Los primeros ocho días del calvario de la expresidenta

Aislada e incomunicada, comenzó a sufrir alteraciones en su presión arterial; el viernes se ordenó su traslado a una clínica pero fue llevada a una cárcel de más seguridad.
domingo, 21 de marzo de 2021 · 05:04

Ivone Juárez /  La Paz

La que termina tuvo que ser la peor semana para Jeanine Añez, la mujer que sin haber buscado el cargo, llegó a ser presidenta transitoria de Bolivia entre noviembre de 2019 y noviembre de 2020. Desde su aprehensión, la madrugada del sábado 13, su vida ha cruzado por una especie de túnel oscuro, en el que vio pasar su detención en pijamas en Trinidad, su traslado a La Paz en  un avión de carga, sus dos días en una  ófrica celda de la Felcc, su traslado a la cárcel de Obrajes,  la autorización judicial para ser llevada a una clínica y, finalmente, el engaño de las autoridades que, en vez de dejarla en custodia médica, la llevaron a  la cárcel de máxima seguridad de Miraflores. 


El sábado 13 de marzo, cerca de las dos de la madrugada, una persona cercana a Jeanine Añez, expresidenta de Bolivia,  recibió una llamada telefónica que le dio la noticia que temía: la exmandataria había sido detenida en Trinidad, en la casa de sus familiares. La Fiscalía la estaba buscando durante todo el viernes por una acusación de  “sedición, conspiración y terrorismo”.

 La persona que hizo la llamada le contó que “también habían golpeado y detenido” a los dos sobrinos de Añez, Juan Carlos (20) y Carlos Hugo (27), que habían llegado de Santa Cruz a “ayudar a su tía en la campaña electoral”. “La primera versión que teníamos es que también detuvieron a su hija, a  Carolina, pero luego se aclaró que no fue así”, añade.

Jeanine Añez en un acto oficial cuando fue Preesidenta de Bolivia
Foto:Página Siete

Añez acababa de salir de la campaña electoral para la Gobernación de Beni, la que perdió y, según sus familiares,  se disponía a viajar a Santa Cruz para hacerse un chequeo médico, pero el MAS tenía otros planes para ella.

  “Fue una campaña  muy agitada porque ella (Jeanine) visitaba barrios y zonas todos los días; además que no dejó su actividad física normal; ella es deportista y camina mucho; eso le generó algunos problemas en la presión arterial”, dicen.

Después de concluir su mandato en el gobierno de transición constitucional que encabezó entre el 12 de noviembre de 2019 y el 8 de noviembre de 2020, Añez se presentó a las elecciones subnacionales que se realizaron una semana antes de su detención (el 7 de marzo), como candidata  a gobernadora de Beni. Logró el tercer lugar en la preferencia electoral y había retomado su rutina. “El martes salió correr”, cuentan.

“El ritmo de la campaña   también le aceleró las secuelas en la presión arterial que le dejó la Covid-19, que la aquejó cuando estaba en la Presidencia”, dicen otros cercanos a la exmandataria.

Ese viernes, después de que se cancelara su viaje a Santa Cruz y se conociera el mandamiento de apremio en su contra por  “sedición y terrorismo” en el supuesto golpe de Estado contra el entonces presidente Evo Morales, ella misma tuiteó la noticia afirmando que se trataba de una “persecución”. Horas más tarde, sus exministros Álvaro Coimbra (de Justicia) y Rodrigo Guzmán (de Energías) fueron detenidos y minutos después  fuerzas policiales comenzaban a llegar a su domicilio.

“Entraron a la casa en la noche y comenzaron a buscar, a agredir a todos. La mayoría eran policías de La Paz, y entre ellos estaban unos cuatro que fueron parte de la seguridad de Jeanine, cuando era presidenta. Cuando Carolina, su hija, les reclamó, uno de los jefes insinuó que también la detendrían, pero al final no fue así”, cuenta una de las fuentes.

Añez no contaba con ningún cuerpo de seguridad porque renunció a la que le corresponde como exmandaria, añade.

