A falta de control, en la Llajta aprovechan la cuarentena para el negocio

La actividad comercial y social no está paralizada en la zona sur de Cochabamba pese a la cuarentena. En el departamento valluno se registran ya 21 casos de Covid-19.
jueves, 2 de abril de 2020 · 00:00

María Mena M. / Cochabamba

Mientras rige la cuarentena en todo el país para evitar el contagio del coronavirus, en la zona sur de Cochabamba, la más populosa del municipio, los negocios de comida se han incrementado y abren todo el día; los jóvenes juegan básquet y futbol en las canchitas deportivas y, las familias –junto a sus hijos menores- salen de paseo como si la medida preventiva fuera en realidad de esparcimiento y diversión.

Algunos lo atribuyen a la falta de control policial y militar; otros, a la “viveza criolla” de sus pobladores. Lo cierto es que en esa popular zona la vida prosigue normal, impasible ante los ocho fallecidos y 123 casos positivos en el país como consecuencia de la pandemia del coronavirus que ha puesto en alerta sanitaria al mundo entero.

Los barrios del sur

En Sivingani, camino al municipio de Santivañez, parecería que sus habitantes no conocen las medidas preventivas ni las prohibiciones por la cuarentena. Allí, en plena avenida principal, se abrieron nuevos negocios o puestos de pollo a la broaster, de salchipapas o hamburguesas.

Cerca de la escuela Antonio Diez de Medina, hay una pampa que ha sido adecuada para partidos de futbol y otros esparcimientos deportivos. El pasado fin de semana, el primero de aislamiento total en todo el país, un grupo de jóvenes y adultos organizaron al menos dos partidos de fútbol.

“Toda la mañana y parte de la tarde del domingo jugaron fútbol. Venían a mi tienda para comprar gaseosas, helados y otras golosinas. He vendido bien”, contó a Página Siete Andrea P. propietaria de una tienda de barrio en Sivingani.

Andrea es consciente de que está prohibida la circulación y venta los sábados y domingos. Pero en vista del movimiento de personas, de la inexistencia del control policial o militar y ya que los otros negocios también estaban abiertos, optó por seguir el ejemplo de su competencia.

Justina H., también vecina de Sivingani, es madre de cinco hijos, dos de ellos menores de edad. Desde que se decretó la cuarentena, sale casi todos los días con su familia a pasear por la zona.

“Estar encerrada en casa es muy agotador. No se puede estar así. Mis hijos se aburren. Acá no va pasar nada, ese virus no va llegar a los pobres”, asegura Justina con total incredulidad.

Cada mañana en el barrio San Antonio hay intenso movimiento. En el mercado Abasto los clientes y comerciantes no usan barbijos ni otras medidas de salubridad; abunda la oferta de verduras, frutas y otros alimentos, pero a precios elevados. Sólo la carne de pollo se mantiene estable a 12 bolivianos el kilo.

En el barrio Tamborada B., a la orillas del río del mismo nombre, una tienda pintada de naranja está abierta todos los días desde el amanecer hasta el anochecer. A unos 100 metros de distancia hay una canchita de básquet donde los vecinos organizan partidos de fulbito cada dos días.

En Villa México, en la avenida Tamborada, algunos vecinos salen a jugar con pelota, manejan bicicletas o van de paseo.  En Villa Pagador, al sureste de Cochabamba, cada día parece de feria por el intenso movimiento de personas, de negocios y comerciantes. Solo en las tardes la actividad se reduce considerablemente.

En Molle Molle la circulación de vehículos particulares es regular. Los taxistas y mototaxistas aprovechan la paralización del transporte público para ganar unos pesos. “Manejan a toda velocidad y cobran caro. Ya llamé a la Policía y dijeron que iban a venir, pero nada. La cuarentena perjudica a unos y beneficia a otros”, dijo Jammy T., vecino de la zona.

El control policial y militar está enfocado al centro de la ciudad y los principales mercados.  Allí, la Alcaldía y la Gobernación de Cochabamba iniciaron la fumigación y desinfección, pero aún no llegaron al sur.

El comandante departamental de Policía, Franz Sellis, admitió que el control de los uniformados fue rebasado en algunas zonas porque la gente no toma conciencia de la magnitud de la pandemia.

Desde el Comando de las Fuerzas Armadas de Cochabamba llamaron a la reflexión, pidieron a la población que se quede en casa “o vamos a aplicar la coerción. Se está cumpliendo al pie de la letra el decreto, se aplicará las multas, las detenciones y los decomisos”, advirtieron.

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