Guido Añez: «Por 72 días de ministro llevo casi 13 años exiliado» en EEUU

Decidió no ejercer como abogado porque, en vez de estudiar él, invirtió el dinero para sacar adelante a sus cuatro hijos. Todos ellos ahora son profesionales. Su esposa es chef de un lujoso hotel.
domingo, 17 de octubre de 2021 · 05:17

Mery Vaca  / La Paz

Hay algo que Guido Añez, más conocido como Chelelo, todavía no puede verbalizar: el no haber podido viajar a Bolivia para despedirse de su padre y de su madre, que fallecieron mientras él estaba exiliado en Estados Unidos, condición en la que vive desde hace casi 13 años. “Sí, perdí a mi padre y a mi madre, no pude despedir a ninguno, no se lo comenté porque todavía me quiebro”, escribe por WhatsApp luego de una entrevista en la que evidentemente no mencionó el tema.

“El exilio es lo peor que le puede pasar a una persona, es el destierro, arrancarte de tus raíces, sacarte de tu hábitat”, dice con la fuerza y la emoción de quien vive para volver, porque si bien ahora su cuerpo está en Miami, su mente y su corazón siguen en Bolivia y particularmente en Santa Cruz. “En el fondo sufrí una especie de desdoblamiento;  yo estoy físicamente en EEUU, pero mentalmente estoy en Bolivia, leo todos los periódicos de Bolivia todos los días, estoy pendiente de lo que pasa en Bolivia, casi la totalidad de mis relaciones sociales son con Bolivia, todo es con Bolivia y principalmente con Santa Cruz”, dice y no exagera, sus redes sociales y su vida están llenas de Bolivia.

Si bien este exministro, expresidente de la Cámara de Diputados, exprefecto y exconcejal logró reinventarse en Miami, donde le va bien económicamente, no echó raíces en tierra gringa. ¿Y habla inglés? “Sólo Walt Disney, córner, offside, Seven Up”, responde entre risas para decir que en realidad nunca quiso ni necesitó cambiar su idioma porque Miami es una ciudad latina.

“Yo nunca pensé vivir fuera de Bolivia, siempre me preparé para vivir, estar y continuar en Bolivia y, de pronto, de la noche a la mañana, me sucedió, por 72 días de ministro, llevo casi 13 años de exilio”, dice con el acento camba que nunca abandonó.

En 2003, Añez era ministro de Agricultura cuando sucedió la denominada guerra del gas, que obligó al entonces presidente Gonzalo Sánchez de Lozada a renunciar a su cargo y a asilarse en Estados Unidos, donde vive hasta la actualidad. Hoy se cumplen 18 años de aquellos sucesos.

Añez, que integraba el área social del Gabinete, creyó y sigue creyendo hasta ahora que no tiene ninguna responsabilidad por lo sucedido, porque su función no se relacionaba con la seguridad del Estado. Por eso y porque debía cumplir con su mandato de diputado hasta 2005, decidió permanecer en Bolivia.

En 2005 terminó su gestión legislativa y se marchó a Santa Cruz, donde retomó su bufete de abogado que había dejado abandonado desde que incursionó en la política. Pero, una vez en el poder, el MAS activó el juicio de responsabilidades para Goni y para todo el Gabinete que le acompañó, con el argumento de que todos habían firmado el decreto que permitía el operativo del denominado “convoy de la muerte”, que se abrió paso a balazos en El Alto para sacar combustibles  de Senkata.

Añez recuerda que, en su función de ministro, concurrió a El Alto, junto a Juan Del Granado, para intentar el diálogo con los huelguistas de hambre, además sostuvo encuentros con los entonces activistas de Derechos Humanos, Sacha Llorenti y Rolando Villena; hizo viajes a Tarija, Beni y Santa Cruz; y hasta viajó a Riberalta para traer a La Paz al nuncio apostólico para instalar los diálogos para la transición en favor de Carlos Mesa. En fin, resume su labor en actos de pacificación y ninguna confrontación.

Tras ser acusado, recuerda que concurrió en tres ocasiones a Sucre a declarar ante la Fiscalía, pero que, en vez de mejorar, las cosas empeoraron, pues el tipo penal de “complicidad con el genocidio” fue cambiado a “autor directo del genocidio” y, para más señales de que no tendría escapatoria, el gobierno de Morales enjuició a los miembros del Tribunal Constitucional y cambió a los magistrados de la Corte Suprema, que terminaron siendo los conjueces nombrados por el propio Presidente. Entonces vio que no quedaba otro camino que el exilio. Planificó su salida del país junto con  los otros dos ministros miristas del Gabinete, Hugo Carvajal y Jorge Torres, con quienes hicieron consultas con los partidos aliados en el extranjero para buscar asilo.