La  exmandataria  con sus hijos José Armando y Carolina.
Foto: Facebook Jeanine Añez

En pijamas

Alrededor de las 2:00 del sábado, los medios gubernamentales comenzaron a reportar su detención encabezada por el ministro de Gobierno,   Eduardo del Castillo  Castillo, y el comandante de la Policía Boliviana, Jhonny Aguilera. Con la información venían fotografías que mostraban la “captura”; en una se ve a Añez sentada en el piso, abrazando sus rodillas, mientras un hombre la detiene por el hombro, como para que se quedara quieta para la foto. Los siguientes registros muestran a Aguilera custodiando a la exautoridad, que está  en pijamas. 

De acuerdo con  versión de las autoridades del Gobierno, Añez pensaba huir del país y fue hallada escondida en el domicilio de unos familiares , debajo de un somier.

“Ella está con su pijama y así la llevaron a La Paz, en la madrugada, no la dejaron ni cambiarse. Usa ese tipo de pijamas con poleras largas de manga corta; la estaban sacando así, una de sus familiares pidió a los policías que le permitieran buscar un abrigo para que se llevara a La Paz”, cuentan.  En Beni la temperatura en la noche en estos últimos días llegó a los 20 grados; en La Paz osciló entre los cuatro y cinco.

“No pudieron sacar  nada más, hasta ahora, porque la casa está precintada; la ropa que están usando hasta ahora, ella y Carolina, es prestada”, añaden. 

Y  Añez fue llevada directamente al aeropuerto, desde donde fue trasladada a la ciudad de La Paz, directamente a celdas de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (Felcc), a una pieza que tiene ahí mismo un baño. “La mantuvieron sola durante todo el tiempo que estuvo ahí. Los abogados le llevaron un colchón y ropa prestada para que se abrigara”, cuentan.

En Beni, su hija Carolina había tomado el primer vuelo del domingo  a la sede de Gobierno y arribó alrededor de las 10:00, llevándole también algunas prendas de vestir que consiguió.  

Mientras tanto, la expresidenta ya había comenzado a recibir la visita de excolegas de su gobierno y de la  Asamblea Legislativa, en la que fue senadora, segunda vicepresidenta de esa instancia, hasta que el 10 de noviembre de 2109, cuando la Organización de Estados Americanos confirmó que en las elecciones del 20 de octubre se había realizado fraude electoral; Evo Morales anunció que se convocaría a otros comicios y se renovaría el Tribunal Electoral; y, horas después, renunciara a su cargo, igual que el resto de sus correligionarios a quienes les correspondía la sucesión constitucional. Todo en medio de una gran convulsión social nacional en contra del fraude, sostenida durante 21 días, y un motín policial. 

Pasó la noche del sábado en la celda de la Felcc y el domingo se realizó  la audiencia de medidas cautelares que definiría su situación; ésta se dio con tres horas de retraso, de manera virtual y se extendió por nueve horas, que terminaron con la dictación de cuatro meses de detención preventiva en su contra por “riesgo de fuga”.  En las imágenes de la audiencia, detrás de Añez se ven las rejas de una celda, mientras ella, con el pelo recogido, ligeramente maquillada, con voz firme afirma que asumió la Presidencia de Bolivia  “con un sólo propósito: pacificar el país”.  “Fue lo que me tocó vivir, no fue la vida que yo busqué, ni la situación que quise; me tocó y lo asumí (...) y valió la pena, porque  ahora estamos en un Estado de derecho”, declaró.

En la audiencia, la exmandataria reclamó porque para justificar su detención preventiva se habrían barajado argumentos como el de su estado civil. “Me siento indignada señora jueza, eso quiero recalcar; que nos digan que no tenemos familia porque soy divorciada me parece una total falta de respeto; yo tengo una familia, tengo a mis hijos; no por no tener marido, un abogado de la Procuraduría puede decir que no tengo familia”, protestó.  También negó rotundamente que hubiese intentado huir. 

