El montañista que subió a la cima de una nueva vida

Entre sus deportes favoritos está el fútbol y el montañismo, este último lo practica dos veces al año. El candidato guarda en su corazón a su abuela Aurora.
domingo, 15 de marzo de 2020 · 00:04

Daniela Romero L. / La Paz

Orgulloso muestra la tricolor de la pitita que lleva en la muñeca derecha, asegura que es en homenaje a los bolivianos que sacaron a la tiranía del poder. Esos mismos colores son los que lo convencieron de quedarse en el país, a pesar de que sabía que su decisión le iba a costar su familia.

Cayó, como todo montañista cuyo objetivo son los picos altos. Sin embargo, Jorge Tuto Quiroga no se rindió y volvió a subir, esta vez impulsado por un nuevo amor que hace que la escalada por la vida sea más llevadera.

“Reconstruí mi vida con Milena,  con ella  ahora para siempre, ella tiene sus hijos, yo los míos, pero hemos reconstruido nuestra vida juntos”, cuenta.

Milena Dogronick es médica, trabajó en Estados Unidos y ahora en Bolivia es su compañera. “Ahora aguanta mis malos humores y me acompaña, me ayuda, uno requiere siempre un apoyo emocional y gracias a ella lo tengo”, confiesa el expresidente.

Contrario a lo que le caracteriza siempre: ser “directo y tajante” en sus opiniones contra líderes prorroguistas, cuando habla de sus hijos y de sus padres sus ojos se humedecen y sonríe para contar sobre ellos.

Infla el pecho al contar que su hija mayor, que ahora trabaja en Google, estudió becada toda su carrera en una universidad de Estados Unidos. Se apena al recordar que su hijo menor no pudo crecer a su lado, pero sonríe al saber que él estudia Historia y lo va a visitar de vez en cuando.

“El gran amor de mi vida son mis hijos, que los tengo”, dice. Los cuatro son paceños, por eso Quiroga le guarda un cariño especial a La Paz. Aunque su corazón se queda en Cochabamba, su tierra natal y donde viven sus padres, Sonia y Jorge.

De hechos, los recuerdos que atesora de su niñez es en la Llajta, en la casa de su abuela Aurora, madre de su padre. “Ella tenía cajas de los chocolates Mackintosh, cocinaba sopa de maní en su casa de la calle San Martín. Aurora se desvivía por nosotros, sus únicos nietos, siempre me quedan los recuerdos de jugar fútbol en el zaguán  con las rodillas sucias y mis amigos”.

En septiembre de 1997 perdió a su hermano Mauricio. Él tenía 31 años cuando regresaba de Cochabamba a La Paz junto a su esposa y sus dos hijas. Un bus embistió el coche de la familia, todos perdieron la vida, menos  la hija mayor que tenía por entonces cuatro años.

“Mauricio salió a mi madre, el más afortunado, alto como la montaña, lindo como el sol y terco como un toro. Después del accidente, la pequeña sobrevivió y luego creció con la hermana de mi cuñada, no con nosotros. Ahora es universitaria, muy linda, es todo lo que nos queda de él”, cuenta.

Su hermano está enterrado en el Cementerio Jardín, en La Paz, y ese lugar es uno en los que el expresidente encuentra paz cuando lo visita en sus jornadas mañaneras de trote. “Siempre me doy una escapada, le dejo una flor, es una forma de llenar mi espíritu”, asegura.

Uno de los deportes que practica ahora es el trote, despeja su mente y, aunque dice que no es como antes, hoy recorre hasta cinco kilómetros por la Costanera y otras avenidas paceñas.

Pero otro deporte que no deja y que lo cautiva siempre es el montañismo. Subió varias veces el Illimani, el Huayna Potosí y el Condoriri siempre con la guía de Bernardo Guarachi, el reconocido montañista boliviano.

“Yo subo dos o tres veces al año  la montaña, me gusta, no soy loco, siempre bien amarrado y guiado por Bernardo Guarachi, que es el mejor”, afirma.

Quiroga recuerda que hace años, cuando invitó a una autoridad estadounidense para que lo acompañara al Illimani, pasó el susto de su vida. 

“Estábamos con Bernardo y mi amigo. Él se puso mal y se quedó en la carpa y ahora pienso que debía quedarme con él, pero ese momento te agarra la locura de la montaña y quieres llegar a la cima. Lo dejamos, nos alcanzó un francés y nos dijo que si no conocíamos al que estaba en la carpa, le dije que sí, y nos dijo que estaba muy mal, con un edema pulmonar. Tuvimos que bajar y Bernardo fue quien lo salvó y lo llevó cargado todo el camino de vuelta. Mi amigo regresó varias veces pero ya no quiso saber de volver al Illimani”, sonríe.

Sin embargo, el básquet fue el deporte que hizo que llegue a la selección de Santa Cruz, se formó desde pequeño y creció así. “Técnicamente hablando, lo que mejor jugaba en Bolivia era el básquet, estuve en la selección de Santa Cruz y en el equipo Nonis de primera división”.

Y gracias al básquet recuerda a uno de sus mejores maestros de su adolescencia, “el profesor Molina”, a quien atribuye todas las enseñanzas y ayuda. “Me decía que entrene dos horas más, que no me rinda”.

Entre sus recuerdos que desempolva con cariño está el colegio La Salle, del cual se graduó y en el que cosechó grandes amigos de infancia. Tengo mis buenos amigos, de ahí salió la comparsa Los mequetrefes, recuerdo a los hermanos (de las escuelas cristianas) César y Manuel,  muy buenos”, rememora.

Lo que no sabe el candidato  es que cuando asumió el poder, en 2001, los estudiantes de la promoción de La Salle de La Paz fueron conminados a escribir un ensayo por puntaje extra del entonces flamante Presidente de Bolivia y de paso, lasallista.

Si bien practicó y aún practica varios deportes, el fútbol es  el deporte que hubiera querido seguir profesionalmente. “Yo hubiera querido ser futbolista”, afirma con certeza y recuerda que siempre fue seguidor de Norberto Beto Alonso, uno de los jugadores más talentosos de Argentina.

 Fiel a Wilstermann, el equipo de sus amores, sigue los campeonatos nacionales e internacionales con rigurosidad alentando a al equipo rojo aviador.

Jorge Quiroga ha leído mucho, pero Socavones de angustia es el “obligatoriamente preferido”, que desde que era chico lee cada que tiene oportunidad. Trabajó en Estados Unidos, fue ministro en Bolivia, vicepresidente, presidente y ahora postula para las elecciones del 3 de mayo con la alianza Libre 21.

A pesar de la persecución que sufrió del gobierno de Evo Morales, no pensó ni un solo segundo en irse de Bolivia. Prueba de ello es su candidatura, a pesar de las críticas  que aseguran que con su postulación se dispersará el voto.

Quiroga está convencido de que el país merece vivir democráticamente. Hoy la pitita tricolor no sólo la lleva como un homenaje, sino también como un estímulo para llegar a la cima de la montaña más grande: ganar las elecciones.

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