Sin rumbo tras fracaso, Santa Cruz interpela al Comité Cívico

Ante la victoria del MAS, el Comité Cívico cruceño es blanco de ataques, según analistas. Un estudio mostró tendencia al autoritarismo en algunos sectores.
domingo, 8 de noviembre de 2020 · 01:06

Carolina Méndez / Santa Cruz 

Después de  la victoria del MAS en las urnas, Santa Cruz -la cuna de la oposición del 21F y el génesis del levantamiento popular de 2019-   emprende paros  que cuestionan las elecciones sin pruebas. Ante el resultado, el Comité Cívico se ha convertido en el blanco de ataques, ya sea por utilitarismo o por interpelación, coinciden analistas.


Hay que empezar por convenir que los reduccionismos no sirven para explicar Santa Cruz, apuntan los analistas consultados. Aseverar de buenas a primeras que se trata de una sociedad moralmente conservadora y económicamente liberal no alcanza para retratar la heterogeneidad de este conglomerado de bolivianidad.

 “Santa Cruz es el lugar más complejo de Bolivia y será el 2030 el territorio donde se concentre el 60% de la población boliviana”, sostiene el periodista Tuffí Aré.

Hay pues, en el departamento locomotora del país, entre grupos de poder tradicional, fracción empresarial, clase media emergente, grupos migrantes, población indígena y otros tantos sectores, una amalgama de tensiones que componen el tejido polifónico de voces que hacen la complejidad de este espacio social. 

Quizá por eso, atribuirse la representación del “pueblo cruceño” bajo una institución corporativa, como lo es el Comité Cívico, suene cada vez más desfasado. Pero a la vez, no faltará los que saquen las garras defendiendo la legitimidad indiscutible del “gobierno moral de los cruceños”.

 
El Comité Pro Santa Cruz -que cobró  protagonismo el 2019, luego de una década de silencio, tras el cabildo de 4 de octubre donde se lloró en colectivo la quema de la Chiquitania- es una instancia institucional que tiene más de 70 años y aglutina a varios sectores del departamento organizados en colegios, fraternidades y sindicatos, entre otros. 

Pocos días antes de la posesión de Luis Arce como nuevo presidente electo, un importante porcentaje de la población cruceña organizó movilizaciones, llevó adelante paros cívicos e intentó repetir a toda costa escenas de 2019, incluso insistiendo sin argumentos sólidos en la idea de un fraude electoral. En ese proceso negacionista de resultados hay una afrenta directa –ya sea por interpelación o por utilitarismo- al Comité Pro Santa Cruz.

“La institución conservadora pero representativa de ciertos ideales regionales, históricamente aséptica a lo político electoral, como es el Comité Cívico, se ha reducido a ser un brazo político de Creemos, con algunas vertientes   radicales”, resume Gabriela Ichaso, escritora y analista.

Clamor militar e interpelación 

La imagen de personas arrodilladas en puertas de un cuartel militar en Santa Cruz pidiendo intervención en nombre de la democracia,  ante el descontento de los resultados, pasará a la historia como la postal de la irracionalidad. 

“Hay desbordes incontrolables. Posiciones ultraconservadoras que tienen una lectura delirante sobre la realidad y que tienen la convicción de que hubo un fraude sin tener el menor indicio para poder demostrarlo. Ir a los cuarteles a pedir democracia en nombre de Dios es no sólo disparatado, sino peligroso”, advierte Daniel Valverde, analista y director del Observatorio Político de Universidad  Gabriel René Moreno.

La propuesta que sonaba descabellada se fue convirtiendo en un clamor que cada vez ganaba más adeptos. Al punto que, a los pies del Cristo Redentor, el  lunes 2 de noviembre de 2020, en el Cabildo cruceño se consultó a cientos de ciudadanos allí presentes si estaban de acuerdo con un “gobierno cívico-militar’ .  Y la  respuesta que se escucho de la masa fue “sí”. 

“Es la única solución”, diría luego Martín Delgado, el presidente de la Unión Juvenil Cruceñista (UJC), al ratificar su postura  al ser consultado sobre si fue un error ese pedido impulsivo.

Para Ichaso, contrario a la retórica de los organizadores de las protesta, lo que sucedió allí en los pies del Cristo y lo que viene pasando poscomicios no deben ser llamados cabildos, sino “asamblea de los perdedores a nivel nacional”, que tiene como actores a los candidatos del partido que quedó  tercero en preferencia electoral. 