La expresidenta pasó la noche del domingo en la celda de la Felcc y el lunes, al iniciarse la tarde fue llevada  del Centro de Orientación Femenina de Obrajes (COF), donde debía cumplir los cuatro meses de su detención preventiva. Para entonces sus sobrinos Juan Carlos  y Carlos Hugo, detenidos y supuestamente torturados el 13 de marzo en la madrugada, habían sido liberados bajo medidas sustitutivas, entre ellas la prohibición de acercarse a su tía. “Eso la tranquilizó muchísimo y le dio más fuerza”, cuentan sus allegados.

“Jeanine es muy cercana a su familia, habla todo el tiempo con sus hermanos, con sus sobrinos y su mamá, que viven en Santa Cruz; ella vive sola con su hija Carolina en Beni”, añaden.

La exmandataria llegó al COF en medio de una comitiva de vehículos y escoltada por unos cuatro policías con el rostro cubierto. Cuando bajó del vehículo en el que encontraba, las cámaras fotográficas comenzaron a flashear sin perder ni uno solo de sus movimientos; ahora estaba envuelta en una chamarra beige tres cuartos, que llevaba sobre un jean oscuro y una chompa de lana ploma, con el cuello de tortuga. Una mochila ploma abultada, de la que colgaba un adorno fucsia, pendía de su hombro derecho. 

Mientras daba los primeros pasos, Jeanine levantó ligeramente la mano en señal de saludo, mirando hacia el grupo de personas, sobre todo mujeres, que habían llegado al lugar. Cuando estaba comenzando a atravesar el umbral de la puerta de la cárcel, se detuvo y volteó hacia ese grupo de gente, levantó su mano derecha y con la palma abierta saludó con mayor fuerza. El barbijo impedía ver la expresión completa de su rostro.

Sus hijos Carolina y José Armando estaban al ingreso del COF y Carolina ingresó al lugar para ayudarle a instalarse en el espacio que se le asignó. En medio de la pandemia, la exmandataria debía cumplir una cuarentena de 15 días aislada del resto de la población del centro penitenciario. 

Jeanine se quedó en ese ambiente, sin cortinas, con la Biblia que le dejó su hija. Para entonces ya estaba al tanto de que horas antes el Gobierno le había instaurado cuatro nuevos juicios, esta vez de responsabilidades.

El martes, Carolina y José Armando ya no pudieron ver a su madre. Llegaron a las puertas del penal a primera hora de la mañana y se encontraron con la noticia de que su mamá no recibiría más visitas que la de sus abogados. Las personas que lograron verla contaron que lo primero que hizo el martes Jeanine fue preguntar por sus hijos y que cuando recibió la respuesta de que estaban afuera, esperando visitarla, ella pidió: “Díganles que estoy bien, que no se preocupen”. En seguida comenzó a indagar por las noticias del día. Es que  su aislamiento también representó su incomunicación. El contacto fue corto y en la despedida pidió que Carolina le hiciera llegar el libro que le había pedido. Afuera sus hijos, su familia, recibieron con serenidad los dos mensajes.

“Son una familia de tres, muy unidos; si algo le debe estar doliendo a Jeanine es no poder ver a sus hijos”,  dice una mujer que trabajó con Añez.

La recuerda cuando asumió la Presidencia de Bolivia. “‘Me tocó, hay que hacerlo’, me dijo. Ella es una mujer decidida, serena muy valiente”, afirma.  Ese día de la posesión la vio después de casi un mes, en medio de los conflictos ciudadanos por el fraude electoral. “Durante los 21 días del paro ella estuvo en Beni, saliendo a su rotonda a bloquear”, dice.  En sus redes sociales, Añez, entonces senadora, publicó sus fotos en el bloqueo, sentada en una silla en medio de la calle, y dando paseos con Vicente, su mascota.

