Rafael Ramírez Mesec: "Es importante que vuelvan las clases presenciales lo más pronto posible”

El diplomático considera que el impacto de la pandemia en la educación fue muy fuerte. “Durante la pandemia quizá se perdieron por lo menos dos años de aprendizaje”, afirmó Ramírez.
domingo, 12 de diciembre de 2021 · 05:00

Alcides Flores  /  Página Siete

Haber vivido en varios países durante gran parte de su niñez marcó su vida y fue el camino que finalmente le condujo a Unicef (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia), adonde llegó hace 21 años “por alguna casualidad”. Rafael Ramírez Mesec ahora es el representante de Unicef en Bolivia.

Después de concluir su misión en Venezuela, llegó al país en septiembre de 2019, un mes antes de los conflictos sociales que derivaron en la renuncia de Evo Morales a la presidencia en noviembre de ese año.

Como hijo de diplomático, anduvo de país en país, lo que le permitió conocer diferentes realidades en los lugares donde vivía temporalmente. “Me tocó crecer en varios países y eso me permitió ver las diferencias, las inequidades; ver que unos sí…, y otros no…, unos arriba y otros abajo y a nadie parecía importarle. Eso fue lo que me dejó tener una noción de la realidad de los niños”, afirma   Ramírez a Página Siete.

De haber trabajado en la empresa privada, pasó hace 21 años a establecerse en Unicef, un organismo internacional que centra su trabajo en la protección de los derechos de los niños en el mundo y en Bolivia. Se siente afortunado de ser parte de esta organización mundial, porque siempre la situación de los niños le ha preocupado.

Padre de tres hijos, quienes viven en diferentes países, vive en La Paz junto a su esposa. Debido a la pandemia y por las restricciones impuestas en el país, ha tenido pocas oportunidades de conocer el país. Visitó el Chaco boliviano, cuya realidad le impactó.

“Tenemos la obligación de hacer algo y apoyar a quien tengamos que apoyar para que haya más oportunidades, menos diferencias y todos podamos lograr nuestros sueños, así como yo lo logré al llegar a trabajar en una institución como ésta”, afirma el diplomático.

Y de esto habla en esta entrevista con Página Siete: de los 75 años de Unicef en el mundo y de los 71 en Bolivia. Del rol que este organismo  cumple por el bienestar de los niños.

¿Qué ha significado para Bolivia la presencia de Unicef?

En el mundo, Unicef está desde hace 75 años, justo después de la Segunda Guerra Mundial, y en Bolivia, desde hace 71 años, desde 1950, es decir, relativamente rápido después del nacimiento de Unicef a nivel global. Nosotros trabajamos conjuntamente con los gobiernos a través de planes quinquenales que vamos desarrollando periódicamente y nos han llevado hasta este momento acá. Han sido 71 años que en Bolivia hemos estado apoyando a la niñez, a los estados en la generación de condiciones apropiadas para el desarrollo de los niños, desde su nacimiento hasta incluso su edad adulta.

Este tiempo ha tenido cuatro grandes etapas a nivel global y de Bolivia. La primera etapa: la supervivencia infantil. Los primeros años, después de la guerra, hubo grandes problemas. Fue una guerra mundial con muchos países involucrados y otros no involucrados que igual sufrieron las consecuencias. Y los niños, sin tener que ver con los problemas sociopolíticos y geopolíticos del momento, sufrieron las consecuencias. En ese sentido, esta etapa fue de asegurar que los niños sobrevivan y tengan la oportunidad de mantenerse en un proceso de desarrollo, que es la segunda etapa.

El desarrollo de la niñez es la oportunidad de que crezcan, que logren llegar a sus máximas capacidades. Fueron 10 o 15 años que nos enfocamos en esto.

La tercera etapa abarcó sus derechos. Con la convención de los Derechos del Niño en 1989 se generó la convención de sus derechos y Bolivia fue uno de los países que ratificó pronto esa convención. Esta etapa los convirtió en sujetos de derecho.

Pronto, impulsados quizá por esta crisis de la Covid-19, estamos entrando en la siguiente etapa: la de la reimaginación. Es decir, volver a pensar, a estructurar, a sacar nuevas líneas de acción para que los niños tengan el desarrollo, la capacidad y la posibilidad sobre todo de poder desarrollarse apropiadamente.

Vamos camino a una nueva normalidad que nadie conoce, la que vamos a enfrentar todos. En ese momento estamos.

En Bolivia hemos estado acompañando muchos de los avances que se han hecho por la niñez. Hemos estado contribuyendo, por ejemplo, en el Código Niña, Niño y Adolescente.

Sobre ese tema, en 2014, cuando se promulgó el nuevo código, hubo polémica, porque en ciertas circunstancias se puede bajar la edad mínima de admisión al trabajo (12 años).

Es una nueva generación de marcos normativos en el mundo. A raíz de la convención de los derechos del niño, se tendrían que ir adecuando los marcos normativos para darle a la niñez ese rol de centralidad. Siempre un nuevo paradigma trae ciertos cambios que a veces quizá no son comprendidos en un inicio y pueden generar cierta polémica. Finalmente, se aprobó ese código que está muy aproximado a los parámetros internacionales.

En el país hay una realidad muy dura: el trabajo de los niños en las zafras. También los niños en el área rural trabajan desde muy pequeños. Eso está muy arraigado en el país.

Hemos trabajo con los ingenios  para un tipo de certificación de no trabajo infantil. Es un tema que lo hemos abordado con los actores principales. Lo importante es asegurar que los niños tengan los espacios necesarios para su desarrollo. Eso significa educación. Esa es la prioridad, no trabajar. Tienen que tener espacios de esparcimiento.

