“Si no se actúa el próximo año con el realismo, puede haber una crisis”

Sugiere medidas no traumáticas para contrarrestar el déficit fiscal y la caída de ingresos.
domingo, 04 de agosto de 2019 · 00:03

Página Siete  / La Paz

Enrique García es un boliviano global. Durante 25 años fue presidente ejecutivo de la CAF, lo que significa un récord mundial de permanencia en un organismo internacional y, entre risas, dice que lo hizo  sin cambiar la Constitución porque siempre fue nombrado y ratificado por unanimidad. Y no habrá sido una tarea fácil porque dice que  tuvo que tratar con 82 presidentes de los países miembros “de derecha, de izquierda, militares, civiles, vivos, divertidos, raros, etc.”.

Cualquiera diría que ahora está retirado y descansando. No es así. García pasa buena parte de su vida en aviones porque es directivo de diversos organismos internacionales, además de profesor universitario.

No quiere saber de la política, pero, con la autoridad intelectual que le confiere su trayectoria, en esta entrevista con Página Siete hace recomendaciones sobre la economía boliviana.  

¿Cuál es su mirada de la economía del país?

Si le preguntas a la gente del gobierno, estamos cerca del cielo; si le preguntas a la gente de la oposición, es un desastre. Bolivia realmente ha tenido una etapa muy importante, con un crecimiento económico superior al cuatro y medio por ciento, por encima de la media latinoamericana de 2%. Bolivia es uno de los países que ha mantenido un crecimiento constante, aunque no el más alto, que lo ha tenido Panamá y otros países con  6 o 7%. Punto número dos, ha tenido un crecimiento que ha bajado la pobreza. La pobreza en Bolivia sigue siendo alta, pero está en 38% comparado con más de 50% (que estaba antes). Y tercero, a mi juicio es lo más importante, ha habido inclusión social, distribución de las riqueza y en el coeficiente Gini, en el que Bolivia estaba por encima del 0,50, hoy día está en 0,43. Son tres cosas buenas, que han  pasado por varias razones, entre ellas, por el modelo económico iniciado tras la hiperinflación por Víctor Paz, Hugo Banzer y Jaime Paz, que todos continuaron, incluyendo el gobierno del presidente Morales.

Es decir, ¿no hay el tal nuevo modelo económico que dice tener el Gobierno actual? 

Vamos etapa por etapa. En la macroeconomía, es uno de los países que ha mostrado esa continuidad. Eso es fundamental porque si no tienes estabilidad macroeconómica, te puedes olvidar del resto. El segundo factor es que Bolivia ha tenido el súper ciclo del precio de las materias primas que nunca se había dado. Se puede decir que Bolivia ha avanzado mucho, pero hay que ser realistas, Bolivia sigue siendo uno de los países menos desarrollados. Hay que ser sinceros, el PIB per cápita por paridad de poder adquisitivo de Bolivia es más o menos 7.800 dólares, pero el promedio para América Latina es como 16.000 dólares. En este momento, el país que tiene el PIB per cápita más alto es Panamá y el segundo es Chile, que están en 26.000. Es decir, hay que dar un salto.

¿La brecha se ha acortado, o sigue siendo la misma diferencia? 

Hemos mejorado, lo que pasa es que estaba muy distante, pero sigue siendo la brecha alta, pero eso no quiere decir que hay que deprimirse. Lo que hay que hacer es trabajar para que se pueda mantener un crecimiento mucho más fuerte. Si bien ha habido una gran mejora en reducción de la pobreza, todavía hay que hacer muchos esfuerzos.

Eso es lo que pasó.  ¿Qué es lo que no pasó en este gobierno? 

Este no es un problema de Bolivia, es un problema de América Latina. Todavía nos mantenemos en el modelo tradicional de ventajas comparativas muy dependiente de los minerales y en el caso de Bolivia, del gas, del petróleo. En la época de bonanza, los precios son altos, la situación fiscal es buena, el consumo es alto, pero en época de vacas flacas  viene el sufrimiento. La ventaja que ha tenido Bolivia es que pudo hacer una política contracíclica durante la crisis del 2008 porque tenía las reservas netas altas; pero creo que ahora ya ha llegado a un límite. Ahora es momento, todavía hay el tiempo para ajustar una serie de cosas de la macro, pero lo más importante, ir a un modelo de una mayor diversificación productiva porque los índices de Bolivia son bajos en competitividad y en productividad.

¿Cuáles son esos indicadores que nos dicen que hemos llegado al límite?

