La omnipresencia de Evo en la pacificación del país en 2019

Dos investigadores retratan detalles de las reuniones de actores políticos en busca de una salida constitucional a la crisis en noviembre de 2019.
domingo, 16 de mayo de 2021 · 05:28

Tatiana Fernández y Bernardo Pacheco   Investigadores de la UCB

Todo empezó con una llamada. Cinco minutos que cambiarían el curso de los acontecimientos. Al otro lado de la línea, el ministro Manuel Canelas sonaba realmente preocupado y solicitaba ayuda para garantizar una segunda vuelta electoral en un marco pacífico. El conflicto político en las calles se agudizaba.

Días después, se sabría que la Delegación de la Unión Europea había recibido una llamada similar. Mismo ministro, misma preocupación, misma convocatoria. Eran los primeros días de noviembre de 2019. El gobierno de Evo Morales solicitaba ayuda para iniciar el diálogo que apaciguara al país.

A nivel urbano y rural, en oriente y occidente, más sectores se sumaban a las movilizaciones por las sospechas de fraude. 

Los facilitadores del diálogo se encontraron por primera vez el 7 de noviembre. Una reunión donde compartieron sus preocupaciones por la escalada de violencia. Claro que apoyarían un proceso de pacificación.

La mañana del 10 de noviembre, Evo Morales intentó frenar la publicación de los resultados de la auditoría vinculante de la OEA, que comprobó: Alteración de actas, fallas en la cadena de custodia y falsificación de firmas. Evo llama. Almagro no responde. El documento se hace público. Las calles van a explotar. Morales no puede quedar como un tramposo.

Diálogo para frenar  violencia

Ese día, el país, al borde del colapso, recibía a las 16:50 la renuncia de un Evo  contrariado. “Se consuma golpe de Estado en Bolivia”, se leía al pie de la pantalla de Telesur. “Duele mucho que entre bolivianas y bolivianos estemos enfrentados”, dijo.

Por la urgencia del momento, se convoca a la mesa de diálogo ese mismo domingo a las 19:00. La misma mesa que días antes había promovido el ministro Canelas. El grupo inició sesión en una sala de la Universidad Católica Boliviana. “Recibimos con sorpresa la renuncia del Presidente y toda la línea sucesoria”, recuerda uno de los participantes. La prioridad era evitar que se incremente la violencia y para eso se tenía que solucionar el desconcertante vacío de poder.

Dicho vacío ataca el corazón mismo del Estado. Provoca caos, desborda violencia y destruye la paz. En ausencia de Gobierno pueden darse los hechos más horrorosos; se corroe el sistema para destruirlo. La democracia entra en estado de coma, no se puede permitir que muera. 

 Morales gestiona su escape

La expresidenta del Senado Adriana Salvatierra llegó tarde a la mesa de la UCB, el 11 de noviembre. Desbordada. El diálogo se hizo gelatinoso, imposible de precisar. Sus divagaciones se intercalaban con salidas constantes para atender el celular. Recibía llamadas de Evo y chateaba todo el tiempo. Los participantes notaron que cada una de sus palabras en la mesa de diálogo le era dictada desde el chat.

No permitió ningún tema a tratar más que las garantías para la salida de Evo Morales a México, sin que corra peligro su vida. Comunicó que el avión mexicano ya se encontraba en territorio peruano. Se le sugirió, entretanto, adelantar sobre la pacificación de Bolivia ante la tremenda escalada de violencia de la noche anterior; el teléfono decía que el único tema en agenda era la salida del líder. El diálogo y la pacificación no eran prioridades. 

Mientras se ponían en marcha las gestiones para complacer el deseo que Morales transmitía a Salvatierra, los bolivianos se aprestaban a vivir otra noche de terror. Vecinos turnaban la vigilancia en trincheras de llantas y calaminas. Y se enfrentaban a la guerra psicológica de la desinformación y atracos.

Finalmente, el expresidente aborda su avión entre lágrimas. Lo esperan carros blindados en Paraguay. Como ningún país quiso concederle espacio aéreo para volver a México, el avión que transportaba a las exautoridades retornó a su país volando por el Atlántico, evitando cielos soberanos. 

