Porto-Gonçalves: “Evo y Álvaro se quedaron con los cocaleros y contra los indígenas”

Porto-Gonçalves fue amigo de García Linera y, como tal, le envió una carta sobre el Tipnis.
domingo, 23 de junio de 2019 · 00:04

Página Siete / La Paz

El geógrafo brasileño Carlos Walter Porto-Gonçalves conoce la Amazonia boliviana mejor que muchos bolivianos. Trabajó cuatro años con los siringueros de la zona y se identificó con sus saberes y sus luchas. Este activista por la defensa de la Amazonia siguió de cerca la primera marcha indígena que partió de Trinidad a La Paz en el 90 y luego se identificó con los indígenas del Tipnis que también marcharon hacia La Paz en 2011 rechazando la construcción de una carretera por medio de la reserva forestal. Los indígenas fueron reprimidos en el camino y rechazados por el gobierno de Evo Morales.

Porto-Gonçalves, como otros intelectuales latinoamericanos, había puesto su esperanza en el gobierno de Morales, pero, con los sucesos del Tipnis –según dijo– se dio cuenta de que Morales y García Linera rompieron un pacto que habían hecho desde abajo con los indígenas, para quedarse con los cocaleros.

¿Cuál es la situación actual de la Amazonia?

Yo siempre he rebatido la idea un poco apocalíptica de que la Amazonia se está acabando, pero recién, por solicitud de Coica (Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica),  se hizo un balance conjunto y confieso que me quedé asustado. Hay una serie de mapas que muestran el impacto del aumento exponencial de presas hidroeléctricas. Si hay energía significa que va a avanzar la soya, la minería y las concesiones de exportación de petróleo y gas. Las carreteras también se amplían y fragmentan el bosque como una espina de pez, que muestra el avance del capital sobre el bosque. El avance del desmonte y es escandaloso. Significa que la Amazonia va a continuar como en los últimos 20 o 25 años, que fueron los más agudos de devastación. Si continúa así por más de 25 o 40 años, podemos hablar de una catástrofe, con implicaciones para el equilibrio global del planeta.

¿Qué significaría eso para el planeta?

La extensión de la Amazonia es de ocho  millones de kilómetros cuadrados, ocho veces Bolivia. Ahora, ¿te imaginas el área desmontada, con la insolación y sin bosque?. Habrá un aumento escandaloso de la temperatura. Al mismo tiempo, el bosque tiene una función hidrológica. El Río Amazonas lanza hacia el Atlántico la mayor cantidad de agua dulce. Por otro lado, los árboles en la Amazonia todo el día están lanzando agua a la atmosfera. Todo ese proceso dejará de existir. El agua del Caribe también depende de la Amazonia. Entonces, existe una dinámica metabólica para el planeta inmensa y los impactos son terribles e incalculables.

¿Y qué significará esta catástrofe para los habitantes indígenas de la Amazonia?

Yo creo que es lo más importante. Siempre se habla de la Amazonia haciendo referencia  a  la naturaleza, parece que no hubiera gente. Hay que descolonizar el pensamiento y saber que hay gente en esa región. Es más, hubo gente antes de tener el bosque. Son más de 300 pueblos indígenas en toda la Amazonia venezolana, colombiana, ecuatoriana, peruana, boliviana, brasileña, con una riqueza de conocimiento fantástica.

¿Qué va a pasar con la supervivencia de esos pueblos si es que sigue esta depredación?

El conocimiento que esos pueblos tienen es fundamental para un diálogo de conocimientos con otras sociedades. El avance, la devastación y construcción de las carreteras va a poner en riesgo a toda esa gente. Decir que no hay nada que aprender de esa gente es la peor herencia del colonialismo, el desperdicio de conocimiento. 

Entre los países que tienen Amazonia. ¿Cuál de todos es el más depredador?

Depende del criterio que usas, si es la extensión territorial devastada, es Brasil. Hay países donde la situación es muy preocupante porque ya desde los años 70 hacen explotación de petróleo en la Amazonia. Por ejemplo, en Ecuador hay una devastación completa. Yo diría que Brasil (es el que más depreda) por la extensión de área que ya fue afectada por desmontes y por la explotación de minería.

Hay gobiernos populistas, de derecha y de otras corrientes. En función a eso, ¿hay algunos que devastan más que otros?