No se puede mantener una situación fiscal con un déficit del 7, 8 y 9%. Lo podrías hacer, pero eso tiene un límite, puedes llegar un año más, en fin, pero no puedes más. Lo mismo en la parte de exportaciones, tienes que crear condiciones porque el mundo de hoy no es el mismo de hace 10 años. No es traumático, pero sí se requiere actuar. Pero, eso no es responsabilidad exclusiva de un gobierno, es responsabilidad de todos. Independientemente del gobierno que venga, sea una continuidad del actual o venga otro gobierno, igual tiene que actuar y tiene que buscar consensos.

¿Qué tipo de ajustes se deben hacer?

En la parte fiscal en Bolivia no puedes mantener esos déficit. Eso significa que aumentas los ingresos o reduces los gastos, o una combinación de los dos. No tiene que ser nada traumático, esa es la ventaja, puedes hacerlo todavía sin una cuestión traumática

¿Se puede volver traumático si es que no se lo hace?

Yo soy muy claro y preciso, si Bolivia no actúa en el próximo año con el realismo que corresponde, en dos años puedes tener una crisis. Hay que tomar esas precauciones. 

La oposición dice que el déficit se debe al despilfarro y el gobierno habla de inversión pública. ¿Cómo ha visto usted el gasto o dónde se tiene que recortar?   

No es ni lo uno ni lo otro. Ya sucedió que hay un aeropuerto que no debía hacerse, para qué llorar sobre eso, más bien pensar a futuro y pensar no solo en la macroeconomía, sino en la productividad. Evidentemente hay temas delicados que hay que manejarlos con mucho cuidado. Te van a  decir que vas a necesitar  una devaluación importante, entonces la gente se asusta, hay que hacer ajuste.

¿Cree que se puede hacer una devaluación controlada, sin pánico o se puede no hacer devaluación? 

La gente se ha malacostumbrado. Bolivia tuvo desde el 85 hasta hace unos años un sistema de tipo de cambio flexible. Pero, con esta situación, hay que manejar eso con mucho cuidado y hay que combinar las políticas con otros instrumentos. Bolivia ha perdido competitividad en relación a la Argentina, Brasil, Colombia y a los demás, pero hay que manejarlo con prudencia. Es un peligro, a mi juicio, si en una campaña se comienza a asustar a la gente.

Sin embargo, la poca competitividad y la baja de exportaciones tiene mucho que ver con un cambio inflexible. 

Sí.

Entonces, ¿el gobierno, sea del partido que sea, tendría que considerar eso para volver a flexibilizar el tipo de cambio? 

Tiene que buscar una combinación de factores, el tipo de cambio es un instrumento, no es el único. Se puede compensar con otras cosas, pero tiene que verse en forma integral, lo que no puedes hacer es quedarte como estás.

El tema de la diversificación es otro gran problema, pues las empresas estatales han resultado ser deficitarias.

Bolivia, igual que el resto de América Latina, tiene que atraer inversión extranjera de buena calidad, pero para eso tienes que crear reglas del juego claras, que sean permanentes, que sean estables.

¿Cómo están ahora las reglas de juego después de la nacionalización, después de que Bolivia salió del Ciadi?

 Uno de los puntos débiles es precisamente la institucionalidad, que no sólo se refiere al Estado o al gobierno, sino también a los sectores privados. Si hay una prioridad, esa es tener un régimen de derecho, tener un régimen de reglas del juego, las cosas claras, no cambiar las reglas.

¿Cómo va a impactar en la economía la declinación de los campos de gas y la incertidumbre de los mercados?

Más allá de los esfuerzos que tienes que hacer para maximizar el potencial de gas y por mayores inversiones, hay que ser realistas, el mercado de hoy no es tan favorable como era antes. Brasil tiene descubrimientos muy importantes, Argentina también. Entonces hay un impacto, pero precisamente esa es la urgencia de entrar a un marco de políticas de largo plazo para diversificar la economía.

¿Cómo se puede diversificar si los empresarios dicen estar en serios problemas porque hubo políticas muy favorables a los trabajadores y en contra del sector privado?

Por eso, para tener éxito, hay que tener un acuerdo entre los diversos actores, conciliar intereses. Si tú haces políticas muy favorables al sector privado, al empresario, pero muy desfavorables a los trabajadores, tienes problemas. A la inversa, si tú te vas más allá de lo prudente en ese tipo de medidas, estás quitando productividad. Es decir, el tema es económico, pero también es político. Tienen que entender que si no se ponen de acuerdo todos estos jugadores, el país no va  avanzar porque no va a haber la bonanza, no hay las vacas gordas que ha habido a principio de este siglo, ya no hay eso, ya no existe. 