¿Quién  asumirá la presidencia?

La mañana del 12 de noviembre,  Salvatierra llegó a la mesa de diálogo con su asesora, Teresa Morales, y la diputada Susana Rivero. No hubo ninguna explicación ante el vacío de poder generado. La tensión podía tocarse con los dedos. La premisa del diálogo era hallar una salida “lo más constitucional posible”. 

Tras una revisión del marco legal y normativo se planteó la teoría constitucional de la sucesión. Ésta se asienta en el principio de que la democracia sólo puede sostenerse con instrumentos democráticos. La declaración 03/2001, del Tribunal Constitucional Plurinacional, fue la clave para una salida legal sin necesidad de protocolos ni actos de investidura.

En ese contexto, y luego de la cadena de renuncias del oficialismo, la asunción de Jeanine Añez era la única opción constitucional viable. Pero las representantes del MAS la rechazaron, planteando otros nombres entre los asambleístas. Eran propuestas lejanas a la teoría constitucional de la sucesión. Los presentes insistieron en que la sucesión no podía ser carta de negociación o trueque.

Ante el empantanamiento del diálogo, los asistentes se preguntaban: “¿Por qué ninguna de ellas quiere asumir la presidencia? Tienen toda la asamblea a su favor”. Convocar a la Asamblea Plurinacional no tomaría más de unos minutos. Ellas descartaron totalmente esa posibilidad; se enredaban entre excusas y manifestaciones de temor. Alegaban que sus vidas estaban en riesgo.

Aun así, la exsenadora Adriana Salvatierra expresó que la bancada del MAS no aceptaría la renuncia de Evo Morales ni iba a apoyar a la senadora Añez como presidenta constitucional.

Una luz para la solución

Mientras Evo Morales había llegado a México en medio de actos protocolares, el diálogo en la UCB pendía de un hilo. Entonces la vocación de diálogo de Monseñor Scarpellini se puso en acción. Mantuvo una conversación privada con Adriana, Susana y Óscar Ortiz. Los demás, aguardaban expectantes.

Tras la conversación reservada, se logra finalmente distender el ambiente y viabilizar salidas.Los acuerdos a los que se llegó por consenso fueron que el MAS garantizaría el quorum para la sesión de la tarde, la elección de Jeanine Añez como presidenta del Senado y del Estado Plurinacional, la conformación de un nuevo Tribunal Supremo Electoral y la convocatoria a nuevas elecciones.  

Al despedirse, Salvatierra invitó cordialmente a los obispos y al embajador de la Unión Europea, León de la Torre, al acto de posesión, esa tarde.
 

¿Dónde está?

Era la hora acordada en el hall de la Asamblea Plurinacional. Los facilitadores de la mesa de diálogo concurrieron a la invitación de Adriana, que no había llegado ni contestaba el teléfono. Tampoco llegó la bancada del Movimiento Al Socialismo.

Después de varios intentos, desconcertado, monseñor Scarpellini logra establecer contacto; Adriana Salvatierra se encontraba aterrada. Aseguraba otra vez que su vida corría peligro. Pidió una reunión con él y con León de la Torre. Le enviaron un coche diplomático para recogerla de la Embajada de México, donde se asilaba. Pero ella no salió.

Los facilitadores del diálogo no lo sabían. Adriana Salvatierra y Susana Rivero estaban en el ex Banco Minero, en el centro paceño, con la bancada del MAS. Decían portar la voz oficial de Evo Morales. Las asambleístas les decían a sus colegas: “La lucha tiene que continuar pase lo que pase. Exista más sangre o no exista más sangre”. Entre lágrimas, el senador Omar Aguilar dijo: “¡Basta! No puede haber más enfrentamientos, más muertes, más violencia”.

Mientras tanto, en el hemiciclo parlamentario, la presidenta del Senado, Jeanine Añez, suspende la sesión por falta de quorum. Y se declara Presidenta Constitucional del Estado Plurinacional de Bolivia.
 

 

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