Estrategias de comunicación política con toque militar

viernes, 23 de agosto de 2019 · 21:03

Adalid Contreras Baspineiro[1]

Es una costumbre arraigada afirmar, cuando se habla de estrategia política, que hay que atacar con fuerza y con ira para arrasar las atalayas y las movidas del enemigo. En ese mismo tono, cuando se lanza una campaña mediática, se suele afirmar que se está sacando la aviación y los misiles para desbastar por cielo, tierra, mar y ciberespacio las fuerzas del enemigo. Son expresiones conceptuales y prácticas que recoge la comunicación política del estilo militar, diseñando estrategias de guerras de alta intensidad (coyunturas o procesos electorales), o de guerra permanente.

Es recogiendo estas expresiones y prácticas, que Josep - Francesc Valls afirma que “la estrategia y la táctica nacen, históricamente, entre los generales”, esto en alusión al strategos de la Grecia del Siglo V Antes de Cristo, que concebía el stratós (ejército) y el argen (dirigir), como los elementos característicos de la organización, estructura, funcionalidad y movimientos del ejército desplegado sobre el terreno de los combates, con la incuestionable conducción de sus altos mandos, gestores de los planes, los discursos y las acciones. Desde esta perspectiva el arte de dirigir se identifica con el arte del general.

Y si bien el elemento central de esta propuesta radica en la capacidad del uso de la fuerza para ganar el combate, es importante señalar que en este propósito se combinan la política (¿para quién?), la estrategia (¿qué?, ¿cómo?) y la retórica (¿por y para qué?)”. De manera que asumir una comunicación política con paso militar, no se limita al uso de la fuerza y las conquistas militares, sino que reconoce la intervención de distintos elementos que en su conjunto contribuyen a avanzar en la construcción de nuevos tipos de sociedades, por supuesto a la imagen de los vencedores, con lo que la noción del poder da paso al de la hegemonía.

En el fondo, este es el sentido de la comunicación política basada en la estrategia militar: crear imaginarios y órdenes sociales de hegemonía, antecedidos de la capacidad de lograr victorias en los combates, ejerciendo poder. Semejante desafío lleva a la necesidad de combinar la capacidad del uso de la fuerza con otros recursos, considerados cualidades, que actúan en consonancia para construir liderazgo, es decir poder. Entre estas cualidades están por ejemplo las habilidades psicológicas, las capacidades de oratoria, el carácter y dones de mando, la disciplina, y las aptitudes administrativas para la organización.

Se trata entonces de (con)vencer, estableciendo las condiciones para la conquista y el dominio con ventaja física, don de mando (victoria militar), control de la justicia (victoria política), y complicidades y adhesiones (victoria sociocultural) Por ello, la comunicación política requiere contar con una estrategia que defina claramente el orden social a construir, así como los objetivos, considerando el contexto,los escenarios posibles y las características de los adversarios, para asumirlos con identidad, discurso claro y pertinente,información oportuna, recursos suficientes, capacidad de mando, disciplina y organización.

Por otra parte, hacia adentro de la propia organización, la comunicación política con toque militar requiere trabajar cualidades emocionales que permitan un uso equilibrado entre la intuición y el manejo sistemático de la información;cualidades morales que definan un carisma para formar compromisos colectivos dispuestos a alcanzar la victoria (militancia); orden y disciplina para que las acciones incidan con contundencia; reconocimiento de jerarquías para actuar con rigor: y apropiación y divulgación de un discurso construido desde los mandos con un sentido no solamente impositivo, sino también persuasivo para generar complicidades, vencer al enemigo y consolidar un nuevo orden social.

Se trata de un estilo de comunicación que autoempodera; que incita a demostrar fortaleza; que excita para acudir al combate; que provoca y avasalla; que quiere mostrar más poderío del realmente existente; y que quiere ganar batallas mediáticas saturando mensajes. La fórmula es harto conocida y poco practicada integralmente.

 

[1]Académico boliviano radicado en Quito, especialista en estrategias de comunicación.

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