Estrategando

Estrategias comunicacionales por la vida

viernes, 13 de septiembre de 2019 · 16:50

Adalid Contreras Baspineiro[1]

Cuando Rafael Alberto Pérez encaró la tarea de pensar una nueva teoría estratégica de la comunicación en un mundo ganado por el individualismo, propuso recuperar al ser humano para generar estrategias relacionales, dialogales y cooperativas, dándoles valor a intangibles como la solidaridad, la seguridad y la confianza, por encima de la rentabilidad económica, o comercial, o política, así como de la competencia, del conflicto y de la guerra.

Menudo desafío para una comunicaciónque asume la tarea de tender puentes entre los opuestos, cerrar heridas y ponerle pegamento a las fracturas sociales, culturales, territoriales y políticas. Para ello se necesita cambiar la perspectiva desde dónde y cómo mirar la vida, y trabajar intencionada y sistemáticamente el encuentro y la convivencia, con el convencimiento que el destino de nuestros países, el que estamos obligados a forjarlo equitativo, se hace con culturas del diálogo.

A este pensamiento acudimos para proponerestrategias comunicacionalesque enfrenten desdelas dinámicas socioculturales de la vida cotidiana y desdelas dinámicas reivindicativas del quehacer politico, la situación angustiosa que está sufriendo nuestra Chiquitania.

Hasta ahora, las intervenciones comunicacionaleshan optado por el camino de la incomunicación, el que privilegia la propaganda por sobre la información, el que distorsiona la verdad mientras las imágenes pintan otras realidades, el que confronta, el que quiere sacar réditos en proceso electoral, el que con estados de entropía comunicacional hace creer a sus voceros que están convenciendo con sus mensajes. Este camino no sofoca, incendia voluntades, enciende fuegos de incredulidad, y también de indiferencia.

Por eso necesitamos emprender otro camino, el de la solidaridad, el de la vida, el que está expresando el clamor ciudadano de mitigar el incendio, mitigar las diferencias, mitigar los posicionamientos y las confrontaciones que politizan un hecho que requiere de todos los esfuerzos y todas las voluntades para ser resuelto.

Proponemos el camino del Pacto por la Vida, donde el ganador sea nuestra Casa Grande amazónica; donde sus habitantes humanos, plantas, animales, aire, agua, tierra y dioses tutelares, sigan siendo una unidad de armoníacon uno mismo (suma jaqaña), en sociedad y con la naturaleza (suma qamaña) y con el cosmos (kuska qamaña). Esta es la base para la convivencia hacedora de vida en comunidad, donde vamos todos juntos, sin que nadie quede atrás.

El Pacto por la Vida empieza por escuchar con nuestros sentipensamientos a los que están sufriendo las consecuencias despiadas del ecocidio.Escuchar es siempre aprender, aprender de los seres que luchan por la vida, los que resisten en sus chacos, los que se organizan en grupos que buscan frenar el ímpetu de las llamas, el jaguar que ruge implorando, los indígenas que marchan por la vida, los violines de Urubichá que surcan los cielos exigiendo respuestas, las sicurís que resguardan el Pantanal. Tenemos que aprender de los voluntarios, de los héroes anónimos que arriesgan sus vidas por la vida. Debemos aprender de los millones de bolivianas y bolivianos que ponen su granito de arena solidario generando un ayni que refresca la vida.

Necesitamos con urgencia pasar de la declaratoria de emergencia a la de desastre nacional. La inversion estatal en la solución del problema es loable, pero insuficiente. No nos están alcanzando los esfuerzos, ni la tecnología, ni las fórmulas para enfrentar adecuadamente un siniestro que ha alcanzado niveles de generación seis, los más cruentos. Las suelas de las botas se siguen gastando, los ánimos se están encendiendo, las voluntades se están cuestionando, los ojos están derramando lágrimas ya no solo por el humo sino también por la impotencia. El desastre nacional en sí mismo no es sólo cuestión de dinero, es de cooperación, de asistencia técnica, de encuentro, de intercambio de saberes, de esperanza, de alternativas múltiples por aire, tierra y agua, de soluciones. El ecocidio en la Amazonia es ya un problema de toda la humanidad y así hay que afrontarlo. No hay fronteras para preservar la vida en nuestro pluriverso.

Necesitamos otro modelo de desarrollo. La expansión de la frontera agrícola ligada a la producción de agrocombustibles nos está consumiendo. Debemos ponerle freno a los avasallamientos, que no se coman a la Madre Tierra, que se preserven nuestros bosques, nuestros parques y nuestros territorios indígenas. Que no se hipoteque nuestro futuro. Es urgente la derogación de los decretos que admiten la ocupación de tierras y las quemasaunque se las proclame controladas.En lugares donde se logra sofocar el fuego, amparados por la sombra de los decretos vuelven los invasores a encenderlos para el chaqueo, y el viento y el calor infernal los expanden. Esto esecocidio.

Sandra Massoni dice que las estrategias de comunicación son básicamente “una forma de ser y transformar”. Siguiendo este pensamiento, tenemos que provocar un diálogo nacional para la reconciliación, para la recuperación de la confianza, para la solidaridad; para pensar, actuar y soñar juntos; para apagar el fuego y luego regenerar la vida; para escalar al sentido de la frónesis, es decir a la prudencia, a la sensatez, a la concordia y a la sabiduría colectiva, fomentando la reflexión, las iras compartidas, los tejidos de esperanza y las narrativas para un acuerdo nacional por la vida. 

Un Pacto por la Vida es un acuerdo de unidad sin colores políticos, sin regionalismos, sin diferencias generacionales ni de género. No vamos a apagar el incendio si se sigue con el concurso de quién quemó más o menos. Ya son más de dos millones de hectáreas, y de historia, de biodiversidad, de futuro, de esperanza. Ya es tarde para una resiliencia adecuada, es cierto, pero nunca tan tarde como para demostrarnos a nosotros mismos, a las generaciones que nos siguen, y al mundo, que en esta tierra supimos transitar del camino de la incomunicación al camino de la vida.

 

[1]Académico boliviano radicado en Quito, especialista en estrategias de comunicación

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