Añez no se animó a cruzar la frontera por Desaguadero como lo hicieron Carvajal y Torres, así que salió vía aérea rumbo a Lima con uno de sus hijos;  al día siguiente le alcanzaría su esposa, la entonces presentadora de televisión, Gabriela Amelunge, con otro de sus hijos. Los otros dos hijos (Añez y Amelunge tienen cuatro hijos)  ya estaban en Estados Unidos, el uno estudiando su carrera universitaria en Washington y el otro en un intercambio colegial para aprender inglés, del que nunca más pudo volver.

Luego de tres días en Lima, Carvajal optaría por España, Torres decidiría quedarse en Perú y Añez tomaría su vuelo para Miami, donde, según dice, encontró amigos bolivianos, conocidos y, lo más importante, “soporte emocional”,  que es lo más importante en un momento así. Por eso decidió quedarse.

Añez, abogado con especialidad en relaciones diplomáticas, vio que en Estados Unidos no podría ejercer porque hubiera tenido que estudiar al menos otros cuatro años, algo imposible en un momento en el que no tenía ingresos seguros y tenía cuatro hijos para sacar adelante. “Decidí que mis hijos estudien y yo sacrificar el tema profesional”, dice ahora ya aliviado porque sus cuatro hijos son profesionales, tienen sus respectivos trabajos y no dependen económicamente de él.

Añez que, según dice, no le tiene miedo ni vergüenza al trabajo, empezó a importar y exportar cosas de y hacia Bolivia para terceras personas, luego dio servicios de transporte y, pudo vender algunas cosas en Bolivia para iniciar la compra de inmuebles en Miami, los que ahora alquila y le permiten vivir cómodamente.

Entre tanto, su esposa también empezaba su propio proceso de reinvención. Ella había sido presentadora de noticias de Red Uno, Unitel y Bolivisión y luego conducía el programa La Batidora, en el que hablaba de cocina y también daba cursos de gastronomía. No fue más, al llegar a Miami se inscribió en el afamado instituto Le Cordon Bleu y luego se convirtió en la chef pastelera del hotel The Betsy, en South Beach, donde trabaja hasta la actualidad.

La familia Añez Amelunge tenía poder y dinero para llevar una vida cómoda en Bolivia, pero, de un día para otro tuvo que meter su vida en una maleta y buscar asilo. Añez cuenta que el proceso “fue muy duro”, sobre todo porque tuvieron que adaptarse a una nueva vida, a nuevos conocidos, a nuevas escuelas, esta vez públicas. Pero, él se siente agradecido de que sus hijos jamás lo hayan recriminado por ponerlos en esa situación y, de hecho, ahora considera una bendición que todos ellos sean profesionales y ya no dependan económicamente de él. El primero es economista, el segundo estudió matemáticas, mientras que el tercero y el cuarto se decantaron por las finanzas.

Añez tiene 62 años y seguramente mucha vida por delante, pero no se imagina muriendo en otro lugar que no sea Bolivia. De hecho, recuerda que la única vez que vivió fuera de Bolivia fue durante el gobierno de facto de Luis García Meza, cuando tuvo que salir exiliado a Paraguay. Aquella vez transcurrieron dos años fuera del país en los que además aprovechó para terminar sus estudios de abogado;  ahora ya lleva casi 13 años con los títulos archivados y con el corazón latiendo al ritmo de Bolivia, donde tiene una propiedad ganadera, una casa, un departamento y un terreno, todo embargado por el  juicio de responsabilidades.

¿Con la llegada del gobierno de Jeanine Añez al poder, intentaron junto a Carvajal y Torres volver a Bolivia?

Estuvimos intentando volver a Bolivia. Yo siempre he peleado por una amnistía general e irrestricta, que se dé para la totalidad de los presos y perseguidos políticos durante el gobierno de Evo Morales. Jeanine Añez no se animó a alargar la amnistía general e irrestricta e hizo un esquema intermedio, hizo una comisión, que analice caso por caso. En el caso de nosotros es más complicado que otros casos porque el de nosotros es un juicio de responsabilidades;  no es un juez el que nos tiene que decir “señores, los liberamos de su causa”, es la Corte Suprema. Inclusive varios amigos que estaban en el gobierno de Jeanine Añez me dijeron venite, nosotros te garantizamos. “No”, dije yo, es un problema de principios, yo no puedo irme a mi país y llegar con una acusación que penda sobre mí, tengo que volver a Bolivia totalmente libre de las acusaciones injustas e ilegales e inconstitucionales que me hicieron. Hubo una primera etapa en que veíamos que la situación del retorno a la democracia iba a ser plena y absoluta, pero después ya vimos que la situación no iba a ser así y decimos los tres compañeros del MIR no volver hasta que tengamos seguridad jurídica absoluta.