¿Cómo ve  el acceso a la educación en el país?

En las últimas décadas, se ha incrementado fuertemente el acceso a la educación primaria, hasta en un 94%. Estamos muy bien en ese sentido.

Si vemos la tendencia hasta 2019, el acceso a la educación ha ido incrementándose. Nosotros queremos medir también desde esa perspectiva el compromiso que tienen tanto las autoridades como las familias. Se le está dando más valor a la educación y las autoridades están poniendo los medios para que haya ese acceso.

No es que la cantidad de niños que están trabajando sea extremadamente grande en desmedro de sus estudios. Esas para nosotros son buenas señales.

En la educación secundaria, los niveles de matrícula son más bajos: en promedio, menos del 80%. A medida que son más grandes los jóvenes, más  abandonan el colegio. El reto de Bolivia y otros países es mantener a los chicos en la escuela hasta cumplir la secundaria.

¿Cómo  el impacto de la pandemia en la educación?

Ha sido terrible. No hay adjetivo que exprese la real afectación que tuvo la pandemia en la educación. Hay estudios que dicen que por cada 90 días de ausencia, hay abandono escolar, sobre todo en las edades más altas. A los 12, 13, 14 y 15 años ya se abandona la escuela. Esa es una de las preocupaciones que vamos a tener que medir el año que viene.

El abandono escolar es un reto y durante la pandemia quizá se perdieron por lo menos dos años de aprendizaje. Por eso es importante que vuelvan las clases presenciales lo más pronto posible y que haya un plan de recuperación del proceso educativo.

Es decir, ¿clases presenciales aunque gran parte de los niños no estén vacunados?

Estamos de acuerdo totalmente con la vuelta a clases presenciales. La vacuna no es un condicionante para ir a la escuela. El condicionante es que haya las condiciones apropiadas en las escuelas: que se mantengan las medidas de bioseguridad regulares: el barbijo, lavarse las manos, el distanciamiento físico. Los niños, por suerte, no han tenido una afectación tan fuerte como  los adultos. Con esas medidas se puede minimizar la capacidad de contagio, más aún si los profesores, administrativos, auxiliares ya están vacunados.

¿Y la calidad de la educación?

Una cosa es que los niños estén en la escuela y otra   que estén aprendiendo al ritmo que deben. Ahí hay trabajo que hacer.

¿A qué se refiere? ¿Qué trabajo queda por hacer?

Básicamente, lograr la calidad, que es cuánto aprenden nuestros niños. Hubo una evaluación desde la Unesco, cuyos resultados comparados con los de otros países no fueron de los mejores para los estudiantes bolivianos.

¿En qué áreas?

El estudio mide matemáticas y lenguaje. Los resultados eran un poco más bajos para Bolivia que para otros países de la región, lo que sugiere dos cosas: que no se está aprendiendo al mismo ritmo que los otros países o que no se está midiendo apropiadamente. La visión de las autoridades del momento era que habría que revisar el proceso de medición. De todas maneras, el estudio nos da ciertas indicaciones.

Hay otro tema muy fuerte. Así como Bolivia tiene datos alarmantes de feminicidio, también tiene datos alarmantes de infanticidio. ¿Qué opina?

Es una problemática que la hemos visto destaparse en la pandemia y nos preocupa muchísimo. Es una respuesta que ciertos grupos en la sociedad dan a otros problemas que están sobrellevando. La pandemia ha traído una crisis de salud mental en el mundo, en la región y en Bolivia. Y la salud mental está siendo afectada por las pérdidas emocionales (muertes de familiares), económicas (no poder trabajar) y  en la socialización, porque los niños no van a las escuelas. El futuro para ciertas personas se le pone gris.

Eso ha destapado de alguna manera esta crisis que estamos viviendo de salud mental, la que lamentablemente parece que ha encontrado canalización en la violencia contra la mujer y la niñez. Esto definitivamente nos muestra que es un área de preocupación y de necesidad de acción urgente del Estado, de las comunidades, de las familias. Esta es un área prioritaria en que la Unesco quiere enfocarse.

¿Qué hacer para recuperar la normalidad en los niños?

Primero hay que intentar buscar una normalidad en la sociedad, una normalidad en el sentido de una estabilidad. Lamentablemente, la crisis a la que nos ha llevado la pandemia se dio en muchos ámbitos. Lo primero que hay que hacer es lograr algún tipo de estabilidad y esto viene de muchas partes.

¿Y cómo afectó  la pandemia a los niños en el acceso a la salud?

Bastante. Los procesos regulares de inmunización, que estaban relativamente bien, con la pandemia se vieron muy afectados. No pidieron ir a sus chequeos médicos y no pudieron acceder a las vacunas del proceso regular, que en algún momento bajó hasta en un 40% en 2020.

¿Qué le preocupa del grupo de  los niños? ¿Qué falta por hacer?

En el país, como muchos otros, estamos en varias crisis, a lo que se suma la polarización política, que tiene un añadido comparado con otros países, y en este contexto de polarización política no se está considerando la problemática de la niñez en su justa medida. Hay el riesgo de que no se tome en cuenta a este grupo, que es el 30% de la población, como  prioritario. Eso es lo que más me preocupa. Es importante asegurarnos de que los niños estén en el centro de la discusión. Hay mucho por hacer.

HOJA DE VIDA

  • Origen   Ecuatoriano.
  • Labor   Trabaja en Unicef desde hace 21 años, organización a la que representó en El Salvador, Vietnam, Ecuador y Venezuela.
  • Formación  Estudió Economía y Administración. Tiene una maestría en Finanzas.

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos