Longaric es la primera canciller del país, como ella lo soñó a sus 22 años

En 50 días de gestión, Longaric ha tomado decisiones polémicas y fuertes, como la expulsión de diplomáticos de tres países, la salida de Bolivia del ALBA y su desvinculación de Unasur.
domingo, 05 de enero de 2020 · 00:03

Mery Vaca  / La Paz

A sus 22 años, cuando todavía era estudiante de Derecho de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), ingresó a trabajar en la Cancillería de Bolivia y fue entonces cuando Karen Longaric se propuso un objetivo que ahora está cumpliendo. “Tenía fe de que algún día iba a ser la Canciller de la República y que iba a ser la primera Canciller”, dice desde su despacho de la plaza Murillo.

Y no le ha tocado una tarea fácil. Dice ella que desde aquel entonces no recuerda un período tan turbulento en las relaciones exteriores de Bolivia como el que el país está viviendo ahora, pero explica que esto se debe a que el MAS montó una maquinaria política en las embajadas y consulados del país que ella está desmontando poco a poco.

“Despacho del señor ministro”, se lee en la puerta de su oficina, como una muestra de que antes de ella por ese lugar solamente pasaron hombres, aproximadamente unos 200, según un artículo publicado por Fernando Salazar Paredes en Página Siete, en el que afirma que Longaric es una canciller de lujo. Atareados como están con fuertes “impases” diplomáticos con España, México y Argentina, los miembros de su equipo no repararon en el detalle del letrero.

Longaric nació y creció en Sucre, aunque en cada vacación visitaba Muyupampa, en el Chaco chuquisaqueño, para disfrutar de Vallecitos, la propiedad ganadera de su familia materna. Pero, los orígenes de Longaric también están en Croacia, donde nació su abuelo paterno. De hecho, el círculo croata de La Paz destacó su nombramiento como Canciller por considerarla parte de la comunidad de esa nacionalidad instalada en Bolivia.

Estudió en el colegio Santa Ana de Sucre y de Santa Cruz, y luego cursó la carrera de Derecho en la Universidad Mayor San Francisco Xavier de Chuquisaca, para terminar su formación de pregrado en la UMSA de La Paz.

Karen es la menor de cinco hermanos, pero tres de ellos fallecieron. Uno perdió la vida en un accidente de tránsito a sus 16 años, otro murió a los 36 años de un paro cardiaco y el tercero dejó de existir víctima de un cáncer hace cuatro años. 

Longaric cuenta que sus padres pudieron sobrellevar esas pérdidas gracias a su fe católica, la que ella también profesa y a la que honra asistiendo a misa cada domingo e inculcando la doctrina a sus propios hijos.

Recuerda que antes de ser ministra  trabajó en tres ocasiones en la Cancillería, pero que las tres veces tuvo que alejarse de sus cargos. “Mi esposo era de un partido político y cada vez que estaba en el gobierno me despedían de Cancillería”, lanza con una media sonrisa en los labios. 

La actual Canciller estuvo casada con el movimientista Franklin Anaya Vásquez, más conocido como Panka Anaya, quien falleció el 2011 de un paro respiratorio en Cochabamba.

Cuenta que se conoció con él mientras trabajaba en la Cancillería, que él era mayor que ella con 12 años, que se casaron, que tuvieron dos hijos y  que vivieron 25 años juntos.

Ahora no sabe decir si lo amó más que lo admiró o viceversa. “Creo que ambas cosas”, se responde a sí misma.

La pregunta entonces para Karen, -la mujer, no la Canciller- es si ella vivió a la sombra de su esposo. Sonríe sobriamente y desvía el tema indicando que ella creció en una familia con una fuerte disciplina, en la que se enseñaba a trabajar mucho. “Mi papá decía que había que acostarse en la cama sólo cuando se estaba cansado de trabajar”. Y así lo ha hecho hasta ahora. 

Longaric reconoce que Anaya influyó en su pensamiento de izquierda, pero, aunque  él murió siendo el jefe nacional del MNR, ella nunca se inscribió en ese o en otro partido. Más bien dice que fue simpatizante del PS-1, de Marcelo Quiroga Santa Cruz.

Siendo muy joven Karen Longaric fue ministra consejera en Venezuela y más tarde también viviría en Cuba, donde su esposo fue embajador. Ella aprovechó el tiempo para estudiar su doctorado en relaciones económicas internacionales, con especialidad en solución de controversias.

¿Por eso, Longaric tiene una opinión “amigable” con Cuba?, le preguntamos. “Me considero una mujer progresista, una mujer que en su momento también aplaudió los cambios políticos orientados hacia la izquierda y siempre voy a mantenerme como una mujer progresista, he admirado la revolución cubana, aunque hoy hay un desencanto de muchos”, responde. Ella está entre los desencantados.

La académica

Por los motivos explicados, Longaric no siguió una carrera en la Cancillería, pero, en cambio, destacó en el ámbito académico. Empezó dando clases en la Universidad Católica para luego quedarse en la UMSA, donde sigue siendo profesora y  piensa volver cuando termine su gestión como Canciller.

También fue rectora de la Universidad Andina Simón Bolívar en La Paz y dio clases en maestrías y doctorados en diferentes universidades y centros académicos del país. Según su hoja de vida oficial, escribió cinco libros sobre solución de controversias, arbitrajes y temas jurídicos en los procesos de integración.

Ella aclara que en realidad rechazó funciones públicas en la época del MIR y del MNR. “Quizá quería apartarme de la política, que mucho se vivía internamente en mi hogar”, dice.

Incluso, en las últimas elecciones fue invitada por tres partidos para formar parte de las listas. El MNR la buscó para ser candidata vicepresidencial, Comunidad Ciudadana la invitó a postular a una diputación y UCS a buscar una senaduría por La Paz. 

Ella cuenta que prefirió quedarse dirigiendo la Fundación Idea porque tiene obligaciones económicas muy fuertes y tiene a sus dos hijos estudiando en Alemania. El mayor es doctor en economía y la menor está terminando una maestría en relaciones internacionales. 

“La responsabilidad económica la asumí yo, no mi esposo”, cuenta la canciller, sin embargo, destaca el legado intelectual que su esposo dejó a sus hijos.

Su posición política

Longaric no sólo destacó en el ámbito académico, sino que, siendo columnista de Página Siete, fijó una dura posición en contra de la política exterior del gobierno de Evo Morales. 

Particularmente  fue controversial su posición, casi solitaria, en contra de la demanda que Bolivia le planteó a Chile ante la Corte Internacional de La Haya, alegando que no tenía sustento jurídico. No faltó el que la llamó “prochilena” por eso. Bolivia finalmente perdió el juicio en La Haya y Longaric se consolidó como una internacionalista solvente que ahora tiene la guitarra en sus manos.

En noviembre del año pasado, tras la asunción de Jeanine Añez a la presidencia del Estado, Longaric cambió de opinión, según dice, persuadida por los exfuncionarios de carrera de la Cancillería, además de las llamadas de Agustín Saavedra Weise, quienes le hablaron de la “responsabilidad patriótica” que debía asumir.

Así lo hizo y desde que ha asumido ha demostrado que detrás de esa voz suave y esa sonrisa agradable  hay una mujer fuerte. Ya ha expulsado a diplomáticos de Venezuela, México y España; ha sacado a Bolivia del ALBA y ha pedido la desvinculación del país con Unasur. Y sólo lleva 50 días en el cargo.

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