Ahora que el MAS al vuelto al poder, ¿menos?

En el fondo, el partido que nos acusó, Evo Morales, que fue el que nos acusó, la bancada política que nos acusó, son los que siguen detentando el poder con más radicalidad que en el gobierno de Evo.

¿Usted quisiera volver o se imagina viviendo en el futuro en EEUU?

No, yo tengo que volver a Bolivia. Yo tengo 50 años de vida en Bolivia, mis raíces están en Bolivia, mi familia está en Bolivia, mis amigos, mi vida la he hecho en Bolivia. Estoy aquí eventualmente, pero mi razón de vivir está en Bolivia. Yo me crié allá, quiero ir a morir allá, a estar los años que me quedan, disfrutar de mi país, de mi patria;  tengo derecho a vivir en mi país, ésta es una situación circunstancial que hace que tenga que vivir en otro país, no por mi decisión. Yo no soy un migrante, yo no puedo vivir en mi país por las circunstancias políticas, el día que pueda voy a volver a Bolivia.

¿Eso tendrá que ser cuando el MAS deje el poder?

Yo lo veo al MAS más radicalizado que en la etapa de Evo. La radicalización del MAS procede de  dos cosas: la primera, se acabó el ciclo del gas, hoy día estamos viendo que el país vuelve a una normalidad en términos de ingresos, y eso hace que cuando usted no tiene a la gente contenta económicamente, necesita hacerse del control de la sociedad, que es lo que está pretendiendo el MAS. Si veo que la sociedad empieza a ser controlada a través de leyes absurdas, a través de tentaciones autoritarias, gestos dictatoriales, actitudes revanchistas, no creo que sea posible volver durante esta época;  vamos a tener que volver a recuperar la democracia plena, lo que significa división de poderes, libertad de prensa, libertad de empresa, tranquilidad y seguridad para que la gente pueda ejercer la profesión. En este momento no hay ninguna condición en Bolivia para volver, ni el Gobierno va a dictar una amnistía, ni les interesa tener una apertura democrática, para que volvamos los que estamos exiliados.

¿Cuál es su opinión sobre el papel actual de la oposición?

Lo que hizo huir a Evo Morales de la Presidencia fue la movilización social y fue la ciudadanía en su conjunto, con la unidad de todos los sectores. Yo tuve la experiencia de por qué se tumbó el gobierno de García Meza;  la primera medida que se tomó fue formar el gobierno de unidad nacional en el exilio, que incluía a todas las fuerzas políticas;  entonces, no se puede pretender éxitos políticos frente a un gobierno que lo quiere acaparar todos controlando la sociedad, el Estado, la economía, los medios de producción. El Gobierno tiene la teoría de meter miedo a la sociedad, le meten miedo a la prensa, a los empresarios, a los políticos de oposición, a los parlamentarios para evitar que haya una oposición unificada, consolidada. La segunda cosa es que la oposición no se ha pringao de pueblo, no ha tenido la capacidad de llegar a los sectores sociales que determinan la lucha política en Bolivia.

¿Alguna crítica para el gobierno de Goni, que dejó 60 muertos en octubre de 2003?

Yo durante octubre estuve en el tema de negociación. Por otro lado, las muertes fueron en distintas partes de El Alto. Hay una tergiversación muy cruel en sentido de que las muertes fueron producto de un decreto supremo. En mi caso lo firmé en la madrugada del día sábado (el operativo fue en viernes), Carvajal lo firmó el domingo. Un decreto no puede ser el causante de la muerte, las muertes fueron por enfrentamientos. Volcaron un camión del Ejército en Río Abajo, quemaron un surtidor, quisieron (incendiar) la planta de Senkata igual que el año 2019, no es un decreto. No es que la totalidad de los muertos estuvieron en el convoy, el problema es que hasta ahora  no se ha dado una investigación imparcial, no existe la posibilidad de que quienes tengan responsabilidades tengan que pagar porque hay que pagar y honrar a los muertos, pero hay que ver quién es el responsable de esas muertes. Si hubiera habido una investigación independiente, tenga la seguridad de que Guido Añez nunca hubiera estado metido en un juicio de responsabilidades.

 

  • HOJA DE VIDA
  • Abogado  Estudió en Santa Cruz en la Gabriel René Moreno y en Paraguay. Tiene estudios en España y en Venezuela.
  • Cargos   Prefecto de Santa Cruz, concejal, presidente del Concejo Municipal, diputado uninominal, presidente de Diputados y ministro de Agricultura.

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