El miércoles, Carolina y José Armando tampoco pudieron ingresar al penal a ver su madre. En el lugar, de acuerdo a las normas internas y las de bioseguridad, ninguna de las internas pudo acercarse a la expresidenta. Algunas estuvieron pendientes de lo que pasaba con ella y notaron que el miércoles tomó un baño y desayunó, y que   la habitación donde cumple la cuarentana ya tenía cortinas. 

En la tarde se conoció que Añez estaba sufriendo una descompensación en su presión arterial y que sería trasladada a una clínica. Incluso una ambulancia llegó al penal,  pero terminó  retirándose. Minutos después el Gobierno informó que la expresidenta se encontraba estable de salud y una fotografía comenzó a circular por las redes sociales, donde se la ve recostada en una cama y supuestamente sedada.

El jueves en la mañana los hijos de Jeanine llegaron a las puertas de la cárcel para tener noticias; casi al mismo tiempo mujeres comenzaron a llegar al lugar, un par portaba banderas bolivianas. Se agruparon, se acercaron a los jóvenes para expresarles su solidaridad. Luego comenzaron a gritar “¡atención médica para Jeanine!”. El grupo decidió formar un círculo para pronunciar una oración  por la expresidenta. Carolina fue incluida y oró con ellos. Cuando terminó la plegaria grupal, la joven se apartó para atender una llamada telefónica y entonces estalló en llanto.

En la tarde, la presidenta de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia, Amparo Carvajal, visitó  a Jeanine,  y al salir contó entre lágrimas  que la expresidenta le dijo: “¿Para qué luchar, Amparo, para qué vivir?”. Las declaraciones fueron llevadas al extremo de afirmar que Añez se  había declarado en huelga  de hambre, lo que fue desmentido por autoridades del Gobierno. Carvajal aclaró luego “que después de estar cinco días aislada, sin saber lo que estaba pasando, (Añez) tenía una depresión anímica que necesitaba ser tratada”. 

Ante la situación, Carolina presentó una acción de libertad en favor de su madre que fue aceptada y atendida el viernes en la tarde. El juez que vio el caso autorizó que la exmandataria fuera internada en la Clínica del Sur, que se encuentra unas calles más abajo del penal donde pasó cinco de los siete peores días de su vida; pero en la tarde, la Procuraduría y el Ministerio de Gobierno interpusieron recursos que revocaron la decisión. 

Ayer, en la madrugada, igual que en Beni, hace una semana, la expresidenta Jeanine Añez fue sacada del COF, pero no a una clínica, sino a la cárcel de mujeres de máxima seguridad de Bolivia, Miraflores. “Me dijeron que íbamos a la clínica del Sur”, declaró mientras salía del penal cubierta por un poncho y llevando en sus manos una manta.
 

8 días  sin libertad

 En la última semana, la expresidenta  Jeanine Añez  fue detenida en Beni, trasladada a La Paz, enviada primero a la cárcel de Obrajes y luego a Miraflores.

13   de marzo, efectivos policiales allanaron la casa de   la expresidenta en Beni, y la detuvieron en la casa de unos familiares, acusada de terrorismo y sedición en el caso del supuesto “golpe de Estado”.

14 de marzo, una jueza dictó cuatro meses de detención preventiva contra la exmandataria. "Me envían 4 meses detenida para esperar el juicio por un ‘golpe’ que nunca ocurrió”, tuiteó Jeanine Añez.

15 de marzo, la expresidenta ingresa a la cárcel de Obrajes, donde debía mantener una cuarentena de 15 días  por la pandemia, aislada e incomunicada, sin ver a sus hijos.

17 de marzo, Jeanine Añez presenta alteraciones en su presión arterial por lo que sus abogados y familiares piden que sea trasladada a una clínica para recibir atención especializada.

18 de marzo, se instalan grupos de protesta en las puertas del penal de Obrajes pidiendo atención médica especializada para Añez. Surgen versiones de que dejó de alimentarse.

19 de marzo, un juez instruyó que Añez fuera  internada en una clínica; el Gobierno interpuso un recurso que dejó sin efecto la decisión, y mandó a la exmandataria a una cárcel de mayor seguridad.

 

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos

4
15