Mariestella Svampa, de Argentina, dice que salimos del consenso de Washington para entrar al consenso de las commodities. O sea, parece que a la derecha o a la izquierda, las prácticas son (iguales). Por ejemplo, Colombia, que no pasó por una experiencia de gobierno progresista, logró un acuerdo con las FARC sobre todo para abrir espacios a la expansión de las commodities, de la soya, de la caña, de la explotación ganadera, todo eso está avanzando con nuevas carreteras que antes estaban ocupadas por las FARC. Venezuela está pasando de ser un país petrolero a un país minero, con la explotación en el Orinoco para exportar a China. Y también empieza en Bolivia con las carreteras, como la del Tipnis. Inclusive junto al Tipnis existe un área de reserva de hidrocarburífera inmensa, la carretera es para eso, para facilitar esa conexión y facilitar la expansión de los cocaleros. En general, los gobiernos progresistas o los de derecha, como ya lo expresó Svampa, llegaron al consenso de las commodities. Estamos prisioneros de esa visión de país periférico, de proveedor de materias primas de exportación.

¿Qué grado de afectación existe de los proyectos de Brasil en la Amazonia boliviana?

La verdad es que en la época de los gobiernos del PT (Partido de los Trabajadores) y, sobre todo, con la  Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (Iirsa), la presencia brasileña afectaba de manera muy fuerte a Bolivia; pero la crisis me parece que derivó en un stand by. Brasil, en los gobiernos de Lula da Silva y Dilma Rousseff, tenía inversiones con un papel protagónico  del Estado, existía un banco público estatal de fomento (Bandes) para inversiones de infraestructura, carreteras, presas hidroeléctricas, que dio 100 mil millones de dólares anuales para financiar obras de Odebrecht, OAS. Bandes sólo podía prestar plata a la empresa brasileña en Brasil, pero Lula ha hecho algo que ningún gobierno hizo, sacó un decreto que permitía que dé a empresas brasileñas fuera de Brasil. Así, Bandes financiaría a OAS para la construcción de la carretera que atraviesa el Tipnis y otros proyectos. Bolsonaro no quiere eso, entonces sacó de la financiación a Bandes y ahora no hay quién financie obras de esa magnitud. Los gobiernos de derecha, como el de Bolsonaro en Brasil, no quieren ese protagonismo estatal y no quieren impulsar esa política de integración sur-sur. Pero, la integración que venía impulsando Lula era también una integración desde arriba pero desintegrada por abajo, donde están los indígenas y campesinos. El caso del Tipnis es emblemático, porque era una carretera que integraba y desintegraba, la misma carretera integraba el capital y desintegraba a los indígenas y campesinos.

¿Usted en algún momento apoyó al gobierno de Evo Morales?

Yo trabajé en Bolivia a finales de los 80 e inicios de los 90. Trabajaba con los campesinos gomeros en Pando y Beni durante cuatro años, conozco bien la Amazonia boliviana. (El de Evo) era un gobierno que podía ampliar la movilización social y Evo venía con un bloque histórico, apoyando la ruta de la reapropiación de la naturaleza. Diría que tenía esperanzas de que su fuerza fuera una fuerza positiva, más allá de mi amistad, porque tenía un grupo de trabajo del que participaba con Álvaro García Linera de Clacso (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales). Evo siempre ha sido un líder campesino cocalero. La defensa del pueblo indígena no hace parte del camino político de Evo, que ha sido sobre todo un liderazgo cocalero, campesino. Evo ha pasado a tomar la reivindicación indígena tras el debate con el embajador (de EEUU), Manuel Rocha, quien quería “cero coca”. Hay una frase de Evo Morales fantástica, en la que dice que “cero de coca es cero de quechua, es cero de aymara, es cero de guaraní”. En ese momento, Evo capta la dimensión indígena, que era en defensa de la coca tradicional contra la coca excedentaria. 

¿Era imposible no apoyarlo?

Sí, por eso hay que ver la importancia del Tipnis. En la época de 2010 hice una carta pública, a Evo y personalmente a Álvaro como amigo, compañero, sobre la dificultad de las izquierdas de comprender lo diferente. 

¿Sólo fue una carta firmada por usted o fue de un colectivo?