¿Qué hacer entonces ante un gobierno intransigente que se ha negado a dar seguridad jurídica para las inversiones internacionales y, por otro lado, una oposición que sólo ve el desastre?

La situación demanda que el gobierno, los partidos de oposición, los trabajadores y los empresarios se pongan a negociar y a ponerse de acuerdo, gane quien gane las elecciones en Bolivia. Todas las cosas que tienes que hacer requieren de un entendimiento, porque caso contrario vas a tener problemas de gobernabilidad.

Pero, actualmente existe un divorcio en la clase política, a raíz del intento del presidente de preservar el poder ya por cuarta vez. ¿Qué acuerdo se puede lograr en ese contexto político?

No importa quién gane las elecciones, el que esté sentado en la plaza Murillo y el Congreso tiene una responsabilidad enorme, no van a poder actuar solos porque los cambios que necesita Bolivia son muy fuertes, la distancia es muy grande. Comparemos Chile, cuyo ingreso per cápita es de 26.000 dólares y en Bolivia es 7.000 dólares. Mira la distancia que tenemos. Paraguay está en 11.000, 12.000.

¿Somos el último en la región?

En Sudamérica sí. Hemos mejorado mucho, pero es así.

En política exterior, el gobierno ha apostado al alineamiento ideológico con Venezuela, Unasur y ALBA. ¿Cómo ha repercutido esto en la economía y cuál es el rumbo que debería tomar el país en esta materia?

Creo que Bolivia por su dimensión tiene que ser un país que esté abierto al mundo, es decir, debe respetar las diferencias, pero ser realista y tener relaciones constructivas con todos los países. A mí me parece positivo por ejemplo que el presidente Morales haya ido a Mercosur y haya hecho un discurso muy positivo y haya dado señales para que Bolivia pueda incorporarse a los acuerdos que tiene con la Unión Europea y con los demás. Ese es el camino. Siendo un país chico no puedes quedarte cerrado. Yo diría que estás en un momento de inflexión para todos, no puedes seguir haciendo más de lo mismo porque las condiciones han cambiado. Yo fui presidente de una organización multilateral 25 años, o sea, tengo un récord mundial y hago una aclaración, me han elegido por unanimidad y me han reelegido por unanimidad y no he cambiado la Constitución. Ahora existe una tendencia de cambiar la CPE en América Latina. 

¿Qué opina de esta tendencia latinoamericana de cambiar constituciones para quedarse?

Estamos en un momento muy grave de desinstitucionalización. En Estados Unidos el presidente Trump está cambiando el orden mundial con esta guerra comercial con la China, no reconociendo el acuerdo de París. Está en cuestionamiento toda la institucionalidad y hay un debilitamiento y en el caso de Latinoamérica, la institucionalidad democrática.

En ese marco, todos los organismos internacionales han sufrido un deterioro. ¿Qué opina al respecto?

Es el peor momento de la integración, hay una fragmentación total, han muerto varios (mecanismos)  y además hay una enfermedad, cuando algo no funciona, en lugar de tratar de arreglarlo, crean otro y ninguno funciona.

Tanto Brasil como Argentina están pasando por épocas difíciles. ¿Cree que algo tenga que ver con el signo político de sus gobiernos?

Tenemos el caso de la Argentina que es muy lamentable y nos permite aprender. Si tienes desequilibrios macroeconómicos muy serios, que requieren un ajuste en serio, no puedes ir a una política gradual.

Y en el caso de Bolivia, ¿cómo deberían ser las medidas, graduales o de shock?

En Bolivia la situación macro sigue razonable, lo que necesita son ajustes, no es shock. En síntesis, Bolivia no está en un crisis, pero está con síntomas, que si no los maneja bien, en el curso de los próximos dos años puede tener una crisis. Se necesita una mayor inversión privada, mucha más participación privada, inversión extranjera y reglas del juego e institucionalidad, que permita al país salir. En cuanto a integración, Bolivia debe insertarse al mundo sin dogmatismo.

HOJA DE VIDA

  • Cargos  Actualmente es presidente del Consejo de Relaciones Internacionales de América Latina (RIAL), copresidente del Consejo Iberoamericano para la productividad y la competitividad y es directivo de varios organismos internacionales. Fue presidente ejecutivo de la CAF por 25 años.
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