o la legitimidad democrática esta resiliencia de la sociedad civil es muy importante. Lo central es el apego a la Constitución, es una legitimidad constitucional que viene del contenido democrático. Latinoamérica es muy diversa y  nosotros  queremos socios fuertes, democráticos.

¿Cuáles han sido los temas sobresalientes de su gestión? ¿Cuál es su evaluación al respecto? 

Para mí fueron tres años muy ricos de experiencias nuevas. En lo económico, creo que hemos logrado algo bastante remarcable que es que una empresa privada alemana entre en una empresa mixta con una empresa estatal boliviana para industrializar el litio. Para mí, es algo remarcable porque Bolivia no ha visto grandes inversiones privadas desde 2007, desde las expropiaciones. Es un experimento súper interesante para ver si una sociedad mixta de empresas privadas alemanas con el Estado boliviano funciona. Yo soy muy optimista. En lo cultural también fue muy alentador ver el inesperado nivel de interés en Bolivia por los 500 años de Lutero. Por eso creo que nos vamos de aquí como se dice en alemán con un ojo que llora y un ojo que se divierte.

¿Usted diría que el escenario para las inversiones es el adecuado ahora en Bolivia o  hay algo que corregir?

Hay que preguntar a los inversores porque es su dinero privado el que se invierte. Creo que empíricamente puedes mirar a lo que  ha pasado desde 2007, que es nada. Este es el fenómeno de una globalización vieja, en la que el dinero del mundo busca lugares para invertir y los lugares están en competencia, y cuando nadie hace una inversión hay que pensar en las condiciones.

Usted ha sido uno de los embajadores más abiertos y expresivos. ¿Eso no le ha traído problemas en su relacionamiento tanto en lo político como con la sociedad civil boliviana?

Creo que tienes razón, yo no soy de la escuela de pensamiento que dice que un embajador es mejor cuando no  dice nada en particular, no en un país socio que es tan abierto como Bolivia. Bolivia es una sociedad que tiene una tradición de expresarse abiertamente. Respecto al resto de la pregunta, la decisión del Tribunal Constitucional Plurinacional de noviembre de 2017 se basa en la premisa de que para temas fundamentales de democracia se aplica la ley internacional. No quiero discutir la decisión, en Alemania tenemos una muy fuerte tradición de la independencia judicial, pero la premisa de esta decisión (sobre la ley internacional) es muy valiosa para mí, como representante de un país extranjero, y para toda la comunidad internacional, porque reconoce que la soberanía de los estados tiene sus límites en la ley internacional, por lo que los (ciudadanos) internacionales pueden hablar. Estamos todos sometidos a estándares internacionales en lo que concierne a temas fundamentales de la democracia, constitucionalidad, independencia de poderes y todo eso; eso es para mí fundamental. Esta actitud no es sólo mía, hay otros europeos que piensan de la misma manera y aunque la reacción de algunos no es totalmente positiva cuando uno se expresa de esta manera, creo que es algo muy valioso. Estoy también convencido que un embajador no sólo es pagado para hacerse popular con su gobierno anfitrión. Claro que estamos pagados para mantener buenas relaciones, pero también nuestro mandato es relacionarnos con la sociedad civil, con los actores culturales, las universidades, los medios de comunicación. Para concluir con una observación comparativa, la comunidad internacional es en Bolivia menos proactiva que en otros lugares que he visto en Latinoamérica. La comunidad internacional aquí, y esta fue una sorpresa, es mas defensiva y más cuidadosa que en otros lugares.

¿Por qué será así? 

No tengo explicación, creo que  yo no soy la persona a la que deben preguntar eso porque yo no me siento intimidado.

Cuando usted dice que un embajador no debe ser pagado sólo para agradar al gobierno, ¿extendería esa opinión a los representantes de organismos internacionales y de los cooperantes?

Sí, tenemos discusiones entre nosotros en la comunidad internacional, pero también soy muy abierto en mi interacción con el Gobierno boliviano. Nosotros hablamos abiertamente con nuestros socios, con nuestra contraparte, no somos de la tradición diplomática que dice “nunca critiques, nunca menciones las áreas difíciles, evita las zonas problemáticas”. Hablamos cortésmente, claramente, no queremos insultar a nadie, pero es respeto cuando explicas claramente tu posición y si algo no funciona bien, lo dices.

 ¿Y cómo cree que funciona la libertad de expresión en Bolivia?

Mejor que en muchos otros lugares. Claro que hay presiones y claro que hay fuerzas en el ámbito político que quisieran controlar la opinión pública y creo que esta es una tendencia también mundial, pero en Bolivia creo que la resistencia, la expresión independiente es más fuerte que en muchos otros lugares y el miedo también es menos. Conozco muchos lugares peores.

 

HOJA DE VIDA

  • Otros destinos  Nació en Hamburgo en 1957. Antes de Bolivia, fue embajador en Guatemala y fue parte de misiones diplomáticas en EEUU, Moscú, Canberra y otros.
  • Próximo destino   Matthias Sonn será el nuevo embajador de Alemania en Lituania.
     
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