Es publicista de profesión

Fede Morón es hijo del turbión, papá luchón y fanático de los superhéroes

El concejal cruceño, quien ahora está con detención domiciliaria, viene del activismo ciudadano, se enfoca en el medioambiente y la lucha contra la corrupción, lo que le ocasionó muchos problemas.

Nacional
Mery Vaca
Por 
La Paz - domingo, 04 de junio de 2023 - 5:00

Se considera un “hijo del turbión”, porque nació en 1983, la semana en que una descomunal crecida del río Piraí arrasó con todo lo que encontró a su paso. Fede Morón probablemente heredó el ímpetu del turbión y por eso va por la vida arrasando con sus denuncias de corrupción y, a diferencia del Piraí, no tumba árboles a su paso, sino que los defiende del crecimiento urbano.

Tiene 40 años, pero vibra con los cómics como lo haría su hijo de seis años. Tiene una gran colección de muñequitos, entre héroes y villanos, a los que hace referencia constantemente en sus conversaciones. Quizá en sus fueros internos quiere ser uno de ellos, aunque asegura que no y que es únicamente un ciudadano.

En todo caso, no cree en el héroe perfecto e invencible como lo sería Superman, sino en el héroe que tiene miedo, pero que es capaz de levantarse para enfrentarlo, “aunque su escudo sea un corazón, como en el Chapulín Colorado”. Y cita el ejemplo para decir que tiene miedo, pero que no tiene otra opción que pelear por una mejor ciudad y un mejor país.

Pero, como la vida es una suma de matices, Morón tiene la fotografía del Joker en su foto de perfil “porque siempre se tiene que ser un poco de todo en esta vida”. Aunque, cuando habla no devela su lado villano, si es que lo tuviera.

Fede Morón es concejal suplente de Santa Cruz por Comunidad Autonómica, la versión camba de Comunidad Ciudadana, aunque él prefiere situarse en el lado de los ciudadanos antes que en el de los políticos. De hecho, dice que llegó a la concejalía para “combatir al monstruo desde los intestinos” y que se hizo un hombre público gracias al activismo ciudadano.

Sus inicios

Empezó trabajando en el Centro de Estudios para el Desarrollo Urbano (Cedure) generando campañas educativas desde la sociedad civil, como la muy conocida revolución Jigote, para luego pasar al activismo en temas ambientales y contra la corrupción. Durante la revuelta del 2021, según cuenta, se integró a la lucha por la democracia y fue cocreador del movimiento Ríos de Pie, que entonces promovía la protesta ciudadana sin violencia.

En esas estaba hasta el pasado 24 de mayo, cuando se presentó a la Policía para declarar como testigo en un caso del jefe de prensa de Comunidad Autonómica, en el que dos ciudadanos, a los que dice no haber visto en su vida, lo habían acusado de cobros irregulares a cambio de empleos en la Alcaldía.

Él califica la denuncia como absurda y la atribuye a su más reciente denuncia en contra del alcalde Johnny Fernández, en sentido de que está impulsando la construcción de una carretera rural hacia una zona escasa en población, pero donde el alcalde, según Morón, compró terrenos con palos blancos.

Fernández defiende el proyecto indicando que beneficiará a la gente de la zona y que fue aprobado, incluso, por los concejales de la oposición.

El caso es que Morón estuvo dos días en celdas y fue enviado a detención domiciliaria, lo que le devolvió el alma al cuerpo porque él está a cargo del cuidado de su pequeño hijo. De ahí le viene el apodo de “papá luchón”, que él mismo divulga y que remite a las “mamás luchonas” que crían a sus hijos sin la ayuda de los padres.

“Si hay un ápice de justicia fue que el juez valoró que soy padre que se hace cargo de su hijo como una de las razones para obtener la detención domiciliaria”, explica, pese a que sigue en problemas porque no puede llevarlo a la escuela ni sacarlo a pasear como antes porque su arresto es de 24 horas, con salidas únicamente para firmar el libro de la Fiscalía una vez por semana.

Cuando estuvo en celdas se hizo viral una fotografía de Morón mostrando un cartel amarillo en el que se leía: “Papá, el coraje es contagioso, somos valientes”. El pequeño Alí había logrado, con sus letras irregulares, plasmar el lema de su padre.

En honor a ese hijo, en la sala de su vivienda cuelga una fotografía del boxeador Muhammad Ali. Cuando el pequeño venía al mundo, según cuenta Morón, tenía el cordón umbilical poblado de quistes y él, impotente ante la enfermedad, se imaginaba peleando contra monstruos, para que su hijo llegara sin contratiempos.

Las pesadillas coincidieron con el tercer campeonato de boxeo de Ali con George Foreman, al que venció luego de sufrir un embate que parecía mortal. “Ali, cómetelo”, gritaba la gente y, entonces, el futuro padre entendió que podía comerse a los demonios para que su hijo naciera victorioso.

Así fue, los quistes desaparecieron y el pequeño Ali llegó al mundo para alegrar la vida de Fede. Ambos comparten ahora el encierro con tres gatos, los mimados de la casa, uno de los cuales ya tiene 11 años.

Los chicharrones virales

Morón es publicista de profesión, pero en la actualidad está dedicado, a tiempo completo, a la fiscalización, por lo que no le queda tiempo para otras actividades. Eso le obliga a enfrentar momentos de estrechez económica, pues Morón, al ser concejal suplente, recibe un bono de 3.900 bolivianos que, según dice, le alcanza para vivir con lo indispensable, pero no para solventar los procesos penales que le caen encima por sus denuncias.

Precisamente por eso, cuenta que financia estos juicios haciendo chicharrón para vender, una experiencia que ha repetido ya unas cuatro veces con éxito, porque las redes sociales terminan viralizando sus iniciativas, igual que sus denuncias.

Morón es de padre vallegrandino y madre cochabambina, pero al ser un hijo del turbión, su identidad está marcada por el río Piraí, los curichis y los bosques porque, entonces, esa zona era la periferia de Santa Cruz.

El ahora concejal estudió en el colegio particular Británico, aunque “no era de los caros”, mientras que estudió su carrera en una universidad privada, pero aclara que él mismo y no sus padres se solventó esos gastos.

Morón no tiene claro su futuro político porque “no me cierro a nada, pero tampoco planifico, porque hay gente que a veces se resbala y cae del piso 14”. Y lo dice haciendo alusión a la muerte de interventor de Fassil, Carlos Alberto Colodro.

Lo que sí es seguro es que el ciudadano Federico Morón Encinas, de cuyo nombre completo nos enteramos por la foto que le tomó la Policía con el cartelito de los delincuentes, seguirá intentando barrer lo malo que encuentra en su camino, como el turbión que le heredó su coraje.

“No me cierro a nada, pero tampoco planifico, porque hay gente que a veces se resbala y cae del piso 14”.
Fede Morón

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