La carta la hice solo, personalmente, tenía un conocimiento por haber vivido en Bolivia y me sentía con a autoridad para hablar. Yo viví en Pando, en la ciudad de Cobija, yo conozco Trinidad, en Beni, y percibí todo aquel sentimiento de la primera marcha de los indígenas de los 90 y sé la importancia de eso. Había salido un nuevo léxico, una nueva gramática teórico política, para un debate político mundial, que venía de allí, porque hablaba de la vida, la dignidad y el territorio. ¿Por qué la izquierda decide hacer una carretera para cortar el corazón del Tipnis?, ¿por qué no puede pasar de largo? Los indígenas no estaban en contra de la carretera, estaban en contra de aquel tipo de trayecto. Cuando aconteció el conflicto, el gobierno estaba en una confusión. Cuando Evo dijo cero de coca es cero de indígenas, estaba haciendo un bloque con los indígenas, un bloque histórico desde abajo, con lo del Tipnis. Pero, Evo y Álvaro se quedan con los cocaleros y contra los indígenas, incumplen un pacto, eso es grave, eso es grave. Él había armado un pacto histórico nacional popular desde abajo, pero con el Tipnis, él rompe ese pacto.

¿Usted se decepciona del proyecto?

Más de una vez las izquierdas tienen dificultad de comprender estas dinámicas, que la lucha no es contra el capitalismo, la lucha es también contra la colonialidad. Es una cosa más profunda, Bolivia no es más un Estado nacional, es un Estado plurinacional, no es poca cosa, se trata de aceptar la idea de la plurinacionalidad. Yo trabajo como geógrafo y para mí el territorio es un tema muy fuerte. Cuando estaba trabajando con los siringueros de Brasil y de Bolivia, ha sido un período muy culto, donde escuchaba la misma frase: no queremos tierra, queremos territorio. Confieso que no entendía. Cuando el gobierno rompe ese pacto con el movimiento desde abajo, también rompe la comprensión de esa diversidad, de esas territorialidades, temporalidades y reitera cosas típicas de la izquierda.  Yo tenía mucha esperanza en ese proceso que venía de Bolivia.

¿Usted diría que Evo Morales ha traicionado esos principios?

No sé si cabe esa categoría. Yo tengo una idea de que el Estado puede ser una necesidad, pero no es una virtud. Las izquierdas siempre buscaron conquistar el Estado. Si hicieras un mapa de los años 60, te sorprenderías de ver que todos los movimientos antisistémicos estaban en el gobierno. La estrategia tenía dos pasos: conquistar el Estado en el primer paso y cambiar el mundo en el segundo. El primer paso se pasa, el segundo no. Es un tema en el que toda la izquierda se atrapa, en cuanto toma el poder. Me parece mucho más profundo que decir que fue una traición, son esas contradicciones que hacen entender que el Estado no es el lugar de la liberación, tenemos que buscar algo con el Estado, contra el Estado y más allá del Estado. Marx decía que la comuna era la forma de la revolución y Engels hace una autocrítica de que la lucha debe ser centralizada como se ha formulado antes. Hay que recuperar el Marx tardío, el Marx poscapital que admite que la comuna rural rusa puede ser la base del comunismo, un Marx no evolucionista.

¿Cuál es su opinión sobre el manejo del gobierno respecto a la Amazonia, donde se anuncian dos grandes represas y la carretera por el Tipnis?

Me parece que el Gobierno continua con la visión de aumentar la producción, con la visión desarrollista, por tanto no está entendiendo la Amazonia. El Gobierno continúa prisionero de una lógica desarrollista para conseguir capital para hacer programas sociales, para financiar los bonos sociales.

¿Es malo el asistencialismo?

Decir que no tienen importancia alguna es un absurdo, pero tenemos una experiencia dramática en Brasil. Así lo hizo el gobierno de Lula, que tenía varios programas de ese tipo, pero en Brasil se siguen pagando las mayores tasas de interés a los bancos. Lula no tocó los intereses del capital financiero, no tocó las cuestiones fundamentales de la reforma agraria, por lo tanto, continuó apoyando al agronegocio como fuente de divisas. Es decir, las cosas estructurales que provocaron injusticia permanecieron. Dar bonos para políticas sociales es seguir mostrando una política de patas cortas, que no tiene futuro. La pregunta es cómo está la gestión de fondo, cómo está avanzando en la reforma agraria en Bolivia, cómo avanza el reconocimiento de los territorios indígenas, de los autogobiernos, el Estado plurinacional debe funcionar como tal. Me parece que la lógica colonial permanece, hay toda una exhibición de banderas, de indígenas por todo lado, wiphalas por todo lado, se habla mucho de lo indígena, pero atiende a una folklorización, una banalización y eso tiene consecuencias más profundas. 

HOJA DE VIDA

  • Perfil  Intelectual, geógrafo, luchador social, activista pro pueblos indígenas y Amazonia.
  • Instituciones    Universidad Federal del Río de Janeiro,  Universidad Federal Fluminense, Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico y otras.
     

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