“Hubo una narrativa perversa previa a la elección que negaba encuestas y que posicionaba como enemigo a quien no apoyaba lo que decía ‘el líder’. Quien pensaba diferente, no era cruceño, era masista y traidor a Santa Cruz. Crearon una especie de secta en vez de una propuesta partidaria. Luego de la etapa de negacionismo de encuestas, después de las elecciones, les vino la etapa de negacionismo de resultados. Por tanto, las movilizaciones son producto del baño de agua fría que significó la realidad”, asevera la escritora.

“Las movilizaciones y la toma de calles son una reacción ciudadana ante la frustración por el fracaso electoral y el miedo a que vuelvan las prácticas del pasado. Hay una interpelación a los actores políticos y a la institucionalidad del Comité Cívico. Además, hay un enojo ante el sistema institucional boliviano que no responde”, explica, por su parte, el periodista Tuffí Aré.

La noche del martes 3 de noviembre, un grupo de movilizados llegó hasta el Comité Pro Santa Cruz para exigir que se declare paro indefinido, ante lo que ellos llaman un megafraude tan bien hecho que nadie pudo detectarlo. 

Rómulo Calvo, presidente del comité, se sintió acorralado por los movilizados, quienes pedían su renuncia e impidieron su salida de las oficinas. Calvo se declaró como “rehén” y tuvo que salir del lugar custodiado por  la Policía.

“Se generó mucha expectativa y euforia, y hemos llegado a un momento donde se dan cuenta que no hay nada. Hay un vacío de liderazgos, una desorientación y un aprovechamiento de algunos grupos partidarios que se valen del ruido para distraer de su responsabilidad con los resultados del 18 de octubre”, señala Valverde.

Agrega que es la brigada parlamentaria cruceña la llamada a resolver esta crisis que es política y  no social. “No debería ser el Comité Cívico o los que toman rotondas   los que busquen el cauce de salida a este momento, sino las autoridades electas”, concluye.

Con   contradicción de por medio, autoridades electas de Creemos para la Asamblea Legislativa  piden un  auditoría electoral porque presumen fraude, pero asumen el mandato obteniendo credenciales producto del proceso que cuestionan. Actualmente, Creemos tiene 15 parlamentarios de Santa Cruz; el MAS 13  y  Comunidad Ciudadana, cuatro.

 “Tendencia al autoritarismo”

Un  grupo de  docentes investigadores de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno llevó adelante una investigación publicada en septiembre de este año, en la que se rastreó el “espectro político cruceño”. A través de una encuesta aplicada a 1.161  universitarios (de la universidad pública y de las privadas) y a 663 ciudadanos, dos semanas antes de las elecciones frustradas de 2019. 

Se concluyó que tanto en jóvenes como en la ciudadanía  general hay una posición democrática con tendencia al autoritarismo. “No es autoritaria, pero sí con tendencia a serlo”, dice María Pía Franco, editora de la publicación.

 
El trabajo cuyo título es Pensares, decires y sentires electorales. Espectro político, preferencias ciudadanas y discursos en las elecciones nacionales bolivianas de 2019 está disponible online y analiza tres cortes de estudio, el género, la clase socioeconómica y el tipo de institución educativa universitaria (estatal o privada) a la que asisten los encuestados.

“Entre las conclusiones tenemos que el 68% de los encuestados estaban en contra de la migración hacia Santa Cruz, lo cual es paradójico, ya que más de la mitad de la población viene de familia migrante. El 82% estaba muy de acuerdo con el control de uso de drogas en adultos. Rotunda preferencia de castigo por sobre la rehabilitación en criminales. El único tema que tuvo una tendencia distinta fue el relacionado al medio ambiente, presumo que se explica porque estaba muy reciente lo de los incendios de la Chiquitania, más que a una conciencia medioambiental en la población”, relata Franco.

Este estudio podría condecirse con lo recientemente visto en Santa Cruz. “Queda claro que se apostó mucho al desarrollo productivo, pero se apostó nada o muy poco a desarrollar una cultura política. Hay ahí mucho que trabajar”, dice Valverde.

Jhonny  Atila Lijerón, Paula Peña Hasbún y Joselin Sandoval Justiniano, que formaron parte de la investigación, precisan, sin embargo, que hay una tradición sociopolítica con propensión al establecimiento de regímenes populistas y autoritarios en toda Bolivia, tal como concluyó el filósofo H. C. F. Mansilla, ya a principios del siglo XXI. Quizás por eso no hay tanta distancia entre el pedido de régimen militar con el de la creación de milicias armadas que sale desde el occidente  del país.
 

 

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